Ruta por la Provenza en furgoneta

Viajar a la Provenza en furgoneta, auto-caravana o similar es posible, y muy factible. Esta región al sureste de Francia está tremendamente preparada para hacer un viaje de estas características; la cantidad de espacios para dormir gratuitamente, con los servicios pertinentes y en zonas preciosas, se cuentan a decenas. Esto lo sé ahora, después de haber viajado allí y haberme lanzado, junto a JJ, a la aventura.


«Preparamos» – y entrecomillo, porque como casi siempre nuestros viajes son improvisados – el viaje para inicios de septiembre pues nada, con menos de una semana de antelación. Escogimos la Provenza porque ha sido siempre un destino al que habíamos querido ir. Yo por la lavanda, aunque en septiembre no hay, y mucho mejor para JJ. Sí, mucho mejor porque él es alérgico, bastante, y lo sufre – a pesar de estar vacunado. Yo creía que era una exageración suya pero, no… Si quieres saber si la lavanda que te venden en la Provenza es fresca llévate a JJ contigo: es un gran detector de lamiáceas de calidad.

Sigo. Decidimos ir a la Provenza porque al regreso de nuestro Europe Tour (lo puedes leer aquí) pasamos rozando un montón de sitios a los que deseábamos ir desde hacía mucho, muchísimo tiempo. Que si señal hacia Avignon, que si señal hacia Nîmes, que si Arles por aquí… Ostras, cómo nos gustaría parar en todos y cada uno de esos lugares. Pero en ese momento no era posible; habíamos estado casi dos semanas dando vueltas por Europa y era hora ya de regresar a casa y ponernos a trabajar de nuevo – para poder seguir viajando, claro. La Provenza estaba ahí, en standby, latente, como el inconsciente.

Pasó el verano, los conciertos, el trabajo, las fiestas del pueblo, la primera recogida de algarrobas, más conciertos – la vida del artista es dura, créetelo – y se presentó la segunda semana de septiembre. Yo tenía una boda a la vista, a la que no fui al final porque… ¡todavía estaba en la Provenza! Es lo que tiene viajar con la furgoneta, que te lías, te lías… y al final todo se alarga (como el Europe Tour). Así, a inicios de septiembre nos poníamos a limpiar la Agrovan – que estaba llena de mierda muy sucia porque estábamos trabajando con ella en el campo –, preparamos todo y después de terminar de cantar yo en un concierto, en Vinaròs, nos subíamos a la furgo, siendo pasadas las 8 de la tarde, y nos íbamos hacia Francia.

La ruta

De Traiguera a la frontera, un paseo con la AP-7 gratis

No esperamos al día siguiente para salir. Yo soy de las que si puede, sale por la tarde para pasar la noche en ruta. Claro, esto lo podemos hacer ahora con la furgo, que tiras millas y cuando debes parar lo haces. Antes esto no era así; pagar una noche de hotel por dormir en ruta era imposible. Lo que yo diga, que la furgo te da mucha libertad.

Llegamos hasta más arriba de Barcelona, en un área de servicio en la que ya habíamos parado la primera noche del viaje de junio, el área de servicio del Montseny. Esta vez estaba llena de gente que regresaba a Francia después de pasar las vacaciones en África y nos costó encontrar un sitio para dormir, pero al final no tuvimos problema. De allí, al día siguiente, nos fuimos a desayunar a Sant Celoni – repetíamos los pasos que habíamos seguido unos meses atrás – y continuamos con la ruta hacia Francia.

Llegar a la frontera no fue difícil, y como digo, lo que ahora la autopista sea gratuita nos quita un buen rato de conducción. No pasa lo mismo al llegar a Francia, que allí las autopistas son carísimas y el trayecto hasta Narbona se hace eterno. Ahora pueblo aquí, ahora cruza aquel puentecito, ahora otro núcleo urbano. Parece que no avanzas, pero es lo que tiene no gozar de un presupuesto mayor para viajar. Tiempo y dinero son lujo. No os olvidéis de ello.

Día 1 | Primeros pasos por Occitania

Inciso: la ruta es por la Provenza principalmente, pero antes de llegar a ella pasamos por algunos lugares de Occitania dignos de visitar. Os los dejo indicados igualmente por si os interesan, aunque no son el motivo principal del viaje. Bueno, uno sí. Ahora os lo cuento.

Pasadas las tres de la tarde llegamos a nuestra primera parada oficial, más allá de detenernos para comer algo y estirar las piernas. La primera parada fue Castries, en el Languedoc-Roussillon. Este pequeño pueblo, coqueto y lleno de bugambilias, es conocido por su acueducto romano. Sin duda merece la pena parar si tienes la oportunidad.

De Castries llegamos a Sommières, un pueblo al que tenía ganas de ir por las buenas palabras con las que Lawrence Durrel describió a este pueblo, donde vivió y que hoy es un lugar auténtico aunque algo descuidado – como otros tantos sitios de esta parte de Francia. El pueblo merece también la pena; sus fachadas de colores y su casco urbano te van a enamorar.

Y de Sommières nos fuimos a la primera parada grande de este viaje: Nîmes.

Día 2 | Nîmes

De Nîmes no te voy a hablar mucho, de hecho no voy a decir anda al respecto ahora y aquí, y es que sobre Nîmes ya escribí largo y tendido hace unos meses. Te emplazo a que leas el artículo que le dediqué a la ciudad. Y ten en cuenta que para visitar Nîmes necesitarás algo más que 24 horas.

Lee el artículo aquí.

Pero sí te diré que, aprovechando la cercanía y, por querer ir hasta el Pont du Gard, llegamos a Castillon-du-Gard, un pueblo medieval precioso y súper tranquilo (al menos el primer lunes de septiembre) en un entorno fantástico. Sobre el Pont du Gard, si es que te estás preguntando cosas, te hablo también en el artículo sobre Nîmes, aunque puedo decirte que por el dinero que te cobran por visitarlo – yo no lo pagué – no vale la pena ir. Hala, ya está dicho.

Castillon-du-Gard

También te diré que ahora sí, y yendo de camino a la Provenza, hicimos noche cerca de Tarascon, una ciudad que describen en un libro sobre Occitania como un lugar en el que por la noche se duerme y, sí, por la noche se duerme; aquello estaba de lo más muerto cuando llegamos. Aún así, vimos su impresionante castillo desde fuera y paseamos un poco por sus calles, también algo descuidadas.

Dormimos bien cerca de allí, en un área gratuita, y nos fuimos al día siguiente, y por fin, a la Provenza.

Día 3 | Empieza la ruta por la Provenza en Arles

No quiero extenderme mucho en qué puedes ver en Arles, le debo un artículo a la ciudad que todavía no he podido escribir. Te voy a dar cuatro pinceladas de lo que es este lugar y algún consejo., pero sí voy a decirte que, para mí, es una de las ciudades más bonitas y agradables que he visto en Francia. También te voy a decir que no son pocas la ciudades francesas que he visitado. Si piensas viajar a la Provenza guarda un día, o día y medio, para visitar Arles.

Arles es amor a primera vista, sin ningún tipo de duda un lugar que hay que visitar. Su legado romano, medieval, pero también los tiempos modernos, hacen de esta pequeña ciudad francesa a orillas del Ródano una delicia para cualquier persona que al visite. No sé si hay alguna persona a la que no le guste Arles, pero si la hay lo siento por ella.

Arles te sacará una sonrisa.

El recuerdo de Van Gogh, aunque algo velado por la relación que tuvo el pintor con la ciudad, la monumentalidad, lo agradable de las gentes, el cielo azul provenzal… hacen de esta pequeña ciudad un sitio bellísimo. En realidad te puedes pasear por Arles y disfrutarla sin más, pero la visita a sus monumentos, tanto romanos como medievales, es imprescindible. Esta ciudad es un buen modo de meterte de lleno en la Provenza; yo creo que allí sentirás la verdadera joie de vivre.

Día 4 | De ruta por los Alpilles

He leído mucho sobre la Provenza. Esta, como he dicho, es una región que siempre me ha llamado la atención. La lavanda me flipa, es mi aroma preferido, seguido por el que desprenden el azahar y el romero, a partes iguales estos dos. El tomillo me vuelve loca también, soy mujer de campo. Siempre he visto la Provenza como un lugar idílico, bastante parecido en ciertas cosas al lugar donde vivo y donde me crié, el Baix Maestrat en Castelló. Pero sin duda la Provenza tiene algo diferente a esta tierra. Después de haber estado allí puedo decirlo. Después de haber estado allí puedo decir que es un lugar al que querría regresar eternamente.

Para ir metiéndonos en materia, y no buscar hacer poesía del viaje – y lo intenté en este artículo -, voy a decir que lo primero que hacemos en la Provenza profunda es ir hasta uno de los lugares más visitados de esta región francesa, el archiconocidísmo Les-Baux-de-Provence. Este pueblo, colgado en el acantilado, es súper bonito. Tendrás que pagar para aparcar en cualquier punto del pueblo, y todos los aparcamientos valen lo mismo (unos 4€ si no recuerdo mal), así que intenta aparcar lo más arriba posible porque se las trae. Nosotros no pagamos, dejamos el coche abajo, en un sitio donde había espacio para aparcar sin pagar. Eso fue posible porque era un martes de septiembre; no creo que en temporada alta puedas aparcar sin pagar.

Les-Baux-de-Provence tiene unas vistas increíbles desde lo más alto que me recuerdan, como he dicho, a ciertas vistas que se tienen en algunos puntos de esta parte de Castelló desde la que escribo, pero al castillo no entramos porque el precio nos pareció excesivo para lo que era aquello. Un paseo por este pueblo te llevará más o menos una hora, contando la subida y la bajada si es que haces como nosotros.

Después de Les-Baux-de-Provence seguimos hasta Saint-Rémy-de-Provence, donde estuvo encerrado Van Gogh en el sanatorio. Este lugar se puede visitar pero también tiene un precio muy alto y nos lo saltamos. Lo que no nos saltamos fue el mercado. Al ser miércoles nos encontramos con el festival que es el mercado de Saint-Rémy-de-Provence, uno de los más auténticos y multitudinarios de la Provenza. De este mercado habla Peter Mayle en su libro Un año en Provenza súper recomendable y que releo siempre que puedo – y supongo que también debe hablar Lawrence Durrel en su Caesar’s vast ghost que no he conseguido encontrar en ningún sitio. Tampoco en la Provenza.

El mercado de Saint-Rémy-de-Provence es toda una experiencia, es una de esas cosas que deben vivirse, así que cuando planifiques tu viaje (nosotros nos lo encontramos, no lo habíamos pensado, ese día, sin duda, nos tocó la lotería) busca ir a Saint-Rémy un miércoles por la mañana. La experiencia, para nosotros, se hizo más intensa cuando una tormenta tremenda cayó sobre el pueblo y parte de los Alpilles. Las calles se convirtieron en ríos, el granizo hacía daño… y quisimos ir a la furgoneta para apartarla de donde estaba. Esta historia se queda aquí con el solo apunte que al llegar a ella parecía que hubiésemos salido de un pozo lleno de agua.

Cuando el cielo escampó, y con ropas secas, dimos una vuelta por el centro de la localidad. Saint-Rémy-de-Provence tiene el mercado más auténtico y unas calles deliciosas. No es tanto el patrimonio lo que te ofrece esta localidad como ese aire provenzal que se pierde en otros sitios más abarrotados turísticamente – que no quiere decir que Saint-Rémy no sea turístico – como Les-Baux-de-Provence, donde todo está enfocado al visitante. En Saint-Rémy aún puedes encontrar ese modo de vivir provenzal, auténticamente provenzal, y te recomiendo que te metas en un Bar-Tabac para tomarte un Pastís a buen precio junto a los parroquianos del local.

De Saint-Rémy nos fuimos hasta Eygalières, un pueblo provenzal algo menos conocido pero muy bonito también, con los Alpilles de fondo, de calles empinadas y rincones chulísimos En ese momento sentí que la Provenza era mucho más auténtica de lo que esperaba. En ese momento me di cuenta que la Provenza era justo como la había imaginado.

Y para terminar el día, y siendo el que venía ahora uno de los motivos principales del viaje, llegamos a Avignon. Sí, Avignon, donde el Papa Luna, el cisma y todo eso. Habíamos estado en Peñíscola – cómo no, si somos casi vecinos –, también en Illueca, donde vivió Benedicto XIII. Era el momento de cerrar el círculo.

Llegamos a Avignon por la noche. Dejamos la furgo y dimos una vuelta por la ciudad. No podíamos creer que estuviésemos allí. El Palacio de los Papas nos esperaba bajo un cielo nublado copado por la luna llena. Había gentes en la misma plaza danzando y cantando, esto último en provenzal. Entendíamos, en parte, lo que decían. Que estábamos en Avignon, qué maravilla. Pero antes teníamos que dormir y buscando un lugar para hacerlo fue cuando el cielo se rompió en miles de rayos furiosos. Acabamos resguardándonos en Villeneuve-lès-Avignon, la localidad vecina. Allí encontramos un aparcamiento donde poder dormir de una manera algo más recogida, y es que la tormenta de los Alpilles nos había seguido hasta allí.

Día 5 | Villeneuve-lès-Avignon, Avignon y salida hacia el Vaucluse

Despertamos pronto. El cielo estaba azul, como lo habíamos encontrado al llegar a la Provenza, el día anterior. Parecía que la tormenta había pasado, pero esa noche había sido tremenda; el cielo se iluminaba de tal modo que parecía que el día quisiese colarse en mitad de la noche.

Nos levantamos en medio de un barrizal y a nuestro alrededor había un montón de vehículos. Un poco más allá, abandonando el patatal en el que se había convertido ese espacio en el que habíamos pernoctado nos encontramos con otro mercado. Resultaba ser que el jueves por la mañana, en Villeneuve-lès-Avignon, era día de mercado.

Villeneuve-lès-Avignon es como la hermana pequeña de Avignon. Bueno, la hermana con la que Avignon se llevaba mal, y es que la monumentalidad de esta localidad se debe a la rivalidad entre las dos ciudades. La una, la papal, está en la Provenza, la otra, la villa nueva, está en el Gard. Pero es puramente provenzal; las vecindades no saben de fronteras.

En Avignon estaban los papas, en Villeneuve estaba la corte. De esos tiempos quedan hoy vestigios en forma de palacios, fortalezas y murallas. Sin duda esta localidad en la que viven poco más de 12.000 personas es un lugar a tener en cuenta en tu viaje a la Provenza – aunque no esté en la Provenza. Hazme caso que seguro que te gusta. Además, desde ella se tienen unas vistas fantásticas del conjunto palaciego de Avignon. Hay que ir a Villeneuve para tener una buena perspectiva de Avignon, y hay que ir a Avignon para tener una buena perspectiva de Villeneuve.

Dejamos atrás Villeneuve-lès-Avignon para ir hasta Avignon donde nos esperaban en la oficina de turismo con un pase para poder visitar el Palacio Papal y también el famoso Puente, ese cuya canción todo el mundo conoce – y seguro que todo el mundo canta cuando va allí, como hicimos nosotros.

Avignon, más allá del Palacio de los Papas y el Puente San Benito, es una ciudad que a mí me pareció algo decadente. Espectacular su recinto amurallado, así como la plaza donde se encuentra el Palacio de los Papas, Ni qué decir del mismo Palacio, para el que necesitas casi tres horas de visita si quieres verlo todo. Y el puente, aunque te parezca una tontería, es súper interesante. Sin ninguna duda, una no puede irse de Avignon sin visitar, al menos, estos dos monumentos.

Por lo demás, un paseo por el centro histórico es imperdible, sobre todo lo que va entre el Palacio y el Puente. Esa parte de Avignon – ciudad a la que le debo, también, un artículo en condiciones – es la que más me gustó. Además, allí puedes comprar un montón de souvenirs a buen precio, todo relacionado con la lavanda, y de calidad – el radar JJ funcionó a la perfección. Aprovecha también para comer, y es que en esas calles escondidas puedes llenar tu panza por 10€. Palabra.

Cuando creímos haber terminado con Avignon nos fuimos rumbo al Vaucluse, seguramente junto al Luberon uno de los espacios más conocidos de la Provenza. El camino hacia ninguna parte – porque no teníamos claro a dónde íbamos esa noche – nos llevó por paisajes brutales. Paramos, primero, sin pena ni gloria en Carpentras, una ciudad venida a menos que tiene algo de lo que fue en el pasado pero que no nos emocionó mucho.

Hacia el Vaucluse, y me enteré estando de viaje, tuvieron que marchar mis abuelos maternos para ganarse la vida vendimiando cuando mi madre era pequeña. Ella se quedaba en el pueblo, ellos pasaban largas temporadas allí para traer algo de dinero a España. Eso me lo dijo mi madre por privado en Instagram mientras estaba de viaje – sí, sabe a dónde voy y dónde estoy por las redes sociales, y eso que vivimos en el mismo pueblo. Pensé entonces que vaya paliza la de llegar hasta allí con los escasos medios que tenían hace 60 años para ganarse 4 perras. Mis abuelos paternos también vendimiaron en Francia, pero cerca de Béziers – la localización exacta sí la conocía en este caso – y mi padre, alguna vez, se iba con ellos – incluso sin poder. Siempre he sido muy consciente de ese pasado de emigrantes temporales, de trabajos precarios, de explotación laboral, de vidas separadas por tener que irse a otro lugar para ganarse la vida. Supongo que eso me hace comprender a otras gentes que hoy en día tienen que hacer lo que hicieron mis abuelos, fallecidos no hace tanto, para poder dar de comer a sus hijos. Que no aceptemos a quien lo hace hoy es una desgracia que nos define negativamente como sociedad.

Y de Carpentras – sigo con el viaje – llegamos a Malemort-du-Comtat. Allí fuimos no por el nombre – mala muerte – si no porque había una zona de caravanas gratuita para dormir. Al llegar nos encontramos – recordad que era jueves – con un mercado de productores al lado mismo de la zona de pernocta. Nos metimos en él, nos pedimos unas cervezas artesanales, unas patatas aliñadas, conversamos con las gentes de allí, participamos en una rifa y disfrutamos mucho de una velada que terminó pronto, como todo en Francia. En ese lugar dormimos de lujo, incluso con la puerta abierta. Al día siguiente desayunaríamos allí a muy buen precio y daríamos una vuelta por las calles que tenían también su encanto.

Día 6 | De ruta por el Vaucluse

Como he dicho más arriba, es posible que el Vaucluse sea uno de los puntos más conocidos de la Provenza. Los campos de lavanda, presentes en cualquier época del año pero solo visibles en los primeros días de verano, son la estampa más reconocible de esta región francesa. El Vaucluse guarda también algunos de los pueblos más bonitos de la Provenza.

Visitar esos pueblos bonitos del Vaucluse era nuestra intención ese viernes de septiembre, empezando por Fontaine-de-Vaucluse, un lugar al que fui por haberlo leído en un libro sobre la Provenza y que no me emocionaba mucho, a priori. Al llegar allí aquel lugar me enamoró. Lugar de residencia de Petrarca – él vivió en la Provenza – el misterioso surgimiento de agua es el atractivo principal de este pequeño pueblo muy turístico – supongo que como tantos otros en temporada alta debe estar hasta los topes – atravesado por el río que es de color esmeralda. Literal. El agua tiene el mismo tono que tienen las aguas en las imágenes que tantas veces he visto de lugares lejanos como bien podrían ser el Caribe.

Un molino de papel aún en funcionamiento, lugares sombreados para descansar del potente sol provenzal y ese aire decadente – aunque aquí agradable – hacen de este espacio un lugar a tener en cuenta, también en tu visita a la Provenza.

Continuamos ahora hacia otro de esos lugares tan visitados en Francia. Era el momento de llegar a Gordes, un pueblo que nos pareció más bonito desde lejos que desde dentro. Tremendamente turistificado, estuvimos allí el tiempo que nos permitió el aparcamiento gratuito (30’) que fue suficiente para visitar este pueblo con pocas calles y muchas escaleras.

De Gordes nos fuimos hasta la Abadía de Notre-Dame de Sénanque, un lugar que estaba en mis pendientes desde no sé cuánto tiempo hace. Seguro que su estampa la has visto miles de veces en postales de la Provenza, con el campo de lavanda en primer plano y la construcción románica detrás.

Para acceder debes pagar 8,5€, pero para mí merece mucho la pena. Sin duda es un sitio al que hay que ir, y en el que invertir ese dinero. Imprescindible, sin duda.

Y de este hit nos fuimos a otro de los hits de la Provenza, Roussillon y aquí, sí, caímos rendidos. A primera vista, y por el color de los edificios debido a los ocres, me recordó algo a Albarracín. Aparcando en el propio centro de la localidad, y usando el disco azul que nos permitió estacionar 45’ de forma gratuita, paseamos toda la localidad. Ese tiempo fue suficiente para recorrer todas las calles y acercame hasta el inicio del Sendero de los Ocres, que no hicimos porque no teníamos tiempo – hay que pagar entrada.

Rousillon fue lo más destacado del día, por sorprendente. Lo fue hasta el momento en que llegamos a Lacoste, otro pueblo al que decidí ir por curiosidad, por haber leído que los vecinos estaban hasta el moño de los pijos y Pierre-Cardin, y porque allí estuvo Sade, sí, el marqués.

Sin entrar en muchos detalles – allí aparcas gratis –, el pueblo destaca por estar construido en un promontorio. Ya a lo lejos se ve el conjunto urbano, y cuando llegas piedra clara y mucho medieval te esperan. Sin ninguna duda, y para ambos, Lacoste fue la sorpresa del viaje. Y en Lacoste, apenados, acababa nuestra primera incursión en la Provenza. Acababa la primera incursión, pero no el viaje.

Día 7 | Arles de nuevo, que hay fiesta. Y la Camarga.

Como os he dicho al principio, me salté una boda por estar aún de viaje. La culpa la tuvo Arles y la Feria del Arroz, que tiene lugar todos los meses de septiembre. Queríamos ver la ciudad en un contexto diferente, así que decidimos regresar de vuelta a casa.

Nos encontramos Arles llena de gente, música, vacas en las calles – sí, hacen encierros de vacas camarguesas – y corridas de toros en las arenas. Menos mal que estuvimos allí días antes porque si no hubiese sido así no hubiéramos podido visitar el anfiteatro.

Después de unas sangrías, unos bailes y unos pastís pusimos rumbo hacia la Camarga, y es que había un sitio que me parecía curioso y me hacía gracia visitar. El lugar en cuestión era Saintes-Maries-de-la-Mer, un lugar sobre el que había leído en múltiples lugares, y también que había visto en algún que otro documental.

Saintes-Maries-de-la-Mer está ya frente al Mediterráneo, y dicen que es uno de los pueblos más bonitos de Francia. Feo no es, de casas de dos alturas con las fachadas encaladas y tejas rojas. El mar omnipresente y los caballos y vacas camarguesas por doquier. Allí la tauromaquia es muy importante, pero más importante son las peregrinaciones. Dicen que allí llegaron María Jacobea, María Salomé y Sara, y en la iglesia fortificada (impresionante) todavía las recuerdan.

Un paseo por las calles de Saintes-Maries-de-la-Mer es imprescindible, y si te encuentras con un día festivo puedes incluso ver a los gardians dominando al caballo camargués. Una experiencia casi religiosa, sin duda.

Y aquí terminaría nuestro viaje por la Provenza. Teníamos que regresar a casa, y lo haríamos tranquilamente. Esa noche dormiríamos ya en Occitania y haríamos algunas visitas por allí, pero eso ya es harina de otro costal por la lejanía y la desconexión con esta ruta.

La Provenza, esta parte de la Provenza que visitamos, fue mucho mejor de lo que esperaba(mos). Quedamos sorprendidos por la belleza de los lugares que ya esperábamos bellos y nos enamoramos de aquellos sitios inesperados. 7 días – incluyendo los desplazamientos – fueron suficientes para hacer una primera introducción a esta región francesa tan demandada por el turismo. Ahora entiendo cuáles son las razones para ello, y siento que ese anhelo casi infantil había sido un deseo acertado.

La Provenza es un lugar al que me gustaría volver, y sé que lo haré en un futuro. Me queda mucho por descubrir allí, mucho por disfrutar, y siempre estaré dispuesta a volver a ciertos lugares – Arles es uno de ellos. Me gustaría visitarla cuando estén los campos de lavanda en flor, pero para eso tendría que dejarme a JJ aquí, y no es lo que quiero.

La ruta sobre mapa

Consejos para viajar a Francia en general

Cuando vayas a comer pide una botella de agua (une carafe d’eau) ya que es gratuita y te va a ahorrar una pasta a la hora de comer.

No te olvides de llevar encima el disco azul, que lo puedes encontrar en quioscos o te lo pueden dar en oficinas de turismo. Sirve para aparcar de forma gratuita en muchos sitios y funciona en muchos países de Europa.

Si viajas con la casa a cuestas no vas a tener problema por dormir en ningún lugar, y hay muchos sitios habilitados para hacerlo de forma correcta. Puedes pernoctar también en sitios no habilitados, pero en las zonas muy turísticas eso será más difícil.

Si buscas alojamiento, en Francia hay buenos hoteles y muy económicos, más si viajas fuera de temporada. Haz tu búsqueda y encuentra la mejor opción. Mi consejo es que no te obsesiones con el destino y, si tienes que tirar de hotel, te ciñas al precio del alojamiento y no a tus deseos – así viajamos nosotros cuando no estamos subidos a la Agrovan.

Las carreteras departamentales en Francia son un horror, así que ten en cuenta que deberás sumarle tiempo a tu viaje si lo que vas a hacer es transitar por vías secundarias. Incluso las nacionales son lentas, pero podrás encontrar autopistas gratuitas – aunque no muchas.

Si hablas un poco de francés mucho mejor. Cierto es que en los lugares turísticos hablan de todo, pero en un pueblo pequeño no te van a hablar en tu idioma, tampoco en inglés. Ven tú a mi pueblo y pregúntale a mi vecina algo en inglés, a ver qué te contesta. Pues lo mismo en Francia. Sé una persona respetuosa y aprende algo de la lengua de los que viven allí, ya vayas a Francia o a otro país.

Este es un artículo general que pretende sintetizar al máximo, y sin entrar en muchos detalles, la ruta que hicimos por la Provenza en más o menos una semana. Están pendientes de redacción y publicación artículos más concretos de algunos de los lugares más sorprendentes e interesantes – siempre a nuestro juicio – de este territorio francés. Así, que sirva como guía introductoria para futuros viajes tuyos, que me lees.

En este artículo encontrarás mi opinión al respecto de viajar a la Provenza en furgoneta. Léetelo si quieres tener una visión más amplia sobre este aspecto. Allí encontrarás también los lugares en los que pernoctamos con la furgoneta durante nuestro viaje por la Provenza.

Una filósofa y un politólogo que amana viajar y lo hacen a pesar de los pocos recursos que tienen. Viajar es más que un capricho, viajar es una necesidad y aquellos que somos pobres en un primer mundo de opulencias tenemos derecho también a realizar nuestros sueños viajeros. Porque los pobres también viajamos.
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6 pensamientos en “Ruta por la Provenza en furgoneta

  1. Buena entrada.

    Como ya he comentado en alguna ocasión, una de las cosas que mas me gustan de éste blog es que por la forma en la que se describen los viajes, una persona lee una entrada y parece que esta viajando, aunque sea de forma simbólica a través de la lectura.

    Ya he hecho algún viaje en autocaravana y, con todos mis respetos, no es «mi estilo». Soy mas de preferir buscar alojamientos económicos, aunque influye mi filosofía de que en vacaciones entro en modo lo más vago posible y eso de tener que hacerme yo la comida, la cama, etc pues es lo contrario jeje. Eso si, hay que reconocer que Francia es un paraíso para las campers/caravanas.

    Y totalmente de acuerdo con lo de aprender aunque sea lo más básico del idioma de la zona que visitas. Siempre he procurado aprender aunque sea lo más minimo del idioma. Incluso en España, teniendo el castellano como idioma común para todos, cuando he ido a Galicia, Catalunya/Valencia o Euskadi, he procurado aprender algo del idioma propio del lugar. Y me lo han agradecido.

    1. Como persona que habla un 99% del tiempo de su vida un idioma en España que no es el español, y primero de todo, gracias. Yo también intento decir algo en euskera o galego – obviamente hablo el español – y hasta en Marruecos preguntaba cómo se dicen ciertas cosas para ser lo más respetuosa posible.

      Me alegra que te guste lo que escribo y cómo lo escribo, eso me anima mucho a hacerlo. Gracias, de corazón.

      Respecto a lo de la autocaravana, yo es algo que quería probar, en mi mente se había formado la idea que sería una buena forma de viajar. La historia no la repetiré aquí (http://lospobrestambienviajamos.com/2020/08/31/agro-van-el-bautizo/), pero sí diré que desde ese momento que me subí a la humilde furgoneta que ahora está llena de polvo porque es para ir a trabajar al campo no me he querido bajar. Es muy respetable que cuando una persona esté de vacaciones haga lo mínimo posible, pero yo cuando viajo pues de vacaciones no voy, estoy de vacaciones tomándome una cerveza en la piscina de mi pueblo 😅 Hay tantas formas de viajar como formas que viajan, y eso es maravilloso.

      Muchísimas gracias por comentar, otra vez.

      Un abrazo,

      Marina.

  2. Diu lo qüento que quan lo preufetayre de dolentes intencions bastía lo pont de Gard, s’ havía reservada per son compte la primera ánima que passaría per damunt ses arcades. Per sortirse de tan mal tracte, li engegaren una llebra5; la jugada s’ es feta cèlebre. Lo diable, que estava al aguayt, li clavá les urpes al moment; ¡afigurauvos còm arrufaría ‘l nas quan s’ adoná de la befa! De la quimera que ‘n tingué, la esclafá sobre la muralla. Encara ‘s veu á l’ altra banda del pont.
    Alusió á la llegenda del pont de Gard, qual construcció, com la de casi tots los ponts románichs, es atribuhida al dimoni. La «llebra del pont de Gard» es un baix-relleu que existeix sobre una paret del monument.

  3. En moltes encontrades de Provensa, especialment en la montanya del Léberon, prop de Robion (Vaucluse), moltes roques estimbades ò antichs dolmeus portan lo nom de Palet del Diable y son atribuhides per les llegendes á una partida de palet jugada entre Deu y Satanás al principi del món.

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