Ruta por Navarra en 3 o 4 días.

Navarra es un territorio que nunca se acaba, siempre tiene algo que sorprende, siempre hay un lugar nuevo para descubrir. Escoger qué ver en Navarra en 3 o 4 días es complicado de escoger, por eso aquí te mostramos nuestra ruta para que la puedas seguir y puedas montar tu viaje. ¿Te vienes?


Fue por los pelos que pudimos realizar nuestro viaje por Navarra el pasado año 2020. Tan por los pelos fue que estando allí cerraron la comunidad autónoma por la alta incidencia de la Covid que empezaba a haber. Nada que ver con la incidencia que hay hoy en día, a mediados de febrero, y que es mucho mayor.

En nuestro paso por Navarra no percibimos que el virus estuviese haciendo estragos, y es que decidimos visitar zonas de monte, aunque bastante conocidas, pero decidimos hacerlo fuera de las fechas de más afluencia de viajeros. Nos buscamos unos pocos días entre semana de mediados de octubre, después del grandioso puente que hay a inicios del mismo mes, y nos subimos a la Agro Van – después de realizarle algunos arreglillos caseros para no morir de frío – para tachar de la lista, al menos, uno de mis sueños viajeros.

¿Y cuál era ese sueño viajero que pude por fin cumplir? Pues el que se convirtió en la finalidad principal del viaje: poder visitar la Selva de Irati en otoño. Este bosque, que se sitúa entre el norte de Navarra y los Pirineos Atlánticos es el segundo hayedo-abetal más extenso y mejor cuidado de toda Europa. Un hayedo en otoño, ¿cómo querría perderme un lugar así?

No quería perderme tamaño espectáculo, que llevaba apareciendo en mis sueños viajeros desde mucho tiempo atrás, pero tampoco quería perderme otras cosas que no sabía si acabaría visitando. Aunque el núcleo central de la ruta fuese visitar, como he dicho, Irati, fueron otros los lugares que se sumaron al itinerario casi de un modo improvisado. Y es que sí, al viajar en furgoneta tuvimos la posibilidad de escoger dónde parar y dónde no según las cosas se iban sucediendo, y creedme que en tiempos como los que nos toca vivir este factor añade valor – y seguridad – al viaje.

El viaje acabó llevándonos por Aragón, Navarra, Francia, Euskadi y otra vez Aragón. La ruta hubiese podido ser muy diferente después de haber pasado por Irati, pero las amenazas de lluvia y viento, y también de cierres perimetrales y nuestra propia prudencia de no pasar por lugares muy concurridos hizo que finalmente, la ruta, quedase así.

La Ruta

Día 1 | Sos del Rey Católico, Monasterio de Leyre y el Valle de Salazar

Nos montamos a la furgo algo más tarde de lo que queríamos, un sábado ya por la noche, después de trabajar y dejar enmendadas todas las cosas para no tener que regresar hasta tres o cuatro días después. Los últimos retoques a la furgoneta, que suponen el aislarla un poco – recordad que no es una herramienta de recreo sino de trabajo -, asearla y que quede algo mona, hace que tengamos que salir un poco más tarde de lo que hubiésemos gustado.

Nuestro alojamiento.

Sabemos que no podremos llegar hasta donde queríamos, que es Navarra, así que a medida que vamos conduciendo pensamos dónde parar. Finalmente acabaremos en Sádaba, en Zaragoza, lugar que ya visitamos en el año 2018 y que sabíamos que era chulo y que nos permitiría pernoctar sin problema. A los pies del castillo, su gran castillo, nos echamos a dormir entrada la madrugada, para reemprender la marcha a la mañana siguiente, tan pronto como el romper del alba nos dejase.

El castillo de Sádaba.

Sos del Rey Católico

Y ahora sí, el 18 de octubre, domingo, comienza de verdad la ruta por Navarra – pero no solo Navarra. De Sádaba nos vamos hasta Sos del Rey Católico. Este pueblo no es nuevo para nosotros, ya lo visitamos otro mes de octubre del año 2015, pero desde el primer momento que pisamos sus calles y, más aún, al ver su silueta a lo lejos, caímos enamorados de esta localidad que dice ser la cuna de Fernando el Católico – de ahí su nombre.

En cualquier ruta que quieras hacer por pueblos bonitos éste debe estar incluido en ella, es un ineludible, uno de esos que llamamos must. Sos del Rey Católico es un pueblo totalmente medieval, monumental, pero a la vez auténtico. Calles recoletas, palacios – el de Sada, donde nació Fernando -, una iglesia preciosa, una plaza maravillosa. Los adjetivos no son suficientes para explicar lo precioso que es este lugar, y nosotros allí nos tomamos un café en un bar del pueblo, después de haber paseado en total soledad por su increíbles calles y habernos dicho que sí, que seguimos, cinco años después, enamorados de Sos.

🖱Nuestra primera visita a Sos, el año 2015

Después del desayuno y pasar por la panadería para comprar unas magdalenas increíbles, una torta de manteca – ¿era torta de manteca? – y pan para acompañar la comida que llevamos ya preparada, seguimos con la ruta. Nuestra siguiente parada prevista para ese día es el Monasterio de Leyre, lugar que ya quisimos visitar también en ese año 2015 pero que cambiamos por visitar el Castillo de Javier – no podían ser las dos cosas por cuestión de tiempo.

Monasterio de Leyre

Llegamos a Leyre con ganas de visitar su cripta y la iglesia románica. Nos acercamos al lugar donde comprar las entradas y escuchamos una conversación que están teniendo dos personas allí. Sí, ha habido más gente este pasado puente que en todo el verano. Parece que algo más de una semana antes ese lugar estaba hasta arriba de visitantes. Nosotros, ese día, estamos casi solos, pero aún estando solos, vamos a tener un pequeño problemilla.

Como os he dicho, es domingo, y ¿qué se hace los domingos? Sí, eso es, los domingos hay misa, y por haber misa, y por la cuestión de la pandemia, lo de visitar la iglesia lo vamos a tener complicado a no ser, claro, que vayamos a misa. Pues nada, ¿quién dice que no a una misa cantada en una iglesia del siglo XI? No seré yo la que diga no a tamaña experiencia, por muy atea que sea. Así que nos acercamos a la puerta, damos nuestros datos, nuestro número de teléfono – protocolo Covid que nos parece genial – y cruzamos la Porta Speciosa.

Nos sentamos donde nos indican, separados, en un banco donde solo estamos nosotros dos, y nos queramos embobados admirando esa maravilla que es la Iglesia de San Salvador de Leyre, que te va a aparecer en cualquier manual de arte románico que tengas entre manos. Empieza la misa y seguimos el ritual; no es la primera misa cantada a la que asistimos, de hecho ya lo hicimos años antes en Silos, y la experiencia fue muy grata. Acabada la liturgia nos marchamos del lugar, no sin antes admirar un poco más la belleza del mismo.

Llega el momento, entonces, de visitar la cripta, construida para nivelar el terreno y sobre la cual se asienta todo el peso del monasterio. Para entrar a la cripta pagamos entrada y nos dan unas llaves con las que abrimos y cerramos nosotros mismos la puerta. Nos acercamos a ésta y accedemos al interior por la que es la puerta más antigua de todo el conjunto monástico. No sé si soy capaz de describir las sensaciones que recorren nuestro cuerpo en ese proceso. No, no soy capaz de ello.

La visita a la cripta la hacemos casi en total soledad y estamos allí dentro tanto tiempo como nos da la gana. Admiramos el bosque de robustos pilares, nos deleitamos con el espacio que conforman, y nos salimos de allí totalmente embelesados. Lo siguiente es tomar un vino en el bar del monasterio – porque allí hay bar y restaurante – y disfrutar con el entorno. Dejamos atrás Leyre totalmente enamorados del lugar y ponemos rumbo a lo que quería ser una excursión que finalmente no será.

Foces

Y lo siguiente que queremos visitar es la Foz de Lumbier, y que se encuentra muy cerca del Monasterio de Leyre. Al llegar allí vemos que hay un mogollón de gente enorme así que, aunque sea un espacio natural y, por lo tanto, abierto, no queremos meternos entre el gentío así que damos media vuelta y decidimos visitarlo en otra ocasión. Pero como a falta de pan buenas son tortas acabamos parando en la Foz de Arbayún ya se encuentra de paso en nuestro trayecto hasta el destino final el día: Ochagavía.

Valle de Salazar

Tras detenernos en la Foz de Arbayún y admirar su indiscutible belleza buscamos un lugar para comer. En un principio queríamos hacerlo en el mismo mirador de la Foz pero el sitio no acaba de convencernos y, además, hace un viento terrible, así que seguimos con la ruta hasta encontrar, en Nabaskoze (Navascués), el lugar perfecto para comer: la Ermita de Santa María del Campo. Dejamos la furgo allí – no somos los únicos, ya hay un par comiendo – y montamos nuestra tauleta, sacamos lo que teníamos preparado para comer, también el pan comprado en Sos y un queso comprado en Leyre y nos damos el gran festín. Recogemos y continuamos con la ruta que deberá llevarnos hasta, como he dicho, Ochagavía.

De camino a Ochagavía nos detenemos en los pueblos que vamos encontrándonos según nos parezcan atractivos o no – cuestión totalmente subjetiva – y según encontremos sitio para aparcar o no.

Entre otros lugares nos detenemos en Espartza Zaraitzu (Esparza de Salazar), un pueblo precioso en medio de un entorno precioso y atravesado por el río Salazar. La estampa es maravillosa, y para acceder al pueblo debes cruzar el antiguo puente románico – sí, con el vehículo -, o te vas a quedar al otro lado de la carretera. La verdad es que esta villa merece mucho la pena y un buen paseo por ella es totalmente imprescindible.

Y de Espartza llegamos ya, y por fin, a Otsagabia (Ochagavía). Seguro que de Ochagavía algo has visto o leído con anterioridad y es que éste es el pueblo más bonito que nosotros vayamos a ver en ese valle, siendo una de las estampas más pintorescas de esa parte de Navarra.

Ochagavía es una especie de obra de arte inesperada, una imagen fantasiosa hecha realidad. No se puede negar que la unión de río más puente más casas blancas más montaña es una suerte de paisaje bucólico, deseado, de esos espacios que te hace sentir casi en otra dimensión. Es entrar en Ochagavía – porque a Otsagabia entras, por allí no solo pasas – y quedarte totalmente perpleja. Pues sí, Otsagabia es tan espectacular como decían.

Pero Otsagabia no es solo el pueblo, Otsagabia es también el entorno y lo que él esconde. Entre esas cosas esta Muskilda o, mejor dicho, Nuestra Señora de Muskilda, una ermita situada en la cumbre del monte con el mismo nombre y que además de ser una construcción románica es también un lugar importante en lo que a tradiciones se refiere. También su entorno es fantástico, y desde ese punto, situado a más de mil metros de altura, vas a tener unas vistas espectaculares, sobrecogedoras me atrevería a decir.

También en los alrededores de Muskilda encuentras búnkers contruidos por presos de la Guerra Civil española, y puedes realizar caminata hasta el pueblo que suma en total – ida y vuelta – unos 6 kilómetros. Subir hasta Muskilda es, sin duda, algo que debes hacer, y más en otoño. Qué festival.

Y nuestro primer día de ruta acaba, justamente, aquí, en Muskilda. A la mañana siguiente vamos a por el plato fuerte de la jornada: el Bosque de Irati.

Día 2 | Bosque de Irati, Valle de Aezkoa y llegada al Baztán

Y llega el gran día, el día esperado: vamos a visitar por fin Irati. Ese lugar por el que tantas veces he soñado pasear lo podré descubrir por fin. Qué ganas tengo de llegar a Casas de Irati, qué ganas. Quiero saber si aquello es tan genial como parece, como las imágenes muestran, como las gentes cuentan. Puede que no sea amor sino que, como rezaba aquella canción, sea obsesión, pero es que es algo que está ahí en mi lista de pendientes desde hace mucho tiempo, y jamás he tenido la oportunidad de visitarlo.

El preludio de el bosque, que es todo el paisaje que se divisa ya desde Muskilda, no es ni la mitad de espectacular a lo que nos acabaremos encontrando, una sinfonía de colores vivos y brillantes que parecen pintados a propósito. Si yo pensaba que había visto explotar el otoño en los Valles Occidentales lo que aquí me encontraría será un total y absoluto Big Bang.

Alto de Tapla

Cuando empiezas a conducir por esa carretera retorcida, casi serpenteante, que te va a llevar hasta las Casas de Irati – uno de los accesos al bosque – te encuentras ya con el panorama que va a ser tónica general durante todo el recorrido: ocres, rojos, naranjas, verdes, y el azul del cielo.

Pero antes de llegar a las Casas de Irati, y sin nosotros saber nada – absolutamente nada – de que aquello existe nos encontramos de lleno con el Alto de Tapla, un mirador excepcional a todo el valle y desde el que parten múltiples rutas senderistas interesantísimas. Una parada en el Alto de Tapla, sin ningún tipo de duda, es totalmente imprescindible.

Conoce más sobre el Alto de Tapla leyendo este artículo 🖱

Bosque de Irati

Desde el Alto de Tapla hasta el bosque propiamente dicho todavía queda un trecho, un trecho en el que debes subir y bajar, en el que hay estrecheces y algún pequeño bache, pero que para nada se hace pesado porque aquello es PURA FANTASÍA.

Llegamos, por fin, a Casas de Irati. Allí, para acceder, debes pagar 5€ por vehículo y tras esto accedes al aparcamiento que, para ser lunes, está bastante concurrido. Cogemos los bártulos – mochila, frutos secos, agua y cámara de fotos – y nos ponemos a caminar. Pero ¿hacia dónde? Cuando pagamos los 5 euros nos facilitan un mapa de la zona con las diferentes rutas, entre las que se encuentran la que te lleva por el Bosque de Zabaleta llegando hasta el embalse de Irabia que nos parece la más transitada porque casi todo el mundo coge esa dirección, y también puedes acercarte a otros de los puntos top de este bosque, que es la Cascada del Cubo. Nosotros decidimos acercarnos a esta cascada, pero no solo nos quedamos en ella.

Lo que nosotros vamos a hacer – tras perdernos un poquito, lo debo decir – es completar el Sendero de Errekaidorra, un sendero transfronterizo que te lleva hasta Francia. Aunque el sendero es interpretativo y te enseña de qué manera se usaba la madera de Irati como recurso natural para construir muebles o hacer carbón natural, nosotros lo que realmente queremos es ver el otoño en todo su esplendor.

No sé cómo será el otro sendero, el del Boque de Zabaleta, pero éste es una absoluta pasada. Lluvia de hojas, el sonido del río casi en todo el recorrido, la Cascada del Cubo a los pocos metros de salir, y llegar a Francia sin darte cuenta y enterarte que estás allí porque cambia el idioma de los paneles interpretativos. Y todo esto hacerlo casi en total soledad – nos cruzaremos con unos pocos pares de personas – y sudando un poquito – porque sí, en algún punto del recorrido vas a sudar.

La ruta son unos 10 kilómetros, ida y vuelta, y nos sentimos cuales maquis resistiendo en la montaña. Nos encanta el sendero, la ruta no es difícil pero tampoco es fácil, y tiene todo lo que buscábamos. Recomendadísima.

Después de la ruta nos sacamos la comida que llevamos en la furgo, nos sentamos en una de las mesas de picnic que hay al lado del aparcamiento, nos alejamos de la gente y nos comemos el bocata que tenemos preparado. Nos sabe a gloria, porque la verdad es que nos hemos cansado un poquitín. Tras el bocata debemos decidir qué hacemos, y lo primero va a ser salir de Irati pero, ahora ¿a dónde iremos?

Valle de Aezkoa

Desde ese punto podemos seguir hacia Roncal y tirar para Huesca, o irnos dirección Baztán pasando por Aezkoa. Hacemos esto segundo por las condiciones climatológicas, ya que se avecina lluvia en la parte oscense del Pirineo.

Empezamos a conducir por el Valle de Aezkoa sin saber en realidad cuál va a ser nuestro destino final. En realidad no tenemos pensado ir al Baztán; es una posibilidad, sí, pero no es nada que tuviésemos planeado desde antes. Y es que el Baztán lo visitamos un poquitín el año anterior, en nuestro viaje a el Pirineo en el que estuvimos alojados en Francia. En el Baztán pasamos medio día más o menos y nos quedó una cosa por ver que a mí, personalmente, me interesaba mucho: Zugarramurdi.

Pero antes de llegar al Baztán tenemos que cruzar el Valle de Aezkoa, un valle lleno de hórreos, y es que allí están los 15 de los 22 hórreos de Navarra. El de Aezkoa es un valle lleno de pueblos pequeños, de relieve dulcificado pero no por ello menos complicado, de paisajes verdes y lomas redondeadas. Las localidades salpican de color blanco un omnipotente paisaje verde, y entre estas se encuentra Abaurregaina (Aburrea Alta), el pueblo más alto de toda Navarra.

También encontramos Aburrea Baja, miradores y, si te apetece, puedes acercarte hasta la Fábrica de Armas de Orbaizeta, aunque cerca de allí tienes otra Fábrica de Armas a la que puedes acceder, y de forma gratuita. Estelas reunidas en forma de museos, la tranquilidad de lo desconocido, de un valle que nos parece poco transitado, y en el que los pueblos todavía son pueblos de verdad, donde las gentes cultivan patatas de un modo casi tradicional, donde nada parece suceder más que la propia vida de una. Atravesar el Valle de Aezkoa es descubrir otro de esos lugares que quedan para un futuro como espacio para pasar unos pares de jornadas completas.

Y ahora es cuando comenzamos a conducir sin saber absolutamente nada de lo que vamos a hacer. A medida que tiramos millas nos damos cuenta que o nos metemos por pistas casi intransitables – y no nos apetece porque se está haciendo de noche – o seguimos por carreteras principales, lo cual nos va a llevar hasta Pamplona. Y sí, señoras y señores, acabamos, y tras pasar por Zubiri y comprar embutidos, tenemos que circunvalar Pamplona – sin meternos en ella, que el asunto allí está disparadísimo – para acabar llegando hasta Elizondo, dejarlo atrás, ir hasta Maya y acabar en una área de descanso de caravanas en un lugar de cuyo nombre no soy capaz de acordarme – aunque creo que es el Merendero de Puerto Otsondo – pero sé que está a mano izquierda yendo hacia Francia desde Maya y un poco escondido. Pasaremos la noche en el Baztán y esa noche nos enteraremos que Navarra va a cerrar perimetralmente; está claro, debemos salir de allí cuanto antes.

Día 3 | Zugarramurdi, Sare, Saint-jean-de-Luz, Irun y vuelta a empezar

Si la vuelta que damos la noche anterior parece una barbaridad, lo que vamos a hacer este día será todavía más increíble. Una cosa está clara: estamos ya en el Baztán, hemos descansado, y no vamos a irnos hacia atrás. No lo haremos porque estamos a una pedrada de Zugarramurdi y el año anterior ya nos quedamos sin visitar el pueblo y, sobre todo, las cuevas. Así, tras desmontar el campamento base, ponemos rumbo a Zugarramurdi.

Tras tomar un café en Dantxarinea y realizar algunas compras – ya pasamos por allí el año anterior -, pedir el bono turístico de la Generalitat Valenciana y tomar un café nos adentramos en el valle para pasar primero por Urdax, donde ya habíamos estado el año anterior, y acabar en Zugarramurdi con el temor de no poder visitar las cuevas por si llegamos tarde.

Y no, no llegamos tarde. Podemos acceder a Zugarramurdi, y yo estoy verdaderamente emocionada. JJ no lo está tanto, aquí la friki es la que escribe, pero tras pasar por la garita donde venden las entradas y empezar a descender las escaleras que nos van a meter en las cuevas JJ empieza a flipar, y es que aquello es mucho mejor de lo que habíamos esperado.

Aquí te cuento nuestra experiencia en las Cuevas de Zugarramurdi y alguna cosita más 🖱

Después de visitar las cuevas damos una vuelta por el pueblo y buscamos un sitio para comer. Nos gustaría ir a un sitio en el que no hubiese mucha gente pero la mayoría de los locales están cerrados – y el pueblo no cuenta con muchos – y los que quedan están hasta arriba, sobre todo, de gente que viene de Francia – o eso me parece por el idioma que hablan. Nosotros no nos atrevemos a meternos en un local casi hasta los topes, así que nos esperamos a que los del país vecino acaben de comer y comenzamos a comer nosotros casi a la hora de la merienda, pero en soledad.

El pueblo de Zugarramurdi en la actualidad.

Sare y Saint-Jean-de-Luz

Como os he dicho antes, en 2019 descubrimos algo de esa zona francesa. Por una parte, y después de haber visitado un poquitín del Baztán, regresamos a nuestra sede central en Saint-Jean-Pied-de-Port por Ainhoa y Espelette pero no pudimos visitar Sare, así que ya que estábamos en Zugarramurdi nos metimos por no sé qué tipo de carretera, o camino rural, o no alcanzo a entender qué era aquello y acabamos llegando a Sare. Pues tremenda decepción la que nos dio Sare, la verdad. Siendo uno de los Pueblos más bonitos de Francia a nosotros nos pareció un sitio poco encantador pero, ya sabemos… a gustos, colores.

De Sare queremos poner rumbo a España, pero las señales nos marcan Saint-Jean-de-Luz. El año pasado lo pasamos también por alto después de haber visitado Bayonne y Biarritz, así que viendo la oportunidad que teníamos en este momento decidimos llegar a esta localidad francesa que es célebre por su costa. Os voy a decir que no disfrutamos mucho de ella, y es que pasear por calles concurridas con la amenaza del virus pululando y la gente sin mascarilla – porque en Francia no era obligatoria – nos hizo salir escopeteados de allí. Os diré también que el año pasado en Biarritz casi no encontramos a nadie por las calles y nos sorprendió sobremanera ver el gentío por las calles de San Juan de Luz. Así, dimos un paseo rápido por la calle principal, nos acercamos al paseo, nos metimos en la furgo y, hala, pa’ España.

Irun

En este tramo de viaje hubiésemos podido visitar muchos sitios, empezando por Hondarribia, o Hendaya, e incluso San Sebastián. Pero no, no paramos en ninguno de esos sitios, y no paramos porque sabíamos que no los íbamos a disfrutar. Sí paramos en Irun y dimos un paseo rápido antes de ir bajando. Caminando por Irun convenimos que nos íbamos hasta Aragón de nuevo para estar ya más cerca de casa. En Irun nos hubiese gustado tomar unos pintxos, unas cañas y todo eso que una hace cuando sale de viaje por Euskadi, pero no lo hicimos, y es que para nada es lo mismo viajar con pandemia que sin ella, por mucho que digamos.

Y como digo, después de Irun, y con un viento de un par de narices – conducir a más de 60 km/h era temeridad – acabamos llegando de nuevo a Sos del Rey Católico, lo primero que te encuentras tras salir de Navarra. Allí pernoctamos y al día siguiente, aún y habiendo estado allí tres días antes, dimos otra vuelta por la localidad. Es que nos gusta tanto…

Día 4 | Sos del Rey Católico – otra vez -, Val d’Onsella, Mallos de Riglos, Castillo de Marcuello y Loarre

Nos despertamos en Sos, nos tomamos el café en el mismo bar del primer día, compramos otra vez los mismos dulces en la panadería, damos una vuelta por el pueblo y decidimos meternos en la Val d’Onsella, que no sabemos bien qué nos puede ofrecer pero parece interesante.

Sos, siempre.

Val d’Onsella

La Val d’Onsella es un valle que creo desconocido en las Cinco Villas aragonesas, a medio camino entre Zaragoza y Huesca. Nuestro paso por este valle es totalmente improvisado pero verdaderamente enriquecedor, y la zona nos sorprende gratamente. Es sin duda una parte de Aragón digna de visita aunque no sea mucha gente quien la visite.

Aquí te cuento todo lo que hicimos en la Val d’Onsella🖱

Nos metemos en Huesca

La historia de la Val d’Onsella, que explico en el artículo dedicado a este precioso valle, nos acaba llevando a Huesca. Nuestra idea es ir bajando por Biel, pero los lugareños nos dicen que para nada nos metamos por aquella pista forestal, que lo mejor es salir hasta la nacional que lleva a Jaca y de ahí ya ir bajando. Les hacemos caso, y vamos por una pista que se supone mejor que la que lleva a Biel. No quiero ni imaginarme cómo será aquello.

Entramos en Huesca y empezamos la bajada. Nos topamos de lleno con los Mallos de Riglos que ya habíamos visto en ocasiones anteriores pero que ahora, y en pleno otoño, son un festín para los sentidos.

Y ya que estamos cerca ¿por qué no pasar por nuestro castillo favorito? Sí, nuestro castillo favorito está en Huesca, y es el Castillo de Loarre. A eses castillo fuimos en el año 2013, de camino a Jaca. En ese preciso momento nos enamoramos del sitio, y dijimos que en un futuro debíamos regresar. Hasta este día no habíamos podido hacerlo, aunque habíamos estado cerca de él en algunas ocasiones. Sí, un castillo, y es que los castillos son nuestro gran fetiche más confesable, así que antes de llegar al de Loarre leemos un cartel que reza Castillo de Marcuello. Nos parece interesante y como eso de ir en furgoneta te da mucha más libertad decidimos acercarnos.

Pues bueno, llegar hasta el Castillo de Marcuello me parece toda una odisea y tras pasar Sarsamarcuello llego a pensar que nos hemos equivocado de carretera – por decir algo – ya que me parece increíble que aquella sea la vía que te lleve al castillo. Pues no, aquella es la vía, porque el castillo se encuentra en lo alto del macizo rocoso de Os Fils, y para llegar hasta allí el camino no es fácil aunque la recompensa – y esto me cuesta admitirlo porque lo paso realmente mal – sea maravillosa.

Del castillo queda bien poco, por desgracia, pero su localización es magnífica. Las vistas son impresionantes, de verdadero vértigo, y hay una ermita del siglo XII, la de San Miguel, y también otra del XVII, la de la Virgen de Marcuello. Y si te gusta subirte por las paredes, allí hay diversas vías ferratas que para los amantes de ese deporte deben ser una absoluta pasada.

Y después de la aventura de Marcuello nos acercamos hasta Loarre para admirar, de nuevo, esa gran fortaleza románica, la mayor y mejor conservada de toda Europa, esa fortaleza que es de ensueño. Nos plantamos frente a ella, no la visitamos, es tarde, el día acaba y el castillo cierra. Admiramos la construcción y seguimos pensando que aquél es nuestro castillo favorito.

Nos metemos en el pueblo de Loarre. El cielo se enciende – literalmente. Damos una vuelta por la localidad, sin pena ni gloria. Nos subimos de nuevo a la furgoneta y emprendemos la odisea que nos debe llevar de nuevo a casa. Las vueltas que damos no tienen nombre, no sabemos en qué momento hemos escogido el camino equivocado, pero esa es ya otra historia. Nuestra segunda aventura en furgoneta acaba aquí. Hubiese podido ser mucho más racional y eficiente, pero a nosotros nos va bien así, nos encanta dar tumbos sin sentido por el mundo.

Consejos

Sí, sé que estarás pensando que esta ruta no tiene ni pies ni cabeza, que vaya vueltas más tontas dimos, que qué narices hicimos. Pues hicimos lo que pudimos, o más bien, lo que quisimos a tenor de las circunstancias. Lo único claro que teníamos, y como he dicho, es que visitaríamos Irati, el resto lo fuimos improvisando.

Puede que esta ruta sea una barbaridad y realizarla parezca una torpeza absoluta, pero en realidad, y viajando en furgoneta, tanto da que da tanto – ¿esto existe? Tal vez hubiese sido mejor ir hasta Huesca desde el Pirineo pero, como he dicho, amenazaba lluvia. Haber descubierto algo más de Navarra hubiese estado bien pero… bueno, ya hemos dicho qué pasó. Al final las vimos venir y quedamos muy contentos porque, seguramente, si no hubiese sido así no habríamos descubierto la Val d’Onsella, que nos encantó.

Tú, si quieres acercarte por la zona, puedes quedarte en ella e ir descubriendo otros lugares que no se encuentran tan lejos entre ellos. En cada apartado te he enlazado los otros atractivos turísticos que puedes visitar por allí y con los que puedes configurar tu propia ruta y hacerla, tal vez, más eficiente.

Por lo que respecta al alojamiento, y como he dicho, nosotros dormimos en la furgoneta, pero si no te atreves a hacer lo que nosotros yo te recomiendo que si quieres hacer algo parecido a lo que nosotros hicimos te alojes, en el Valle de Salazar en Ochagavía, en el Baztán en Elizondo y en las Cinco Villas en Sos del Rey Católico. Bien es cierto que el Baztán, para alojarte, no es muy económico, y menos en otoño, por eso la furgo, porque realizando un viaje al uso no hubiésemos podido hacerlo.

Y hasta aquí nuestra ruta. Espero que os sirva de inspiración y os ayude a montar la vuestra. Cuidaos.

Una filósofa y un politólogo que amana viajar y lo hacen a pesar de los pocos recursos que tienen. Viajar es más que un capricho, viajar es una necesidad y aquellos que somos pobres en un primer mundo de opulencias tenemos derecho también a realizar nuestros sueños viajeros. Porque los pobres también viajamos.
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