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Alpujarra Granadina | Ruta de un día por los pueblos blancos de Sierra Nevada

La Alpujarra es uno de los espacios más interesantes de Granada por varios motivos. Entre ellos se encuentra su historia – cómo no – y también la configuración arquitectónica de sus pueblos. A ello le podemos añadir la calidez de sus gentes y también que se encuentren, algunos de ellos, en el Parque Nacional de Sierra de Nevada. Además, debemos tener en cuenta que las buenas comunicaciones consiguen que una excursión a la Alpujarra sea una gran idea si estás en Granada. En el post de hoy te muestro qué puedes ver en unaruta de un día por los pueblos blancos de Sierra Nevada.

Cuando organizamos nuestro viaje a Granada, así, de sopetón y en pocos días, me planteé que, tal vez, 4 noches en Granada iban a ser demasiadas. Tenía que buscar, por lo tanto, una excursión de un día que nos satisficiese. Me puse a buscar y la primera opción, os lo confieso, no fue la Alpujarra; es que ni lo planteaba porque no me acordaba de la existencia de este territorio granadino, así que lo primero que me vino a la mente fue ir a la Costa Tropical. Pero finalmente no fue así.

¿Qué hizo que cambiase de opinión? Pues lo que me abrió los ojos fue la visualización de un simple vídeo en Youtube de Turismo de Andalucía en esa incesante y apresurada búsqueda de información para organizar nuestro viaje de la mejor forma posible. En ese vídeo hablaban de la Alpujarra y me dije: Pardiez, Marina… ¡Cómo no lo has pensado antes! Y cambié la ruta: un día nos iríamos a la Alpujarra.

Pampaneira

Ya había leído sobre esta parte de Granada antes. No sé a qué se debía la lectura, pero alguna cosa había caído entre mis manos. Conocía ya su arquitectura de terrados, las chimeneas largirudas y cónicas, y también su artesanía. Sabía que el fin de semana antes – qué lástima – se había celebrado el un festival de Folklore en Pampaneira y también tenía conocimiento del plato alpujarreño.

En algún lugar había visto también que para llegar a los pueblos del Barranco de Poqueira tenías que conducir por muchas curvas pero que una vez allí las vistas eran impresionantes. Ah, y que su arquitectura estaba muy ligada a la arquitectura bereber. Con toda esta información en mi mente, ¿cómo iba a dejar pasar la oportunidad de viajar a la Alpujarra Granadina?

La arquitectura alpujarreña

Ya os lo adelanto: si iba a la Alpujarra era, en gran medida, por su arquitectura. Sí, así es, la arquitectura alpujarreña, esa que se parece tanto a la arquitectura del Rif – entre otros lugares –, una arquitectura que nos traslada no solo en el espacio sino también en el tiempo, a aquellos años en los que las tribus del norte de África poblaron estas tierras y nos dejaron tantas y tantas cosas buenas.

Hay dos cosas que nos van a llamar mucho la atención de esta arquitectura: cómo se arrapan las casas en el entorno montañoso y su construcción escalonada. Piensa en esas fotos que has visto de los poblados del Rif – bueno, piensa en las localizaciones si es que has estado. Mira, te lo pongo fácil: piensa en Chefchaouen. Pero no pienses en sus calles azules, piensa en cómo la ves a lo lejos. Pues así es como ves los pueblos de la Alpujarra, sobre todo los pueblos de la Alpujarra Alta.

La disposición de las casas en forma escalonada en disposición sur para aprovechar las bondades climáticas son lo que define arquitectónicamente a estos pueblos. También, hoy en día, aquello que los define es estar encalados completamente, aunque no fue así en el pasado. Antaño los materiales de construcción, piedra, barro, pizarra, madera de castaño y launa, se integraban perfectamente con el entorno. En la actualidad ese blanco del encalado hace que resalten en un entorno que va entre lo verdoso y lo marrón. Mucho más verdoso cuanto más subes. Mucho más marrón – y polvoriento – cuanto más bajas.

Pampaneira

Pero retomemos el tema del Rif y, por lo tanto, bereber. ¿A qué se debe esa similitud con las edificaciones de esta tribu nómada africana? Hay, al respecto, una respuesta que parece bastante clara y es el hecho que cuando entran los árabes en la Península a los bereberes norteafricanos se les dan como recompensa las tierras altas y montañosas de la Alpujarra mientras que las tierras bajas, llanas y ricas fueron para las tribus árabes.

Fue así como esta parte de lo que hoy es Granada fue antaño un ejemplo claro de esa arquitectura musulmana y bereber, núcleos de población sin ninguna estructura, con calles retorcidas, recodos y quiebros que no llevan a ningún lugar, con poco espacio público y gran recelo por el espacio privado. Y es que la arquitectura musulmana, por lo que marcan los cánones de su religión, es una arquitectura intimista, poco abierta al otro, muy recogida, muy de puertas para adentro. Las rejas, las celosías, las pequeñas ventanas y las fachadas discretas son el fiel reflejo de lo que marca el Corán. A esto cabe añadir la cultura nómada de las tribus bereberes, por lo que los núcleos de población aparecen desordenados al tener una función temporal. Y así, con estas cuatro o cinco claves, podemos entender la arquitectura alpujarreña.

Los pueblos de esta ruta

La Alpujarra es mucho más de lo que nosotros visitaremos Debo decir que se extiende hasta Almería y que más allá del Barranco de Poqueira hay cosas por ver. Pero en un día – y además con la meteorología que nos encontramos – es lo que se puede hacer. Si quieres vivir plenamente estas tierras tienes que estar más de tres o cuatro días ya que la Alpujarra es más que sus pueblos bonitos, ten en cuenta que, como te he dicho antes, está en plena Sierra Nevada por lo que tienes naturaleza para disfrutar a montones.

Así que lo que nosotros vemos no es todo, es tan solo una selección de pueblos que creemos, a priori, que van a interesarnos. Partiremos desde Granada para comenzar y terminar la ruta en Lanjarón pero llegando hasta Capileira pasando antes por Poqueira, Bubión y de bajada por Soportújar. Cinco pueblos en total que van a ocuparte toda una jornada, como a nosotros.

De Granada a la Alpujarra

Por Andalucía se conduce tremendamente bien. Sus vías principales son de una calidad superior y puedes recorrerte los principales atractivos de Andalucía por autovía y casi sin darte cuenta. En nuestro caso, saliendo desde el norte de Castelló tomamos la autovía a la altura de Cabanes y no la dejamos hasta llegar a nuestro destino. Esto es, casi casi, lo que sucede cuando viajas a la Alpujarra desde Granada. Para llegar debes tomar la autovía que te lleva hasta la Costa Tropical, no la dirección Sierra Nevada, que aunque los pueblos se encuentren allí, esta carretera no te llevará al destino que aquí te presentamos. Conducirás por autovía la mitad del camino y después te encontrarás con una carretera de montaña en muy buen estado que, aunque tiene curvas – y tal vez las sufras como yo ­ no es para nada incómoda.

De Granada a Lanjarón tendrás unos 45 minutos de conducción y solo las curvas empezarán cuando vires a la derecha un poco después de Dúrcal. De Lanjarón hasta Capileira, el último pueblo del Barranco de Poqueira, hay casi 30 km pero que tendrás que hacer en cerca de 50 minutos. Allí la carretera se vuelve ya de montaña y curva aquí, curva allá, lo vas a notar. De todos modos, y como te digo, que esto no te eché para atrás: la carretera es buena. Pero si tienes tendencia a marearte – como es mi caso – ten en cuenta que igual tendrás que parar en algún momento del trayecto – como es mi caso…

La ruta

Salimos de Granada no demasiado pronto y es que pasear por la ciudad se nos hace muy cansado: arriba, abajo, cuesta, curva, piedra, y las cañas 🙂 La cuestión, que llegaremos al primer pueblo de la ruta casi a hora de comer, así que, empecemos.

Lanjarón

Tenemos pensado parar primero en Lanjarón por tener oficina de turismo y porque nos parece que es el pueblo que menos tendrá para visitar. Cuando busco información Lanjarón es el pueblo que menos se menciona, por ello lo tendremos en mente como un lugar de paso. Nada más lejos de la realidad.

Cuando llegamos a Lanjarón nos metemos por su calle principal. Lanjarón es un pueblo alargado, en el que una calle lo domina todo y desde ella se construyen el resto de lugares. Creo – por lo que veré después – que esa calle es posterior al primitivo pueblo de Lanjarón. Nosotros aparcamos en el inicio del pueblo, muy cerca del balneario, que es donde se encuentra la oficina de turismo. Allí vamos a por un poco de información, que nos digan qué hay que ver en Lanjarón y también si nos dejamos algo de lo que tenemos pensado visitar durante la jornada. La información que nos ofrecen no difiere mucho de la que ya teníamos, pero sí nos dice que hay mercadillo ese día – como el que hacen en mi pueblo – y que no deberíamos conducir por el centro del pueblo. Nos explica que podemos dar un breve paseo por el pueblo adentrándonos en las calles que conforman la arquitectura típica de la Alpujarra. Pues eso haremos.

Las calles recoletas de Lanjarón

Os voy a ser sincera: llevo en mi mochila una colección bastante irrisoria de expectativas. De Lanjarón me suena el agua – y a quién no – y un pasacalle que tocan mucho en Traiguera – y que JJ canta siempre. Además de esto nada más tengo pensado encontrarme, pero me equivoco. Sí, cierto que los primeros pasos por Lanjarón nos recuerdan a un Benidorm por la cantidad de personas de la tercera edad que hay, los hoteles, las tiendas y el ambiente. Pero hay que andar un poco más para meterte en el Lanjarón auténtico.

La llamada de la selva

Después de algunos metros nos encontramos con una rotonda, pero seguimos caminando dirección el centro del pueblo. Un poco más allá, a mano derecha, y ya después de transitar por una calle que es totalmente la mayor de Lanjarón, giramos a mano derecha porque me llama mucho la atención la cantidad de plantas que hay en esa calle. Seguimos andando y llegamos a uno de los rincones más coquetos de la localidad: la Placeta de Santa Ana.

No os miento: lo que me lleva hasta esta placeta es la cantidad de plantas que veo al inicio de la calle. Tanto verde contrasta muchísimo frente a las casas encaladas y el ambiente es casi selvático. Entiendo que quien se preocupa del cuidado de tanta planta son los propios vecinos de la localidad y no erraría el tiro mucho si dijese que en su mayoría son todo mujeres.

En la placeta de Santa Ana, además de la belleza natural de la misma elevada al máximo exponente gracias al buen hacer de las gentes del pueblo, encontramos un lavadero que data del s. XVII en el que antaño se lavaba la ropa y también, junto al pilar, una poesía de Lorca. Y es que ésta es otra de las cosas que nos van a gustar mucho de Lanjarón: en cada fuente, en cada punto en el que el agua fluye, un breve verso acompaña al curso del agua.

La fuente, el lavadero, y Lorca

Ahí nos volvemos locos haciendo fotos, admirando lo bonito el lugar. Como ya os he dicho el día es de mercado y hay mucho ambiente por las calles. Gentes que vienen de comprar productos que excepcionalmente se venden en los pueblos una vez a la semana – pasa también en el mío – y algunas ya miran al turista con normalidad y otras se acercan a él. Es lo que nos pasa; una señora se pone a hablar conmigo. Me dice que el pueblo está muy bonito y yo le digo que me parece una maravilla que cuiden con tanto cariño las plantas que alegran las calles y a todos los que por allí pasan. La señora, ya mayor – casi diría que se acerca a los 90 años – me comenta que sí, que las plantas le dan mucha vida, y que más allá de Santa Ana hay otras calles bonitas en las que las plantas son las protagonistas. Le doy las gracias, le deseo una buena jornada y me despido de ella.

Me quedo aquí

Siguiendo el consejo de esta señora caminamos un poco más allá de Santa Ana y es cierto, las calles bonitas siguen escondidas en ese laberinto que es la típica arquitectura alpujarreña, hasta llegar a un callejón sin salida. Entre callejas y callejones, plantas, rejas y flores, vamos a parar a un sitio que resulta ser un espacio privado, o la entrada al mismo: nos damos de bruces, literalmente, con la estructura urbana de la Alpujarra.

Después de esto lo que nos queda par ver en Lanjarón es poco mas. Llegamos a una plaza que supongo ser la mayor donde el agua es también la protagonista, plaza cubierta con decoraciones festivas y figuras de brujas. En el centro de la misma una fuente de dimensiones considerables con esculturas de niños y un par de ancianos de lo más tiernos.

Deshacemos el camino y volvemos por la calle principal, muy animada, llena de tiendas de pueblo, mucha frutería y gente conversando. Lo verde y el agua siguen muy presentes, y nos metemos en una panadería a por pan para comer. Medio quilo de un pan redondo y artesanal – por lo que parece – que acompañaremos con un queso alpujarreño que está de muerte. Es momento ahora de marcharnos de allí para seguir con nuestra ruta, aunque se nos ha hecho ya tarde…

Ah, y las fuentes

Como os digo, el agua es punto fundamental en este pueblo, seguro que si por algo nos suena es por este preciado elemento. Así, el pueblo rinde honor a sus manantiales -que parece ser están repartidos por su término municipal – con múltiples fuentes que van salpicando el casco urbano y embellecen el ambiente con la dulce melodía del tintineo del agua.

En estas fuentes hay extractos de poesías que tienen que ver con el pueblo y con el agua, versos que proceden de plumas tan célebres como la de Lorca, que pasó allí algunos veranos junto a su familia.

Ponemos rumbo, ahora, hacia el Barranco de Poqueira, pero encontraremos nuestro lugar para comer muy cerca de Lanjarón, en un mirador que está a escasos kilómetros de la localidad y que está adaptado para poder realizar pícnics. Allí, con el pan recién hecho, el queso delicioso y el agua fresca de las fuentes vamos a rellenar nuestras panzas y poder proseguir, así, nuestro camino.

Barranco de Poqueira

En este Barranco, ya en el Parque Nacional de Sierra Nevada, se encuentran tres de los pueblos más curiosos de toda Granada y los únicos que forman parte de la red de pueblos más bonitos de España. Estos tres pueblos son Pampaneira, Bubión y Capileira, tres nombres que algunos dicen que suenan lejanos por recordarles la toponimia a otras tierras más norteñas como Galicia pero que parece tienen su origen en vocablos mozárabes, que estaban allí mucho antes de la reconquista, y es que ese eira remite claramente al romance andalusí.

En primer plano, Pampaneira. Más arriba, en la parte derecha, Bubión y en el fondo a la izquierda, Capileira.

El nombre del barranco se debe al Río Poqueira, un río corto de montaña que nace en la zona central de la Alpujarra Granadina. En el barranco que atraviesa el río aparecen los tres pueblos que forman una estampa de lo más curiosa, ya vista a lo lejos. El primero que te encuentras en nuestro sentido de la ruta, Pampaneira, se encuentra a poco más de 1000 metros de altura. El último de ellos, Capileira, sobrepasa los 1400 metros de altura y dista del primero no más de 9 kilómetros. Sin duda estos tres pueblos son lo que debes visitar en la Alpujarra Granadina si no tienes mucho tiempo.

Pampaneira

La primera parada, como es obvio, va a ser Pampaneira, porque es el primero que se encuentra siguiendo esta ruta. Lo nuestro va a ser ir y volver y ahora puedo darte este consejo. Si quieres sorprenderte te recomiendo que hagas lo siguiente: ve primero a Bubión, sube después a Capileira y termina el recorrido en Pampaneira.

Ve primero a Bubión, sube después a Capileira y termina el recorrido en Pampaneira.

¿Por qué te digo esto? Porque, a mi juicio, Pampaneira es el pueblo más bonito de los tres y después de haber visitado este los otros dos te sabrán a poco. Ojo, no estoy diciendo que el resto de pueblos no sean chulos, pero para mí no lo son tanto como éste.

Pampaneira

El nombre de este pueblo es un nombre saleroso. Pampaneira tiene sonoridad repicante, como campanitas de feria. El pueblo se esconde tras las curvas de subida hasta lo alto del barranco, unas curvas que hacen las delicias de los amantes de la conducción y son horrorosas para personas con vértigo crónico, como yo. Pero vale la pena sufrirlas para llegar hasta este pueblo, el que será para mí el más bonito de toda la ruta.

Pampaneira es una suerte de aldea blanca recubierta por mantos coloridos de eso que tanto define a la Alpujarra: sus telas artesanas o arapas. Te lo digo ya: Pampaneira es blanco, verde, tierra, agua y arco iris.

Clara estampa alpujarreña

A Pampaneira llegamos, aparcamos, y besamos el santo lluvioso. Empieza a caer una tormenta que nos acompañará en este tramo de la ruta. Dichosa y bendita agua que así nos hace sufrir por escasa como por demasiado abundante. Y es que el agua se también un elemento importante en estos pueblos, y en Pampaneira precisamente nos damos cuenta de ello cuando vemos una extraña estructura en medio de las calles, que tiene forma de acequia, o me recuerda a ellas, en la que corre el agua incesantemente. Me doy cuenta, después, que no es cosa de un solo lugar: el pueblo está lleno de cursos de agua en mitad de la calle, algunos secos, otros repletos de líquido. Me figuro, entonces, que las lluvias en esa zona deben ser abundantes. Más tarde lo comprobaré.

Creo que es una de las calles más bonitas que he visto nunca.

En Pampaneira comenzamos a caminar y a subir y subir calles. ¿Sabes eso que te pierdes? Pues aquí es un poco tortuoso porque el desnivel del pueblo es bastante considerable. Casi sin darnos cuenta – y es que eso de los terrados confunde – vamos a parar hasta lo alto del pueblo, casi metiéndonos en Bubión. Pues sí, parece que puedes hacer una ruta pedestre que empieza en este pueblo, pasa por Bubión y termina en Capileira. Ahora bien, ya puedes ir bien surtido de agua y de ganas de subir cuestas.

Al fondo del todo se puede ver la igleisa de Bubión y la tormenta acechando.

Pero aún y así, perdiéndonos por las calles de este pueblo, y subiendo muchas cuestas, el paseo es una delicia. Lo es porque observas claramente la arquitectura típica alpujarreña de la que te he hablado antes, con todos esos recodos escondidos, las altas chimeneas y los terrados planos. El difícil puzle que conforman las viviendas de la Alpujarra se muestra en todo su esplendor en este pequeño pueblo de 321 habitantes.

Esos paisajes, esos terrados, esas chimeneas, y las nubes.

Te diría que en Pampaneira tienes que ver esto o lo otro, pero en realidad lo que tienes que hacer en Pampaneira es caminar mucho, subir mucha cuesta y perderte por sus calles. No es que debas realizar un recorrido concreto, es que debes realizarte caminando por allí.

Nos gustaría probar la gastronomía típica de la zona, pero venimos ya comidos y solo nos apetece un café. Nos sentamos, entonces, en la terraza de un bar, en el centro mismo del pueblo. Allí la vida se ve pasar de diferente manera, al menos la vemos nosotros que somos visitantes y no vivimos allí. Es muy relajante sentir la naturaleza de ese modo, no solo por el entorno sino sobre todo por la fuerza y presencia del agua que no deja de brotar por todos lados. Sí, querríamos probar eso del plato alpujarreño, también los jamones de la zona, pero no puede ser. Por lo tanto, marchando café con leche y una de descanso.

Decidimos irnos ahora a Bubión, pero antes vamos a tener que esperar un buen rato en una de las múltiples terrazas del pueblo. Cae el diluvio universal.

Me parece a mí que estas nubes nos querían decir algo…

Bubión

Vamos ahora hacia el segundo pueblo de la ruta. He leído por ahí que Bubión es el menos espectacular de los tres pueblos pero eso no frena nuestras ganas de conocerlo. Puedo decir ahora que sí, que será el que menos nos gustará. Pero repito: no por ello no es bonito.

De Bubión voy a destacar una cosa: las vistas. Con solo aparcar tienes una panorámica preciosa de todo el barranco, creo que de las mejores que hay por allí. Por lo que se refiere al pueblo, la arquitectura no se percibe de la misma manera que en Pampaneira y las callejuelas no son tan recoletas, aunque sí tiene rincones dignos de admirar.

Bubión es también refugio de artistas, como lo es toda la Alpujarra, donde la artesanía y el arte van cogidos de la mano. Eso lo podemos percibir fácilmente dando un breve paseo por el pueblo y dándonos cuenta, entonces, de la cantidad de galerías de arte – más o menos – que hay con respecto al tamaño del pueblo.

Dejamos ahora Bubión sin pasar por su iglesia de factura mozárabe ni tampoco por su museo-casa alpujarreña para irnos hasta Capileira; aunque parece que el cielo se había despejado las nubes vuelven a aparecer y a nosotros todavía nos queda un pueblo por visitar.

Capileira

Capileira es el más alto de los tres pueblos del Barranco de Poqueira, situándose a poco más de 1400 metros de altitud. Es sorprendente la imagen que se tiene del pueblo a medida que te aceras a él, pareciendo que las casas se deslizan por la ladera de la montaña, como si de una lengua de lava blanca se tratase. De este pueblo os puedo contar poco porque estaremos poco rato. Ahora os diré porqué.

Capileira desde Capileira.

En Capileira el turismo es importante, se nota en la cantidad de bares, tiendas de recuerdos que hay en todo el pueblo. No es de extrañar, Capileira es muy bonito y tengo ganas de recorrerlo con tranquilidad, pero a nuestra llegada los truenos nos reciben con fuerza y el cielo se va cerrando cada vez más.

Una decoración excelente y unas nuebes amenazadoras.

Veo las calles de Capileira decoradas con trabajos hechos en lana y ganchillo. Me gusta mucho lo que hay frente a mí, este tipo de artesanía, y esta manera de embellecer las calles, me parece que le da puntos extra a la visita. El pueblo destaca por su blancura, pero por ser también paraje protegido, y es que está en plena Sierra Nevada, llegando hasta el Mulhacén. Y el encontrarse en alta montaña supone que las tormentas sean fuertes e impredecibles, y por muy bonito que esté el pueblo…

Tras la decoración, un berraco.

… nos toca casi salir por patas. Paseamos un poco, llegando hasta su iglesia que data del s. XVII. El cielo ruge y se oscurece el día. Decidimos regresar al coche pero veo que allí se encuentra uno de los establecimientos los Chocolates de la Abuela Ili, que tiene su fábrica en Pampaneira (Plaza de la Libertad, 1) pero que no encontramos. Como os digo, esta visita es pasada por agua, y tras meternos en la tienda para hacer con algunos de los chocolates el cielo se rompe y empieza a caer la del pulpo. Nos esperamos un poco en la tienda pero la lluvia no arremete. De camino al coche, agua y más agua y aunque vamos con paraguas de nada nos sirven. Llegamos al coche calados.

Deshacemos el camino acompañados de una lluvia intensa, que deja de serlo y desaparece completamente un poco después de Pampaneira. Maldita lluvia… hubiese querido disfrutar un poco más de estos pueblos del Barranco de Poqueira pero la climatología no me lo ha permitido. Otra vez será.

Capileira ¿nos volveremos a ver?

Soportújar

Llegamos ahora a la quinta y última parada de esta ruta: el pueblo de Soportújar. Es una la motivación que hace detenerme aquí: las brujas. He leído por ahí que la presencia brujeril en Soportújar es bastante fuerte y yo, que siempre he admirado la figura de la bruja, no puedo más que parar allí.

Lo de las brujas en Soportújar es motivo de controversia, y es que no está muy claro a qué viene esto de tener tan presente a estas figuras mitológicas en un pueblo de la Alpujarra. La razón más extendida es la que se centra en el hecho que la zona fue repoblada por familias gallegas que trajeron con ellas sus tradiciones de meigas y brujas. Con esta excusa en el pueblo se ha lo que se conoce como Proyecto Embrujo, una acción que pretende propulsar el turismo de la zona ya que Soportújar no es que sea muy visitado.

El Proyecto Embrujo consiste en haber puntos de referencia de la localidad que se acerquen a la temática de las brujas, incluyendo una era que se ha renombrado como la Era de los Aquelarres, o también la Cueva del Embrujo, a la entrada de la población. Hay también un Centro de Interpretación de la Brujería que no visitamos y una fuente con brujas en el centro del pueblo que oye, mola mucho.

Soportújar no tiene más, pero sí tiene unas vistas muy chulas. Son algunos los miradores que hay allí y para mí la vista más bonita se tiene desde la Era del Aquelarre, a la que llegar te costará sudor por estar en lo alto del pueblo. Esta zona de la localidad, por otra parte, no tiene desperdicio al estar llena de referencias a la brujería con esculturas de brujas, una representación de un cuarto de una bruja con todos sus enseres y otros elementos que te gustarán si te gustan las brujas tanto como a mí.

Debo hacer una crítica y es que las señalizaciones no son del todo eficientes y a veces llegar a ciertos lugares se hace complicado, pero bueno, supongo que poco a poco. Tengo entendido que su intención es hacer que la gente vaya a vivir al pueblo con el aumento de turismo. Todo lo que sea revitalizar el medio rural creo que es algo bueno.

Y otra cosa de Soportújar que seguro os llamará la atención es el hecho que hay en su término municipal – no en el pueblo mismo – un templo budista – solo he visto uno, y está en Huesca. A la entrada del pueblo encontrarás una estatua de un buda azulado que con la pared blanca queda muy chula.

Además de las brujas, cabe mencionar que en Soportújar lo que abundan son el agua por una parte, al encontrarse entre barrancos, y los tinaos o soportales típicos de la Alpuajrra, no en vano Soportújar quiere decir “lugar de soportales”.

Poco más hay que decir de Soportújar, y es que se nos echa la tarde encima y hay algo que queremos hacer (otra vez): parar en Lanjarón y comprar queso. Y es que nos ha gustado tanto que queremos traerlo como recuerdo.

Mapa de la ruta

Más información

Te recomiendo que si quieres visitar con tranquilidad la zona te tomes un par de días o tres. Como te digo al principio de este artículo, la Alpujarra es mucho más que lo que te cuento aquí. Te recomiendo que para preparar tu viaje te pases por la web de turismo de la Manconmunidad de Municipios de la Alpujarra Granadina: http://www.alpujarraturistica.com/turismo/

Y aquí te dejo el vídeo que me convenció para visitar la Alpujarra. ¿Te convence a ti?

Una filósofa y un politólogo que amana viajar y lo hacen a pesar de los pocos recursos que tienen. Viajar es más que un capricho, viajar es una necesidad y aquellos que somos pobres en un primer mundo de opulencias tenemos derecho también a realizar nuestros sueños viajeros. Porque los pobres también viajamos.

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