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Vilafamés | El pueblo sobre el rodeno

Vilafamés es un pueblo que se encuentra encaramado a la ladera de la montaña, admnistrativamente pertenece a la Província de Castelló y por su singularidad y belleza ha sido proclamado como uno de los pueblos más bonitos de España. Además de lo bello, que es lo primero que se percibe, Vilafamés tiene un museo de arte contemporáneo y a unos kilómetros del casco urbano hay un cambo de aviación de la Guerra Civil. Con estas premisas creo que poco más falta para preparar una visita a Vilafamés pero si todavía quieres conocer más sobre este pueblo no dejes de leer.


No es la primera vez que visito Vilafamés. He estado de pequeña, con mi familia – recuerdo poderosamente la Roca Grossa y también el castillo –, he ido a merendar con unos amigos, he parado un día de lluvia… y a lo largo de los años he querido volver a visitarlo, pero Vilafamés tiene un problema para mí: está de camino a Castelló, capital de la provincia, y a Castelló se va a por faena, no a hacer turismo. ¿Qué te costaría parar en Vilafamés, mujer? Me digo a veces, y que el pueblo está a 30′ del mío. Pero no puede ser, porque o vas a comprar, o vas a coger un tren, o te vas a dar un concierto, o cualquier otra cosa que no tenga que ver con eso de hacer turismo. Hasta el día que decides hacer un alto en el camino, una mañana de noviembre muy soleada, de temperaturas suaves y de un brillo de hojas otoñales que te deslumbra. Tampoco tienes mucho que hacer ese día – o sí, pero no es urgente – así que, chica, para ya y cumple tu deseo.

Vilafamés, como he dicho en la introducción, forma parte de la red de los pueblos más bonitos de España, y junto a Morella y Peñíscola son tres los que puedes encontrar en la provincia de Castelló. Podría decir que los tres tienen algo en común: su castillo. Y es su castillo en lo alto, en el centro del pueblo, en el centro de lo que antaño fueron fortalezas. En Morella tienes gran parte del lienzo de la muralla en pie o, más bien, recuperado, y es que los trabajos de restauración que se han hecho en el pueblo han sido ingentes y de aquellos esfuerzos esta maravilla. En Peñíscola tienes también parte de la robusta muralla y sus respectivas puertas todavía en pie, y en lo alto, junto a la iglesia, el Castillo del Papa Luna – y qué castillo, señores. Vilafamés es más modesto al respecto, no tiene lienzo de muralla, ya no se mantiene en pie, y su castillo es apenas una torre circular y algunas estancias, pero no por ello vale menos la pena la visita este lugar.

Y es que sí, lo que destaca de Vilafamés es su silueta, una silueta totalmente identificable – para ojo entrenado – si transitas por la carretera que va de Sant Mateu a Castelló, a la entrada de la autovía y a mano derecha. El ojo entrenado puede ver, allá en el fondo, un conjunto de casas que se apilan unas encima de otras y si es ya oscuro y el pueblo está iluminado, una mancha entre naranja y amarilla se distingue entre la oscuridad de la noche. Pues eso que ves ahí, eso es Vilafamés. Y si a lo lejos es chulo, cuando te adentras en él, cuando llegas a la Plaça de la Font y empiezas a caminar, su silueta se convierte en algo todavía más espectacular.

Puede que al principio creas que te has metido en un pueblo dormitorio, en uno de esos lugares a los que las gentes van a pernoctar por estar tan cerca de Castelló y tener tanta industria pegada. Y es que hay un enorme polígono industrial a pocos kilómetros del pueblo, con rotondas enormes y fábricas descomunales. Igual si no conoces Vilafamés ese hecho te tira para atrás, y es que cuando pensamos en pueblos bonitos no pensamos en un lugar lleno de industria y chimeneas humeantes. Tampoco es lo que una busca cuando se acerca a Peñíscola y todo son hoteles y resorts, pero después Peñíscola tiene un casco antiguo de los más bonitos de toda España. Lo de Morella es ya otra cosa, y es que como Morella está en la montaña pues allí poca gente va a invertir, y además no se anda con tonterías: a unos cuantos kilómetros Morella ya ha desplegado, chulesca, todos sus encantos. Pero vamos, que lo que quiero decirte es que no desesperes si tu llegada a Vilafamés es fría, ya entrarás en calor – espiritual y física – cuando empieces a subir sus calles empinadas.

Qué ver en Vilafamés

Vilafamés es un pueblo que fue declarado Bien de Interés Cultural en el año 2005 por el Consell de la Generalitat Valenciana en la categoría de Conjunto Histórico. Y no es de extrañar ya que Vialafamés guarda todavía la fisonomía andalusí en su parte superior pero que cambia a cristiana en su parte más nueva. La primera está formada por calles estrechas y serpenteantes, la segunda por el trazado lineal.

Además de su evidente pasado andalusí, lo que puede interesarte de Vilafamés es también el recuerdo de haber sido fortaleza, y las huellas son evidentes aunque como ya os he dicho quede poco de sus murallas. Más allá de ellas, o a pesar de la inexistencia de ya de éstas, tenemos todavía la típica estructura de fortaleza con el castillo, la Iglesia de la Sangre y la parroquial, la casa del Batlle y muchas casonas señoriales repartidas por toda la parte alta de la localidad.

La Iglesia de la Sangre, muy cerca del castillo, es el primer edificio cultural cristiano que se construyó en la localidad. La estructura de esta iglesia sigue claramente el patrón de la iglesia de reconquista, con sus arcos ojivales y cubierta a dos aguas, y utilizando parte de la muralla para su construcción. Esta iglesia medieval sufrirá cambios en el s. XVII siendo transformada en profundidad y siguiendo los preceptos del nuevo estilo de aquellos tiempos, el Barroco.

La iglesia de la Sangre escondida tras el trazado sinuoso de la Calle del Pilar

Posterior a la Iglesia de la Sangre es la nueva iglesia parroquial que tuvo que construirse ante el aumento de la población. Tiene un marcado carácter renacentista siendo su fachada el elemento que más destaca de todo el edificio, edificio que sigue las trazas del Maestro de la Catedral de Tortosa, Martín de Mendoza.

Caminando por las calles de Vilafamés te das cuenta que no solo el trazado de sus calles es particular, también el lugar donde se asienta la población tiene características que no tienen otros pueblos. Percibes sin esfuerzo unas piedras enormes, de formas redondeadas, suaves, de un color rojizo muy particular. Estas piedras son areniscas triásicas del Bundsantein, conocidas también como rodeno, y que son muy difíciles de encontrar en la Comunitat Valenciana – otro pueblo en el que son muy abundantes es Vilamarxant, en la provincia de València. Quienes comenzaron a construir las primeras viviendas en Vilafamés lo hicieron adaptándose a la fisonomía del lugar, levantando casas encima de torres de arenisca, dejando esas piedras enormes descansar en medio de la calzada y se funden perfectamente con la acción artificial del hombre.

Como puedes apreciar, la roca está muy presente en todos los puntos de la localidad.

Y si de piedras enormes y rodeno hablamos, en Vilafamés, hay que fijarse – aunque no cuesta mucho esfuerzo hacerlo porque llama poderosamente la atención – es la Roca Grossa, lo que traducido vendría a ser la Roca Grande. Se trata de un gran masa de piedra sedimentaria de color rojizo, el ya mencionado rodeno que se formó hace 222 millones de años aunque su configuración actual data de hace 30 millones de años – una jovenzuela, vamos. Esta piedra que se llama Grande no lleva el nombre en vano y es que tiene un volumen de 823 metros cúbicos pesa más de 2000 toneladas y aunque eso no tenga que ver con su tamaño, tiene una inclinación de 34 grados respecto a la horizontal. Su imagen actual se debe a dos factores: el primero es la acción natural, pero también a la humana ya que se ha usado como pedrera para obtener materiales de construcción.

Y respecto a la Roca Grossa, una curiosidad. Los de Vilafamés son conocidos como culsrojos – lo que vendría a ser “culos rojos” – y este nombre tiene que ver con esta roca. Parece ser que los vecinos de la localidad tenían miedo tenían miedo de morir aplastados por la roca y decidieron moverla de allí tirando con cuerdas. Como os he dicho la roca pesa lo suyo y los vecinos, al intentar moverla a tirones la cuerda se rompió y cayeron todos al suelo ensuciándose el culo de rojo. Y ale, ya tenemos mote para todo el pueblo.

Pero lo que destaca por encima de todas las cosas – y nunca mejor dicho – es el castillo que descansa vigilante en lo alto de Vilafamés. En ese lugar los asentamientos vienen de lejos, y es que allí encontramos lo que se conoce como l’abric del castell o abrigo del castillo, un yacimiento declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 1998. Este abrigo es un conjunto de arte rupestre esquemático que se encuadra en el periodo Eneolítico (III milenio anE). Lo que allí se representa son motivos pintados en blanco y rojo, distribuidos en tres paneles pictóricos entre los que destaca uno compuesto por una espiral y unos trazos descendentes que parecen representar un antropomorfo. Además de esta figura que destaca entre todas las demás en todo el panel se puede apreciar la representación de motivos oculados, símbolos de un marcado carácter religioso y que son muy frecuentes en los contextos funerarios de la prehistoria más reciente.

Lo que vas a encontrar e el abrigo es esta representación.

Pero el asentamiento, como se hace evidente, continúa y el castillo tiene origen en la época andalusí siendo conocido como “Beni-Hamez”. El castillo es conquistado por Jaime I en el año 1233 y desde entonces sufrió algunas reformas, aunque los vestigios más antiguos datan del s. XIV, momento en el que el maestre de la orden de Montesa – orden muy importante en la zona – obliga a los habitantes de la localidad a reparar las fortificaciones y reforzar la fortaleza para acabar transformándolo en un castillo-palacio.

El castillo y los rodenos.

Pero lo que vemos hoy en día se debe a los cambios hechos en el s. XIX y en el marco de las guerras carlistas, que tuvieron bastante presencia en toda la zona del norte de Castelló y también en el Maestrazgo turolense. En esa época fue cuando se construyó la torre circular que se encuentra en el centro del castillo, siendo uno de los pocos ejemplos de arquitectura carlina de la Comunitat Valenciana.

De Vilafamés lo mejor es, a mi juicio, caminar por el trazado andalusí de sus calles que se concentra en la Calle del Pilar, con una decoración muy interesante en una de sus csas, y también en la Calle Sangre o la Calle Torreta. En esas tres pequeñas calles se esconde la esencia de la localidad.

Pero también hay otro lugar en el que Vilafamés se ve de un modo distinto y es en la Calle Diputació y a la altura del MACVAC, ubicado en la casa del Batlle. Desde allí te giras fijando tu mirada en el castillo y Vilafamés se te presentará de este modo. Y ya que hablamos del MACVAC…

A la izquierda la casa del Batlle y al fondo el castillo de Vilafamés.

El MACVAC

Tras estas siglas se esconde el nombre del Museu d’Art Contemporani Vicente Aguilera Cerni, uno de los puntos importantes en la localidad de Vilafamés. Este museo tiene su origen en el año 1968 cuando el crítico de arte Vicente Aguilera Cerni llego a la localidad y se enamoró perdidamente de la belleza del casco antiguo. Decidió entonces proponer a las autoridades locales la creación de un museo de arte contemporáneo. Las autoridades no dijeron que no y el museo empezó a ser realidad en el año 1970. El museo no fue importante por ser uno de los primeros espacios museísticos de este tipo en España, sino también por haber recuperado el casco antiguo de la localidad al ser compradas muchas de las casas de esa zona por artistas que se asentaron en la localidad.

Y una de esas casas, la que es la sede del museo, se conoce como el Palau del Batlle – Palacio del Bayle -, y que fue la residencia oficial del Batlle, la autoridad que se encargaba de administrar los bienes reales en el municipio. El edificio, que data del s. XV, está construido en estilo gótico civil valenciano y en su interior todavía se distinguen los cuatro niveles en los que se encuentran las colecciones de arte contemporáneo, además de restos medievales como el aljibe, un lavadero o una torre separada del resto del edificio.

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¿Qué se esconde tras estos tres números? Pues nada más y nada menos que un campo de aviación de la Guerra Civil. Vilafamés no se acaba solo en el casco histórico.

Apartado un par de kilómetros del pueblo, dirección Vall d’Alba, y en mitad de campos de cultivo, se encuentra uno de los múlitples campos de aviación que se construyeron durante la Guerra Civil por parte del gobierno republicano para parar los pies al fascismo. Como la historia nos recuerda, eso último no sucedió.

Este campo de aviación, al que llegamos por una carretera rural a la que accedemos tras un par de kilómetros dirección Vall d’Alba – y que aparece indicado con un cartel más o menos identificable – fue construido en el año 1937 por el Gobierno de la II República dentro de la 4ª Región Aérea para poder prestar ayuda aérea al frente de Aragón. Teniendo en cuenta que el campo de aviación principal estaba en Manises – València -, los aviones muchas veces no llegaban hasta él así que fueron construyéndose varios campos de soporte en esta zona para así seguir con la defensa del territorio. El campo estuvo operativo incluso después de la entrada de las tropas franquistas en la localidad, en el mes de junio de 1938, cuando pasó a manos de la Legión Cóndor – que fue una gran arma de destrucción de toda la zona. El campo albergó bombarderos y aviones de caza de los dos ejércitos, siendo uno de los campos de mayor importancia de la provincia.

A la derecha, la torre de comunicación.

Como os digo, al campo se accede después de conducir por una carretera que se bifurca de la principal que va a Vall d’Alba, a mano derecha, y que continúa después por un camino de tierra un poco mal conservado. A la llegada al campo tienes una zona – mínima – de aparcamiento y espacios habilitados para hacer pícnic. Pero lo que a mí me interesa es explorar la superficie de más de 11.000 metros cuadrados que hay frente a mí.

Y sí, en ese museo al aire libre – de visita gratuita – podemos conocer la historia de la aviación en la Guerra Civil haciendo hincapié en los aspectos más cotidianos de la vida en el campo como son su funcionamiento, su protección, cuáles fueron los aviones que había en el campo o cuáles fueron los pilotos más destacados que pasaron por allí.

En el campo todavía se puede ver la torre de comunicaciones que permitía dar noticias entre uno y otro campo así como más de 200 metros de trincheras, algunas de ellas acabadas en refugios antiaéreos.

Una réplica de un Polikarpov I-15 «Chato» acompaña en la visita, también un piloto de la Legión Cóndor a tamaño real.

La visita es interesante ya que está acompañada por paneles explicativos en todo su recorrido. Es interesante también porque la hago sola, aunque me dicen en la oficina de turismo que están intentando realizar de nuevo visitas guiadas a manos de un experto en este periodo de la historia de España. A la espera de ellas estoy para acercarme de nuevo.

Más información

Y hasta aquí mi visita inesperada – y en soledad – a Vilafamés. El pueblo no se agota en lo que os he explicado más arriba ya que tiene algunos puntos interesantes en su término municipal que yo no pude visitar pero que no descarto hacerlo en un futuro.

Para tal fin, para que sepáis qué más podéis hacer, os dejo el enlace de la web de la localidad:

Sobre el campo de aviación puedes leer algo más en la wikipedia:

https://es.wikipedia.org/wiki/Campo_de_aviaci%C3%B3n_de_Vilafam%C3%A9s

Disculpad la calidad de las imágenes iba solo con el teléfono móvil y no puede hacerse más con él.

Una filósofa y un politólogo que amana viajar y lo hacen a pesar de los pocos recursos que tienen. Viajar es más que un capricho, viajar es una necesidad y aquellos que somos pobres en un primer mundo de opulencias tenemos derecho también a realizar nuestros sueños viajeros. Porque los pobres también viajamos.

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