Una ruta por Lar Merindades | Burgos

Las Merindades es una comarca al norte de Burgos que alberga algunos de los paisajes más espectaculares de la provincia castellana. Una ruta por ellas, que puede hacerse fácilmente en dos días, pero que puedes alargar más si quieres, es una opción perfecta de escapada para aquellas personas que no dispongan de mucho tiempo para viajar. Aquí te voy a contar nuestra ruta.


Las Merindades lleva siendo destino en nuestra lista de futuribles desde hace muchos años. Son diversas las tentativas que han existido a lo largo de nuestra vida viajera, pero nunca se daba la oportunidad para desplazarnos hasta allí. Solo hubo una vez, al regreso de Galicia, que pasamos por Frías y quedamos en que mejor ir en otro momento, que estar de paso por allí era una tontería. Y así lo dejamos, hasta el mes de abril de 2023.

Como teníamos unos días libres (cuatro días con sus tres noches) nos subimos a la furgo y pusimos rumbo hacia Burgos. Empezamos y acabamos visitando otros lugares más allá de Las Merindades, pero este artículo se va a centrar únicamente en las visitas que hicimos nosotros en esa comarca burgalesa. Empecemos, entonces, con una ruta (en furgoneta) por Las Merindades.

Apuntar que realizamos el viaje con la Agrovan y, a mi juicio, esta zona perfecta para descubrir en furgoneta. Poder dormir allí es muy fácil y tienes paisajes precisos en los que vas a despertar cada mañana.

Más allá de su belleza natural y arquitectónica, que forma paisajes de ensueño, Las Merindades tiene un peso histórico al ser el germen de lo que hoy conocemos como Castilla y León. Sí, sé que la denominación «Castilla y León» engloba dos cosas distintas, pero me ciño a lo oficial y actual. Para cuestiones históricas e identitarias mejor ir a otros foros.

Así, en los inicios hubo siete Merindades de Castilla la Vieja, las que acabaron conformando el primitivo condado castellano. Hoy todavía se puede sentir el peso de la historia al visitar las localidades que se reparten en esta gran comarca burgalesa.

Esta ruta, la que te voy a mostrar, es solo una ruta y que hicimos de una tacada, durmiendo un par de días en destino, durante el mes de abril de 2023.

La ruta por Las Merindades

Empezaremos la ruta en uno de los puntos más conocidos de la comarca: Tobera. Esta localidad que pertenece al municipio de Frías es famosa por la estampa que deja la ermita de Santa María de la Hoz, bellísimamente dispuesta sobre el desfiladero del río Molinar. Sin ninguna duda esta imagen es una de las más conocidas de esta pequeña localidad burgalesa, pero no hay que desdeñar el pueblo, que es muy bonito, y todas las cascadas y los molinos que se encuentran en el núcleo urbano.

Santa María de la Hoz y el puente, la estampa más conocida de Tobera.

Una de las cosas que caracterizan a esta comarca es la mezcla del agua de ríos y cascadas con el verde de la vegetación frondosa. Todo ello está aderezado con pequeños pueblos, ermitas, iglesias y restos de castillos aquí y allá que hacen del entorno un cuadro romántico, bucólico, parejo con el Edén. Tobera es un claro ejemplo de ello.

Mi consejo es que no te quedes en la ermita de Santa María de la Hoz; deja el vehículo aparcado y adéntrate en el pueblo. No te va a defraudar.

De Santa María de la Hoz, y siguiendo hacia el norte, vamos hasta Frías, un lugar que seguro no te será desconocido porque es uno de los pueblos más bonitos de España. Aunque no sé si debería llamar a Frías pueblo, ya que Frías es ciudad, la más pequeña de España. Que Frías sea ciudad se debe a que el título se lo concedió el Rey Juan II en la primera mitad del siglo XV. Desde entonces mantiene el título y hoy es uno de los lugares imprescindibles para visitar en España.

Frías desde el castillo.

Tanto es así, lo de que Frías es un lugar obligatorio para visitar en España, que National Geographic lo incluye en una lista de los 40 pueblos medievales más bonitos de España. Yo, viajera que ama visitar lugares de este tipo y que, por lo tanto, ha visitado muchos pueblos medievales, puedo decir que sí, que es uno de los bonitos bonitos de este país en el que convivimos.

Lo que más destaca de la ciudad de Frías es su silueta, dominada por el castillo de los duques de Frías, que data del siglo X y que puedes visitar por unos pocos euros. Aunque el castillo no conserva mucho de lo que fue (se derrumbó provocando muertes), lo cierto es que la visita es interesante y desde lo alto de la torre se tienen unas vistas muy chulas de toda la localidad.

Y ya que te menciono lo del castillo, su silueta a lo lejos es de lo más reconocido, pero la imagen que deja desde el mismo pueblo no tiene tampoco desperdicio. Caminarás por Frías y levantaras la cabeza sintiendo el vértigo al ver esa torre elevándose sobre tu cabeza, haciendo equilibrios en la roca. Sin ninguna duda, es algo impresionante.

Pero además de esto Frías tiene también casas colgadas, todavía mantiene parte del recinto amurallado, algunos conventos o el puente medieval, otro de los puntos distintivos de esta pequeña, pequeñísima, la más pequeña ciudad de España.

El puente medieval de Frías.

Y pasemos de Frías, ahora, a la siguiente parada, que no es otra que el monumento natural de Ojo Guareña, un complejo kárstico de casi cien kilómetros de desarrollo que resulta ser el conjunto de cuevas más extenso de la Península Ibérica.

Ojo Guareña ha sido declarado «Monumento Natural», y no es para menos porque es impresionante. Ya no es solo la cueva que te recibe, ese agujero en la roca enorme, un abrigo natural donde se esconde, a mano derecha, la taquilla para comprar las entradas y, en frente, más a la izquierda, la ermita de San Bernabé, construida en las entrañas de la montaña burgalesa.

Acercándote a Ojo Guareña.

Para mí visitar Ojo Guareña es un imprescindible en la provincia de Burgos por todo lo que comporta y aunque puedes hacer una visita espeleológica, la visita a una parte pequeña de las cuevas y el posterior paso por la ermita te va a costar 4,5€. Te recomiendan que las entradas las compres por internet. Yo no pude hacerlo porque no me daba opción, pero decidí acercarme hasta las cuevas y no tuve problema para entrar.

El interior de Ojo Guareña.

La visita a la Cueva Ermita de San Bernabé dura casi una hora, es guiada y te lleva por 400 metros de galerías. A mi juicio, y como he dicho antes, es una visita imprescindible, y mucho más espectacular es llegar después a la ermita, llena de pinturas anónimas que tiene 300 años. Además de eso, y como te he dicho, la estampa exterior con la fachada de la ermita rascada en la roca.

San Bernabé desde dentro.

Pero es que lo mejor de Ojo Guareña es que no se agota en el monumento mismo ya que los alrededores son también encantadores, con la Encina Sagrada, lugar en el que en la antigüedad se celebraban los concejos de la Merindad de Sotoscueva. Después de allí, que no te lo he dicho, se marcharon a la gruta que hay a la entrada de la cueva de Ojo Guareñea, al lado mismo del lugar donde hoy en día se venden las entradas.

La Encina Sagrada.

Y además de la Encina Sagrada, un árbol al que te puedes acercar sin problema ya que está al lado mismo de la zona de aparcamiento, tienes, y descendiendo unos centenares de metros llegarás al Sumidero del Río Guareña, el lugar donde se introducen las aguas del río Guareña. Aunque el camino no es difícil, ten en cuenta que si tendrás que subir y bajar cuestas, pero valen totalmente la pena.

El sumidero.

Por cierto, te recomiendo que aparques en la parte alta y no en la baja. Te va a costar más subir las cuestas que descender las escaleras que te llevan hasta el monumento natural.

La siguiente parada va a ser un pueblo no menos conocido de la provincia de Burgos, Puentedey, otro de los pueblos más bonitos de España sobre todo por la imagen que se forma con el puente natural que hay sobre el río Nela.

Puentedey.

Cuenta la leyenda que fue Dios el que construyó ese puente que, en realidad – y siento acabar con la magia – ha sido escarbado por la erosión del agua, animada por el paso del tiempo. La imagen de Puentedey, sin duda, se quedará grabada en tu retina.

Por lo que respecta al pueblo en sí mismo, al entorno urbano, apenas un palacio, el de los Brizuela, y su iglesia, la de San Pelayo, unido a unas pocas viviendas, conforman el conjunto. Un par de calles, ir arriba y abajo, y ya está. Un paseo fluvial, si te apetece, puede completar la visita, así como la cascada de la Mea que, seguramente debido a la sequía, solo escupía unas pocas gotas de agua en el mes de abril. Una pena. No por no poder visitarla sino porque no existiese en esos días. Una mala señal.

Puentedey desde dentro.

De Puentdey es momento de poner rumbo a otro de los must de esta parte de Burgos: Orbaneja del Castillo. Lo que más destaca de este pueblo, según las imágenes, es la enorme cascada que brota de los pies de la localidad y muere en una poza más allá de la carretera. Se nos hace tarde y casi es de noche y no sé qué nos vamos a encontrar allí, si vamos a ver el pueblo, si la cascada existirá, si estará seca… quién sabe.

Acabamos llegando, después de unas cuantas vueltas raras por la comarca, a Orbaneja del Castillo. Dejamos la furgo aparcada y, sí, la cascada está allí. Es tan impresionante como pensaba. No, lo es más. Lo es a pesar del apoca agua.

Orbaneja del Castillo.

Dicen que el sonido de la cascada es un estruendo. Parecerá una exageración, pero no lo es. Cierto que el agua, que parte de una ladera del río, lo cruza y se desploma a la salida del mismo, está presente no solo en forma sino también como música ambiente que no para ni un momento. Debido a esto las gentes dicen que los habitantes de Orbajena del Castillo gritan mucho. Yo no los oigo gritar, pero si lo hacen en algún momento del día es totalmente comprensible; hay que levantar la voz más allá de los decibelios producidos por el agua.

El pueblo de Orbaneja es también bonito, de carácter medieval, hecho en piedra, con muchas escaleras y muchas cuestas. Encaramado en la ladera de la montaña que en la vertiente opuesta tiene formas extrañas, sinuosas y casi fantásticas, el pueblo se desparrama casi como la cascada. El castillo, no, no está. Estaría ahí en frente, donde te digo que hay formas sinuosas en la montaña. Pero qué más dará que en Orbaneja no haya castillo. Si es que no le hace falta…

Dejaremos ahora Orbaneja para ir finalizando la ruta, visitando algo de románico que en la comarca de Las Merindades abunda mucho y es difícil escoger qué ver al respecto con el poco tiempo que nos queda. Solo un par de lugares, más un premio final en forma de ruinas.

Lo primero es Crespos, una pequeña aldea de pocas casas con una iglesia románica y tres habitantes. La tranquilidad que hay en Crespos por la mañana es impresionante, pero no debe ser muy distinta a la que hay en otros momentos del día, la verdad.

Crespos.

Su iglesia, dedicada a la Inmaculada Concepción, es de las más destacadas del Valle de Manzanedo un lugar que, por cierto, merece la pena por sí mismo Las vistas que se tienen del mismo cuando se transita por la carretera son brutales. Merece la pena un paseo por allí aunque sea solo yendo por las vías secundarias.

De crespo se va a San Miguel de Cornezuelo, una pequeña localidad que tiene una calle principal y el resto son caminos hechos en hierba. Y claro, otra iglesia románica que no hay que perderse.

Hay muchas otras iglesias románicas además de estas dos, pero en un par de días es todo lo que se puede visitar.

Finalmente, y después de esta pequeña ruta románica por el Valle de Manzanedo – que ya te he dicho que podría ser mucho más extensa – hay que ir hasta Santa María de Rioseco, una de las grandes joyas de Las Merindades.

Santa María de Rioseco.

El monasterio se encuentra a orillas del río Ebro y fue uno de los monasterios cistercienses más importantes del norte de Burgos. Hoy en día se encuentra en ruinas, pero en recuperación.

La visita a Santa María de Rioseco es gratuita, y tendrás que dejar el vehículo cerca de la carretera para después subir un camino y llegar a la ruina. Allí accederás y te vas a encontrar con esa maravilla que es Santa María de Rioseco.

Este monasterio se nombra por primera vez en el año 1171 y el complejo se construye a mediados del siglo XIII siendo remodelado en posteriores siglos. Hoy en día podemos ver las bóvedas de crucería que hay en la iglesia y también parte del claustro renacentista.

Guerras y desamortizaciones desmantelaron este monasterio que en la actualidad sigue siendo una joya y que gracias al voluntariado no ha caído en el olvido.

Y aquí, en este espacio para el recuerdo, termina una ruta por la comarca de Las Merindades, en lo más al norte de la provincia de Burgos.

Como he dicho antes, se pueden incluir otros lugares en la visita, pero el tiempo humano es finito y en un viaje tan corto es imposible verlo todo. A pesar de ello, creo que este es un buen resumen de lo que pueden ser Las Merindades y, sin duda, pasas por algunos de los lugares más significativos.

Si tienes más tiempo no te quede solo con esta ruta, puedes ampliarla haciendo una búsqueda rápida por las páginas de turismo de la zona (aquí), aunque te aviso que el contenido es extenso y hay mucho entre lo que escoger, así que ármate de paciencia para hacer tu ruta por Las Merindades.

Una filósofa y un politólogo que amana viajar y lo hacen a pesar de los pocos recursos que tienen. Viajar es más que un capricho, viajar es una necesidad y aquellos que somos pobres en un primer mundo de opulencias tenemos derecho también a realizar nuestros sueños viajeros. Porque los pobres también viajamos.
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2 pensamientos en “Una ruta por Lar Merindades | Burgos

  1. Buenas.

    Me encanta la entrada. Y me ha encantado los parajes que habéis descrito, y las fotos ni te cuento. Mira que no soy muy fan de viajar en furgo o caravana (como ya he comentado anteriormente, cuando estoy de vacaciones entro en el modo mas vago posible; no me importa conducir pero eso de tener que hacerme yo la cama y eso en vacaciones, como que me puede jeje). Pero aún así, siempre he admitido que por cosas como ésta este tipo de viajes merecen la pena.

    Y una cosa que me toca un poco la moral. Y es que, en lo que mi entorno social se refiere, se asocia viajar a irse fuera del país, cuando lo cierto es que nuestro país tiene muchisimas cosas que ver. De hecho, en mis vacaciones de agosto me recorrí toda la costa de la península en motocicleta. Un viaje cansino si, pero lo disfruté.

    Gracias por la entrada.

    1. Gracias por comentar, Antonio.

      Sí, lo de estar de vacaciones y tener que hacerse la cama es un tostón, pero siempre digo que para mí viajar no es estar de vacaciones, sino viajar (no sé si se me entiende). Para mí las vacaciones es irme a la piscina del pueblo cerveza en mano y no hacer nada, cosa que hago dos días al año XD.

      Para mí viajar en furgoneta ha supuesto una liberación tremenda, y es que con ella pueda hacer muchas cosas que no haría si tuviese que invertir el presupuesto en alojamiento – empezando por el fantástico acto de improvisar.

      Lo de irnos fuera porque si no es así no se viaja… qué voy a decir al respecto, que poco se sabe de lo que hay cerca, y mala idea se tiene de lo que es viajar.

      De nuevo, gracias por comentar.

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