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Nacimiento del río Pitarque

Pitarque, provincia de Teruel, comarca del Maestrazgo. Un pequeño pueblo escondido en lo más profundo de Aragón, un pueblo casi deshabitado, sus habitantes no llegan a la centena, pero que tiene uno de los tesoros naturales más espectaculares que se pueden encontrar en la zona: el nacimiento del río Pitarque.


Por fin, después de tanto tiempo, y repito, por fin, tenemos la oportunidad de visitar Pitarque. Son unas cuantas las personas las que nos han hablado maravillas de este pueblo y, sobre todo, del nacimiento del río que lleva su nombre. Entre esas personas se encuentra Lourdes, nuestra alumna, que ama especialmente este pueblo por tener lazos familiares con él. Tenemos que ir a Pitarque, nos repite una y otra vez. Y al final vamos junto a ella, y también junto a sus padres.

Dicen que a Pitarque tienes que ir en primavera, que es cuando está más bonito y nosotros vamos a finales de diciembre porque nos gusta ir contra lo establecido. Sí, puede ser cierto, visitar el nacimiento del río Pitarque en primavera seguro que tiene su encanto con los verdes, con el agua saliendo en cascada, con las flores y la vida despertando. Pero voy a decir una cosa, visitar el nacimiento del río Pitarque en invierno es también una gozada, y lo es porque aunque los casi 5km de camino estén sumidos en un profundo letargo, llegar al destino con esa explosión de vida que es el agua se llena, todavía más, de sentido.

Pitarque

Pitarque es un pueblo no de poco tamaño pero sí poco habitado. Los que allí resisten se cuentan en pocas decenas, ni a 8 de éstas llegan, y eso se nota. El pueblo de Pitarque no tiene médico, tampoco oficina de correos, sí tiene una escuela, pero los alumnos se cuentan con los dedos de una mano. El pan de Pitarque viene de Villarluengo, y si tienes una urgencia médica te trasladan al hospital en helicóptero. A pesar de todo esto todavía hay quien desea, heróicamente, vivir allí.

Llegar a Pitarque no es fácil, lo confieso. Los accesos al pueblo son complicados vayas por donde vayas, aunque hoy en día estén mucho mejor que en el pasado, cuanto tenías que pasar por Aliaga y salvar toda la montaña por lo alto de la misma antes de llegar a este pueblo. Me cuentan que los que iban a trabajar a Aliaga tenían que hacerlo a pie, salían un domingo por la tarde para ir a trabajar a la mina y regresaban los viernes también por la tarde. Y así continuamente hasta que decidieron irse de allí para buscarse mejor vida en tierras menos duras, más amables en algunos ámbitos, pero no en todos – cabe decirlo, no me juzguen. Hoy en día las comunicaciones han mejorado, sí, pero no son estupendas. No creo, por otra parte, que sea ésa la razón por la que estos lugares – en Teruel, en Soria, en Gaudalajara, en Castelló…- mueren irremediablemente, pero sí estoy segura que el hecho que ahora estén casi muertos es que antaño se olvidaron conscientemente para beneficiar el crecimiento de otros lugares. Eso es lo que creo, y eso es lo que os digo.

Pitarque es uno pueblo como todos esos pueblos del Maestrazgo, hecho entre piedra y cal, rodeado de una vegetación parca aunque allí nazca la vida junto al agua. También coincide con el resto de pueblos del Maestrazgo en otro aspecto: en que su entorno abruma por lo desnudo e inmenso que es. Cuando estás en medio del Maestrazgo te sientes pequeña, el vació te arrapa el aliento y golpea tu mente, te sabes en un lugar perdido, casi te sientes como en el desierto, pero hace sentirte también llena de vida; es la contradicción de los sentimientos humanos lo que nos hacen ricos – a veces.

El patrimonio de Pitarque, para mí, se concentra en estos aspectos: la naturaleza, su arquitectura popular, su gastronomía, y sus gentes. Sí, porque las gentes en Pitarque son pocas pero como, por otra parte – y de manera general –, en toda la comarca la amabilidad es lo que más abunda. De lo primero os hablaré seguidamente, de lo segundo una pequeña pincelada en forma de fotografías que os comparto a continuación.

El nacimiento del Río Pitarque

Cuando llegues a Pitarque y aparques, preferiblemente en la entrada del pueblo o la Plaza Mayor – no te recomiendo que te metas por sus calles estrechas – encontrarás una señal que te guía hasta el nacimiento del río Pitarque, que no tiene ningún tipo de pérdida y al que se llega cómodamente. Sí, la excursión hasta el nacimiento, aunque sean 5 km, es una excursión sencilla y válida para todo tipo de personas. Durante el trayecto no tienes grandes desniveles, no tienes un firme complicado y la recompensa final es magnífica.

Aunque el camino tampoco está nada mal, ¿eh?

Tras descender una cuesta más o menos pronunciada, todavía en el pueblo, y que te hace caminar por lugares tan pintorescos como la antigua herrería en la pared de la cual todavía se puede observar la silueta de dos herraduras, entras en el pista que, siempre acompañada por el rumor del agua, te conducirá hasta un lugar que para nada esperas.

Durante el trayecto hay diversos elementos que son dignos de mención, como algunos caseríos o la ermita de la Virgen de la Peña, una ermita de un tamaño considerable y en el que encuentras el primer punto en el que puedes descender cómodamente hasta el río, si te apetece, beber agua bien fresquita.

El recorrido continúa por un sendero que en época de riego explota en cascadas pero que en invierno están secas. Y se llega, por este camino, hasta una antigua central eléctrica dedicada a la producción de energía para las fábricas textiles que había allí y que hoy están en ruinas – y que no pudimos visitar por falta de tiempo. En ese punto, el de la central eléctrica, vemos unas pequeñas garitas dedicadas a la vigilancia del lugar para evitar los boicots de los maquis, un grupo guerrillero antifascista que tuvo bastante actividad en la zona.

Cabe decir también, y como apunte histórico, que en la localidad de Pitarque – y en la ruta que lleva hasta el nacimiento del río – podemos encontrar diversos refugios antiaéreos y espacios en los que las gentes se resguardaban durante la Guerra Civil y años posteriores a ella.

Mientras camines, también, debes fijarte en las montañas que se encuentran a mano izquierda. Dicen que allí las piedras tienen formas humanoides y animaloides y, cierto, si le echas imaginación, algo de eso se ve. Yo incluso allí veo la cara de JJ.

Ah, también debes alzar la vista y ver la multitud de buitres que sobrevuelan la zona cercana al nacimiento del río. Es espectacular cómo aparecen de improviso a decenas, como surcan el cielo sobre nuestras cabezas.

El sendero sigue sin ningún tipo de dificultad y a unos centenares de metros después de haber pasado la ermita de la Virgen de la Peña podemos descender cómodamente, otra vez, hasta el río, punto éste en el que hay una explanada importante en la que descansar pero, sobre todo, recrearte en un entorno maravilloso. Voy a confesar una cosa aquí: no me esperaba, para nada, esto de Pitarque.

Ya es poco lo que queda de camino, pero todavía puedes asomarte hasta unas aguas tremendamente cristalinas, casi baleares, caribeñas si quieres, límpidas y claras, de colores turquesa y esmeralda, aguas en las que las truchas suelen campar a sus anchas o nadar a voluntad.

Y ya, entonces, llegas. Llegas al nacimiento del río Pitarque. La que escribe tiene una única experiencia en eso de nacimiento de ríos: la del Matarraña. A éste no llegamos expresamente, hicimos solo algo de la ruta senderista pero nos cansamos de avanzar entre rocas y pedruscos, aunque debo decir que el trayecto es muy chulo. Pero sigo con lo que aquí nos ocupa, y es Pitarque: qué pasada. Lo digo así de simple, así de claro, así de rápido: el nacimiento del río Pitarque es una absoluta maravilla, un lugar que de inesperado abruma. Cierto es que debes ir en buena época para que el asunto sea supremo, y me explico seguidamente. Para que el lugar tenga todo el atractivo debe haber agua, y agua en cantidad. Debes esperar a días de lluvia o época lluviosa, tal vez si vayas en verano el caudal sea menor y si aprovechas un periodo de abundantes precipitaciones…

… verás lo que nosotros no vemos, y eso es la chimenea en funcionamiento. Sí, cuando llueve mucho la cantidad de agua es tal que ésta acaba saliendo por una especie de chimenea a una presión enorme y que, según dicen, es un verdadero espectáculo.

A mí esto a lo que me recuerda es a un monje, ¿a ti no?

Pero si cuando visitas el nacimiento del río Pitarque no se dan las condiciones que te acabo de describir más arriba vas a poder hacer otra cosa – y siempre que no te imponga respeto el asunto -: tendrás la posibilidad de subir hasta la boca de la chimenea. Apunto: allí solo se asoma JJ, el resto de expedición nos quedamos a los pies y con la incertidumbre de que el acto de valentía llegue a buen puerto. Y sí, llega porque JJ afirma que subir hasta allí es bastante fácil de modo que si estás seguro de hacerlo, adelante, el espacio está preparado para ello.

Pero además, si el día que tu viajas hasta Pitarque resulta que el agua que corre no es mucha, y aunque esto parezca un contratiempo, podrás hacer también algo que nosotros no podemos, y eso es que tendrás la posibilidad de acercarte hasta el nacimiento mismo del río cómodamente porque una pasarela lo permite.

Fíjate que en la parte izquierda hay una pasarela a la que podrás acercarte cuando el caudal sea menor.

Ah, y si hay agua pero eres tan valiente de meterte en ella también podrás llegar al punto que te digo, pero no te aseguro que no pierdas las piernas por el camino – vale, exagero –, y es que el agua está tremendamente fría, incluso en verano.

El nacimiento del río Pitarque es Monumento Natural y por ello necesita de un cuidado especial aunque, qué sé yo, no deberíamos esperar a que los lugares fuesen monumentos nacionales para tener cuidado de ellos, ¿no crees?

No solo el nacimiento es espectacular por el agua sino también por la gran cavidad excavada por el agua, y en la roca, en el que se encuentra el mismo, de un tamaño enorme, cavidad en la que la temperatura desciende unos cuantos grados en lo que respecta a su entorno.

Puedes ahora dirigirte hasta la parte opuesta del nacimiento y llegar, a partir de una especie de desfiladero de corta longitud, hasta otro punto en el cual llega el agua que viene de Fortanete, y es que aquí tengo que deciros una cosa: en realidad el río Pitarque no nace en Pitarque sino en Fortanete pero allí se esconde tan rápidamente que casi no se deja ver y el río acaba explotando en Pitarque – como habéis podido ver en las imágenes que ya he compartido. Y ya de paso decirte que desde allí tienes la imagen frontal del nacimiento del río.

Caminamos sobre nuestros pasos y regresamos al pueblo de Pitarque. Ya casi llevamos 2 horas de ruta aunque en realidad no dure tanto si lo que haces es solo caminar, pero creo que debes hacerla tranquilamente disfrutando de todo lo que te encuentras a tu paso, que es mucho y muy interesante. Pero ya va siendo hora de volver, y es que en el bar de la plaza del pueblo nos esperan para comer.

Gastronomía

La gastronomía turolense es muy rica, hay lugares en los que es señera el comer, y los productos típicos que allí se producen aún hoy en día y de forma artesanal se conocen en cada rincón de España. Además, la comida turolense es una comida rica, nutritiva, sencilla y sin pretensiones, de producto normalmente de temporada e incluso, me atrevería a decir, de proximidad. Y en Pitarque, aunque haya un solo bar abierto ese día, la calidad no es menor y podemos probar platos de la gastronomía popular como son las patatas con bacalao y huevo – luego me dirá mi madre que eso lo hacía su abuela, pero con las raspas del bacalao que sobraban y así daban sabor al caldo – o también potaje de garbanzos con chorizo y oreja. Como os digo, platos sin pretensiones pero de una calidad sin discusiones.

El último paseo

Nuestro tiempo en Pitarque casi acaba. El día oscurece, ya casi es noche, pensad que estamos a finales de diciembre y los días son cortos – pero no por ello menos intensos. Isabel, la madre de Lourdes, todavía nos quiere mostrar un parte más de Pitarque y por ello debemos descender otra vez pero en esta ocasión tomando la dirección contraria al sendero que lleva al nacimiento del río Pitarque.

Aquí, y tras pasar por algunas granjas, llegamos hasta el curso del río que discurre de manera calmada y entre una chopera frondosa que, como imaginaréis, en estos días tiene sus ramas desnudas y de colores tristes pero no por ellas exentas de encanto.

Nos cuenta Isabel, mientras estamos allí, que seguir el curso del río hace que llegues hasta una fábrica abandonada y que nos emplaza a visitar en otra ocasión.

Damos nuestros últimos pasos en Pitarque, admiramos su belleza silente y regresamos a nuestro pueblo. El día, último domingo del año 2019, ha sido de lo más productivo. Nuestra ruta ha sido muy concreta, sabemos que en la zona hay mucho más para ver, sabemos también que regresaremos, de eso no tengáis ningún tipo de duda.

Algunos consejos

Te aconsejo que lleves ropa y calzado de recambio por si acabas mojándote los pies en tu paseo por el río.

Como ya te he dicho, si visitas el lugar en primavera estará más bonito, pero yo creo que vale la pena en cualquier época del año. Ahora sí, lo que te recomiendo es que lo hagas si las lluvias han sido abundantes.

A mi juicio, es una ruta perfecta para hacer con niños porque la dificultad es mínima y se lo van a pasar muy bien.

A mitad de camino, a la altura de la central eléctrica, hay una zona de pícnic, por lo que si quieres pasar una jornada amplia allí puedes llevarte comida y descansar en ese punto de la ruta.

No es necesario que te diga que debes tener cuidado de todo el entorno y no dejar casi rastro de tu paso por allí. Lo que vaya, que vuelva, ¿eh?

Tienes algo más de información sobre este espacio en los enlaces siguientes:

https://www.aragon.es/documents/20127/674325/PITARQUE.pdf/4b1c845d-e606-d851-2ccd-a772ba9f75e8

El alojamiento en Pitarque es escaso, aunque es, y puedes encontrarlo aquí:

Booking.com

Tienes más lugares para visitar en esta comarca en este enlace; disfruta de ella porque es riquísima.

Gràcies Lourdes, Guillermo i Isabel per haver-nos fet passar un dia de 10. Per a arribar a Pitarque hi ha timbarros a cabassos, però paga la pena el que et trobes allí.

Una filósofa y un politólogo que amana viajar y lo hacen a pesar de los pocos recursos que tienen. Viajar es más que un capricho, viajar es una necesidad y aquellos que somos pobres en un primer mundo de opulencias tenemos derecho también a realizar nuestros sueños viajeros. Porque los pobres también viajamos.

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