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Castillo de Javier | Navarra

El castillo que vio nacer y crecer a San Francisco Javier, patrón de Navarra, es el protagonista del post de esta semana. En la Navarra Media, rozando con Zaragoza, encontramos esta fortaleza de piedra parda y silueta elegante. ¿Te vienes con nosotros?

Los castillos son parte fundamental de nuestros viajes; cuando planeamos una ruta, si no aparece un castillo es como si al viaje le faltase algo. Al menos es lo que intentamos incluir cuando viajamos por España: ver, al menos, un nuevo castillo cada vez. Raras son las ocasiones en las que esto no se cumple, y la que os explicamos hoy aquí no es la excepción, como bien podéis ver.

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El Castillo de Javier

Nuestro viaje al Pirineo Oscense, en otoño de 2015 – uno de los mejores viajes que hemos hecho en esa época del año – acabó llevándonos hasta Navarra. No era la primera vez que estábamos en Navarra: habíamos pasado ya por Tudela de camino a Burgos, aunque poco más habíamos podido visitar de este territorio que todavía se nos resiste. En esta ocasión tuvimos oportunidad de desplazarnos hasta el Valle de Roncal, aunque no lo teníamos previsto en nuestra ruta – contratar hoteles sin haber planeado nada es lo que tiene -, y aprovechando que nos venía de paso decidimos desplazarnos hasta Javier para visitar su castillo.

Historia del Castillo

Para encontrar los orígenes del castillo de Javier debemos remontarnos a finales del s. X, cuando se construyó una primitiva torre, la del homenaje. Es fácil de entender porqué el castillo se construyó ahí: su condición de frontera entre Navarra y Aragón hizo que el lugar cogiese cada vez más importancia, de modo que , poco a poco, la primitiva torre fue tomando forma de fortaleza.

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El castillo fue parcialmente destruido en el año 1516 por orden del cardenal Cisneros, y a finales del s. XIX se construyó una basílica adosada a la fortaleza. Su aspecto original había cambiado notablemente, pero las reconstrucciones que se llevaron a cabo a mediados del s. XX devolvieron al castillo su fisonomía original. Esto supuso que el castillo sea de los pocos que, en la actualidad, conserve sus defensas  y estructuras como saeteras y troneras.

¿Quién era San Francisco Javier?

Francisco de Javier, de cuna noble, fue a estudiar a la Sorbona – sí, a París – y allí conoció a San Ignacio de Loyola, con quien cofundó la Compañía de Jesús. Fue a partir de aquí que viajó por aldeas de Asia y África. Cuando se disponía a entrar en el Imperio Chino, allá por el año 1552, Francisco Javier murió de pulmonía.

Su labor evangelizadora fue tal que a día de hoy son muchos los lugares en los que estuvo en los que su legado es importantísimo.

La visita al castillo

El Castillo de Javier es coqueto; sus torres almenadas y el color dorado de la piedra de la un carácter bastante romántico. Una vez cruzada la puerta, nos adentramos en la fortaleza y vamos a parar a la bodega donde unos dioramas nos ayudan a descubrir la vida del Santo. A nosotros esto nos pareció un poco tétrico, la verdad. Cuando lo visitéis – o si lo habéis hecho ya – nos diréis qué os parece.

Tras esto, subimos a la planta y nos encontramos con un museo en el que se exhiben objetos del antiguo Castillo, recuerdos del Santo y una maqueta del antiguo edifico. El museo tiene tres partes diferenciadas en las que se explica la historia del edificio, la historia de Javier y también la historia de Navarra.

Para continuar con la visita debemos salvar una rampa, que es la que nos lleva al resto de dependencias del castillo. Pasamos a la Sala de Escudos, donde encontramos el árbol genealógico de Francisco Javier y blasones que pertenecieron a sus progenitores. Tras esta Sala, y habiendo cruzado una puerta de piedra vamos a la Sala Principal o Grande, espacio que servía para la vida familiar y también para las recepciones. Debemos seguir ascendiendo para pasar por la Torre de Undués y meternos en el Camino de Ronda que, como en todo castillo, estaba destinado a la protección de la fortaleza, lugar desde el que se vigilaba y se atacaba, si era necesario, al enemigo.

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El núcleo primitivo del castillo se encuentra alrededor de la torre del homenaje, que resulta ser la más antigua de este tipo de toda Navarra. Desde esta torre, donde encontramos la que fue la habitación de Francisco Javier, vamos a tener las mejores vistas de las que goza esta fortaleza: al este la frontera con Aragón, al norte la sierra de Leire, al oeste al vega del río Aragón y al sur la plaza y el término de Castellar.

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A JJ no os lo encontraréis como parte de las vistas.

Bajamos y nos encontramos con uno de los elementos más interesantes de esta visita: se trata de la Capilla del Santo Cristo. En ella, además de poder admirar el Cristo de Javier, una imagen gótica que data del s. XVI, hecha en madera de nogal y que tiene – como no – leyenda incluida, podemos ver un fresco medieval, representación de la única danza de la muerte que existe en España de la época gótica. Ah, la leyenda: que la imagen sudó sangre cuando el Santo agonizaba en Sancián.

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Tras esta experiencia mística – la imagen y los frescos son verdaderamente impactantes – descendemos y vamos a parar al patio de armas, donde encontramos los muros de la basílica ya mencionada y construida en el s. XIX. Es momento, ahora, de regresar al zaguán y salir de la fortaleza.

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Impresiones

El castillo es bonito, muy fotogénico. Como he dicho antes, el castillo es coqueto en su aspecto exterior – las fotos lo demuestran -, pero a nosotros nos dejó un poco fríos. Lo que alberga su interior no nos pareció demasiado interesante, aunque vale la pena acercarse solo por ver los frescos medievales. Además, cabe decir que la entrada son tan solo 3€, así que por lo que te tomas una cerveza en algunos bares puedes disfrutar de la visita a un castillo que, pese a estar muy reformado, te arregla una escapada.

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Más información

Como ya he apuntado, San Francisco Javier es el patrón de Navarra, así que los dos primeros fines de semana de marzo tiene lugar la peregrinación al Castillo de Javier conocida como la Javierada. Como es de esperar, esto también tiene su historia, y es que cuentan que en el año 1886  San Francisco Javier escuchó a sus fieles e hizo remitir la epidemia de cólera que asolaba Navarra, así que cada año los navarros cumplen la promesa de peregrinar hasta Javier.

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Una filósofa y un politólogo que amana viajar y lo hacen a pesar de los pocos recursos que tienen. Viajar es más que un capricho, viajar es una necesidad y aquellos que somos pobres en un primer mundo de opulencias tenemos derecho también a realizar nuestros sueños viajeros. Porque los pobres también viajamos.

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