Museu de la Valltorta | el epicentro del arte rupestre del arco mediterráneo de la Península Ibérica

En Tírig, un pequeño pueblo del interior de la provincia de Castelló en el que apenas habitan 400 personas, se esconde un gran tesoro prehistórico: las pinturas rupestres del Barranc de la Valltorta-Gasulla. Visitar el museo y alguno de sus abrigos es un gran plan, y gratuito.


Qué es el arco mediterráneo de la Península Ibérica

El arte rupestre del arco mediterráneo de la Península Ibérica es un conjunto de sitios de arte rupestre que se sitúan temporalmente a finales de la Prehistoria. Dispuestos a lo largo del litoral mediterráneo, muestran de qué manera vivían los seres humanos en una etapa esencial para el desarrollo del ser humano. Si algo tienen de especial es que su estilo y temática no tienen competidor en su género.

Estas pinturas rupestres van desde Almería hasta los Pirineos, extendiéndose ampliamente por Andalucía, Murcia, Comunidad Valenciana, Catalunya, Aragón y Castilla-La Mancha. Su importancia no es baladí, ya que suponen el conjunto de arte rupestre más grande de Europa, y no solo eso, porque representa de un modo excepcional de qué modo vivían nuestros antepasados en una época crucial para el desarrollo de la especie humana, esa época en la que se estabiliza el clima y entramos en nuestra era geológica, lo que se conoce como Epipaleolítica y Neolítico, entre el 10.000 a.C y el 3.500 a.C.

El Museu de la Valltorta

Como digo, el espacio por el que se extiende el conjunto de arte rupestre es bastante amplio, pero de todo él, donde mayor concentración hay es, justamente, en el término municipal de Tírig. Allí, en el Barranco de la Valltorta-Gasulla, es donde mayor número de pinturas hay por metro cuadrado, pero hay que tener en cuenta que las acciones del Museu de la Valltorta, aunque se encuentre en Tírig, abarca un total de 82 kilómetros cuadrados repartidos por los términos municipales de Albocàsser, Ares del Maestrat, Benassal, Catí, les Coves de Vinromà, Morella, Tírig y Vilar de Canes.

De entre todos estos lugares nosotros escogemos Tírig por una cuestión práctica: porque es el pueblo que está más cercano al nuestro – apenas unos 30′ en coche, y exagero mucho. También nos interesa, de Tírig, poder ver uno de los iconos de este arte, el arquero de la Valltorta y también – eso no lo negaré – porque quiero rememorar recuerdos de infancia, habiendo sido justamente las de la Valltorta las primeras pinturas rupestres que vi en mi vida, seguramente al poco de haberse inaugurado el museo, hace ya más de 25 años.

La Cova dels Cavalls

La historia de la Valltorta es una historia como deben ser la de tantas otros lugares en todo el mundo, una historia en la que la cotidianeidad – y tal vez la superstición – han sabido proteger un patrimonio riquísimo que más tarde, y al ser conscientes de su excepcionalidad, ha acabo siendo destruido.

Ésta puede que sea la historia de el arte rupestre de la Valltorta, pero no solo el de ese mismo ¿Cuántos tesoros arquitectónicos hay repartidos por los jardines y patios de gentes con posibles alrededor del mundo? ¿Cuántas piezas de un valor patrimonial enorme se esconden en los salones y foyers de personajes millonarios? Mientras aquello había estado siempre allí, mientras las gentes habían entendido que aquello formaba parte de su ser más común, más cercano, el patrimonio había quedado preservado.

La historia cambia cuando alguien se da cuenta de que allí hay algo excepcional – al compararlo con otros elementos que empiezan a salir a la luz en otros puntos de Europa – y da la voz de alarma. Albert Roda i Segarra, un joven de Tírig, informa del hallazgo – que siempre había sido un secreto a voces: aquellas figuras en la pared del barranco son algo más que manchurrones rojizos. Es en el año 1917 cuando los investigadores empiezan a interesarse por el arte rupestre de la Valltorta. El descubrimiento es situado a inicios del siglo XX pero siempre, siempre, los habitantes de Tírig habían sabido que aquello estaba allí.

Como digo, y a partir de ese mismo año, son muchos los que pasan por los distintos abrigos para estudiar las figuras que aparecen representadas. Entre esos cabe destacar a Hugo Obermaier, Henri Breuil, Pere Bosch Gimpera y Juan Cabré quienes hicieron un calco de lo que vieron en aquellos momentos y que ha sido lo que solo 100 años después – tras haber estado las pinturas allí milenios – nos permiten hacernos una idea de qué había representado a principios de siglo.

Y sí, es entonces cuando empiezan los problemas. La voz se corre, las gentes van a verlo. Qué excepcional, aquello que siempre había estado allí. Desde todos los pueblos las excursiones se suceden unas tras otras – yo recuerdo que hay quien me había contado haber estado allí a mediados de siglo – y lo que pasa cuando llegas es lo siguiente: qué poco se ven las pinturas. Y si algo en una roca se ve poco, ¿qué hacemos? Eso es, mojarlo. Mojarlo con lo que sea: con agua, con vino, con cerveza. Daba igual el que para aumentar la saturación de las representaciones rupestres. Esos actos, repetidos año tras año, acabaron borrando las pinturas, dejándolas casi invisibles después de más de 7000 años de existencia.

Pero no solo eso sucedió en la Valltorta, y es que hay elementos que ya no están allí – aunque uno de ellos, y como explicaré más adelante, ha sido recuperado. Otra de las acciones que maltrataron terriblemente el patrimonio fue la siguiente: había quien arrancaba las figuras para llevárselas a casa.

Y de entre todas esas figuras una, la conocida como Arquer de la Valltorta – o arquero -, la representación de un cazador que había desaparecido del abrigo de la Cova dels Cavalls a principios del siglo XX. Cuenta la historia que un brigadista francés arrancó la figura y se la llevó a su casa – hay que tener en cuenta que esa zona fue importante en la contienda civil española. Años después – y según cuenta la historia – el arquero fue a parar al Museu de Cervera, en Lleida, aunque hay quien dice que en el año 1934 el arquero ya se exponía allí. Tras duras negociaciones, y después de más de 70 años, el arquero regresó a Tírig, pero solo cedido, porque la titularidad la sigue teniendo el museo de Cervera. En la sala 2 del museo, justo en el centro de la misma, se puede admirar esta pieza artística de tanta relevancia histórica.

Por suerte para nosotros, los que tras tantos milenios estamos aquí – y también para los que vendrán después -, la construcción del museo supuso la puesta en valor y, paralelamente, la protección de este patrimonio tan importante para comprender qué somos porque, al fin y al cabo, somos también un poquito de aquellos que estuvieron aquí hace 10.000 años. El museo se crea en el año 1994 y en el año 1998 las pinturas se reconocen como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Visita al Museo y a los abrigos

Y te preguntarás qué nos ofrece la visita al museo, y te diré que en primer término nos muestra la evolución del poblamiento prehistórico de la Comunitat Valenciaa a través de materiales arqueológicos de piedra, así como de hueso o cerámica. También nos explica qué es eso del arte rupestre levantino, el esquemático y el Macro-esquemático, y también una preproducción a tamaño natural de la Cova dels Cavalls, reproducción que fue posible gracias al calco que hicieron aquellos primeros investigadores allá por el año 1917.

Parte de la reproducción de la Cova dels Cavalls.

Para completar la experiencia museística puedes realizar visitas guiadas a tres de los abrigos que hay en el barranco, siempre de manera guiada y – en tiempos de Covid – mediante cita previa, pero de manera gratuita. Por cuestiones de conservación los abrigos no son de visita libre, pero por cuestiones de aprendizaje es necesario hacer la visita con alguien que sepa del tema, que te explique, que te ayude a interpretar qué es todo aquello que tienes frente a ti y por qué es tan especial.

La visita guiada tiene una duración de una hora y media y partiendo desde el museo debes ir andando unos 30 minutos, siempre por camino de tierra, hecho que no supone dificultad alguna y que puede ser realizado casi por cualquier persona. Empezando por esto, la visita es altamente recomendable para hacer con niños – de hecho la hice por primera vez de niña y no tendría más de 10 años – por su sencillez, pero también por lo interesante de la misma.

El camino hacia la Cova dels Cavalls.

Durante todo el trayecto vas a disfrutar de un entorno maravilloso en el que lo humano casi desaparece por completo, más allá de los trabajos de piedra en seco, que es otro de los Patrimonios de la Humanidad que hay en la zona.

La Cova dels Cavalls, a la que vamos – y como ya he mencionado más arriba – no es la única que se puede visitar en el término municipal de Tírig pero es la que, por horario, se adapta a nuestra jornada excursionista. De todos modos, si algo tiene la Cova dels Cavalls es un acceso fantástico que te recuerda a una especie de Parque Jurásico, como una especie de túnel que te transporta en el tiempo – y nunca mejor dicho.

El espacio está adaptado para que puedas acceder a él – y permanecer – sin ningún tipo de peligro. Estar frente a las pinturas y que te expliquen su trascendencia es maravilloso, pero también lo es disfrutar del entorno, de todo ese espacio natural que te rodea y que hoy no es más que piedra aunque hace 10.000 años era todo hielo, un inmenso glaciar que hoy se ha convertido en nuestro hogar.

No voy a ser yo la que aquí te destripe la historia que esconden estas paredes de piedra, pero sí te diré que es fundamental que alguien te la explique para alcanzar a comprender la totalidad de la importancia que suponen que aún hoy en día podamos disfrutar de las manifestaciones artísticas de nuestros antepasados que de los más remotos ellos son, justamente, los menos remotos.

Salir de ese espacio que es una especie de agujero de gusano que te permite viajar en el tiempo se convierte en una especie de catarsis, un acto que inicialmente era de carácter lúdico pero se convierte en un aprendizaje profundo de lo que somos como especie humano y de lo que nos define como seres humanos. Hay algo más que unas meras pinturas en ese abrigo que no es cueva y que no tiene caballos, hay justamente lo que nos define de un modo irremediable como seres humanos: el querer perdurar como especie, el querer ser recordados, y el ir más allá de lo naturalmente dado.

Como digo, después de una explicación magistral por parte de nuestro guía, regresamos sobre nuestros pasos no sin estar comentando reiteradamente qué ha supuesto para nosotros esa visita. Nada tiene que ver con el primer contacto de infancia con ese lugar extraordinario; la Marina niña que quedó fascinada por el hecho de tener algo tan singular cerca de casa tiene el eje gravitacional de sus inquietudes intelectuales en otro ángulo: ahora la Marina adulta, mujer de 35 años, siente fascinación por lo magnánimo del ser humano. Qué distintos pero a la vez qué iguales somos a esos, los más cercanos de nuestros antepasados más lejanos.

Nuestro grupo tras la visita.

Caminamos otra vez por el sendero de tierra que atraviesa bancales de duro cultivo y tierras yermas. Pasamos de nuevo por las casetas construidas en piedra en seco – casetes de volta – y llegamos al museo. Todavía tenemos un tiempo para poder aprender algo más sobre lo que supone el arte rupestre de esta zona para nuestro conjunto como especie. Seguimos el recorrido y terminamos la visita no sin antes dar las gracias a nuestro guía por permitirnos vivir una experiencia tan buena y pensando ya cuándo volveremos a visitar el resto de los abrigos.

Aquí termina nuestra jornada prehistórica.

Algunas de nosotras frente a la reproducción de la Cova dels Cavalls.

Más información

Lo he dicho ya en el cuerpo del texto pero, por si se te ha pasado por alto, tanto la visita al museo como la visita a los abrigos es totalmente gratuita. Hay salidas en distintos horarios y debes reservar – ya sabéis, temas de Covid. Yo lo hice mediante correo electrónico [museo_valltorta@gva.es], pero puedes llamar también por teléfono [964 336 010].

De todos modos, te emplazo a que visites la página web donde está toda la información necesaria para organizar tu visita y donde horarios y otros temas van siendo actualizados: http://museudelavalltorta.gva.es/va/visita

Decirte, también, que los de Tírig no son los únicos yacimientos que pueden visitarse. En este enlace http://museudelavalltorta.gva.es/va/yacimientos hay una relación de todos ellos para que escojas el que más te apetezca o el que más te interese – o el que más se adapte a tus necesidades.

Si quieres preparar una visita más amplia por la zona y no centrarte solamente en Tírig te recomiendo que visites otras localidades cercanas como Sant Mateu, también los distintos museos de olivos milenarios que hay por la zona, que te acerques hasta Catí, también Culla y Benassal o lugares como la Verge de la Font de la Salut, en Traiguera.

Si además estás preparando un viaje más largo por la provincia de Castelló, te recomiendo que eches un vistazo a este enlace donde vas a encontrar todas nuestras recomendaciones por la provincia que es, justamente, la nuestra.

🖱Qué puedo ver y hacer en la provincia de Castelló.

Te recomiendo, otra parte, que te vistas con ropa cómoda, aunque no es necesario ir con ropa de deporte si lo que quieres es visitar la Cova dels Cavalls. Unas bambas que te permitan andar cómodamente y un ropaje que te impida subir y bajar escaleras pronunciadas es lo mínimo que necesitas. En Tírig tienes un par de lugares para comer, pero no más. En el museo hay una cafetería básica, así que si quieres merendar o desayunar en el museo mismo tendrás que traerlo tú de casa o desayunar en el pueblo.

El pueblo se encuentra a un par de kilómetros del museo, y este último no tiene pérdida si sigues las indicaciones. Puedes acceder a él en vehículo e incluso a pie – o bicicleta – ya que hay una zona de paseo que bordea la carretera.

Y con esto todo lo que necesitas saber para viajar no solo en el espacio sino también en el tiempo. Anímate a visitar este lugar tan interesante. Si viajas con niños es una buena opción para que se inicien en eso de la prehistoria. No os arrepentiréis.

Una filósofa y un politólogo que amana viajar y lo hacen a pesar de los pocos recursos que tienen. Viajar es más que un capricho, viajar es una necesidad y aquellos que somos pobres en un primer mundo de opulencias tenemos derecho también a realizar nuestros sueños viajeros. Porque los pobres también viajamos.
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