Ruta de 6 días por Eslovenia

Eslovenia es un país pequeño, de no más de dos millones de habitantes, que es conocido por su naturaleza exuberante y su capital, elegante y tranquila, que invita al paseo y a la relajación. Con estos datos parece fácil construir una ruta por este estado europeo con una historia bélica reciente.


De todos aquellos países que formaban parte de la antigua Yugoslavia, Eslovenia es el que se ha adaptado mejor a lo que conocemos como la Europa Occidental. Eso, el turista, lo nota.

Si digo que el turista nota que Eslovenia sea el país que mejor se ha adaptado a Europa Occidental es porque su modo de vida difiere poco de lo que vemos en nuestras casas, en nuestros países de origen, si te encuentras en la misma circunstancia que yo.

Consejos prácticos

Los precios en Eslovenia son parecidos a los de España (de eso te hablo largo y tendido en otro artículo) y las atracciones principales no son baratas – te lo demuestro después. Comer y beber en Eslovenia está al nivel de España y el alojamiento parte de los 40€ en la capital, con apartamentos (en temporada baja). Tienes hostels por 35€, aunque yo de esto no te puedo hablar, porque viajé allí en furgoneta. Sí, aquí la ruta está adaptada para viajar a Eslovenia en furgoneta, pero no te vayas aún si no tienes una, ya que puede servirte perfectamente para despejar tus dudas a la hora de montar la ruta que vayas a hacer tú.

Si vas a viajar a Eslovenia por tierra, ya sea en vehículo propio o alquilando uno ahí, decirte que el precio del combustible es siempre el mismo en todos los sitios y en el mes de junio de 2023 estaba a 1,40€ el litro. Recuerda también que si quieres ir por autopista tienes que comprar la viñeta – aunque es útil a medias -, y de ello te hablo en el artículo que te he enlazado más arriba.

La viñeta se hace imprescindible en Eslovenia porque hay autopistas muy difíciles de evitar.

Si quieres volar hasta Eslovenia lo mejor es ir hasta Trieste y de allí acceder al país. Seguramente encuentres más vuelos y más económicos si vas a esta ciudad italiana que se encuentra a escasos kilómetros de la frontera con Eslovenia.

El tiempo que necesitas para visitar Eslovenia es relativo. Nosotros estuvimos seis días – bueno, uno lo aprovechamos para visitar otro país, también te lo cuento después – y con ello nos hicimos una idea de lo que era ese territorio. Claramente, no puedes absorber todo lo que un país te ofrece en tan pocos días, pero siendo tan pequeño como Eslovenia sí puedes recorrerlo en buena parte. Por lo tanto, para visitar Eslovenia – y si quieres ver lo que vimos nosotros – al menos te recomiendo cinco días. Si quieres visitar la capital, con un par de días ya va bien, y desde ella puedes acercarte a otros puntos de la ruta, aunque tendrás que ir en transporte público por un territorio montañoso.

Si lo que quieres es visitar Eslovenia como nosotros, esto es, si quieres viajar a Eslovenia en furgoneta, te digo que puede hacerse, pero no es uno de los países más camper friendly de Europa. Ya lo verás a medida que vayas leyendo el artículo, pero hay mucha diferencia de una parte a otra del territorio a la hora de pernoctar en Eslovenia. Aún así, y a pesar de las dificultades que presenta, creo que es una buena idea ir en furgoneta o caravana a Eslovenia porque es un país muy cómodo – incluso en los Alpes – y la carretera se disfruta, sobre todo si sales de las vías principales, que son bastante aburridas – como todas las vías principales.

Si ahora me preguntas cuándo es mejor viajar a Eslovenia, yo solo puedo hablarte de mi experiencia, y puedo darte la de otros que han estado allí más tiempo que yo. Mi experiencia se construye en el mes de junio, la primera semana de verano. Eslovenia es un país caluroso en el sur, y en los Alpes no lo es tanto. Las fechas en las que nosotros vamos (del 20 al 26 de junio más o menos) son buenas, porque los días son largos, hace más o menos buen tiempo y todo está muy florido y muy bonito. Yo apuesto por junio y septiembre como meses ideales para visitar Eslovenia. El invierno, parece ser, es algo más triste. Así como nosotros, por ejemplo, encontramos la capital, Liubliana, luminosa y brillante, en los meses más fríos la ciudad es también fría y triste. No es opinión mía, es experiencia de gente que ha estado viviendo allí. Ahora bien, tú no vas a ir a vivir a Eslovenia, vas a visitar el país. Como siempre digo, viaja cuando te lo puedas permitir, pero ten en cuenta todos los factores como temperatura, horas de luz, estado de las carreteras, etc.

Para entrar en Eslovenia no necesitas documentación adicional si eres una persona europea, con el DNI vas tirando. Sí es interesante, si viajas con vehículo propio, tener al carta verde por el tema del seguro. Es interesante también que lleves encima, como mínimo, la tarjeta sanitaria europea, que es gratuita y te cubre lo mismo que a las gentes del país que visitas – para eso quien viaja a España es una gran ventaja, y ojalá en todos los sitios así. La moneda en Eslovenia es el euro, y los precios, como digo, son parecidos a los de España – si no más altos en algunas ocasiones.

Y con estos datos, sin extenderme mucho más con el tema introductorio, voy a empezar con el diario de bitácora de nuestra ruta de 6 días por Eslovenia en furgoneta.

Itinerario de seis días por Eslovenia

Día 1: la costa, algunos grandes fallidos y rumbo al sureste de Eslovenia.

Los pocos kilómetros de costa de los que disfruta Eslovenia están concentrados en la parte oeste del país, entre Italia y Croacia, y es la zona por la que empezaremos nuestra ruta.

Escojo primero esta parte de Eslovenia porque intuyo que es la que menos nos va a gustar, así que mejor hacerla al principio, cuando todavía no has visto mucho del país y no puedes ir comparando. Es algo que intento hacer siempre en los viajes – aunque nunca sabes cómo va a salir eso -, el dejar para el final lo que creo que más me va a gustar, a mí o a JJ – en este caso pensando principalmente en él, teniendo en cuenta el motivo del viaje.

Koper deja estampas verdaderamente bonitas.

Entramos, por lo tanto, al país y ya con la viñeta en mano – o en el salpicadero – empezamos a recorrer la zona. Lo primero que hacemos es detenernos en Koper, pequeña ciudad costera donde fondean las enormes embarcaciones de crucero y que supongo que en otras fechas más veraniegas – estamos a la altura del 20 de junio – estará repleto de gente. Koper es nuestro primer contacto con el país y la verdad es que nos parece un lugar agradable, que se visita rápido y que con la poca gente que hay es bastante bonito.

Para visitar Koper tenemos que pagar el aparcamiento. Cerca del centro histórico, a orillas del mar, con los barcos cargueros y cruceristas a nuestra espalda, dejaremos allí un par de euros para estar más o menos una hora y poco.

De Koper nos vamos hasta el siguiente punto interesante de la península de Istria en su parte eslovena, la conocidísima Piran. Allí llegamos después de conducir por una carretera con alguna curva y aparcamos en la zona de pago, y es que no hay otra opción. Creo que pagamos dos horas (5€ 20), pero con menos seria suficiente. Cuando pagas tienes un autobús gratuito que te lleva hasta el centro de la ciudad, que se ve rápido.

La plaza de Piran es lo más conocido, con la estatua de Tartini, y vale la pena subir también hasta lo alto, hasta la Iglesia, para tener unas vistas más generales del lugar. Acercarse hasta la playa, si es que puede llamársele así, es también interesante. No lo es tanto por lo bonito de la costa como por la disposición de la gente en la acera del paseo para tomar el sol y pasar el día allí.

Piran y Tartini.

La playa son casi acantilados; se trata más bien de una piscina enorme de agua de mar – el mar entero, claro – que una playa al uso. Allí, con una cerveza que hemos comprado en el supermercado, nos refrescaremos un poco porque ya en esa época del año el calor, y en la zona, aprieta muchísimo.

La playa de Piran.

No visitamos más lugares de la costa, y es que a nosotros el mar no nos llama mucho la atención. Tenemos el Mediterráneo a 15 minutos en coche y lo pisamos muy poco. Lo que me interesa – lo que nos interesa – es ir visitando el país un poco más allá de lo más conocido, pero sin duda no pasamos de alto esos lugares. Lo que aquí nos saltamos será para muchas personas sacrilegio, pero hay que tener en cuenta nuestros intereses y, sobre todo, nuestro presupuesto y cómo lo vamos a invertir.

De la costa vamos un poco hacia el interior, y empezamos a ver otra Eslovenia. Llegamos hasta el Lago Cernika o Cer Cerkniško jezero en el idioma del país. Este lago es interesante por ser intermitente, uno de los más grandes de Europa. Es una zona que la gente de Eslovenia frecuenta mucho y la zona de aparcamiento es de pago hasta bien entrada la tarde. Nosotros damos un pequeño paseo por los alrededores y continuamos con la ruta, que será casi obligada pero sin pena ni gloria, cosa que ahora os voy a contar.

Pasamos de las grutas de Postojna y también del castillo de Predjama. Sí, así de claro lo digo. A las primeras nos acercamos, con la duda de si visitarlas o no, pero cierran pronto – cuidado con los horarios, que son bastante limitados – y Predjama ya está cerrado. Tendríamos la opción de esperar al día siguiente, pero hay dos cuestiones fundamentales que nos mueven a seguir con la ruta: la imposibilidad de pernocta con la furgo y el precio de las entradas.

Respecto a lo segundo, decir que la visita al castillo y a las cuevas son 40€ por persona. Somos dos personas, por lo que saldríamos a 80€. Si quieres, además, visitar la gruta del castillo, tendrás que pagar algo más, y serán 48€ por persona. Nos vamos casi a los 100€, que es casi lo que nos gastaremos en gasoil por toda Eslovenia. Lo siento pero no, o una cosa o la otra. Así, nos acercamos hasta el castillo, lo vemos desde fuera – no nos impresiona tanto – y continuamos, no sin antes parándonos a cenar en un lugar que encontramos a medio camino entre el castillo y la localidad de Predjama, un lugar en medio de la naturaleza, donde hace bastante fresco (tenemos que coger la sudadera) y sirven comida típica de la zona a precios más o menos razonables. Recordad que Eslovenia no es un país tan barato como pintan (aquí te hablo del asunto de los precios en Eslovenia), pero se puede comer bien por lo mismo que pagarías en un bar español.

Nuestro primer día de ruta termina un poco más al sur, hasta Orehek, donde hay un lugar de pernocta gratuita de caravanas – de las pocas que hay en el país – y desde donde empezaremos nuestra ruta al día siguiente.

Día 2: descubriendo el sureste de Eslovenia, los castillos olvidados y una frontera cercana.

Mi intención en este viaje es ir a los puntos más conocidos de Eslovenia – acabéis de leer lo que fue la primera etapa del viaje – pero también perdernos un poco por aquellos lugares menos frecuentados por los turistas. Para conseguirlo he hecho un trabajo de investigación bastante profundo en varias guías de turismo que mencionan esta parte de Eslovenia como la menos visitada. La curiosidad me puede y hasta allí que nos vamos.

Las guías que me han servido para montar este viaje dicen que esta parte del país está llena de castillos, iglesias históricas y monasterios. Eso es algo que nos gusta y pienso que está bien, teniendo tiempo, acercarse hasta ellos. Como he mencionado en el párrafo anterior, son pocos los turistas que van por aquella zona, y eso lo confirmaremos en nuestra primera parada del día: la localidad de Ribnica.

Ribnica se encuentra a 50 km al sur de la capital, y guarda todavía restos de su viejo castillo, que es hoy el museo municipal, y tiene un puente muy coqueto que se esconde tras un montón de flores. El centro de la ciudad es pequeño, no demasiado interesante, pero muy poco frecuentado por los turistas. Siendo pronto por la mañana, lo primero que hacemos es ir a tomarnos un café, por lo que entramos en un bar, el del pueblo, donde están los señores del pueblo haciendo lo que hacen los señores en mi pueblo – porque siempre son señores y muy pocas veces señoras –: sentarse y hablar, tomar café, alguna cerveza, y hablar. Nosotros intentamos mezclarnos con ellos. Me dirijo a la barra del bar y en inglés – porque esloveno no sé – pido cafés, aunque el nombre «café» intento pronunciarlo en la lengua local. Muestro dos dedos de mi mano y digo «kava», y afino el tiro diciendo «capuccino». El local es un local de pueblo, como sería en mi pueblo. En esos sitios me siento bien. Nos tomamos el capuccino, a 1,40€, y después vamos hasta la iglesia de San Esteban para terminar en lo que era el antiguo castillo, que era mucho mayor de lo que es hoy en día pero que sufrió un incendio en la Segunda Guerra Mundial y hoy en día queda lo que queda.

Para meterme un poco más en el tema de este castillo, que sería lo principal del lugar, decir que es sede del Museo de Ribnica y que en el que se encuentra parte del Museo de Artesania de Ribnica. Allí se trabaja mucho la madera y también la alfarería, y lo exponen con orgullo. Además, en el castillo está la oficina de turismo y yo me acerco allí para preguntar cosas sobre la zona. Resulta que trabaja una chica joven que se sorprende por ver turistas, y más que sean turistas extranjeros. Me pongo a hablar con ella, me explica lo de la artesanía, me cuenta que tienen allí tienes unos artefactos que son parecidos a los hórreos para secar la paja y el grano. Le explico que en España también hay de eso, en el norte del país, que es una parte húmeda y verde del mismo. La chica alucina. Nos ponemos a hablar sobre cosas varias y acabamos cayendo en el tema de la brujería. Empieza a mencionarme que allí hubo un proceso en el que mataron a brujas – todo esto en inglés, ni ella habla español ni yo hablo esloveno – y coge las llaves del castillo y empieza a hacernos una visita por la que pagamos 0€. En esa visita nos lleva hasta la torre donde está la exposición permanente sobre el proceso en contra de las brujas que hubo en el país a inicios de la Edad Moderna. Ella empieza a contarme sobre el asunto y, si me lees de vez en cuando, ya sabrás que a mí eso de las brujas me interesa mucho, y me interesa por lo que significa, no por lo que son. Le explico, entonces, el tema de Zugarramurdi, le hablo de la película y de otros procesos de brujería que hay en España más o menos por la misma época. Tenemos una conversación muy agradable que se extiende hasta casi una hora, en esa torre del viejo castillo de Ribnica, con la figura de la bruja como telón de fondo.

La visita al castillo de Ribnica termina porque debemos continuar con la ruta. Decidimos en ese momento acercarnos hasta una panadería y comprar pan. Encontramos una abierta, una especie de colmado – como el que puedes encontrar en el pueblo. Allí hay un chico que lleva puesta la ropa de trabajo y pide unas pocas lonchas de un embutido local que no alcanzo a distinguir y una pequeña barra de pan. La chica que regenta el local pesa el embutido, abre la barra de pan y le hace un bocata que él paga y se lleva, supongo, para comer en el acto. Yo la saludo y le pido, en inglés, pan. Ella ríe y me pregunta que si estamos de visita, y que qué hacemos allí, que no suele ir mucha gente. Le explico que somos de España y que estamos de ruta por el país con una pequeña furgoneta y que hemos ido allí porque nos gusta ver cosas menos turísticas. Me pregunta si me está gustando el país y le digo que sí – que es la verdad – y que me parece muy interesante su zona. La conversación sigue y compro un pan redondo hecho de harina de maíz que va a durarnos, al menos, tres días.

Salimos de Ribnica y nos dirigimos a nuestra siguiente parada, pero antes nos vamos a detener en un espacio donde poder sacar la tauleta y comer unas salchichas acompañadas por ese pan de maíz tan bueno que hemos comprado en la primera parada del día.

Continuamos con la ruta y nos dirigimos hasta otro castillo. Hace un calor infernal, estamos a 21 de junio y el sol cae a plomo. Es horrible caminar si no hay sombra, y si la hay casi que también. Llegamos a nuestra siguiente parada, que es el castillo de Zuzemberk, una gran fortaleza que se encuentra en restauración y que es de entrada gratuita. Lo de los monumentos gratuitos se ve en esta parte del país, como voy diciendo, menos frecuentada por los turistas.

El castillo de Zuzemberk.

A lo lejos, el castillo de Zuzemberk es muy fotogénico. En su tiempo sirvió como defensa ante la expansión del Imperio Otomano. En la actualidad está a medio gas y lo disfrutamos aunque con bastante esfuerzo porque la temperatura roza los 40ºC y es horrible andar. La brisa no es brisa sino fuego de dragón, y buscamos la sombra en los muros de la fortaleza. Damos un paseo por allí y cuando nos parece continuamos. No haremos visitas al Krka, ese río tan conocido y de aguas azules que se mete también en Croacia, en Bosnia-Herzegovina y llega a Serbia, desembocando en el río Danubio, en la ciudad de Belgrado. Qué bonita sería poder recorrer los lugares que atraviesan ese río; creo que sería una gran idea de viaje.

Dejamos este castillo y vamos hasta el siguiente. Como he dicho, este día será de castillos. Lo siguiente es Otocec, un castillo que se encuentra en medio de ese río que os acabo de mencionar, el Krka, en una isla y que es chulo de veras. Antes vamos hasta Novo Mesto y no le encontramos la gracia, así que esta ciudad te la puedes saltar, pero el castillo… el castillo no.

Como digo, este castillo se encuentra en una isla en medio del río. Está rodeado de agua y a él se llega atravesando un puente. Este castillo es un hotel de lujo, carísimo, pero te puedes acercar a verlo. Nosotros es lo que hacemos, y dejamos la furgoneta en un lugar en el que no debes pagar, porque allí hay también aparcamiento de pago.

El castillo de Otocec, hoy hotel de lujo.

A lo lejos este castillo puede que sea uno de los más fotogénicos del país. El reflejo de la fortaleza en el agua es fantástica, y vas a estar un buen rato mirando y haciendo fotos. Eso es, al menos, lo que yo hago. Después, como he dicho, cruzamos el puente y nos acercamos a las puertas de la construcción fortificada que es un castillo que tiene por precio, más o menos, 350€ la noche. Damos una vuelta por allí, también por los alrededores, muy disimuladamente y aprovechando que no hay muchos huéspedes. Después de eso volvemos a la furgo y continuamos con la visita, que cada vez va más hacia al sureste del país.

Desde allí nos vamos hasta el Monasterio de Kostanjevica, en Kostanjevica na Krki, la única localidad eslovena que se encuentra en una isla, rodeada por el río, y que visitamos en furgo porque sigue haciendo mucho calor y no le vemos más gracia que su disposición geográfica. Puede que la tenga, pero nosotros no somos capaces de encontrarla. Desde allí vamos hasta el monasterio que he mencionado a principio de párrafo y que es hoy en día un museo (7€ por persona, nosotros no lo visitamos en su interior) muy bonito y en un entorno precioso. Vale al pena acercarte hasta él si estás por allí.

Después de Kostanjevica nos acercamos hasta el castillo de Mokrice, otro castillo que es hotel per que a día de hoy está cerrado. En sus alrededores hay un club de golf que sí funciona, pero la fortaleza está cerrada a cal y canto. Lo dejamos atrás y vamos hasta Brecize, muy cerca de allí, donde hay otro castillo que es hoy en día museo y donde hay sitio para pernoctar de manera segura y gratuita.

El castillo de Mokrice, ahora hotel pero en esos días cerrado al público.

Lo primero que hacemos en Brecize es ir hasta la zona de pernocta, por si no encontramos sito para dormir porque parece ser que se acaba muy rápido. Dejamos allí la furgoneta y vamos a dar un paseo por el pueblo. El lugar nos gusta, con ese barrio que acaba al final con la Torre del Agua, muy fotogénica, y una calle principal muy agradable. Sigue haciendo mucho calor, así que nos metemos en un bar, donde hace mucho calor però no tanto como en el exterior, y nos tomamos unas cervezas – no son demasiado baratas, pero ayudan a refrescar el espíritu. Esa noche dormiremos allí y como estamos cerca de Croacia, pues…

Brecize.

Día 3: paso a Croacia: Zagreb y Varazdin

El tercer día de ruta, 22 de junio, y coincidiendo con el cumpleaños de JJ, decidimos irnos hasta la capital de Croacia, Zagreb. Puede que esto te parezca una locura, o puede que te parezca todo lo contrario. Para nosotros es una mezcla de ambas cosas, pero la locura siempre suele traer buenas cosas. Desde Brecize hasta Zagreb hay poco más de 40 km y unos 50 minutos de conducción. Poder visitar la capital de un país como Croacia, en el que no hemos estado nunca, es una cuestión que ni nos planteamos. Así, el día 22 por la mañana, después de haber desayunado en Brecize nos vamos hacia Zagreb. Cruzar la frontera supone entrar en un mundo distinto. Qué diferencia entre Eslovenia y esta parte de Croacia.

No voy a hablar mucho de Zagreb aquí por no salirme de la ruta por Eslovenia, pero decir que justo ese día, el 22 de junio, en Croacia se celebra el día de la resistencia antifascista y, por lo tanto, aparcar en toda la ciudad es gratuito. Sigue haciendo mucho calor, creo que el día que más calor pasaremos en todo el viaje. El sol sigue siendo plomo candente pero nosotros estamos emocionadísimos.

En Zagreb todavía se escuchan los ecos de un pasado terrible y no tan lejano, también los estragos de terremotos que hacen que la ciudad esté en obras. También la catedral está en obras, que no podemos visitar. Eso nos da igual, porque estamos contentos por poder visitar el segundo país nuevo para nosotros en cuestión de días.

Zagreb es una ciudad que nos gusta mucho, nada más pisarla. Es la desconocida de Croacia, o la menos apreciada, porque la gente se va a la costa a ver lo más turístico. Cantar en el búnker, probar la comida típica aún a buen precio, morir de calor paseando por las calles, subirnos al funicular más corto de Europa… lo de Zagreb es toda una experiencia que seguro repetiremos en un futuro.

Aunque la visita es rápida y tal vez desordenada, no dejamos pasar la oportunidad de visitar el Cementerio de Zagreb, el conocidísimo Cementerio Mirogoj. Encaramado en lo alto de la ciudad, el cementerio de Zagreb es un monumento en sí mismo. Nosotros no tenemos problema para llegar porque la furgoneta nos lleva hasta allí, pero si no vas con un vehículo que puedas manejar tú te recomiendo que cojas el autobús que te lleve hasta allí.

Después de haber visitado un poco por encima Zagreb y pasado por su célebre cementerio es momento de volver a Eslovenia. En ese punto del viaje tenemos la duda de si regresar al país que era motivo del viaje o quedarnos en Croacia. Hay un momento de duda/locura que acabamos disipando pensando en que todas las cosas a la vez no pueden hacerse, pero bien es cierto que viendo lo europeizado que está el país esloveno y lo diferente que es, al menos, esa parte de Croacia, nos apetece más movernos por Croacia que no por Eslovenia.

Si digo que hace calor, es que hace calor. La temperatura de la furgo cuando salimos de Zagreb.

Y como nos apetece movernos un poco por Croacia decidimos, antes de meternos otra vez en Eslovenia, hacer una visita más. Nos acercamos hasta Varazdin tras una investigación rápida de JJ mientras estamos tomando algo en Zagreb.

Resulta que Varazdin fue la antigua capital de Croacia, se encuentra a poco menos de 100 km de Zagreb y está situada junto al río Drava. De esta ciudad destaca su arquitectura barroca y el New York Times la incluyó en una lista de ciudades a visitar en el año 2014. A pesar de ello a nosotros nos da la sensación que el turismo no va mucho por allí, y eso nos gusta, porque a pesar del poco turismo, la ciudad es preciosa.

A nosotros, que esto del barroco no nos emociona, la ciudad nos encanta. Allí está el Ayuntamiento más antiguo de Europa y se la conoce como la Pequeña Viena por su arquitectura. Yo, que he estado en Viena, no sabría si compararla mucho con Varazdin. Más que nada porque Viena no tiene ese tremendo castillo tan fotogénico que nos recibe al atardecer. El castillo, muy parecido a todos los que hemos visitado en Eslovenia, es también museo.

Además, de Varazdin se dice que es la ciudad donde duermen los ángeles, y si la visitas sabrás porqué.

En Varazdin tomamos algo y regresamos a dormir a Eslovenia, y no sé recordar muy bien el lugar. Impresionante eso de transitar entre países por la noche y no saber a dónde vas a parar. La jornada termina aquí, y al día siguiente nos esperan más aventuras.

Día 4: vuelta a Eslovenia, la sorpresa del Este, una tormenta infernal, el mayor castillo medieval y la fuente de cerveza.

El día 4 de viaje nos llevará por el noreste de Eslovenia, y la jornada la empezaremos en Ptuj, una pequeña ciudad de la que leo maravillas y que me apetece mucho visitar. A ella llegamos pronto y nos acercamos hasta la oficina de turismo. Los visitantes foráneos no debemos ser muchos porque el chico que trabaja en la oficina me hace una explicación que es casi una visita guiada. Es impresionante la cantidad de información que me da y el entusiasmo con que me cuenta todo. No pasará lo mismo en la capital, eso os lo puedo asegurar.

Volviendo a Ptuj, decir de ella que es preciosa, ya para empezar. Las fotos que veas no le hacen justicia, a pesar de lo fotogénico del castillo en lo alto y del río rodeándola. Para disfrutar de Ptuj tienes que meterte en ella y pasearla. Ese día hace también calor, pero parece que no tanto, al menos no tanto por la mañana.

El carnaval de Ptuj es muy destacado, pero claro, eso no se da en junio. Lo que sí destaca en cualquier época del año es la arquitectura, dominada por el castillo y por la torre de la ciudad a los pies de la cual se encuentran los monumentos romanos de la antigua Poetoviona. Además, está el Monumento de Orfeo, una lápida romana de cinco metros de altura que se mezcla con la arquitectura barroca, con casas de color pastel, en una plaza preciosa, de las más bonitas que veremos en este viaje.

Es menester llegar hasta lo alto del castillo y aunque no lo visites porque el Museo regional, que es lo que hay en él, no te interese, sí debes llegar hasta las puertas para ver la perspectiva fantástica, increíble, de la localidad y el río abrazándola. Sin duda será esta una de las estampas más chulas del viaje. Al menos lo será en esta primera parte del viaje – aunque le sigue el castillo de Otecec.

Ptuj tiene también una parte muy animada, muy juvenil, donde hay cervecerías artesanales que son totalmente recomendables. Aunque la cerveza no sea barata, sí está muy buena. Una persona amante de la cerveza como yo lo va a disfrutar un montón.

De Ptuj vamos hasta el siguiente destino, que es Maribor, donde se encuentra la vid más antigua del mundo y que después de haber visitado Ptuj nos gusta, pero es que Ptuj es mucha Ptuj.

Paseando por Maribor.

Nos acercamos hasta la casa de la vieja vid, damos un paseo por su centro y allí decidimos que cómo molaría, después de haber pasado por 4 países en poco menos de una semana – esta historia no está en esta historia – falta uno para llenar el cupo, así que pensamos que lo bonito sería ir hasta Austria, que se encuentra ahí al lado.

Voy a pasar brevemente por este episodio, que acaba siendo fallido. Cuando empezamos a marchar hacia este otro país los casi 40 grados de la jornada se convierten en menos de 20, el cielo se cierra y a las 4 de la tarde parece que sean las 9 de la noche. Comienza una lluvia fuerte que acaba convirtiéndose en granizo enorme. Nos tenemos que resguardar en una gasolinera, no sé si es Austria o es Eslovenia. Cuando la tormenta para un poco damos media vuelta y volvemos a Eslovenia. La aventura es para recordar.

Después de este pequeño intermedio, continuamos, todavía con lluvia persistente y un cielo cerrado. Es difícil hacer nada con ese chaparrón y lo que nos queda es visitar el castillo de Celje, pero como digo, sigue lloviendo. Nos metemos en un centro comercial aprovechando que hay rebajas y hacemos algunas compras, buscando gangas que acabamos encontrando.

Cuando la lluvia remite vamos raudos hasta el castillo de Celje, la mayor fortaleza medieval de Eslovenia y cruzamos los dedos para que esté abierto. Resulta ser que sí, de modo que pagamos la entrada (7€ por persona) y empezamos la visita. Lo primero con lo que nos encontramos es con un ajedrez enorme y echamos una partida. El cielo amenaza otra vez lluvia pero nosotros somos así de especiales y en vez de visitar el castillo nos ponemos a jugar al ajedrez. Por cierto, y contra todo pronóstico, gano yo.

El castillo de Celje mola, la fortaleza está restaurada y la visitamos en total soledad. Dime tú quién narices va a visitar un castillo esloveno un 23 de junio después de una tormenta tremenda. Claro, nosotros y ya está.

Pasamos allí dentro un buen rato, hasta hora de cierre, y nos vamos del lugar cuando cierran las puertas de la construcción medieval a nuestras espaldas. Nuestra siguiente parada, la última del día, es Zalec, donde podemos dormir con la furgo y donde hay una fuente de cerveza en la plaza del pueblo. Es curioso la cantidad de plantaciones de lúpulo que encontramos por el camino, plantaciones que nos cuesta identificar.

La fuente de cerveza de Zalec.

La fuente de cerveza de Zalec, que sé que esto te habrá llamado la atención, es un chiringuito que hay montado y en el que tú compras una pequeña jarra que vas llenando con cerveza de los surtidores automáticos que hay dispuestos en el centro del espacio. Allí tienes también puestos de comida, así que para hacer la fricada es algo genial. El precio de la cerveza (con jarra incluida) son 10€ por 6 cervezas, aunque hay más precios y combinaciones. A mi juicio es algo curioso que te permite probar las distintas variedades de esta bebida que tanto producen en Eslovenia.

La segunda anécdota del día se traduce en que – y es que hay más anécdotas – estando en la furgo escuchamos música. Resulta que hay un concierto en un lugar cercano, de modo que nos bajamos de la furgo y nos vamos hasta allí. Los chicos que tocan son Funk Fact y a mi me gustan mucho. Es una buena forma de entrar en el verano.

Día 5: la capital de Eslovenia y rumbo al norte

Estamos ya en el quinto día de viaje por Eslovenia, y es momento de movernos hasta la capital. Ljubjana es una ciudad conocida y parece que es muy bonita. Nosotros vamos con la mente abierta y con la idea de encontrarnos cualquier cosa. Conseguimos aparcar gratis cerca del centro porque es fin de semana, así que un gasto menos que vamos a tener.

Sí, Ljubjana es tan bonita como la pintan. Es súper fotogénica, y ese día hay un tremendo cielo azul moteado por algunas nubes que hacen del lugar una especie de cuadro realista, de líneas exquisitas, puras y limpias. Los puentes, el dragón, lo limpio que está todo, pero lo caro que es también. Para comer acabamos en un puesto de comida turca porque el precio que hay para tomar algo en el centro de la ciudad nos parece desproporcionado.

Subimos andando hasta el castillo – venga, a sudar – y no accedemos porque la entrada es cara y lo que hay dentro tampoco nos interesa mucho. Nos pateamos casi toda Ljubjana y tomamos un café en uno de esos locales que a mí tanto me gustan, raro, con música techno a las 4 de la tarde, con mobiliario reciclado, de espacios amplios. Me recuerda un poco a los Ruin Pub de Budapest. Seguramente sea algo parecido. No recuerdo el nombre, lo siento, no lo apunté.

En Ljubjana también paseamos por el mercado, compramos quesos regionales, y en una de las plazas echamos otra partida de ajedrez en un encuentro de ajedrecistas que hay. Esta, creo, la gana JJ.

Salimos de la ciudad buscando un lugar para dormir, y tenemos que ir acercándonos a la montaña. Es difícil encontrar un sitio gratuito donde poder dejar la furgoneta, pero lo acabamos encontrando en un pueblo perdido en la montaña del que tampoco recuerdo el nombre. Al día siguiente nos queda uno de los grandes del país.

Día 6: lagos, montañas y salida del país

El día 6 de viaje por Eslovenia nos lleva, claro, por la zona de los Alpes julianos, más o menos. Lo primero que hacemos es ir hasta Kropa, una localidad que te puedes saltar completamente, y después ponemos rumbo hasta Radovljica, a la que nos cuesta llegar sangre, sudor y lágrimas, no por lo complicado del camino sino porque ese día se celebra la vuelta ciclista al país y hay carreteras cortadas.

Finalmente llegamos a Radovljica, dejamos la furgo en una zona gratuita y nos adentramos en la localidad, buscando su parte histórica. Que sepáis que veremos la competición de ciclismo pasar por la ciudad.

Radovljica, donde lo demasiado duce empalaga.

Radovljica es una ciudad medieval, productora de miel y chocolate, y es muy coqueta. Aunque su centro histórico sea pequeño y muy recogido, el lugar merece la pena. Las viviendas datan de entre el siglo XVI y el siglo XVI. Nosotros, que todavía no hemos desayunado, nos tomamos un café y una tarta típica en un lugar súper agradable en la plaza principal de la localidad. Hay cosas por ver allí, però están todavía cerradas y el tiempo apremia. Sufro por lo que viene seguidamente, por si podremos llegar o si será una decepción.

La visita a Radovljica termina, y tenemos la suerte de poder salir de allí sin problema, no como la llegada.

En esta parte del viaje, que intuyo más problemática por la turistificación – algo que estamos viendo con la masificación y desorden de los cámpings -, quedan las grandes cosas que hacer en Eslovenia, o al menos un par de ellas. Primero estarán las Gargantas de Vintgar, un imprescindible según todo el mundo, que no visitaremos però al que sí llegaremos.

Podría extenderme mucho en el relato y las impresiones sobre esta atracción turística en Eslovenia, la más visitada – dicen – del país y que me sorprenden mucho – la primera del día, después será todo así – porque para acceder a las Gargantas de Vintgar hay un torno – como el de las estaciones de metro, sí – que evita el paso de la gente si no paga la entrada – 10€, creo recordar – y que cierra por completo el espacio natural. Apuntar que además de pagar la entrada para acceder a las gargantas tienes que pagar por dejar el vehículo aparcado, y ni se te ocurra dejarlo fuera de la zona e pago porque te van a multar. La visita a las gargantas te saldrá por unos 30€. en el caso que seas dos personas como nosotros. No estoy dispuesta a pagar por ello, siendo además notorio que el pago no es por la preservación del lugar – no hay límite de acceso diario como sí en otras atracciones naturales en otros países – sino por un claro fin recaudatorio. Así, damos media vuelta y vamos con lo que falta de jornada.

Y bueno, sí, lo que ahora queda es EL LAGO. Nos queda, claro Bled. Y madre mía, qué miedo me da Bled. Es que las expectativas son tan altas, el país nos está dejando a veces un sabor de boca mediocre que no sé bien qué esperar. Voy a Bled con la alerta puesta al máximo.

Las colas de vehículos antes de llegar al Lago Bled.

El camino hacia Bled se hace largo porque hay embotellamientos. El acceso hasta el lugar está concurrido – creo que debe ser, además, domingo – y ver tantos coches me pone de los nervios. Seguimos conduciendo, lentos, y entramos en una zona construida que me recuerda al Titisee alemán y empiezo a pensar que va a ser más de lo mismo. Gente andando, intentando aparcar, mucha toalla. Ya verás, me digo, qué fiasco.

Bordeamos el lago por una carretera estrecha y sinuosa que, como digo, transcurre entre construcciones orientadas hacia el turismo de masas – al que pertenecemos – que se cree otra cosa. Buscamos sitio para aparcar pero aquí no hay, allá tampoco, esto está muy lejos, aquí se paga y no queremos bañarnos. Sin darnos cuenta hemos salido de los alrededores del lago y no hemos ido a ningún sitio interesante.

Paramos un momento y enderezamos al situación. El castillo no nos interesa, pero seguro que desde allí hay unas vistas brutales. Cierto es que en ese conducir errático hemos visto el azul del lago y la pequeña iglesia a lo lejos que no nos deja indiferentes, y suponemos que eso es lo atractivo – nos lo parece, no creas aquí no apreciamos la belleza de esa naturaleza deslumbrante que hay más allá de lo modificado –, y nosotros queremos saber dónde se encuentra esa vista típica de Bled que tanto entusiasma.

Damos media vuelta y ponemos en el navegador, como destino, el Castillo de Bled. Conducimos por una carretera sinuosa en la que, unos centenares de metros antes de llegar arriba, encuentras espacios donde dejar el vehículo de manera gratuita, aunque esté lejos y tengas que subir cuesta arriba. Nosotros continuamos, esperando ver qué hay al final del camino. Acabamos llegando finalmente a la zona de aparcamiento, de pago – claro, y cómo no.

La zona de aparcamiento, aunque amplia, no es suficiente para todo el turismo que llega hasta allí – y pensad que todavía no hemos entrado en el mes de julio. Hay, intuyo, transporte público que te acerca hasta ese punto. Nosotros, como sabes, vamos en vehículo propio, así que con la fortuna muy de nuestra parte encontramos la única plaza que queda libre en toda la esplanada para poder dejar la furgoneta. Un señor se nos acerca, el vigilante del aparcamiento, y nos cobra los 3€ que cuesta dejar el vehículo estacionado durante una hora. Pagamos y vamos hacia el castillo, que no visitamos porque cuesta 12€ por persona y tampoco creemos que sea demasiado interesante lo que haya dentro – como les pasa a muchos castillos en este país.

Pero nosotros no hemos ido hasta allí en vano, y escogemos caminar por le margen derecho de la fortaleza, a los pies de la misma, y por un sendero que, si quieres, te lleva hasta la parte más baja del lago. Vamos, que hasta el castillo puedes subir caminando campo a través, no sin un esfuerzo considerable para conseguirlo, porque es todo cuesta arriba, con una pendiente considerable.

Seguimos ese camino y pocos metros más allá encontramos un pequeño sendero que se desvía a la izquierda. Lo subimos, haciendo uso de nuestras manos para no perder el equilibrio, y entonces, allí, encontramos unas buenas vistas del lago que son, sin ninguna duda, impresionantes. El rato que nos queda, casi hasta llegar a la hora que hemos pagado para aparcar, lo vamos a pasar disfrutando de las vistas, yendo hacia un lado y otro, haciendo muchas fotos y diciendo ostras, pues sí que es grande y bonito esto.

En ese lago, el Bled, hay algo más que quiero mostrar a JJ, aunque él el lago lo tenía estudiado porque resulta que Eslovenia era uno de los posibles viajes que había pensado para uno de mis cumpleaños. Como en esa partida de ajedrez en el castillo de Celje, me anticipo a su jugada y gano. Sabiendo que este es un lugar a visitar, un elemento que lo hace interesante es la antigua mansión del dictador Tito, lo que se conoce como Vila Bled

Hoy, ese lugar se ha convertido en un hotel de lujo – qué impresionante el devenir de la Historia y como todo construye su sentido, totalmente contrario aparentemente – frecuentado por gentes de bien – seguramente –, bastante caro y en el que ese día hay una fiesta pero al que, incluso yendo en mallas y camiseta sudada por el calor, puedes acceder sin problemas y ver un poco cómo era aquel lugar, aunque si quieres visitarlo en serio tienes que reservar.

Lo interesante de Villa Bled, en realidad, es su cafetería, conocida como Belvedere Cafe, algo así como el el café de las vistas bonitas Dejando el vehículo en el aparcamiento del hotel, sin pagar, te vas andando por la izquierda – me guía el botones del hotel – y subes unas escaleras hasta llegar al que fue el saloncito de té de Tito.

Las vistas desde el Belvedere Cafe.

Sobre este lugar podría escribir un artículo completo – ¿tal vez debería hacerlo? -, y es que el espacio lo merece. Tal vez por su arquitectura – impresionante como se integra el hormigón con lo verdísimo del lugar –, tal vez por su historia – la crème de la crème se reunía allí para hacer ellos sabrán qué – o por su localización. Como digo, este sería otro capítulo de la historia. Nosotros decidimos sentarnos en la terraza, a primera línea de lago, y tomarnos un café tranquilamente. No, el café no es barato, pero su precio tampoco es una barbaridad – el capuccino son 4,30€.

Confieso que sentarnos en esa pequeña mesa es de lo más extravagante que hacemos en este viaje. Lo es por llegar hasta allí con una furgoneta de segunda mano y haciendo nuestras necesidades durante el viaje dentro de un cubo de pintura o duchándonos con dos litros de agua cada vez. Es extravagante porque dos personas de pueblo, humildes, con recursos limitados y con vidas nada fáciles consiguen conquistar un espacio que a priori no está destinado para ellos. Aquello, para nosotros, es una conquista. Eat the rich.

(Sí, chica, però bien que pagas los 4 euros de café, dirás. Pues como tú cuando vas a la cadena cafetera esa con tu ordenador a sentirte especial).

No es necesario, por otra parte, tomarte nada para disfrutar de las vistas porque puedes asomarte a la terraza, un poco más arriba, subiendo unas cuantas escaleras de hormigón más, y libremente ver aquella maravilla natural que el ser humano tan juiciosamente ha sabido transformar para convertir una estampa natural magnífica en una obra de arte maravillosa. En esos momentos, mientras descansamos a la sombra de lo que antaño fue un centro de poder importante, pensamos que hace 100 años, con el paisaje todavía virgen, el lujo de estar allí era todavía mayor.

Dejamos las reflexiones atrás y continuamos con nuestro viaje, hacia otro lago, todavía mayor y que los eslovenos prefieren – o eso nos dicen todas las gentes con las que hablamos durante el camino, que no son pocas. Se trata del Lago Bohinj, la playa alpina de Eslovenia. Allí las gentes del lugar se reúnen para pasar el día, con su nevera para los refrescos, su fiambrera para la comida y su sombrilla para el sol. Aparcar en este lago es también de pago, aunque puedes dejarlo un momento, si no te pilla la policía que está eternamente vigilante, para acercarte hasta el lago y luego marcharte. Si no quieres pasar allí la jornada no es necesario que inviertas tu dinero en aparcar el vehículo; puedes ir allí de paso y ya. Aunque la masa lacustre es inmensa y las gentes de Eslovenia la prefieran a la otra porque es menos turística – entendamos «turismo» como personas que vienen de fuera, porque aquello está lleno de gente del país –, después de haber pasado por un sitio tan bello como Bled este te sorprenderá por su inmensidad pero no te va a llegar – a mí no me llego, vamos – tan a dentro de tu ser como Bled.

Apuntar que la imagen icónica de la pequeña iglesia junto al lago es una de las más fotografiadas de Eslovenia. La iglesia se puede visitar y vemos cómo un señor vigila su vehículo por si viene la policía mientras una señora mayor, acompañada de una chica algo más joven, camina lentamente hacia las escaleras del pequeño templo para poder llegar hasta la puerta del mismo y visitarlo. Al señor se le ve nervioso porque si no pagas te multan. La señora y la chica más joven llegan hasta la iglesia, hacen lo que tienen que hacer y regresan al vehículo lo más rápido que pueden. A mí, esa escena, me rompe el corazón porque es una tónica que viene repitiéndose durante el viaje. Eslovenia será muy verde – no más que otros lugares – y eso aumentará su belleza, pero tiene una parte oscura que se percibe a poco que observes.

De este lago, ahora, vamos hacia el Paso de Vrsic, en pleno Parque nacional de Triglav. Voy a apuntar en este momento que cuando estuve montando la ruta dudé: no sabia cuánto tiempo debía invertir en esta zona. Lo que me hizo estar allí solo de paso fue lo complicado del aparcamiento y la pernocta. Si buscas zonas donde dejar la furgoneta es complicado encontrarlas. Las que hay son de pago y caras – te cobran 18€ por dejar el vehículo y dormir en una zona sin asfaltar en medio de la nada – y pensando poder quedarnos en un cámping, viendo cómo están de saturados y que parecen campamentos improvisados decidimos que lo que queríamos ver del país, o la aproximación que buscábamos, está hecha.

Es aquí cuando pensamos que vamos a ver algo de lo que hay en la zona, sin demasiada prisa y, sabiendo que el día es largo, ir hacia el Paso de Vrsic hacia el final del día, antes del anochecer.

Antes de eso intentamos descubrir algunos otros lugares de naturaleza, y decidimos acercarnos hasta una cascada de la que no recuerdo el nombre, cercana al último lago que hemos visitado. Llegamos hasta allí, dejamos la furgoneta en un espacioso lugar de aparcamiento gratuito y vamos hacia la entrada de la cascada. Hay poco más de medio kilómetro de camino pero cuando vamos a acceder vemos que hay otro torno y una caseta en la que te venden el ticket de acceso – si no recuerdo mal son 4€ por persona – para llegar hasta la cascada. Nos quedamos mirando y damos media vuelta.

Antes de llegar de nuevo a la furgoneta un chaval nos pide por favor, en inglés, que si podemos llevarlo hasta donde tiene aparcado el coche, porque su pareja se ha hecho daño caminando y no puede llegar hasta abajo. Hay un buen trecho hasta la zona de aparcamiento inferior, así que lo subimos a la Agrovan y lo llevamos hasta donde tiene su coche.

El chico es polaco y viaja más o menos como nosotros. Dice que está pensando en irse a vivir a Eslovenia, porque el país le gusta mucho ya que tiene mar y tiene montaña muy cerca. Yo le comento que a mí Eslovenia me recuerda a ciertas partes de España como Huesca e incluso Asturias. El chaval flipa cuando descubre que España no es solo Andalucía. Eso les ha pasado a algunas personas más durante este viaje, con las que he hablado y he descrito España desde mi percepción.

Dejamos al chaval en su vehículo, nos agradece infinitas veces que le hayamos ayudado y nosotros seguimos con nuestra ruta que, como ya he dicho, va hacia Vrsic.

Este trayecto, el que nos lleva hasta el Paso de Vrsic, puede que sea una de los más bonitos de este viaje. Conducir por la carretera es ya una experiencia. Pastillita en estómago empezamos a subir metros y en un momento dado parece que vayamos a tocar la punta de la montaña. La guinda del pastel, antes de empezar con las curvas del paso de Vrsic, es llegar hasta el Lago Jasna, un enclave precioso.

El precioso Lago Jasna.

Dos lagos artificiales conectados entre sí dibujan una estampa brutal en los Alpes eslovenos. La montaña verdísima, el agua muy azul y un cielo claro hacen de aquel espacio un sitio en el que pararse. A punto estamos de quedarnos a dormir allí, pero lo caro del aparcamiento, lo saturado de los cámpings y todo lo demás que hemos ido viendo durante el viaje hace que decidamos seguir adelante. Hay gente que duerme en los aparcamientos donde está expresamente prohibido hacerlo. Nosotros no nos arriesgamos y la zona tampoco nos interesa tanto. Aunque la naturaleza es brutal, no tenemos pensado hacer senderismo ni nada parecido, así que seguimos hacia el paso de montaña, llegando hasta el punto más alto, deteniéndonos, sintiendo el fresco y disponiéndonos a acabar esta ruta de seis días por Eslovenia, intensa y maravillosa.

Paso de Vrsic, el broche final de este viaje por Eslovenia.

Descendemos el paso a modo de despedida del país. El día va apagándose a medida que la altura desciende. Llegamos a Italia bien entrada la noche, con nocturnidad. Hemos decidido dejar Eslovenia atrás y dormir en ese otro país en el que hay mucha más facilidad para descansar sin demasiada presión. Cerca de la frontera – intuyo que así es – hay una zona de pernocta. Llegaremos allí como unos bandidos, como extraperslistas, sin saber muy bien dónde estamos. Al día siguiente nos despertaremos en Italia, en medio de la naturaleza, al lado de unas grutas cerradas esos días al público.

Nuestro viaje por Eslovenia ha llegado a su fin, pero no nuestra aventura, a la que le quedan aún un par de jornadas – el regreso es largo – y alguna que otra sorpresa. La historia, esa historia de regreso – también la de la ida – es otra historia que tal vez cuente otro día, en otro artículo, pero con la misma mirada.

Mapa de los sitios visitados


Eslovenia nos gusta. Es un país bonito, con mucha naturaleza, con ciudades muy bonitas y muy interesantes. Pero Eslovenia no es lo que esperaba ni la una ni el otro. Siendo un sitio interesante por lo anteriormente dicho, no encuentro que sea un país especial. El progreso hace que pierda parte de su autenticidad y, excepto en los lugares menos turísticos, todo está dispuesnto para que el visitante se deje la mayor parte de su presupuesto.

Eslovenia no es un país barato para viajar, atrás quedan las cervezas por pocos céntimos de euro o comer por cuatro duros. Siempre es positivo que los lugares avancen, però yo sigo pensando en esa família en el lago Bohinj.

Consideraciones finales

Esta ruta es la que yo armé pensando en los gustos de JJ, qué podía interesarle y qué iba a disfrutar más. Seguramente mientras hayas ido leyendo todo lo que te cuento habrás pensado que hemos hecho cosas absurdas por acción o por omisión. Como digo, el viajar es cosa muy personal y en nuestra personalidad y nuestro ser no caben ciertas cosas – aunque a veces tengamos que pasar por ellas.

También verás que el viaje está hecho en furgoneta. Sería imposible realizar una ruta como esta de otro modo a esas alturas del año y en un lugar tan turístico como Eslovenia. Cierto es que te gastas dinero en combustible, pero también es cierto que todo lo demás compensa. Si planificas bien los kilómetros y los repostajes te puedes ahorrar un buen pico. Y piensa que 10 días de ruta en total – Eslovenia será el fin principal pero el viaje no se agota ahí – pueden salirte muy caros si viajas de otro modo.

Si te estás preguntando qué es lo que recomiendo que no te pierdas, yo podría decirte un par de cosas: por una parte el Lago Bled, un imprescindible, la capital del país Liubliana o la localidad de Ptuj. Si tuvieses poco tiempo para visitar Eslovenia yo te recomendaría esos tres sitios. Si tuvieses tiempo y libertad de movimientos, te animaria a que te movieses por esa parte menos turística del país, como hicimos nosotros, y que te mezclases con la gente local intentado comprender un poco más el ser de esa parte del Este de Europa.

Por otra parte, yo te recomendaría que invirtieses, como mínimo, el tiempo que invertimos nosotros. Como verás, estuvimos muy de paso por algunos lugares más turísticos pero que no eran mucho de nuestro interés e invertimos más tiempo en otros que son menos frecuentados aunque que a nosotros nos parecían interesantes. Ten en cuenta que nosotros hicimos el viaje a principios de verano, por lo que hay más horas de luz y aprovechas más los días. Eso no pasa en otras épocas del año y es un factor con el que debes contar a la hora de organizar tu ruta.

Te recomiendo que, como nosotros, aproveches una jornada, si estás por el sur del país, para visitar la capital de Croacia. Eso fue una de esas cosas que hizo del viaje algo más especial, si cabe. He puesto esta parte del viaje en este diario/relato porque creo que forma parte de esa semana casi completa que pasamos en Eslovenia. He dejado de lado otras visitas coyunturales porque no te ayudarán tanto en la construcción de tu propia ruta. Si a caso, y como he ido mencionando a lo largo del texto, esa experiencia de ida y vuelta del país la cuente en otro artículo que acabe recogiendo todo. Ya te digo que el camino no tiene desperdicio.

Y creo que aquí voy a terminar esta historia, una historia que cuenta una visión muy personal de un país muy frecuentado por nosotros, los turistas. Termino con la esperanza de que mi relato te sirva para formarte una opinión del país, aunque no tiene por qué ser la misma que la mía.

Hasta aquí nuestro viaje de seis días por Eslovenia. Gracias por leerme.

Una filósofa y un politólogo que amana viajar y lo hacen a pesar de los pocos recursos que tienen. Viajar es más que un capricho, viajar es una necesidad y aquellos que somos pobres en un primer mundo de opulencias tenemos derecho también a realizar nuestros sueños viajeros. Porque los pobres también viajamos.
Entradas creadas 201

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Publicaciones relacionadas

Comienza escribiendo tu búsqueda y pulsa enter para buscar. Presiona ESC para cancelar.

Volver arriba
A %d blogueros les gusta esto: