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Ruta en coche por el Alt Maestrat, el Maestrazgo Turolense y Els Ports.

No existe el itinerario perfecto, todo depende de gustos, pero en este artículo te cuento cómo creo que debes introducirte en una de las zonas más desconocidas de España: la que transita entre Castelló y Teruel y que conforma las comarcas del Alt Maestrat, el Maestrazgo y Els Ports. Si tienes un día para invertir en una ruta chula creo que debes seguir leyendo.

Un viernes festivo – más o menos –, un puente que no es tal para las que trabajamos cuando la mayoría libran. Cuatro amigas que se ven mucho en los ensayos de banda, pero jamás pueden quedar para tomar una cerveza porque ahora una tiene esto, la otra lo otro, y las demás pues tres cuartos de lo mismo. Que no vivimos en Manhattan, ¡que somos de La Jana! Y ni así hay manera de juntarnos las 4. ¿Que no? Dejad que la más jovencita de todas se plante y diga ¿por qué no hacemos algo el día 6?

Pues sí, mira, hagamos algo (foto: Àngels Pla)

Y así empieza lo que convenimos en llamar – la idea es, otra vez, de la jovencita del grupo – #LasMadusOnTheRoad. Una jornada de viernes festivo que nos llevará por pueblos chulísimos aunque la ruta sea sin prisa, es de esas que se llama slowtravel o viajar lento, y puede ser así porque la ruta que vamos a recorrer no se encuentra a más de una hora en coche de nuestro pueblo, que es La Jana y está en la comarca castellonense del Baix Maestrat. No confundir el Maestrat de Castelló con el Maestrazgo de Teruel, que son cosas distintas. Tranquila toda la audiencia, no voy a meterme aquí en un debate sociopolítico – no hoy –, es solo un apunte que quiero introducir porque muchas veces la gente se confunde.

Tenemos dos metas a realizar en este día: una es visitar Mirambel, y la otra es comer en casa Matilde, en Tronchón. Pues bueno, casi ni la una ni la otra hacemos, y es que a ver, ¿cómo vas a planificar una salida de estas características? Lo único seguro que tenemos es que saldremos del pueblo por la mañana y llegaremos por la noche, lo que pase por el camino bienvenido será.

Salimos del pueblo a las 09:30 horas de un viernes 6 de diciembre de 2019 que es gris y frío. Toda la semana ha sido lluviosa – y no poco –, los campos están agradecidos y los campesinos también: el agua es vida y riqueza. Nosotras llevamos mirando el cielo toda la semana y es que la noche antes cae la del pulpo aunque cuando esa mañana suena el despertador oigo a los pájaros cantar: eso es que ya no llueve.

Nos subimos al coche y con mi experiencia de viajera local guío la expedición hasta la primera parada: Ares del Maestrat. Hay dos maneras de llegar hasta el Maestrazgo turolense desde nuestra zona: la primera es ir por el Puerto de Querol y pasar por Morella atravesando la comarca de Els Ports, y la segunda es ir hasta el Alt Maestrat, pasar por Catí y seguir por el Puerto de Ares y entrar a Teruel por la Iglesuela del Cid. La opción que escogeré será esta segunda por una razón evidente: Morella está algo más cerca, estuvimos todas en septiembre para celebrar el cumpleaños de una de nosotras en Saltapins y siempre tiendes más a desplazarte hasta este pueblo que es de los más bonitos de España.

Te recomiendo que si vas a hacer esta ruta busques alojamiento en el centro de la misma, esto es, o Cantavieja o Mirambel. Lo que te expongo aquí es para una excursión de un día, y teniendo en cuenta que nosotras estamos relativamente cerca de estos lugares y siempre podemos volver. Tú, si vienes de lejos, quédate a dormir al menos una noche y disfrútala tranquilamente.

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Ares del Maestrat

Tomamos la 232 dirección Vitoria. No hay mucho tráfico y el cielo está encapotado. Tomamos la salida, una vez pasado Anroig, que nos lleva hasta Catí, un pueblo que, por cierto, vale mucho la pena visitar – y en el que producen un queso delicioso. A los pocos kilómetros de haber dejado Catí atrás una niebla persistente – aunque no demasiado espesa – cubre la carretera, niebla que nos acompañará parte del viaje hasta llegar a Cantavieja.

Empezamos la subida de el Puerto de Ares y se supone que tendría que aparecer frente a nosotros la espectacular silueta de este pueblo templario que es una de las vistas más impactantes de todo Castelló – hala, ya lo he dicho – pero, como os digo, el cielo está encapotado y justo veremos la carretera un poco más allá. Ya tengo pensado parar en Ares para verlo un poco, y además pretendemos desayunar allí, así que estacionamos el coche en la entrada del pueblo y comenzamos con la visita.

Estas gentes no somos nosotras, obviamente.

Cuidado, cuando llegues al final del Puerto de Ares, y si quieres meterte en el pueblo, debes conducir aún un kilómetro hasta él. Si vienes de Aragón encontrarás la carretera a mano izquierda, tras pasar el restaurante que hay en la curva, y si vienes de Castelló la carretera la encontrarás a la derecha.

Ares del Maestrat es un pequeño pueblo en el que no viven ni 200 personas. Hace algunos años llegar hasta allí era una odisea ya que la carretera del puerto era terrible. Hoy en día esa carretera está un poco mejor y aunque hay curvas no se hacen nada pesadas – no como antaño –, así que acercarte hasta este pueblo es ahora más fácil que en el pasado.

Y si del pasado queremos hablar debemos saber que Ares, así como toda esta zona, fue poblada en la Prehistoria y nuestros antepasados dejaron allí su huella en forma de pinturas rupestres que son Patrimonio de la Humanidad junto al resto de arte rupestre del arco mediterráneo de la península ibérica. Ya te aviso: si quieres conocer esta zona en profundidad necesitas algo más que un fin de semana.

Si de fechas importantes queremos hablar, debemos saber que Ares fue el primer lugar en la provincia de Castelló que Jaume I – Jaime I, vamos, se me hace extraño escribirlo en castellano – conquistó con éxito, en el año 1232. También debemos saber que durante la Guerra de Sucesión española Ares fue asediado hasta que la ciudadela cayó y con ella también cayó el Reino de Valencia en manos de los Borbones. Y para seguir con fechas marcadas a fuego – fatídicas en este caso – debemos saber que Ares fue víctima del experimento Stuka, una campaña de bombardeos que durante el mes de mayo de 1938, en plena Guerra Civil Española, llevaron a cabo los bobarderos Sutka de la Alemania nazi para probar sus capacidades – aunque esta teoría está siendo bastante cuestionada en la actualidad, pero los muertos bajo las bombas nazis siguien siendo los mismos. Este experimento, que afecto a Benassal, Albocàsser y Vilar de Canes además del pueblo de Ares, acabó con la vida de 38 personas.

Aunque nuestra ruta no se mueve por esto, cabe decir que Ares forma parte de la Ruta Templaria del Alt Maestrat, y es que este pueblo, junto a Culla, Catí y Benassal son las 4 localizaciones principales en las que la Orden del Temple tuvieron más importancia en lo que hoy conocemos como Alt Maestrat, aunque en toda la Província de Castelló hay muchos otros sitios en los que los templarios estuvieron presentes, como bien puede ser la archiconcida localidad de Peñíscola o Alcalà de Xivert, con su castillo templario en lo alto de la montaña. No voy a extenderme en este artículo en el pasado templario de toda esta zona, pero te dejaré al final referencias para que, si te apetece, amplíes la información al respecto.

Nosotras, que vamos a pasear y a hacer una primera incursión en este pueblo – no sin dejarlo para futuras visitas – nos dedicamos a andar por sus calles e intentar ver algo de lo que Ares ofrece. Digo intentar ver porque la niebla es espesísima y la visión no llega a los 3 o 4 metros de profundidad. ¿Es un impedimento para nosotras estas condiciones atmosféricas aparentemente adversas? Pues siento decir que no, es más, que el día esté nublado le da un plus a la ruta que la hará muy especial.

En Ares tienes para ver su Iglesia de la Asunción del s. XVIII, un edificio enorme que destaca – si el día lo permite – sobre todo el resto de población, junto a la gran mole en la que se encontraba el castillo, que fue el primero en caer en manos de Jaime I cuando la reconquista. De este castillo queda poco, solo se salva la torre vigía en lo alto con un diámetro de 8 metros y un aspecto muy deteriorado. En nuestro caso justo vemos el peñasco en el que se alzaba esta fortaleza alrededor de la cual tienes unas vistas brutales de todo el entorno, excepto en este viernes 6 de diciembre que parece que hayamos llegado al fin del mundo. Y oye, que nos da igual.

¿Hay algo ahí?

Una cosa interesante que debes saber de Ares es que debajo de la roca sobre la que se encuentra el castillo hay una cueva excavada que atraviesa de punta a punta la roca alcanzando los 43 metros de longitud. En esta cueva, que es visitable, se suelen hacer conciertos y exposiciones.

También es de mencionar, y con razón, la antigua lonja que data del s.XIII y que une la Plaza Mayor y la de la Iglesia, y en la que se celebraba en la Edad Media el mercado semanal. En el mismo espacio encontramos el Ayuntamiento que data de los s. XIV y XV y que se alza sobre las antiguas murallas árabes del s. X. El edificio es de estilo gótico y en su sala capitular se reunían los templarios. El conjunto lo cierra la prisión, que es también medieval (s. XIII) y que está debajo del edificio del Ayuntamiento.

Lo antiguo en este pueblo se funde con lo moderno y en esta misma plaza, en este mismo espacio que es de una belleza indiscutible, nos encontramos con una estatua de Jaume I hecha ya en el s. XX y que conmemora el 750 aniversario del nacimiento del Reino de Valencia del cual Jaime I fue su fundador.

Fuera del casco histórico – que no visitaremos esta vez – hay también lugares de interés en forma de barrancos con senderos señalizados o las ya mencionadas pinturas rupestres siendo las más importantes las que se encuentran en la Cova Remigia que pueden visitar-se en compañía de un guía. Ah, me dejo la nevera, una de las pocas de planta cuadrada que hay en la Comunitat Valenciana y que está en muy buen estado de conservación. Se encuentra a 1.200 metros de altitud y el pozo en el que se conservaba la nieve – y que se puede visitar – se encuentra a 8 metros de profundidad. Bueno, y también hay que tener en cuenta la Torre Beltrans, una masía fortificada construida sobre una antigua alquería musulmana y que tiene una torre que se supone data del s. XIV.

Así, a grosso modo, es lo que puedes ver en Ares. Y también puedes desayunar, por lo que nosotras nos vamos hasta el restaurante que hay en las afueras del pueblo y vamos a zamparnos el desayuno, que se nos ha hecho más tarde de lo que esperábamos en esta bonita localidad y todavía nos quedan muchos lugares que visitar.

Primera etapa superada.

Vilafranca del Cid

Este pueblo no entraba en la ruta, pero después de desayunar y habiendo despejado el cielo un poco ante nosotras se nos presentan unos paisajes otoñales que nos dejan alucinando. Yo he estado hace poco en el Pirineo Navarro intentando cazar el otoño, mi amiga Esther un par de semanas después marchó hasta Benasque para buscar lo mismo que yo. Pues ambas convenimos que esos paisajes no tienen nada que envidiar a los paisajes pirenáicos, con la diferencia que aquí el otoño explota más tarde, pero explota igual.

Fíjate en los trabajos de piedra en seco que hay en los campos.

De Vilafranca os voy a contar poco – tal vez lo deje para otra ocasión – pero quiero mencionar los trabajos de piedra en seco que pueden verse en todo el territorio, ya cuando empiezas a acercarte a Catí. La piedra en seco es una técnica de construcción que se basa, como su propio nombre indica, en levantar construcciones sin más elementos de unión entre los materiales que la propia gravedad. Con esta técnica se construyeron, en la zona, corrales, casas, balsas, pozos, bancales y otros edificios que permitían hacer más cómoda la actividad ganadera y agrícola de la zona. En Vilafranca existe un Museo de Piedra Seca que encontrarás en la Lonja de la localidad, y tienes también diversos itinerarios que te llevan por los distintos espacios en los que se encuentran estas construcciones. Si no tienes tiempo de realizar la ruta te recomiendo que a medida que vayas conduciendo te fijes en lo que te rodea y encontrarás todo esto que te cuento, sin esfuerzo, a tu alrededor.

El Llosar

Irremediablemente, y es lo que haremos nostras, paras en el Llosar, un espacio que se encuentra al lado mismo de la población y en la que hay una ermita hecha en piedra y que data del s. XVII. Más allá de esta ermita lo interesante es todo el conjunto que no solo es la ermita sino también un hostal, unos porches, unas viviendas y un corral. Y unas vistas de la montaña preciosas.

Segunda etapa superada.

Iglesuela del Cid

Continuamos la ruta y nos adentramos irremediablemente en Aragón. Entramos en la provincia de Teruel por la Iglesuela del Cid, un pueblo que a pesar de ser precioso y con una cantidad de patrimonio bastante interesante es bastante desconocido. A la Iglesuela no es la primera vez que voy, ni yo ni alguna de nosotras. Hay que saber que algunas gentes de allí – y del Maestrazgo en general – dejaron las duras y parcas tierras de esta zona para ir a lugares más tibios y benevolentes: pasaron del Maestrazgo al Baix Maestrat. En mi pueblo viven gentes que nacieron en la Iglesuela o en Pitarque, pero en Traiguera hay gente de Cantavieja y Tronchón, y Benicarló está lleno de gente de este pueblo. Tronchón, del que os hablaré al final, es uno de esos lugares en los que casi no vive nadie pero cuando son las fiestas patronales aquello parece la Castellana.

En la Iglesuela viven poco más de 400 personas y su pasado, que se extiende hasta la preshsitoria pasando por los cartaginenses que conocían este emplazamiento como Athea, adoptó su apellido del Cid cuando – y obvio es lo que voy a decir – Rodrigo Díaz de vivar mandó fortificar el pueblo e hizo que levantaran el castillo. El Cid pasó por aquí – como por Vilafranca y toda la zona – y en la actualidad existe una ruta turística conocida como el Camino del Cid que puedes realizar por etapas y que tiene bastantes lugares de interés en esta zona de la que hoy te hablo. Además del Cid, también los templarios pasaron por aquí, a los que se encomienda la localidad en el s. XII y cuando ésta orden se disuelve son los caballeros de la Orden del Hospital los que toman la localidad en el s. XIV.

La Iglesuela fue floreciente en el pasado hecho que provocó el derrumbe de sus murallas para continuar con el crecimiento del núcleo urbano. La fisonomía de la localidad, por tanto, cambio y no dejó de hacerlo en un futuro aunque por cuestiones distintas: las Guerras Carlistas. La figura del General Cabrera, conocido como el Tigre del Maestrazgo, es una figura que tuvo gran repercusión en esa época y en la zona que aquí nos atañe, pero también en la comarca de Els Ports. Este general, sanguinario y bruto como él solo, estableció su cuartel general en la vecina localidad de Cantavieja – nuestra siguiente parada – y llegó a la Iglesuela al frente de la Expedición Real de Carlos María Isidro de Borbón un 23 de julio de 1837. Allí se canto un Te Deum y el pueblo lo aclamó, Cabrera se alojó en la Casa de Blinque y se quedó en la Iglesuela poco más de una semana ya que El General Oraá – del bando contrario – le pisaba los talones. En ese momento los carlistas empezaron a perder fuerza en el Maestrazgo – y continuaré en Cantavieja la historia.

El desamparo de la localidad continúo a finales del XIX cuando hubo una epidemia de cólera y se prolongó hasta la Guerra Civil que supuso importantes pérdidas de patrimonio en la localidad. Pero no solo la Guerra Civil, y es que la postguerra fue tan dura que muchas de las construcciones desaparecieron. A pesar de eso, la Iglesuela sigue manteniendo mucho encanto y algunos enclaves maravillosos que no debes ignorar.

La Iglesuela fue declarada Bien de Interés cultural en el año 1982, a pesar de toda esta historia oscura que te acabo de explicar, ya que mantiene todavía hoy elementos muy importantes de edificios religiosos y civiles construidos en Aragón desde la Edad Media. Lo que más llama la atención cuando te acercas a la Iglesuela es una torre almenada que destaca junto a la torre campanario de la iglesia sobre el resto del pueblo. Esa imagen es una de las más conocidas de la Iglesuela y no es de extrañar porque el conjunto es muy fotogénico. Esa torre que hoy forma parte de las dependencias del Ayuntamiento formaba en el pasado parte del castillo templario.

Lo más interesante de todo esto, y como pasaba de forma similar en Ares y también lo veremos en Cantavieja, se encuentra en la no separación entre el edificio del Ayuntamiento y la Iglesia, además de lo que era un palacio que en un pasado no muy lejano se usó como Hospedería y que estuvo en litigios porque su antiguo dueño hacía lo que venía en gana hasta cerrar finalmente sus puertas, aunque parece ser que ahora va a volver a la vida.

En este espacio, el de la Plaza de la Iglesia, se encuentra gran parte del patrimonio de la Iglesuela. Además de la ya mencionada iglesia parroquial que data del s. XVII – aunque construida sobre una iglesia gótica anterior – o el Ayuntamiento de factura gótica, con su pórtico formado por tres arcos apuntados, encontramos también en esta pequeña-gran plaza la Casa de Blinque, con un pórtico apoyado en una única columna y una imagen de un tau en la dovela central, clara imagen de la Orden del Temple. También encontramos el Palacio Matutano-Daudén, un palacio que en su exterior es bastante austero pero en su interior es de una gran riqueza – y puedo dar fe porque lo visité hace casi 10 años – y que, como os he dicho, fue usado como Hospedería en un pasado y parece que en un futuro va a tener un uso similar. Pero no se queda aquí el patrimonio monumental de esta plaza que es el vestigio más evidente del pasado medieval de la villa; todavía nos queda un palacio, el de los Daudén, también conocido como Casa de las Notarias.

Fuera de este espacio claramente medieval encontramos también algunas edificaciones señoriales como los palacios renacentistas de Aliaga y Guijarro, en la calle San Pablo, o el Palacio Agramunt, en la Calle Mayor, que es de arquitectura barroca.

También es interesante fijarse en el Portal de San Pablo, al incicio de la calle con el mismo nombre y que da paso a la Iglesuela extramuros en la que podemos observar los vestigios de la muralla y también ejemplos de arquitectura de piedra en seco que se encuentran en los bancales a la orilla del río.

Y damos paso ahora a otro lugar en la ruta, el próximo y el que iba a ser visita central en esta escapada pero… ¿quién puede planificar una ruta de estas características?

Tercera etapa superada.

Cantavieja

De Cantavieja voy a hablar poco, ya escribí sobre este pueblo en el pasado, un día que fui allí con JJ. D este pueblo, que es de los más bonitos de España., voy a destacar en un aspecto: la carretera que va de la Iglesuela hasta Cantavieja. ¿La razón? Es una de mis carreteras favoritas que, aunque sinuosa y con curvas, es de una belleza bestial. La montaña que rodea la localidad, con todos los peñascos y los cortes en la piedra son impresionantes, y si el día te recibe con niebla, cielo azul, nieve en los picos y colores otoñales, pues buen, ya no necesitas nada más.

Retomo el paso de los Carlistas por las tierras turolenses del Mestrazgo señalando la destrucción que estos provocaron aquí, e incidiendo en la desaparición forzada del castillo cuando las tropas de Cabrera salieron pitando porque las tropas del Duque de Ahuamada entraron en la Iglesuela y los carlistas no tuvieron mejor idea que incendiar la localidad. De hecho esto fue tóncia general en esta guerra: la destrucción de las plazas perdidas para que los que venían detrás no pudieran hacer nada con ellas. Pasó en Cantavieja, pero también en Culla, y en Olite. Apenas queda nada de la fortificación original, en Cantavieja había un castillo que ahora es calvario del que solo queda el perímetro y las murallas. Pero antes de quemarla y abandonarla Cabrera designo Cantavieja como la capital de la Comandancia General del Maestrazgo aunque la historia, como ya os he dicho, acabó siendo nefasta para la localidad.

Mi amiga Esther fundiéndose con el entorno.

Lo más interesante de Cantavieja es el conjunto formado por la Iglesia de la Asunción, su campanario y el Ayuntamiento que se encuentran, como sucede en la Iglesuela, recogidos en una plaza llena de arcos y con edificios hechos en sillería y mampostería. Entre estos edificios encontramos la Casa del Bayle – quien se encargaba de administrar la localidad en la Edad Media – o el antiguo Hospital de San Roque.

Pero además del patrimonio, que se complementa con el Mueso de las Guerras Carlistas, ubicado en la Calle Mayor – la que te lleva directamente al campanario – en una casa del s. XVII, lo mejor que puedes hacer en Cantavieja es perderte por sus calles de piedra y fijarte en todos los detalles que salen a tu paso: desde puertas de madera vieja hasta escudos nobiliarios pasando por rejería maravillosa.

También debes acercarte hasta el calvario y desde allí hasta la Iglesia de San Miguel – que todavía no he conseguido visitar – y desde ella asomarte al mirador que hay en su parte trasera desde la cual hay unas vistas bestiales de todo el entorno.

Y si del entorno hablamos debes saber que el patrimonio natural del término municipal de Cantavieja es altamente valioso teniendo tres Lugares de Importancia Comunitaria y una Zona de Especial Protección de Aves – la conocida como ZEPA –, por mencionar brevemente algún dato.

Y todo esto – más lo que te cuento en el artículo principal – es lo que puedes hacer en este pueblo. Nosotras tenemos que dejarlo porque nos espera una buen banquete en Tronchón. ¿O debo decir que nosotros lo esperaremos a él?

Lee el artículo completo dedicado a Cantavieja haciendo clic aquí.

Cuarta etapa superada.

Tronchón

De Tronchón tampoco voy a decir mucho, hay también un artículo escrito – y bastante especial – en el blog, artículo que tiene ya unos años. Lo que sí voy a decir es que a este pueblo vamos a comer, como fuimos aquel 1 de enero JJ y una servidora. La razón por la que nos fijamos en Tronchón para comer es la misma por la que nos fijamos años atrás: porque queremos comer en Casa Matilde

Casa Matilde (foto: Àngels Pla)

¿Qué es casa Matilde? Te estarás preguntando. Te lo explico con brevedad – o lo voy a intentar – porque ya me extendí aquella otra vez en el texto, pero Casa Matilde es un restaurante que regenta, como no, Matilde, una señora ya un poco mayor que destaca por su poca estatura y su destreza en la cocina. A Casa Matilde una va a fartar, a comer mucho, a hacerlo pausadamente, a beber y a regocijarse entre platos de comida casera de lo más deliciosos. Matilde, esta señora de la que dicen se levanta a las 2 y las 5 de la madrugada para dar vueltas a los pucheros, es una anfitriona de las que ya no quedan, una posadera a la antigua, de esas que aparecerían en El Quijote, incluso en la obra de Cela cuando nos habla de las viejas fondas a las que llegaban los viajeros exhaustos y siempre tenían un plato de sopa preparado.

Matilde entre fogones (foto: Àngels Pla)

Matilde es eso, o a mí me lo parece, y el día que Matilde deje el negocio nada volverá a ser igual. ¿Cómo va a serlo? No creo que haya nadie capacitado para hacer lo que ella hace, o nadie que tenga la pasión que ella tiene a la hora de cocinar y dar de comer a los demás Es como el día que Irene, natural de Pitarque pero afincada en La Jana, decidió dejar la cocina porque se había hecho mayor: desde ese día ni tordos deliciosos, ni desayunos flipantes en Ca Lollero. Pues con Matilde igual: si Matilde se retira… Y lo que os cuento no es exageración poética, es que lo he vivido dos veces. La primera de ellas fue un 1 de enero, llegamos a una Casa Matilde hasta los topes a las 3 de la tarde, teníamos hambre pero no había sitio y Matilde dijo que nos esperásemos media hora que tendríamos un par de sillas para sentarnos. ¿Quién te da de comer un 1 de enero a las 3 y media de la tarde con un salón lleno a rebosar? Nadie. Nadie excepto Matilde.

Esta vez la cosa no fue distinta, y es que llegamos al pueblo de Tronchón pasadas las tres de la tarde. La excursión se dilata demasiado en el tiempo – o no, qué narices, se dilata lo que se tiene que dilatar – y vamos con la esperanza de poder comer en la casa de esta pequeña gran mujer. Yo recuerdo más o menos donde está el bar aunque no exactamente, aunque ponemos la dirección en la aplicación móvil esa de mapas y nos lo indica sin problemas. Si no fuese porque hubiera ido ya en el pasado, y como sucedió aquella vez, no hubiese conseguido saber por dónde se accedía a este restaurante. Bueno, miento, sí lo hubiese sabido porque hay un montón de gente esperando en la calle. Yo, como ya sé como va el asunto me meto en el pasillo y veo que un par de chicos están esperando en ese espacio estrecho y anticuado que lleva al salón que es el de una casa antigua. Comprendo que los chicos están esperando, y antes de ellos habrá como unas 10 personas mas haciendo lo mismo – son las tres y media de la tarde – y en el salón las mesas llenas. Estoy convencida que, aunque esperemos una hora, Matilde nos dará de comer. No necesito decir esto a mis amigas para convencerlas, es que ellas ya vienen convencidas de ir a comer allí y no les importa esperar. Lo que no saben ni ellas ni nosotras es que acabaremos esperando dos horas. Sí, nos sentaremos a la mesa a las cinco y media de la tarde. Será la merienda más copiosa que comeremos nunca.

Pero, ¿estáis locas o qué? Estaréis pensando vosotros, queridos lectores, en estos precisos momentos. Pues bueno, sí y no. Sí porque a ver, si ves que no te van a dar de comer en un buen rato pues buscas otro sitio, pero también no porque nosotras – bueno, yo – estamos convencidas que más tarde o más pronto tendremos un plato puesto encima de la mesa – y digo plato por ser un poco fina… Y es que ya os lo he dicho: Matilde es una posadera y si vas a comer, te da de comer, sea la hora que sea – bueno, antes el cierre, claro.

Spoiler: todo esto para mí.

A las 17:30h nos avisan que la mesa está preparada. Todavía hay gente que está comiendo y se ha sentado allí a la una más o menos. Lo sabemos porque lo dicen ellos, que estarán ahí todo el día, hasta la hora de cenar, aunque haya gente esperando. Así, lo dicen con recochineo y frente a nosotras, ¿con qué fin? Ni idea, pero así les dé la ciática. Nos sentamos a la mesa, los chicos que había delante de nosotras están sentados al lado – después sabremos que no es la primera vez que viene – y conversamos brevemente, tras haber compartido 2 horas de espera casi podríamos decir que somos amigos.

Que viva el queso de Tronchón (foto: Lorena Ruíz)

Y al final empieza el festín: el queso de Tronchón, el jamón de Teruel, los tomates que parecen melones. Excepto yo, plato de sopa – que es una sopera entera – y en mi caso alubias blancas con perdiz. De segundo carrillera, ciervo guisado y rabo de toro. Toda la carne parece mantequilla – será cierto eso de que se levanta para dar vueltas a la cazuela – y la compartimos las cuatro, como buenas amigas que somos. Cuajada y yogur casero de postre, cafés, y a las siete de la tarde terminamos nuestra copiosa merienda. Vamos a pagar, siempre cobra Matilde, y conversamos con ella porque nos pregunta de donde somos. Resulta que conoce a gente de nuestro pueblo – ¿a quién no conocerá esta señora? – y le decimos que otro día regresaremos. Nos hacemos con queso de Tronchón, ese del que habla Cervantes en el Quijote, y nos vamos en busca del coche como podemos, esto es, rodando.

Y no, Tronchón no lo vemos, solo las calles que nos llevan a Casa Matilde, pero es que ya hemos pactado que vamos a volver, que llamaremos para reservar y nos sentaremos a la mesa a la una de la tarde, para morir con las botas puestas sin prisa, pero sin pausa.

¿Sopa para 3? (foto: Lorena Ruíz)

Ya es noche cerrada, y hace frío aunque no lo sentimos demasiado, vamos servidas de calorías. ¿Nos vamos para casa? Ni de coña, que nosotras lo que queríamos era ir a Mirambel. ¡Habrase visto! El fin principal de la salida y todavía no lo hemos alcanzado.

Lee el artículo completo dedicado a Tronchón y Casa Matilde haciendo clic aquí.

Quinta etapa superada (por los pelos)

Mirambel

De Mirambel tampoco os explicaré mucho, tenéis también un post que escribí el verano pasado con mucho cariño y mucho amor, en el que me extiendo bastante sobre este pueblo y mi relación con él. Lo que sí os diré es que aunque sea por la noche, Mirambel vale la pena.

Y la vale porque Mirambel está tan bien conservado que es un pequeño gran tesoro, porque Mirambel es un pueblo diminuto, pero su conservación es tan minuciosa que se parece mucho a esos pueblos franceses que he visitado este verano: solo hay piedra y poco más, como a mí me gusta. Y a mis amigas también les gusta, sobre todo el Palacio Aliaga que está en venta y que creo que todos queremos comprar algún día, pero es tarde y el sábado trabajamos. Tenemos que irnos a casa.

Lee el artículo completo dedicado a Mirambel haciendo clic aquí.

Sexta etapa superada

Morella

Bueno, pues tampoco, no nos vamos a casa, pasamos por Morella, capital de Els Ports, ya en Castelló. Este pueblo, otro de los más bonitos de España junto a Cantavieja y Mirambel, acaba de encender sus luces de Navidad y aunque yo de navideña tengo poco lo suyo es pararse a pasear y sentarte en un bar a tomar un poleo menta. Sí, un poleo menta, a nuestros treinta y poco años y después de comer en Casa Matilde lo único que podemos ingerir es un poleo menta. Con lo que nosotras hemos sido…

Séptima parada. Las Madus te desean Feliz Navidad. O no.

Consejos

Te lo he dicho ya al principio pero te lo vuelvo a repetir: esta ruta te ocupa como mínimo un fin de semana. Aunque lo que quieras es visitar solo los pueblos, sin extenderte demasiado en su entorno natural, con una jornada no va a ser suficiente. Como también te he dicho, creo que deberías alojarte en uno de los puntos centrales de la ruta. Puedes hacer como nosotras, seguir la misma ruta, y quedarte en Tronchón a dormir para poder visitar Mirambel y Morella a la jornada siguiente. O al revés: vistas Morella y Mirambel, duermes en Tronchón y la segunda jornada visitas el resto de pueblos.

También te lo he dicho: hay mucho más para visitar aquí que lo que nosotras visitamos. Nuestra ruta es particular – como el patio de mi casa – ya que la hacemos en un día desde el pueblo y sabemos que podemos volver a estos sitios cuando queramos – o podamos, vamos. Si te apetece descubrir todos los encantos que esconde esta zona de la geografía española te recomiendo que te tomes una semana larga y que vayas paso a paso. Ya sabes: pinturas rupestres, pueblos con encanto, paisajes interesantísimos y una gastronomía bestial.

Y ya que hablamos de gastronomía yo te cuento aquí nuestra experiencia en Casa Matilde pero quiero que sepas que en cualquiera de estos pueblos se come de maravilla, tienen unas carnes excelentes, unos panes deliciosos, unos jamones sabrosísimos y unos quesos para chuparse los dedos. Y su postre estrella: la cuajada que tendría que ser patrimonio de la Humanidad. He dicho. Ah, y en Morella los flaons.

Para que complementes la información que te doy te dejo una serie de enlaces que van a servirte de ayuda. Recuerda que hay algunas rutas turísticas que atraviesan estas tierras y que pueden serte de interés, pero recuerda también que esta ruta atraviesa 3 comarcas distintas, y es que no me gusta eso de visitar los lugares por territorios cuando todos somos vecinos.

http://www.laiglesueladelcid.es/el-pueblo/ → Web municipal de la Iglesuela del Cid.
https://www.caminodelcid.org/ → Web del itinerario turístico Camino del Cid.
https://www.dipcas.es/es/territorio-templario.html → Iniciativa Territorio Templario de la Diputació de Castelló
http://www.aresdelmaestrat.es/ca → Web municipal de Ares del Maestrat
http://turismevilafranca.es/ca/?cat=41 → Piedra en Seco
http://comunitatvalenciana.com/que-hacer/turismo-cultural/arte-rupestre-levantino → Arte Rupestre Levantino
http://www.arterupestre.es/ → Más arte rupestre del Arco Mediterráneo
https://www.cantavieja.es/ → Web municipal de Cantavieja
http://www.turismomaestrazgo.org/index.php?c=49 → Web turística de la Comarca del Maestrazgo
http://www.elsports.es/va/inici/ → Web turística de la Comarca dels Ports (no confundir con el Parque Natural de Els Ports)
https://altmaestrat.es/va/ → Información turística del Alt Maestrat.
http://www.morella.net/morellaturistica/ → Web de turismo de Morella.

Mapa

Hasta la próxima ruta.

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Una filósofa y un politólogo que amana viajar y lo hacen a pesar de los pocos recursos que tienen. Viajar es más que un capricho, viajar es una necesidad y aquellos que somos pobres en un primer mundo de opulencias tenemos derecho también a realizar nuestros sueños viajeros. Porque los pobres también viajamos.

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