Cajón de Sastre

Resumen Viajero 2019

Acaba 2019, un año que para la que aquí escribe – y para el que la acompaña en sus viajes – ha sido de lo más interesante en lo que a viajes se refiere. Nuevos países, nuevas ciudades, sueños cumplidos. ¿Quieres saber cómo ha sido nuestro 2019 viajero?


Cada último miércoles del año, de un tiempo a esta parte, intento hacer un resumen de lo que ha sido el año que acaba en lo que a viajes se refiere. No lo hago por presumir, sino por hacer un balance, por poner sobre la mesa todo lo que hemos vivido y tener así un buen recuerdo de lo que ya dejamos – que al final no es más que un año, nada trascendental.

El año – que burrada voy a decir – empieza en enero – muy lista ella – y así como empieza el año nosotros tenemos la tradición – porque ahora no podemos viajar en esas fechas -de ir cada 1 de enero a un lugar en el que no hayamos estado antes. Intentamos cumplir esto pero cada vez, y como es obvio, se nos hace más difícil. De momento este 1 de enero pasado – hace ya casi 365 días, que se dice pronto – conseguimos visitar un lugar nuevo que, en este caso, se convirtió en una ruta por los lugares olvidados de Maestrazgo. Antes de que se hablase de eso de la España Vaciada nosotros, antes también del blog, intentábamos ya poner en valor todos esos pueblos que se conocen poco pero que tienen tanto derecho a existir como las metrópolis más saturadas. El caso que aquí nos ocupa, por tanto, el de ese 1 de enero de 2019, nos llevó por algunos pueblos que sobreviven a duras penas, en las que las comunicaciones y los servicios son escasos, las carreteras nefastas e incluso algunos de ellos ya no existen porque fueron abandonados, y puedes conocerlos todos haciendo clic aquí.

Luco de Bordón

Y el mes de enero, como sabréis si nos seguís desde hace tiempo, es el mes en el que yo, Marina, cumplo años. De un modo u otro Juanjo intenta llevarme a nuevos lugares cuando se acerca la fecha que rememora mi nacimiento y, en esta ocasión, creo que el tío se pasó: acabamos viajando a Praga, Viena y de rebote a Bratislava. En algo más de una semana pisaba por primera vez 3 países nuevos para mí. Vaya manera de empezar el año, y de llegar a la edad de Cristo.

Viena. Totalmente desubicada en los palacios de Sisi.

En febrero cumplimos un deseo viajero que teníamos en mente desde hacía tiempo. Más que deseo viajero se trataba de poder asistir a una de las ferias medievales más importantes de España por lo bien hecha que está aunque, increíblemente, es poco conocida. De lo que os hablo – y os hablé también en el blog – es de las Bodas de Isabel, en Teruel. La historia de los Amantes de Teruel contada por los turolenses de una manera exquisita y con un gusto sublime, un acontecimiento que suele tener lugar por los albores del 14 de febrero y que debería ser cita ineludible para todas aquellas personas que gustan de ferias y recreaciones históricas. Si quieres saber de qué va el asunto te recomiendo que leas el post que le dedicamos.

Las escapadas y viajes se pararon en primavera hasta llegar a abril, cuando decidimos irnos hasta Atienza, un pueblo al que le teníamos muchas ganas y desde hacía mucho tiempo, y ya que estábamos en Atienza, que nos encantó – hace nada que ha entrado en la lista de los pueblos más bonitos de España – regresamos a Segovia, ciudad en la que ya habíamos estado años atrás y de la que todavía nos quedaban muchas cosas por ver. En ese viaje, que tuvo Atienza y Segovia como sedes principales, pudimos visitar otros sitios como Ayllón, también La Granja de San Ildefonso o El Escorial, así como poder bailar sobre la tumba de un señor que ahora, y por fin, ya no está donde estaba enterrado. Que por cierto, las visitas a estos tres lugares, todos Patrimonio Nacional son de entrada gratuita los miércoles y jueves por la tarde. Apuntadlo en vuestra libreta viajera. En este viaje, además, aprovechamos para visitar un castillo de Madrid que teníamos en nuestra lista de castillos españoles que visitar desde hacía también mucho tiempo, el de Manzanares el Real.

Sin muchas otras cosas a la vista acabamos, y después de ofrecer un concierto en el templete de Castelló, y en el mes de mayo, en Alcoy, así, sin pensarlo, y después de haber soplado mucho nuestros saxos. Y, ¿por qué nos fuimos a Alcoy de improviso? Pues porque celebraban los Moros i Cristians y dos músicos como nosotros no podíamos dejar pasar la oportunidad de ir a un evento como ese. En realidad no sabíamos qué esperar de aquella fiesta y alucinamos con el ambiente que había, era como las fiestas del pueblo pero multiplicado por infinito. Sin duda, volveremos.

Això ho pague jo (Xavi Castillo Style)

Y después de mayo llega junio – otro dato que tú, lector, no conocías; entiéndase la ironía – y en junio cumple años JJ. Y como viene siendo también tradición decidí que nos íbamos de viaje y pasamos unos días al Périgord. Lo que inicialmente iba a ser un viaje de algunos días acabó pasando a ser una ruta de 11 días por lo que se conoce el sur de Francia y que englobaba el Périgord, el Lot, también el Aveyron y hasta parte del País Cátaro, ya que regresamos a Albi y a Carcassonne, incluso fuimos a Perpignan y Collioure. Este viaje, del que todavía os estoy contando cosas – y lo que me queda -, tenía que ser el último del año, peeeeero…

Se nos presentó agosto y a principios del mismo un fin de semana sin conciertos y sin eventos a los que asistir. ¿Cómo íbamos a desaprovecharlo? Además este 2019 ha sido impar y, ¿sabéis que pasa los años impares en lo más alto de Huesca? Pues os lo cuento yo si no lo sabés: se celebra el Festival Folklrórico de los Pirineos de Jaca. Ya habíamos asistido en el año 2013 y este año nos apetecía volver así que un día antes buscamos el hotel más barato que encontramos en la ciudad, que fue casualmente el mismo en el que habíamos estado 6 años antes, y hala… carretera y manta y hasta Jaca que nos fuimos. Y ya que estábamos en Jaca, ¿por qué no ir hasta San Juan de la Peña? Sí, señoras y señores, después de un montón de intentos fallidos de visitar este increíble monasterio por fin pudimos hacerlo.

Regresar a Jaca es siempre una buena idea.

Ah, y al regresar de Jaca, y como era primer domingo de mes, y además teníamos tiempo, y además nos venía de paso, pues paramos en la Aljafería de Zaragoza aprovechando que el primer domingo de cada mes es entrada gratuita. La Aljafería, ese lugar que dicen que se parece a La Alhambra pero en realidad tendríamos que decir que es La Alhambra la que se parece a ella porque resulta que ésta es posterior a la otra. Y hablando de Alhambra, ese sueño viajero que siempre hemos tenido ahí, inalcanzable, ¿podríamos por fin visitarla algún día? Pues vaya si podríamos…

No, esto no es La Alhambra, todavía no.

A finales de agosto decidimos que nos íbamos a Granada y por fin visitaríamos La Alhambra. Sueño cumplido número 3 o 4 de este año, porque El Escorial y la Granja y el Périgord y el castillo de Manzanares el Real estaban también en nuestros deseos viajeros. Pero la Alhambra, ¡ay la Alhambra! Iba con muchas ganas, pero también con un poco de miedo y es que ¡me creaba tanta expectación visitarla! Al final la Alhambra fue lo que me esperaba: una absoluta y total maravilla. Y claro, al regresar de Granada, viaje que aprovechamos para visitar también Jaen, y Baeza, y Úbeda, La Alpujarra y algún que otro lugar del que todavía no os he hablado, escribí un post dándote todos los consejos que creo imprescindibles para poder visitar con garantías la Alhambra de Granada.

Por los cerros de Úbeda.

Y se supone que después de agosto poco más hay que hacer, pero nosotros que somos culos inquietos y además hemos aprendido a aprovechar las oportunidades que se nos presentan – la vida nos ha puesto en la tesitura de no poder elegir – conseguimos reunir unos cuantos días para marcharnos de nuevo, y ya en otoño, a un lugar al que le tenía muchas ganas: el Baztán. Bueno, o el plan inicial era ir al Baztán, pero se torció el asunto cuando vi que los precios se nos iban de las manos. ¿Y qué íbamos a hacer? Pues yo seguía emperrada en ir al Baztán. Al menos al Pirineo, y es que tenía muchas ganas de otoño, de ese otoño que revienta como si no hubiese un mañana, que tiñe de colores casi surreales todo el paisaje. Por eso no cesé mi búsqueda, alguna cosa tenía que haber. Al fina conseguí ir hasta al Pirineo; una oferta de alojamiento en un pueblo muy bien situado nos arreglaba el viaje. Al final nuestro centro de operaciones sería Saint-Jean-Pied-de-Port y un 12 de octubre saldríamos del pueblo para, previo paso por Zaragoza, comenzar un viaje que haría que borrásemos de nuestra lista viajera sitios como Roncesvalles, el propio Baztán – solo un trocito, un tentempié de lo que espero sean futuros viajes – la espectacular zona navarra de Quinto Real o ciudades como Bayonna o Biarritz. Poco a poco ya os lo iré contando. O eso espero.

Espectacular Quinto Real.

Y las pernoctaciones fuera de casa se acabaron en octubre, pero no hemos dejado de hacer cosas aunque sea solo para estar unas horas. Entre ellas se encuentran Vilafamés, incluso Albarracín, al que regresamos en julio. También hay una ruta muy reciente, hecha el 6 de diciembre y que llamamos en redes #LasMadusOnTheRoad. Para que esto sucediese tuvieron que juntarse los astros de todas las galaxias posibles y por fin pudimos irnos cuatro amigas a pasar un día por pueblos bonitos que nos llevaron por Els Ports, el Maesrazgo y el Alt Maestrat. Sin duda fue una gran aventura que seguro a ti también te gustaría emularla. Te lo dejo aquí.

Y hasta aquí nuestro año viajero 2019 que, poniéndome sería, ha sido uno de los años en los que más tiempo he estado fuera de casa viajando. Este año ha sido también el año en el que más países he visitado, y además el año en el que más países nuevos he pisado. En total, en este año, ha sido más de un mes fuera de casa habiendo pasado por República Checa, Austria, Eslovaquia, España y Francia. Un año en el que hemos ido a lugares a los que les teníamos muchas ganas, y a los que hemos ido sin tener pensado viajar a ellos.

No sé qué nos deparará el 2020 en lo que a viajes se refiere, tampoco la vida en general. La previsión no siempre funciona y a veces incluso es hasta interesante, lo que sí sé es que en la medida de lo posible seguiremos viajando los 365 días que nos quedan por delante, y también todos los demás que vayan más allá de un año terrestre. Por muchos más viajes, adiós 2019.

Una filósofa y un politólogo que amana viajar y lo hacen a pesar de los pocos recursos que tienen. Viajar es más que un capricho, viajar es una necesidad y aquellos que somos pobres en un primer mundo de opulencias tenemos derecho también a realizar nuestros sueños viajeros. Porque los pobres también viajamos.

6 Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: