Itinerario por Galicia en 9 días.

Querer recorrer un territorio de la magnitud de Galicia en un solo viaje no es algo fácil. Es más, a mi juicio creo que es casi imposible. Pero si una puede ir buscando aquello que vaya a interesarle más y que la hará disfrutar. En este itinerario por Galicia en 9 días va a pasar por el interior, la costa, el norte, el sur, las ciudades, los pueblos y algunos de los espacios naturales más destacados. Sigue leyendo si quieres saber más al respecto.


Galicia, en el noreste de España, es una comunidad autónoma que tiene mucho que ofrecer al viajero. Su fuerte identidad y su historia ligada a leyendas antiguas la convierten en uno de los destinos más atractivos de España.

Viajar a Galicia es viajar a una tierra en la que esa misma tierra sigue estando muy presente. Las raíces son muy importantes en Galicia y allá a donde vayas el gallego – la lengua gallega – va a estar presente – y a diferencia de otros territorios con lengua propia.

Galicia es otro mundo [O Cebreiro]

La historia de Galicia es la de una vida nada fácil, de tener que emigrar, de luchar contra mares enfurecidos, de pelear con temporales, de vivir eternamente bajo la lluvia aunque siempre haya un rayo de sol esperando en el horizonte. Galicia es una tierra especial que parece tópica pero es muy real. Y Galicia es una tierra para viajar de manera calmada.

Nuestro paso por Galicia tiene lugar a en la segunda mitad del mes de junio del año 2021. No será nuestra primera vez en esta tierra, estuvimos allí hace años, muchos años, al tener que dar un concierto en Muxía aquellos días en los que esta localidad gallega se hizo célebre por el Prestige y todo lo que su accidente supuso. Galicia lloraba y junto a ella muchas otras gentes que desde la lejanía nos sentíamos impotentes ante tal desastre. Las manos de las personas – lo recuerdo perfectamente – se unieron para limpiar una costa que pedía a gritos ayuda. Recuerdo aquello del Nunca Mais, aunque a veces pienso que se nos olvida qué pasó.

Lo que digo, que estuvimos en Galicia unos pocos días – un fin de semana, nada más – y de Galicia vimos pues lo que pudimos. Muxía, cómo no, donde dimos el concierto – y triunfamos -, pero estuvimos también en O Grove y Santiago. ¡Cómo no ir a Santiago! Fue tan emocionante pisar esa ciudad por primera vez.

Después de más de 15 años regresaremos a Galicia en un contexto totalmente distinto; un aniversario que celebrar – 35 de JJ – y subidos en una furgoneta arreglada para la ocasión. También un itinerario programado – más o menos – pero que puede variar según nos apetezca. Y eso haremos, y así quedo al final.

Galicia, allá vamos [A Guarda]

Itinerario por Galicia para 9 días

Día 1

Entramos a Galicia por Lugo y lo primero que visitamos es O Cebreiro. Esta pequeña localidad lucense es un museo al aire libre, en el que se ha conseguido mantener la arquitectura típica de la zona, con las viviendas con tejado de vegetal y las típicas construcciones circulares. Puede que O Cebreiro sea un lugar “demasiado turístico” para algunas personas, pero en realidad es un buen modo de empezar tu aventura por Galicia y descubrir lo más auténtico de la misma.

Galicia nos recibe con lluvia y frío.

Después de O Cebreiro toca conducir por la autovía y llegar hasta Lugo, a mi juicio una de las joyas del viaje a la par que uno de los lugares menos visitados de Galicia. Lugo es una ciudad acogedora que tiene, ya solo empezando por ahí, las murallas romanas que son Patrimonio de la Humanidad.

Las murallas de Lugo, Patrimonio de la Humanidad.

Su catedral, unida a la plaza que la rodea, domina el casco histórico abrazado por la fortificación milenaria. Todo esto conforma un conjunto magnífico que vale la pena degustar a pequeños bocados, como así también vale la pena degustar la gastronomía típica, por lo que no puedes perderte ir de tapas por el centro histórico, gratis con la bebida en la mayoría de bares – un ejemplo es el Bar Noia – o probar el pulpo con cachelos o un buen caldo gallego. Ah, y las milhojas.

La Catedral de Lugo – de entrada gratuita.

Debes saber que Lugo tiene tres Patrimonios de la Humanidad: la Muralla Romana, su Catedral y el Camino Primitivo.

Nuestra siguiente parada después de Lugo es Portomarín, un pueblo que en el año 1962 fue trasladado literalmente desde las orillas del río Miño hasta el Monte do Cristo, ya que se iba a construir una presa. Además del paisaje en sí, que es muy bonito, en Portomarín es interesante su iglesia, la de San Juan, que es de estilo románico y fue declarada monumento histórico-artístico en el año 1931. Junto al pueblo este monumento fue trasladado hasta la nueva ubicación de Portomarín siendo en la actualidad la imagen más distintiva del mismo. Nosotros hubiésemos querido poder visitarla pero se encontraba cerrada – y será tónica general en la mayoría de iglesias de localidades pertenecientes al Camino de Santiago por las que iremos pasando.

La siguiente parada de la ruta será Chantada, otra localidad que guarda un bonito casco histórico y en el que vivimos una bonita historia de amor. Pongo en situación: estoy haciendo fotos a las galerías de las viviendas del casco histórico. Una señora, ya mayor, me dice que la siga, que más adelante hay otras viviendas más bonitas. Ella empieza a contarme a mí, y a JJ que se une después a la conversación, su historia que está irremediablemente unida a la del pueblo. La señora se emociona, nos habla con pasión de aquel pedacito de tierra por el que ha dado su vida. Nos pregunta que dónde nos alojamos y le decimos que vamos en furgoneta. Ella nos dice que “ah, mejor, muy bien. Mi hija se ha recorrido medio mundo en una furgoneta”. Seguimos hablando, y chispea – ¿cómo es esto en gallego, orballo? Nos despedimos, le damos las gracias por habernos contado la historia de su pueblo y seguimos nuestro camino. Nuestra mirada, ahora, es totalmente distinta; Chantada nos parece otra cosa. Gracias a esa señora anónima por haber conseguido que eso sea así.

De Chantada te voy a decir que no puedes perderte sus viviendas con galerías de color blanco, sus pequeñas plazuelas y los restos de una ciudad que hoy se ha agrandado mucho y que guarda como oro en paño ese pequeño tesoro que es su casco histórico. Aunque no te lo parezca, Chantada es una visita a tener en cuenta en la provincia de Lugo.

Tras Chantada vamos al Cabo do Mundo, uno de los primeros miradores sobre la Ribeira Sacra del que vamos disfrutar en este viaje. Llegar a Cabo do Mundo no es fácil, bueno, sí lo es, pero la carretera es algo complicada. La Ribeira Sacra está conformada por un territorio hostil para el ser humano pero fastuoso para la naturaleza, así que tendrás que conducir por curvas, meterte entre vegetación y llegar a la selva para, después, acercarte hasta el que es uno de los miradores más bonitos de Galicia. Y sí, lo es, pero la vegetación que irremediablemente crece desluce las vistas. No me quejo, prefiero la vegetación, que es la que da vida, pero no esperes encontrarte con la típica foto porque será difícil encontrarla frente a ti.

Estando en el Cabo do Mundo, y teniendo JJ puesto el modo explorador, decidimos irnos hasta un lugar del que jamás habíamos escuchado hablar; se trata del Dolmen de Abuime, un dolmen de dimensiones considerables al que le falta la “tapa” y que parece ser alguien uso en el pasado – y por ahí debe estar aún – como abrevadero para las bestias.

Llegar al dolmen no es difícil, pero tendrás que ir por un camino estrecho – a pie – y lleno de vegetación. No solo el dolmen es interesante sino también el entorno en el que se encuentra, cubierto por un enorme árbol a modo de escudo y que le confiere al lugar un halo mágico. Parece el espacio en el que los druidas se reunían, o así nos lo imaginamos nosotros. Es una verdadera pasada.

Nos queda ahora llegar al último punto del día, Monforte de Lemos, donde pernoctaremos en su área de caravanas. Dejaremos para el día siguiente la visita a esta localidad que, a mi juicio, no es tan espectacular como la pintan.

Día 2

Empezamos por Monforte de Lemos, su casco histórico y la zona del castillo que es sin duda terriblemente medieval. Monforte de Lemos es la capital de la Ribeira Sacra y como digo de ella destaca su castillo – hoy resumido en torre y murallas – y también su convento, hoy Parador de Turismo.

De la parte del castillo es interesante mencionar que se sigue conservando la fisonomía de la época, junto a murallas y viviendas desordenadas. La calzada recuerda mucho a tiempos pasados y llegar hasta lo alto de la fortaleza reconforta. Allí encontraremos el Pazo de los Condes de Lemos, construido en el siglo XVI y que actualmente alberga el Parador de Turismo, así como la Torre del Homenaje de la antigua fortaleza.

Tras pasear por la localidad nos iremos hasta el Pazo de Tor, muy cerca de Monforte, al que no podremos acceder porque está cerrado.

Continuamos descubriendo lugares de la Riberia Sacra y vamos, primero, a otro mirador, el del Duque Doade, que es impresionante. Escoger miradores en la Ribeira Sacra es una tarea difícil, y es que hay muchos. Ya sea en la parte del Miño o la parte del Sil vas a encontrar indicadores de miradores cada dos por tres. ¿Cuáles son los mejores? Pues eso es muy relativo, y va a depender del tiempo que haga – si hay niebla, si hay sol – o de cuando vayas – al amanecer, al atardecer -, lo que si está claro es que a algún mirador debes asomarte.

Continuamos transitando por la Ribeira Sacra para acercarnos ahora a Castro Caldelas, considerado uno de los pueblos más bonitos de España. Su situación sobre una colina asomada al río Edo, la buena conservación de las construcciones y el dominio del castillo mandado construir por Pedro Fernández de Castro, VII conde de Lemos, hacen de este pequeño pueblo orensano una parada obligatoria en Galicia.

Es un lugar perfecto, también, para comer y probar una comida rica y sin pretensiones, y a muy buen precio. En nuestro caso iremos a comer al “Mesón os Carballos” y tendremos menú del día por 10€. Ah, y la chimenea encendida en pleno mes de junio.

Seguimos ahora hacia el Sil para descubrir algunos de los tesoros medievales escondidos entre la omnipresente vegetación. Teniendo que dejar alguna visita de lado por estar en restauración (el de Santo Estevo do Ribas do Miño), sí podemos acceder al Monasterio de Santa Cristina de Ribas de Sil, uno de los puntos fuertes de este viaje.

Imagen distorsionada por el teléfono móvil.

Este monasterio, benedictino, tiene su origen en el s. X. En la actualidad se conserva la iglesia románica de finales del siglo XII y principios del XIII. El claustro y el rosetón – nos chivan en Instagram que de ahí salio el Ratón Mickey – completan un conjunto que es de una belleza indiscutible y que se encuentra en un entorno mágico.

Para acceder a este monasterio debes pagar una entrada de 1 euro, y durante julio y agosto no se puede acceder hasta el monasterio en vehículo propio, debes ir en bus lanzadera. Te dejo en este enlace toda la información que necesitas.

También puedes acceder a pie siguiendo una ruta senderista que según comentaban unas gentes que acababan de realizarla es espectacular.

Seguiremos el curso del Sil y nos detendremos ahora en el Mirador de Cabezoás donde disfrutaremos de unas vistas impresionantes. Después de esto continuaremos nuestra ruta hasta otro monasterio, esta vez el de Santo Estevo do Ribas do Sil, un monasterio enorme que es hoy Parador de Turismo, al que se llega por una carretera espectacular y que se puede visitar de forma gratuita, como todos los Paradores de Turismo.

Decidiremos en ese momento tomarnos una cerveza en la cafetería del parador, que se encuentra en uno de los claustros, y continuaremos nuestra ruta. Lo cierto es que estamos a punto de quedarnos a dormir por allí, cerca del Parador, pero la lluvia es persistente y preferimos apartarnos un poco, por lo que esa noche llegaremos a Ourense.

Aparcaremos cerca del centro para disponernos a caminar por la ciudad. La primera impresión que tenemos de la misma es buenísima y como a Galicia se va a jugar de las primeras cosas que haremos será meternos en los bares a por las tapas. En Ourense no son gratis como en otras ciudades gallegas, pero sí son de muy buena calidad y no demasiado caras. Probaremos el Bar Orellas, un típico de la ciudad, y algunos otros de por allí.

Un paseo nocturno por Ourense es totalmente obligatorio; bajo las luces del atardecer esta preciosa ciudad gallega – que para mí será de la más bonitas – luce mucho más, y la iluminación nocturna le confiere un halo místico que la convierten en una parada imprescindible.

Día 3

No solo de la noche vive Ourense – y qué majo sería poder disfrutar de una noche ourensana sin Covid – así que a la mañana siguiente vamos a visitar los puntos turísticos más importantes que están abiertos. Porque sí, hay cosas que están cerradas, como las Termas – no sé si sabéis que Ourense es ciudad termal -, no sé muy bien si todas por Covid o qué, pero de las gratuitas no hay ninguna abierta – cerrado temporalmente, rezan carteles y avisos – y las que son de pago están en su día de descanso. Tampoco podremos visitar la Catedral, ya que solo abre – si no recuerdo mal – de jueves a domingo, y es imposible meterte en ella fuera de ese horario, tampoco en horario de culto, porque viene un señor y te echa fuera a malas maneras.

Pues nada, nos quedamos a las puertas.

Pero hay cosas que sí se pueden visitar, como las ruinas del Claustro de San Francisco, de visita gratuita, o el Museo Arqueológico Provincial que tiene su sede en obras y se encuentra temporalmente situado en el edificio vecino al Claustro de San Francisco, y también puedes acercarte al cementerio, que está justo allí.

También es preciso acercarse hasta As Burgas, las aguas termales históricas que brotan de una fuente a una temperatura elevada durante todo el año, y de las que puedes visitar un centro de interpretación totalmente gratuito.

As burgas

También es interesante acercarse hasta el Mercado de Abastos, ahora en restauración pero que tiene su emplazamiento en un lugar cercano y en el que se pueden adquirir productos de la tierra a muy buen precio – y donde puedes desayunar una buena bica con un buen café con leche.

En Ourense puedes también asomarte al Puente del Milenio, que es mirador, o hacer una ruta por las termas en tren turístico. Lo cierto es que lo que nosotros hacemos es lo mínimo que se puede hacer en la ciudad, pero disfrutamos muchísimo de caminar por ella, ver su ambiente y pasar una y otra vez por la Praza dos Suaves (que viva el rock’n’roll).

De Ourense vamos ahora hasta otro lugar que no tiene gran interés turístico, solo para pernoctar allí ya que es el cumple de JJ. Para ello nos iremos casi hasta Portugal, pero no llegaremos. Pasaremos por Ribadavia donde comeremos un pulpo exquisito y un entrecot que lo flipas acompañado de un muy buen vino de la zona para acabar llegando a Crecente, ya en Pontevedra, donde dormiremos en un Pazo (O Barreiro). Allí, en Crecente, no haremos mucho ya que estaremos de relax – y descansaremos un poco de la furgo.

Aunque ese no mucho que haremos es un no mucho espectacular, y es que nos encontraremos por casualidad –no conocíamos su existencia – con el Pozo do Inferno, con su fervenza, sus molinos y su aldea abandonada. Un espacio natural espectacular que visitaremos en total soledad y en el que estaremos un tiempo indeterminado que va entre lo mucho y lo necesario.

Día 4

Tras el desayuno en el pazo, que está delicioso y que disfrutamos en total soledad, ponemos rumbo a nuestro próximo destino, que será Tui.

En Tui lo que queremos, principalmente, es visitar la catedral, que es Patrimonio de la Humanidad. La visita es autoguiada y permite el acceso a la catedral, al claustro y a la terraza de la misma, desde la cual se tienen unas muy buenas vistas de Valença do Minho, ya en Portugal, y de todo el Miño, cómo no.

Y hablando de Valença, decir que junto a Tui forman una eurociudad, que es la unión de dos municipios que forman parte de estados distintos pero que tienen una vinculación histórica importante. Así, para completar la visita nos disponemos a cruzar la frontera e ir hasta Valença do Miño, no sin antes dar un paseo por Tui pasando por sus antiguas murallas – lo poco que queda de ellas – y también por la bonita Iglesia de San Francisco.

Valença do Minho desde la catedral de Tui.

Es poca la distancia que hay desde Tui hasta Valença do Minho, y nos emociona poder cruzar otra vez fronteras – aunque sea solo por unas horas.

Llegamos a Valença casi sin darnos cuenta y conseguimos aparcar bastante cerca de una de las puertas que se abren en los muros de la fortaleza. Y no veas que muros, que llegan a los 5 kilómetros de longitud y conforman, así, la mayor de las fortalezas del Alto Minho.

La curiosidad de esta localidad no está solo en la estrella doble que dibujan sobre el suelo los muros del conjunto amurallado, sino que en su interior hay decenas y decenas de tiendas en las que se venden todo tipo de toallas, mantelerías y demás enseres hechos en paño. Me choca muchísimo eso, y me choca ver a gente cargada con bolsas enormes llenas de vestimenta para sus hogares. Oigo a unas señoras que han comprado toallas para “la casa de Toledo”, un montón a vistas de la cantidad de bultos que arrastran.

Sí, yo también compro, unos paños para mis amigas, y un mantel, y también un par de delantales: uno para nosotros y otro para mi padre, que es el que friega los platos en su casa. Pero no solo compramos en Valença do Minho, que es encantadora cuando te apartas de las riadas de gente que hay en la zona comercial, sino que también decidimos comer allí.

Nos encanta comer en Portugal, su gastronomía es espectacular y suele tener precios muy ajustados. Ya el año pasado en nuestro viaje a Castilla y León comimos un día en Portugal y quedamos encantados – habíamos hecho algo parecido un par de años atrás – y no queríamos, estando en el país luso, dejar de degustar alguno de sus platos.

Tras mucho buscar y apartarnos de la zona más turística, pero sin salirnos de la fortaleza, vamos a parar al bar que menos atractivo se ve desde el exterior; es el típico bar de pueblo con su mostrador lleno de postres – ¿os acordáis de ellos? -, su barra viejuna y ninguna pretensión decorativa. Preguntamos si podemos comer y nos dicen que sí, que para dos sin problema.

Pedimos ración para una persona cada uno, yo cerdo y J.J bacalao a la valençana. Nos sacan unos platos enormes, bandejas diría yo, llenos de comida y guarnición. La comida está deliciosa y junto a una jarra de vino de la casa y cafés salimos a poco más de 10 euros por cabeza. El local es Churrasqueira Valenciana y de verdad que vale mucho la pena.

Tras la comida, llenos hasta rebosar y casi sin poder andar continuamos nuestro viaje. No salimos aún de Portugal y vamos hasta Vila Nova de Cerveira. Allí daremos un paseo hasta lo alto de su castillo, tomaremos un refresco en la plaza del pueblo porque creedme que no podemos con nuestra vida tras la comida en Valença, y daremos un pequeño paseo por la localidad, aunque allí pueden hacerse muchas más cosas y como ejemplo, subir hasta la escultura de la cierva, desde la que dicen tienes unas vistas increíbles del Minho.

Pero debemos continuar, podríamos habernos quedado más tiempo en Portugal pero lo cierto es que nuestro viaje es por Galicia y Portugal ya quedará para otra ocasión, así que llegamos a A Guarda – en Pontevedra. Sí, queremos visitar el Castro de Santa Tecla, pero primero damos un paseo por el pueblo que está bastante apagado, tomamos un refresco en un bar y nos alegramos que no nos saquen tapa porque no podemos con nuestra vida, hasta que al cabo de unos minutos la camarera no saca tortilla de patatas y estamos a punto de decir que no la queremos – 4 días por Galicia pasan una terrible factura.

Dramas a parte, subimos después hasta Santa Tecla disfrutando de las vistas que hay de la localidad, del Miño y de la desembocadura del mismo. Las vistas, como digo, son impresionantes, pero el castro no es tampoco pecata minuta.

Ponemos ahora rumbo a Baiona pero paramos antes en el Monasterio de Santa Maria de Oia, que encontramos ya cerrado. Conseguimos llegar a Baiona y aparcar al filo del atardecer – que un 23 de junio acontece casi a las diez y media de la noche.

Baiona es un lugar que tenemos pendiente desde hace mucho tiempo por su fortaleza – en el interior se encuentra el Parador de Turismo -, pero también por su historia, ya que allí fue donde llegó Pinzón tras su periplo por las Americas en el año 1493. Además, Baiona tiene un bonito casco histórico lleno de locales donde probar la gastronomía local.

La fortaleza de Baiona.

Pero como os he dicho, estamos a 23 de junio, el día más corto del año, que vemos morir a los pies de la fortaleza y frente al atlántico. Un verdadero festival para los sentidos que merece la pena ser disfrutado de manera tranquila.

Siendo imposible quedarnos a dormir en Baiona o alrededores ese día – aunque las playas están cerradas toda la costa está llena de gente de fiesta – decidimos meternos un poco en el interior y buscar algún lugar para dormir.

Nuestro cuarto día de viaje llega a su fin.

Día 5

Y ahora es momento de llegar a la perla de Galicia: Santiago de Compostela. Aunque eso no será inmediato, ya que antes pasaremos por Vigo, dando un paseo sin pena ni gloria por la ciudad – nos agobia mucho el tráfico que hay – aunque debo decir que su parte histórica es bastante encantadora.

No es que Vigo no nos guste, es que verdaderamente nos pone nerviosos conducir por allí, y es que además de la situación de la ciudad, que está llena de cuestas imposibles, hay un montón de obras que cortan calles y accesos. Tal vez algún día volvamos a Vigo y la disfrutemos de otro modo. Seguramente ese no era el día.

De Vigo vamos a Pontevedra, no vamos a meternos por la ría ni los pueblos que se asoman a ella. Ya lo digo: de costa veremos poca. Sí, hay gustos para todo, y a nosotros no nos gusta excesivamente ese tipo de paisajes costeros. Es más, las Rías Baixas será de lo que menos nos guste de Galicia. Igual tendríamos que hacer un viaje exclusivamente centrado en ellas para apreciar su belleza, pero este no será el caso.

Como digo, continuamos hasta Pontevedra y visitamos su casco histórico, pequeño pero encantador. Intentamos comer en el centro pero está todo abarrotado y los precios nos parecen excesivos, así que buscamos un local en el que podamos estar tranquilos. Comemos algo rápido y nos vamos de Pontevedra para irnos hasta el Pazo de Oca, pero antes pasaremos por Combarro.

Combarro a finales de junio todavía no está muy saturado. Miramos de bañarnos en la ría, y cierto es que nos mojamos algo los pies, pero hace tanto calor – sí, pasaremos un día de calor en Galicia – que nos agobiamos.

Combarro, por su parte, nos parece mucho más chulo de lo que habíamos imaginado. Un imprescindible en Galicia por todos sus hórreos y la singularidad de su disposición en el mar, pero también por lo encantador de sus calles y cruceiros, que tiene un montón.

No, no teníamos pensado visitar el Pazo de Oca. Cuando planeé el viaje me pareció que estando en Pontevedra lo más lógico era seguir por la costa, pero JJ no es nada de costa y decidimos subir directamente a Santiago saltándonos muchas cosas. Ya lo he dicho más arriba: posiblemente tendrías que dedicar un viaje centrado solo en esa zona.

¿Por qué te digo esto? Porque, a mi juicio, el conducir por las carreteras de esta parte de la costa gallega se convierte en algo bastante pesado. Igual si empiezas el viaje por allí, cuando todavía no estás cansada, pues puedes cogerlo con más ganas, pero a estas alturas del viaje – hay que contar los dos días de más para llegar a Galicia – el asunto se convierte en algo tedioso, así que, y por ello, nos metemos de nuevo en el interior, donde la conducción es mucho más cómoda.

Dicho esto, llegamos al Pazo de Oca que justo podemos visitar. Se accede a los jardines y nada más, y la entrada cuesta 6 euros por cabeza. La visita la haces siguiendo un folleto y nos parece desangelada; por ese precio, y para visitar unos jardines, podría haber alguna explicación más. Aún así, me parece que el Pazo de Oca es un lugar que tienes que visitar si es que se presenta la ocasión.

Y finalmente, tras algunos kilómetros más de carretera, llegamos a Santiago de Compostela. Será ya casi de noche y lo que haremos será buscar un lugar para dejar la furgo y empezar a caminar por la ciudad.

Hola de nuevo, Santiago.

Santiago fue un sueño cumplido la primera vez que lo visité, y ahora regresar de nuevo supone otro sueño. Casi 20 años después vemos Santiago con ojos distintos pero igualmente ilusionados. Santiago se nos presenta tan bonita como entonces. Qué narices, yo creo que más.

Esa noche nos iremos de tapas por Santiago – cómo no –, y debes saber que en la mayoría de los locales de la ciudad con tu bebida va tapa gratis. Esa noche estaremos en El Cañahueca, cerca de la Plaza Universidad, y también en la Tita, donde es famosa su tortilla de patatas.

La tortilla de La Tita.

Y callejearemos por Santiago, y disfrutaremos de su ambiente nocturno – a medio gas por la pandemia – y seguiremos pensando que Santiago es una de las ciudades más bonitas de toda España.

Día 6

Seguimos en Santiago, desayunamos – pedimos solo un café con leche y nos sacan bizcocho y churros por la cara – y vamos a visitar la Catedral. Tenemos la esperanza de poder encontrar entradas para visitar el Pórtico de la Gloria, que ya vimos aquel verano de ¿2003? – no me acuerdo – pero que no estaba restaurado. Ahora, para vistiarlo, debes pedir tu entrada gratuita en la web ya que por preservación y por temas Covid – o eso dicen – solo pueden visitarlo un número pequeño de personas – 25 cada vez, creo.

No, no conseguimos las entradas. Ya lo había probado por internet y no había. Hacemos cola a las puertas de la Catedral y tampoco. Pues nada, visitaremos la Catedral sin ver el Pórtico de la Gloria que además, y en esos días – parece que ya lo han quitado -, está cubierto por una estructura de madera que justo deja ver un poquitín el perfil de las figuras.

Acabaremos asistiendo a misa, que somos ateos pero nos interesa el rito en sí mismo como manifestación humana, y el botafumeiro no volará, que ahora parece ser que solo vuela en un par de días señalados y si alguien paga unos 400 y pico euros. Creo recordar – y pregunté entre mis amistades para asegurarme – que aquella otra vez en Santiago si vimos el botafumeiro.

Tras la misa visitaremos otros lugares de Santiago, como el Parador de Turismo, que es de los más caros que hay – 300 y pico euros la noche – y callejearemos mucho, muchísimo, para que se nos abra el apetito mínimamente e ir a por cañas. Sí, lo sentimos, pero es que nos gusta mucho comer, y como nos gusta mucho comer iremos también al Mercado de Abastos – precioso todo él – a por queso de tetilla, y licor café, y vino y qué sé yo cuántas cosas más.

En Santiago pasaremos mucho más tiempo del que teníamos pensado, por eso tendremos que saltarnos algunos de los puntos que pensábamos visitar en la costa, como Noia, Carnnota o la Fervenza de Ézaro. Quedará para otro viaje porque, sí o sí, queríamos llegar a Fisterra para vivir un atardecer allí.

El fin del mundo.

Y sí, finalmente llegamos a Fisterra, acompañados de un viento furibundo que deja el ambiente bastante frío. Un atardecer en Fisterra es emocionante, y es una experiencia que se vive de manera gratuita y que vale mucho la pena.

Día 7

Dormimos en la zona y nos despertamos a pie de mar. Queríamos dormir en lo alto del Fisterra pero con el viento que hace tememos despertarnos en Portland, así que buscamos un lugar tranquilo que resulta estar cerca de la playa. Es gracias a ello que lo primero que haré el séptimo día de nuestro viaje por Galicia será meterme en el Atlántico, solo las piernas, hasta donde éstas terminan, porque me gusta el fresco pero no tanto.

Chascarrillos aparte, bañarme en el Atlántico – aunque solo sea un poco – es un sueño hecho realidad.

Dejamos la Costa da Morte apartada – estuvimos en aquel primer viaje, recordar que dimos un concierto en Muxia – para adentrarnos en la Galicia menos conocida y visitar algo de Terra de Soneira (A Coruña). No me voy a extender mucho en este punto ya que hay un post dedicado a ello y que puedes leer aquí.

Nos acercamos también, y antes de llegar a A Coruña, a otro dolmen – el tercero que veremos en este viaje – la Pedra da Arca, en Malpica, y de allí continuaremos nuestro viaje haciendo una breve parada en Carballo para admirar algunos de sus murales.

Llegaremos finalmente a A Coruña donde pasaremos la noche y tendremos la suerte de encontrarnos con la Torre de Hércules iluminado de azul por ser el aniversario de su proclamación como Patrimonio de la Humanidad. Y empezará a llover, y no poco.

Día 8

Habiendo llovido toda la noche deseamos que el día esté mejor, y sí, el día está mejor, aunque fresco – por la mañana. Después de desayunar – aquí ya no nos sacan nada con el café – somo los primeros en adquirir las entradas para visitar la Torre de Hércules.

Debes saber que ahora con el Covid el aforo es muy limitado y que los grupos que visitan el monumento cada hora son muy reducidos. La entrada es muy económica, pero nosotros tenemos la suerte de entrar gratis por ser, y como he dicho antes, el aniversario de la declaración del faro como Patrimonio de la Humanidad.

Allá vamos.

La visita es acompañada, pero a nosotros nos parece guiada. El monumento nos encanta y sentimos verdadera emoción por poder pisar el faro más antiguo del mundo aún en funcionamiento.

Después de la Torre de Hércules damos un paseo por el parque escultórico, nos acercamos hasta el mar, vamos hasta la Plaza de Maria Pita, damos una vuelta por el paseo y buscamos la iglesia de Santiago, donde empieza el Camino Inglés. Conseguimos meternos dentro porque parece que va a haber una celebración y está abierta.

Para despedirnos de A Coruña visitamos su cementerio y ponemos rumbo a nuestra siguiente parada.

Aprovechando que el día no está mal del todo decidimos hacer algo de senderismo, así que nos vamos hasta las Fragas do Eume. Allí hacemos la ruta hasta San Xoan de Caaveiro, entrando por Puentedeume.

La ruta parte del centro de interpretación, donde debemos dejar el coche, y son unos 16 kilómetros ida y vuelta, aunque nosotros la extendemos un poco más porque más allá del monasterio de San Xoan de Caaveiro llegamos hasta el Muiño de Sesín, un lugar maravilloso.

Se nos hace tarde y decidimos acercarnos hasta el el lugar que queremos visitar al día siguiente. El asunto se pone turbio porque, de nuevo, empieza a llover con fuerza. Acabaremos llegando donde queríamos, pero no será como esperábamos.

Día 9

Nos despertamos en Ortigueira. La noche ha sido de incesante lluvia y el día es gris y frío, frío nivel 10ºC. Estamos en Ortigueira porque lo que queremos es ir hasta la Estaca de Bares, y es lo que hacemos.

A mi juicio esta parte de la costa gallega es de la más bonita que hay. Mientras transitamos por la carretera alucino con los paisajes y no paro de decir que aquello parece Noruega – sin haber estado yo en Noruega.

La Estaca de Bares me emociona, incluso más que Finiesterra. Cada persona es un mundo y mi mundo es este. De La Estaca hasta O Porto de Bares, donde paseamos a pie de playa y me quedo embelesada con la belleza de ese lugar.

Paramos también en Porto do Barqueiro, y por mi hubiésemos parado en todos y cada uno de los pueblos que nos encontrábamos a nuestro paso pero no puede ser porque queremos llegar a As Catedrais mientras la marea está baja, así que no podemos perder el tiempo.

Llegamos a Ribadeo y seguimos las señales hasta la playa – es imperdible. Antes de llegar al aparcamiento oficial nos encontramos ya con un montón de vehículos y conseguimos aparcar la furgo en el acceso principal. Somos muchas las personas que estamos en aquella playa para disfrutar de la misma. En el mes de junio todavía no hay acceso limitado – en temporada alta debes pedir cita para poder visitar la playa – así que no tenemos problema para acceder.

Aunque los turistas que estamos allí somos bastantes, la visita no se hace agobiante, pero cierto es que en otra época del año visitar esa playa debe ser mucho mejor – y es que para bañarte no creo que vayas.

Dejamos As Catedrais y ahora nos queda pensar por donde regresamos. Decidimos hacer una última visita en Galicia antes de regresar a nuestra casa, y es que es un lunes de junio, 28 en concreto, y no podemos entretenernos mucho más: mientras estábamos en As Catedrais a mí, Marina, me llaman por teléfono para darme cita de la primera dosis de la vacuna. No voy a decir que no.

Llegamos a Mondoñedo que es un lugar histórico y uno de los pueblos más bonitos de España. El trayecto desde As Catedrais hasta Mondoñedo es una pasada de bonito, para mí Lugo – y es que estamos de nuevo en la provincia de Lugo – es de lo mejorcito de Galicia, de todo lo que hemos visto es lo que más me ha gustado.

En Mondoñedo queremos visitar la catedral pero el precio – 5 euros creo recordar – me parece algo abusivo, estamos a final del viaje y ya cuesta más pagar. Damos una vuelta por el pueblo, comemos muy bien un menú por el que pagamos 10 € por cabeza – comida tradicional y casera – y decimos adiós a Galicia.

En realidad nuestro viaje no acaba aquí porque más allá de Galicia, y hasta llegar otra vez a nuestros pueblos, nos queda un buen trecho y una jornada y media de viaje pero eso es, ya, otra historia que no cabe en este lugar.

Hasta otra, Galicia.

Consideraciones finales

Sí, lo sé, me diréis que qué viaje tan apresurado, o qué desordenado, o qué cantidad de terreno abarcado. Lo sé, es una vuelta al ruedo a Galicia increíble, pero he de decir que excepto los primeros días de viaje – hasta el día 22 de junio – el resto lo íbamos construyendo sobre la marcha.

Como he ido relatando, según nos sentíamos íbamos aquí o allá. ¿Que nos hubiese gustado visitar más cosas? Ya lo creo. ¿Qué hubiésemos dejado alguna de lado? Pues no.

Galicia es un territorio muy basto en el que hay mucho para visitar. En este viaje nosotros picamos un poco de aquí, un poco de allí, y tuvimos que adaptarnos al tiempo que nos hacía – que en su mayoría eran días encapotados o de lluvia.

La primera jornada de viaje se pasó el día lloviendo, la segunda casi también. En los días centrales nos hizo algo de sol pero después volvieron las lluvias. Hay que tener en cuenta esto para comprender que igual prefieres moverte de un lugar a otro – piensa en la furgo – para ver si así, al menos, llueve menos.

También, y como digo, nos movíamos por lo que los lugares nos hacían sentir. Que nos gustaba más, nos quedábamos más: Que nos cansábamos de tanto chalé a pie de playa, pues a otra cosa, mariposa. Y así es como acabamos dando la vuelta al ruedo a Galicia.

En 9 días es imposible – IMPOSIBLE – que disfrutes de Galicia en toda su plenitud y de manera pausada, lo que podrás hacer es lo que nosotros: ver algunos de los puntos más atractivos, pero no todos.

Este itinerario, como todos los itinerarios presentados en este blog, es muy personal y no pretende ser definitivo ni se presenta como el mejor itinerario para visitar Galicia en 9 días. Creo que eso no existe porque a mí me gustará una cosa y a ti, seguramente, te guste otra. Ahora bien, mi experiencia, estoy segura, te servirá de inspiración y guía para lo que tu quieras hacer en un futuro.

Comida en Galicia

Podría escribir un artículo dedicado solo a la comida en Galicia, y a los quilos que ganamos en algo más de una semana por allí. Comer en Galicia es una burrada: la gastronomía es espectacular y muy económica. Desde pulpo, pasando por caldos, carnes, tortillas – marisco no, que no nos gusta -, los vinos, la cerveza, la repostería… Galicia es el paraíso de los amantes del buen comer y te he ido dejando los lugares donde nosotros comíamos para que puedas tener una idea.

¿Quieres un consejo? Busca los locales sin pretensiones, esos a los que van las gentes de los pueblos y las ciudades, donde se reúnen los estudiantes y descansan los trabajadores. Ahí es donde estará la auténtica comida gallega.

Como te he dicho también, en algunas ciudades con la consumición tienes tapa (Lugo y Santiago principalmente), pero en otras el tapear es también algo muy común (como Ourense) y que se hace a muy buen precio y de muy buena calidad.

Donde dormir

Pues bueno, aquí no te puedo aconsejar mucho porque, y como sabes, esta ruta está hecha en furgo, así que dormimos en las áreas de autocaravana que encontrábamos por el camino, que excepto en la zona de las Rías Baixas donde tuvimos más complicación para encontrar un lugar donde dormir, son muy abundantes.

Hacer un viaje de este tipo al uso, esto es, pasando cada noche en un lugar, es algo más complicado, pero siempre puedes contratar alojamiento en alguno de los lugares que fueron nuestro campamento base y desplazarte desde ellos.

Entradas

Las entradas a los monumentos no fueron muchas. La catedral de Lugo, por ejemplo, es de visita gratuita. Lo que más caro nos pareció fue el Pazo de Oca, que nos costó 6 euros por cabeza. El resto de monumentos que visitamos nos costaron entre 1 y 2 euros, exceptuando también la Catedral de Tui, que no nos costó los 9 euros que pone en la web – yo creo recordar que fueron 5.

Si quieres acceder a otras catedrales tendrás que pagar, como en Ourense, o en Mondoñedo. Nos fastidió bastante que muchas de las iglesias que forman parte del camino estuviesen cerradas, ya que nos interesaba bastante visitarla. No sé qué manía tenemos por aquí de cerrar todas las iglesias – la de mi pueblo, el monumento más importante que hay allí, está siempre cerrada, y es una lástima. Pero bueno, que yo contra eso no puedo hacer nada.

Presupuesto

¿Cuánto costaría hacer un viaje así? Pues la verdad es que te diré que barato, barato, no es, pero tampoco caro. Para todos los días de viaje hay que tener en cuenta que nos gastamos “solo” lo que costaba el gasoil – unos 250 euros – y después las comidas – que la verdad, y al no pagar alojamiento, no escatimamos en ellas.

Tal vez te estés preguntando que qué furgoneta tenemos, si es que no nos has leído antes. No pasa nada, te dejo aquí el artículo donde lo explico todo. Tal vez te anime a hacer lo mismo que nosotros (en Santiago vimos un coche preparado con un colchón en el maletero, no digo más).

En comer nos gastamos dinero en menús desde 10 euros hasta 20. Comer en Galicia es muy económico, como te he dicho, y además yendo en furgoneta te da la opción de prepararte tú las cosas.

El tema entradas, iban desde el euro hasta los 6 (no pagamos ninguna entrada más cara que eso) y tuvimos que pagar en 4o 5 monumentos, el resto fue todo gratuito.

Como he explicado, nos alojamos una noche en un pazo que salió por unos 70€ dos personas con desayuno. El alojamiento quería que fuese especial porque era el cumple de JJ. Por ese precio – y por algo menos también – tienes bastantes pazos semejantes repartidos por toda Galicia.

Aquí nos alojamos.

Y hasta aquí todo lo que tenía que contarte sobre nuestro viaje a Galicia. Como ves, es un viaje muy particular, como suelen ser nuestros viajes. En algunos momentos improvisado, fuimos visitando aquello que nos apetecía en cada momento. Explicándotelo espero que puedas organizar tu viaje y que nuestra experiencia te sirva para tomar decisiones sin pretender condicionarlas; cada viajero es un mundo.

Disfrutad del camino, y cuidaos.

Una filósofa y un politólogo que amana viajar y lo hacen a pesar de los pocos recursos que tienen. Viajar es más que un capricho, viajar es una necesidad y aquellos que somos pobres en un primer mundo de opulencias tenemos derecho también a realizar nuestros sueños viajeros. Porque los pobres también viajamos.
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