La Selva Negra | Una ruta y una opinión personal

La Selva Negra es un destino muy visitado en Alemania. Los pueblos de cuento, las ciudades preciosas, los paisajes increíbles… son los atractivos principales de esta región del sur del país germano. Son muchas las personas que hablan de la Selva Negra, son muchas las que hablan de lo mismo. Yo hablaré de lo que me encontré en la Selva Negra, de si me gustó o no. Sigue leyendo y te cuento.


Nuestro paso por la Selva Negra viene después de nuestro paso por Alsacia. Es esta ruta un viaje muy típico: unir Alsacia y la Selva Negra. Parece que la una no pueda vivir sin la otra, y es normal, porque son dos regiones que están pegadas y las separan unos pocos kilómetros. Para mí es una buena idea unir estos dos destinos – porque así vistas también dos países – pero tienes que saber que Alsacia y la Selva Negra se parecen casi en nada.

Parece Alsacia, pero solo un poco (Gengenbach).

No va a ser este el lugar donde compare Alsacia y la Selva Negra, tal vez eso deba hacerlo en otro artículo, pero sí debo decirte que no te esperes en una lo que has encontrado en la otra. En nuestro caso, hicimos primero Alsacia y después la Selva Negra. Había leído cosas maravillosas de ambos lugares y lo cierto es que el primero me sorprendió para bien y el segundo me dejó un poco tocada por haberme fiado de ciertas opiniones. Nada más voy a decir al respecto aquí, como acabo de apuntar.

Por lo tanto, me voy a poner con los consejos y las recomendaciones que creo debes tener en cuenta para organizar tu visita a la Selva Negra. Comencemos.

Cuánto tiempo necesito para visitar la Selva Negra

Nosotros visitamos la Selva Negra en un par de días, pero para visitar la Selva Negra en profundidad vas a necesitar más tiempo. La Selva Negra es un territorio extenso, diverso – y tal vez difuso – que te lleva de una punta a otra de la región si quieres estar en los sitios más importantes de la misma. Además, la Selva Negra es montaña, aunque también llano, por lo que dependiendo del lugar que visites necesitarás más tiempo de conducción.

La Selva Negra es también naturaleza, muy frondosa, y si quieres hacer rutas senderista el tiempo de visita se incrementará considerablemente.

Así, creo que para visitar bien la Selva Negra necesitas al menos 4 días si no quieres perderte nada y quieres hacerlo de forma cómoda. Otra cosa es que quieras seguir nuestros pasos; entonces, con un par de días será suficiente.

Cuál es la mejor época del año para visitar la Selva Negra

Nosotros la visitamos a principios de verano, esto es, a finales de junio. En esos días las temperaturas en la Selva Negra, y en lo alto de la montaña, eran bajas – no superaban los 18ªC a pleno día. Por lo tanto, creo que no me equivoco si digo que la mejor época para visitar la Selva Negra es a finales de primavera o en verano, ya que el resto del año suele ser un territorio frío y húmedo.

Ahora bien, esto no quiere decir que en invierno no sea una buena idea visitar esta zona, yo personalmente lo haría, aunque debes pensar en las horas de luz, que son menos, también en la temperatura, y en las cosas que puedas hacer en los espacios de naturaleza, que serán diferentes a las que harás en otras épocas del año.

Intuyo que el otoño es también una muy buena época para visitar la Selva Negra, ya que los colores allí deben ser espectaculares. Sin duda esa parte del sur de Alemania debe tener un encanto especial después del verano.

Cómo me muevo por la Selva Negra

Lo mejor para moverte por la Selva Negra es el vehículo por carretera. Aunque bien es cierto que puedes moverte en transporte público, este se reduce al autobús, por lo que vas a ir también por carretera. A algunos lugares no llegan trenes – ten en cuenta que es territorio rural en gran parte – y a veces ni el transporte público – como en la gran mayoría de los territorios rurales. Así, alquílate un coche, una furgo, una caravana… lo que te apetezca, pero si quieres moverte por allí y hacer el viaje en condiciones, mejor por carretera.

Y para hacerte la vida más fácil, no te olvides de llevar contigo – o pedir si no tienes – el círculo azul, que te va a permitir aparcar en las zonas gratuitas controladas de las diversas ciudades o pueblos.

En este artículo te explico qué es eso del círculo azul y cómo puedes hacerte con él.

Qué puedo ver en la Selva Negra

Pues en la Selva Negra puedes ver naturaleza, puedes ver ciudades bonitas, puedes ver pueblos bonitos, puedes meterte en baños termales… En realidad la Selva Negra tiene muchas opciones y, a mi juicio – y después de haberla visitado –, lo mejor de la Selva Negra está fuera de las rutas turísticas más conocidas, de modo que te recomiendo que la explores a placer y te apartes de los hits más manidos que para mí fueron los más prescindibles.

Así, te voy a decir ahora cuál fue la ruta que hicimos nosotros en la Selva Negra. Te voy a dar también mi opinión al respecto y ya te aviso que hay cosas que me gustaron muy poco tirando a nada. Vayamos, entonces, con una ruta en coche – o furgoneta – por la Selva Negra.

Una ruta por la Selva Negra

📍 Primera parada – Baden-Baden

Lo primero que visitaremos en la Selva Negra – y hay que tener en cuenta que venimos de Alsacia y hemos terminado en Strasbourg – es la ciudad termal de Baden-Baden. Conocida por lo beneficioso de sus aguas ya en la Antigüedad, hoy en día sigue siendo un lugar al que se acude para disfrutar del termalismo.

El termalismo es la razón principal por la que nosotros vamos a Baden- Baden, ya que lo que nos ofrece la ciudad más allá de ello no nos atrae demasiado. También famosa por su Casino, es un lugar de descanso estival de las personas con más posibles que menos, aunque la puedes disfrutar con cualquier presupuesto – y nosotros somos el ejemplo.

Solo hice una foto a Baden-Baden; nos pasamos el día a remojo 😊

Baden-Baden nos parece agradable nada más llegar, metida entre tanto verde y rodeada de montañas, con esos edificios elegantes y amplias avenidas. Dejar la furgoneta, a nuestra llegada, no va a ser complicado porque ya no pagas aparcamiento en el centro, pero debes tener en cuenta que si quieres estacionar tu vehículo en Baden-Baden vas a tener que pagar. Los precios no son como en España, y seguirán la tónica general de toda la Selva Negra: unos dos o tres euros por hora y con tiempo muy limitado. Ten esto en cuenta para cuando vayas a preparar tu viaje.

Nosotros queremos ir al día siguiente a pasar la mañana a las aguas termales, y escojo hacerlo en las Termas Caracalla porque son las más económicas. Nos cuesta 20,5€ por cabeza 3 horas de terma con sauna (nudista) incluida La tarifa normal no es esa, ya que por 3 horas de termas con sauna pagas 25,5€, pero esos días hay una promoción y nos dan tres horas por el precio de dos.

Habrás leído que la sauna – separada del resto de espacios – son nudistas y, claro, debes ir totalmente en pelotas. Será nuestra primera experiencia de ese tipo, y ya os digo que no será la última.

Después de las termas, a la mañana siguiente de haber llegado a Baden-Baden, damos una vuelta por la ciudad, por los parques, cerca del Casino, y también nos vamos al jardín de rosas que a finales de junio está ya a medio gas. Cuesta un euro entrar pero no vale la pena porque lo veo desangelado, nada que ver con lo que te encuentras en las imágenes por internet.

Saldremos de Baden-Baden para poner rumbo a otro lugar de la Selva Negra, aunque la ciudad ofrece muchos más atractivos, sobre todo en verano y en los días siguientes a los que nosotros visitamos la ciudad. Te dejo el enlace de turismo de la localidad para que le eches un vistazo y puedas organizar tu ruta.

📍 Segunda parada – Sasbachwalden ¿el pueblo más bonito de Alemania?

He leído en un montón de sitios que hay un pueblo en la Selva Negra, Sabachwalden, que resulta ser el más bonito de Alemania. ¡Cómo no vamos nosotros a visitar el pueblo más bonito de un país! Así, ponemos rumbo por la que fue la primera carretera panorámica de Alemania, o la más antigua, la que se conoce como Schwarzwaldhochstraße o Carretera de la Alta Selva Negra.

Sin lugar a dudas, ir por esta carretera es una delicia: bosques densísimos, montañas imponentes y un trayecto de corte sinuoso. Pero esta carretera, y por mi planificación de ruta, no va a ser un fin en sí misma sino un mero trámite para llegar hasta el pueblo de Sasbachwalden. Craso error. Ve por la Schwarzwaldhochstraße y disfruta de todo lo que te ofrece, invierte un día o dos – o tres – en ella y no te dejes llevar por las prisas, tampoco por las expectativas de lo que vendrá. Ahora en frío, cuando escribo, soy más consciente aún de que mi planificación de la ruta por la Selva Negra no es la correcta. Sin ningún lugar a dudas no tener esta parte del recorrido como principal es uno de los mayores fallos de mi itinerario.

La única foto que hice al lugar del cabreo que llevaba…

Pero sigamos con el pueblo de Sabachwalden, el que se supone es el pueblo más bonito de Alemania. Con él nos llevamos una tremenda decepción porque sí, sus casas de entramado son interesantes, su entorno es bonito, pero el pueblo es atravesado por la carretera y no tiene nada de encanto. Bueno, tal vez deba decir que para nosotros no tiene encanto. Tal vez para otras personas el pueblo de Sabachwalden sea lo más. A nosotros no nos gusta, y no tengo ni una foto de él.

📍Tercera parada – Gengenbach, el pueblo que sale en Charlie y la fábrica de Chocolate

Después de Sabachwalden, y saltándonos algunos lugares que ahora pienso hubiesen sido interesantes, llegamos al pueblo de Gengenbach, el lugar que sale en Charlie y la fábrica de Chocolate como Düsseldorf y que tiene rincones realmente encantadores, y gentes verdaderamente amables.

He hecho una captura de pantalla de la película para que veáis lo que sale de Gengenbach en ella, que es este plano y ya.

Gengenbach es una localidad pequeña que se recorre en un momento, pero nosotros nos quedaremos allí hasta que caiga la noche, sentados en un bar fantástico, tomando cerveza con los locales y degustando la gastronomía de la región – que es muy parecida a la alsaciana.

¿De qué me suena esto?

En realidad si te digo cuáles son las cosas que debes visitar en Gengenbach te podía apuntar la Torre Kinzig, que sería el sello de identidad de la ciudad, y antiguo acceso al núcleo urbano desde fuera de las murallas. La plaza del mercado o Marketplatz es el centro de la ciudad – que por cierto es bastante moderna fuera de su casco histórico, no te asustes por ello -, y alrededor de ella se encuentran algunos de los edificios más característicos, como el Palacio de Löwenberg.

En realidad esto son solo apuntes curiosos porque cuando camines por Gengenbach vas a decir un vaya tremendo y rotundo. Te meterás por sus calles – como nosotros – y llegarás a las más pintorescas, que son la Engelgasse y la Höllengasse, escenarios ambas de la película que he mencionado al principio.

Después de dar unas cuantas vueltas por la localidad – y habernos mojado un poco – nos metemos en un bar a tomar algo. El bar en cuestión es Gasthaus Zum Turm y además de ser súper chulo no nos parece nada caro para ser Alemania. Y las gentes que hay allí son de lo más agradables. Totalmente recomendable.

Prost.


📍 Cuarta parada – Ettenheim

Ettenheim es un pueblo que se encuentra a medio camino entre Estrasburgo y Friburgo de Brisgovia. Es una localidad que destaca por su colorida arquitectura barroca. Vale la pena hacer una parada para ver su pequeño casco histórico si estás cerca de Friburgo, y entre sus monumentos – y a mi juicio – destaca la preciosa iglesia barroca y el edificio del Ayuntamiento, además de las casas que hay alrededor y puertas que aún se conservan de la antigua fortaleza.

Saliendo del casco histórico tienes el Prinzergarten que es cuco y gratis, y cerca del ese mismo jardín, un poco más a las afueras, tendrás sitio para aparcar de manera gratuita. Que no te asuste llegar a la localidad y no encontrar nada encantador; como sucede en Gengenbach, lo bonito está en el interior.


📍 Quinta parada – Friburgo de Brisgovia

Friburgo de Brisgovia es la capital de la Selva Negra, ciudad universitaria y medieval de la que he leído en algunos lugares que no vale la pena visitar porque es una ciudad más. A punto estoy de hacer caso a lo que leo pero menos mal que a veces pienso por mí misma. No puede ser que ese lugar que tanto gustó a mis padres en el único viaje internacional que han hecho en su vida no valga la pena.

Frigurgo es una ciudad verde, no por la vegetación – que también – sino porque aboga por el transporte ecológico y el peatón prima sobre cualquier tipo de vehículo. Bicicletas y transeúntes se mezclan en las calles adoquinadas que tienen unos curiosos canales recorriendo los laterales de la calzada. Dicen que si metes el pie en uno de esos canales acabarás casándote con un habitante de la ciudad.

Sin duda Frigurgo es una ciudad preciosa en la que destacan sus múltiples torres medievales y una catedral que quita el hipo, y tenemos la santísima suerte de encontrarnos con el mercado semanal a los pies de la catedral. El ambiente allí, aún con lluvia amenazante y cielo encapotado, es magnífico.

Recorrer sus calles, como la Konvikstrasse, es una tarea fantástica, y cualquier rincón del centro histórico de la ciudad merece la pena. No te puedes perder el Almacen Histórico, edificio rojizo junto a la catedral de estampa increíble, Es una lástima que en Frigurbo llueva y que el aparcamiento sea tan caro – tres euros una hora creo recordar. Sin duda es una ciudad para recorrer con calma y disfrutarla tranquilamente. No es el caso que se da en nuestro viaje, pero no lo es por voluntad propia. Algún día volveremos a Friburgo envueltos en circunstancias diferentes y la viviremos de otro modo, estoy segura de ello.

Más sobre Friburgo (enlace externo).


📍 Sexta parada – los fiascos de la Selva Negra

Si, el título es un poco fuerte, pero es que para mí esta parte de la Selva Negra fue todo un fiasco. Me explico, y es que yo había leído mucho sobre esta zona de Alemania y todo el mundo decía que tenías que ir a donde nos estábamos dirigiendo en esos momentos. Para mí, y si puedes, te los saltas y métete por otras rutas. Piérdete por la Selva Negra, visita pueblos desconocidos, pero no es necesario ir hasta aquí.

Me refiero, por una parte, al lago Titisee, aunque he de decir que a ese lugar ya vamos con precaución. Hay gente que habla maravillas de este lugar, otros echan pestes sobre él. Hay que verlo para juzgar y nosotros te diremos que si te pilla un día de lluvia como el nuestro y aquello está vacío a no poder más, sí, vale la pena. Vale la pena si eres capaz de abstraerte de todo el tinglado que hay montado alrededor del Titisee, que nos horroriza – no nos gustan para nada esos lugares en los que solo hay hoteles y más hoteles y todo son hoteles.

Los alrededores del lago, los pueblos que rodean ese espacio natural demasiado humanizado, son también un compendio de hoteles y tiendas de souvenirs. El lago es impresionante, sin ningún tipo de duda – y con tormenta más – pero es que el resto… Nos pone de una mala leche que para qué.

Y entonces desde Titisee y lloviendo nos ponemos a transitar por la Selva Negra buscando cosas que tal vez no sabemos encontrar y acabamos, claro, en Triberg. Si lo sé no vengo. Eso es lo que digo nada más llegar a este pueblo que es una calle llena de tiendas de reloj de cuco, un reloj de cuco ridículo y enorme en la parte baja del mismo y poco encanto, ni con lluvia. Y la cascada a la que, claro, no accedemos, no porque llueva sino porque cuesta un pastizal. Menos mal que no vamos ya que lo que me cuentan algunas gentes en Instagram cuando saben que estamos allí es tremendo: que si carísimo, que si mucha gente, que si qué desastre. Pues nada, pasamos rápidamente de Triberg y a otra cosa mariposa.

Me voy de allí cabreada aunque no pierdo la esperanza. A ver qué pasa con el siguiente pueblo, menos manido pero…


📍 Séptima parada – Schiltach

Y llegamos a Schiltach después de conducir entre truenos y relámpagos por las carreteras de la Selva Negra – imaginaos la experiencia, que es tremenda – a un pueblo casi desconocido pero que será uno de los más bonitos que veremos en esta parte de Alemania.

Schiltach merece toda la pena del mundo. Su arquitectura de entramados, la posición en medio del bosque, el río a los pies de la localidad, las casas históricas… Todo en Schiltach está hecho para que disfrute quien allí habita, pero también quien lo visita. Sí, y es que en Schiltach hay una zona de caravanas gratuita al lado del río. Y allí será donde pasaremos la noche.

Para mí Schiltach es un tesoro, y tal vez le escriba algún día un post dedicado solo a él. Tengo que decirte que si estás en la Selva Negra no te pierdas para nada este pueblo, sin duda es de los más bonitos – y puede que auténticos, no lo sé – que te encontrarás allí.

De camino a nuestro hotel al aire libre.

📍Octava (y última) parada – Rottweil

Que no te asuste el nombre del pueblo, que no muerde, pero sí, Rottweil es de donde viene el nombre de la raza de perros, animales que criaban los ganaderos de la localidad para proteger a sus rebaños.

Pero Rottweil no es nada fiero, todo lo contrario, Rottweil es un pueblo precioso que sorprende antes de llegar con una estructura en medio de la llanura – sí, en la Selva Negra hay también llanura – que resulta ser un testador de ascensores. Os debo confesar que no tenía ni idea de su existencia y que verla a lo lejos en medio de la nada me deja con la boca abierta.

Me quedo ojiplática con la torre, y me quedo también ojiplática con la ciudad de Rottweil. Qué sitio tan bonito, y, ¿sabéis qué? En Rottweil tienes tiempo de aparcamiento gratuito en el mismo centro. Sí, lo que leéis, y eso es de agradecer.

Rottweil tiene un casco histórico medieval preciso, con la Torre Negra, y es la ciudad más antigua de Baden-Wurttenberg., siendo la única romana del estado Tiene un carnaval de origen medieval del que dicen es una locura total y si tienes la santa suerte – otra vez – de toparte con el mercado semanal podrás degustar en sus calles gastronomía local a un precio más que decente.

Pero es que además Rottweil tiene unas fachadas de colores impresionantes que pueblan todo el centro, con calles adoquinadas y detalles por doquier que hacen sentir a una estar inmersa en un mundo de fantasía.

Los carteles o insignias, que pueblan las fachadas de Rottweil, son también seña de identidad del lugar. Además esta pequeña ciudad alemana tiene la suerte de no haber sido afectada casi por los conflictos bélicos acaecidos en el pasado siglo XX, por lo que se trata de uno de los lugares más auténticos del país – aunque el resto estén muy bien reconstruidos.

No hay que perderse Rottweil. Para nosotros es una gran despedida de la Selva Negra.

En el mapa no aparece la ruta real que hicimos, ya que no consigo compartir el camino que hicimos desde Baden-Baden hasta Sasbachsalden, que fue por la carretera turística de la Selva Negra. Es lo que yo os recomiendo hacer porque sin duda el trayecto merece totalmente la pena. Es más, os recomiendo que dejéis las autopistas – que las hay gratis – y os metáis por las carreteras secundarias; disfrutaréis más.

Conclusiones finales

A pesar de lo descrito, de lo explicado en el punto seis, y de no haber encontrado lo que esperaba, creo que un viaje a la Selva Negra es un gran viaje. En nuestro caso, y como ya he mencionado al principio, el creer que había una cosa pero en realidad era otra es lo que nos hace sentir decepción con el lugar ya que vas buscando algo que tal vez no exista.

Creo que nuestro fallo – el mío, que es quien monta la ruta – es no tener muy claro de qué se trata cuando viajas a la Selva Negra. Visto de otro modo, estudiado de una manera diferente, hubiésemos invertido más días en la Selva Negra y hubiese hecho una ruta diferente. Hay muchas cosas más allá de Triber o Titisee – como he intentado demostrar en el artículo – y lo más bonito está fuera de lo manido.

Más información sobre la Selva Negra en su web de turismo.

En la Selva Negra no vas a encontrar lo que en Alsacia, y no tienes que ir buscando eso. En la Selva Negra encontrarás paisajes salvajes, pueblos que tienen su encanto y gentes muy amables. A título personal, espero regresar algún día a esta parte de Alemania y hacer un viaje distinto, más tranquilo tal vez, sabiendo a lo que voy, y disfrutando mucho más del lugar. Espero que mi experiencia y mis palabras te sirvan para organizar tu viaje a la Selva Negra.

Una filósofa y un politólogo que amana viajar y lo hacen a pesar de los pocos recursos que tienen. Viajar es más que un capricho, viajar es una necesidad y aquellos que somos pobres en un primer mundo de opulencias tenemos derecho también a realizar nuestros sueños viajeros. Porque los pobres también viajamos.
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