Mirador de Tapla | Un alto en el camino brutal

En tu viaje a la Selva de Irati, y para ir de Ochagavía hasta las Casas de Irati tienes que pasar, irremediablemente, por este alto. Lo que te encuentras allí te deja sin respiración. Bienvenidos al Mirador de Tapla.


Una de las mejores de viajar es que te sabes ignorante. Sí, eso es lo más interesante, darte cuenta que por muy estudiada que vayas siempre hay cosas que desconoces y que te sacuden con bofetadas de realidad. Por mucho que hayas trabajado un destino, por mucho que lo hayas investigado, por mucho que lo hayas deseado, siempre habrá algo – para bien, y también para mal – que te sorprenderá.

En nuestro viaje a Navarra, centrado en su primera etapa en el Valle de Salazar, el más profundo de todos los valles navarros, teníamos como objetivo principal visiatar la Selva de Irati. Era mediados de otoño, un otoño pandémico, un otoño rarísimo, más otoñal que otros años, hasta invernal. Después sabrás porqué.

Pernoctamos cerca de Ochagavía, base de operaciones para descubrir un poco Irati, y el camino hasta este precioso pueblo nos había ido mostrando las delicias que íbamos a encontrar en nuestar ruta hasta el Bosque de Irati. Desde Ochagavía debíamos conducir por una carretera de montañana unos 25 kilómetros hasta llegar al aparcamiento de Casas de Irati y, desde allí, realizar alguna de las rutas que partían desde ese punto. Ese era el plan del día, un lunes de octubre que no era cualquiera.

La carretera.

Comenzamos a conducir dirección, como digo, hasta lo más profundo de la Selva de Irati a esas alturas del Valle de Salazar. La carretera, sinuosa y estrecha, está acompañada por la vegetación que caracteriza a esta parte de Navarra, vegetación frondosa donde las haya, y es que eso Selva no le viene grande a este pedacito de Planeta Tierra. A medida que vamos sumando metros de altitud, la vegetación se va haciendo menos frondosa y tras una curva no muy pronunciada pero si bastante importante aparece ante nosotros el alto de Tapla.

El alto de Tapla es el punto de partida de rutas senderistas de escasa dificultad pero que, según dicen, son de una belleza extraordinaria. No sé si las rutas son fáciles o difíciles, pero sí es un lugar de visita bastante recurrente para familias ya que los senderos, aún siendo subida, son fáciles y están en buen estado.

Cuando llegas al aparcamiento del conocido como Paso de Tapla encuentras un poste con distintas señales indicadoras que marcan el camino de las diferentes rutas senderistas que pueden realizarse desde allí. Una de las más conocidas, por lo sencillo de la misma, es la que lleva hasta el Mirador de Goñiburu, la SLNA-67. Esa excursión, con su ida y venida – es lineal, no circular – no llega a superar los 5 kilómetros de distancia, así que es perfecta para hacer con niños.

Pero aquí no he venido a hablaros de ninguna ruta senderista, porque es que nosotros no hicimos ninguna ruta desde ese punto. Como te he dicho, lo bonito de viajaar es que aprendes muchas cosas y a te reconoces como ingorante, que siendo así, un poquito socrática, entiendes que la ignorancia es lo que te hace humana y no todo lo contrario. Otra cosa es que quieras dejar de ser humana, que aquí ya nos meteríamos en un embrollo filosóico que no cabe en este espacio virtual. La cuestión, que ignoramos por completo la existencia de Tapla, sus senderos sencillos y sus vistas abrumadoras.

Sí, lo que impresiona de Tapla, de ese mirador que es amplio, amplísimo, y que te llama como canto de sirena a parar, son las impresionantes vistas que nos regalan ese punto geográfico. Cabe decir aquí que tal vez esa sea la semana perfecta para viajar, y me explico. Son mediados de octubre, el otoño hace pocos días que ha llegado, pero el otoño está siendo raro, como todo el año 2020. Tal vez por eso nuestra parada allí sea todavía más especial, por el solo hecho de poder estar y poder disfrutar. Además, y como raro, los picos pirenáicos están ya nevados. ¿Qué visión más bucólica puede haber que un campo verde seguido de unas motañas pintadas de colores dorados y cobrizos arropadas más allá por altos picos montañosos pincelados de blanco? Sí, hay algo más bucólico que eso, y es lo siguiente: sumarle a esta estampa caballos de crines doradas y pieles rojizas corriendo a sus anchas. Y eso es lo que nosotros nos encontramos.

Personalmente, me siento como una niña pequeña que ha cumplido uno de sus mayores deseos. Correteo emocionada por la hierba convertida en pasto de vacas y caballos y querría poder guardar esa sensación de libertad de forma permanente dentro de mi persona. Sé que eso no es posible, por disfruto al máximo de ese momento, aunque el momento sea efímero, fugaz. Y sí, tal vez por su fugacidad el momento es tan importante, tan enriquecedor.

El Alto de Tapla, con su mirador, y con la posibilidad de hacer rutas senderistas, entre ellas la ya mencionada – y que parece que te lleva a uno de los miradores más bonitos que existen sobre toda la Selva de Irati – es sin duda algo que no debes pasar por alto. Apúntalo en tu agenda viajera para cuando vayas a Irati.

Más información

Una filósofa y un politólogo que amana viajar y lo hacen a pesar de los pocos recursos que tienen. Viajar es más que un capricho, viajar es una necesidad y aquellos que somos pobres en un primer mundo de opulencias tenemos derecho también a realizar nuestros sueños viajeros. Porque los pobres también viajamos.
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