Agro Van | El despegue

Hacer un viaje en furgoneta/caravana había estado siempre uno de mis sueños. Cada vez que veía a gentes yendo con su casa a cuestas transitando por la carretera me moría de envidia. Sí, me moría de envidia, literal. Yo también quería aquello.

Sabía de personas que habían hecho viajes así, que habían alquilado una caravana, se la habían dejado, incluso una furgoneta. Sabía de otros que se habían arreglado la suya, con mucho trabajo y – a veces – con mucho presupuesto, y se habían echado la manta al cuello para viajar sin rumbo y de manera libre. Ojalá poder hacer eso, ojalá poder hacerlo…

Había estado mirando muchas veces presupuesto para alquilar una autocaravana o algo similar. Claro, no os creáis que lo mío era un sueño fugaz, lo mio rayaba casi la obsesión. El precio de alquiler de autocaravana o algo similar excedía sobremanera mi pobre presupuesto. Había participado en concursos, sorteos, miles de historias que prometían un fin de semana/una semana/4 días en furgoneta/autocaravana o similar. Nunca tuve suerte, pero mi sueño seguía estando ahí.

Mi sueño era el que os cuento, no así el de JJ, y ya sabéis que una viene y va acompañada, y hay que convenir las cosas entre dos. A JJ el asunto no le hacía mucha gracia por lo que no luchaba tampoco demasiado para que mi sueño dejase de serlo. Había pensado, incluso, irme sola en coche, dormir en él, qué más me da a mí la comodidad. Pero eso tampoco podía ser, no tengo coche propio, cachins en la mar. ¿Qué día sería aquél en el que podría por fin viajar con la casa a cuestas?

Perderte sin que el tiempo ni el destino importen.

Hubiese podido hacer como mi hermano, que quería recorrerse todo el Mediterráneo en bicicleta, y así lo hizo hasta que la Covid nos jorobó a todos y tuvo que parar. Hasta donde sé, ahora está recorriendo Italia, con la bici a cuestas, sin prisa, sin horarios – mis últimas noticias sobre él lo sitúan en Calabria. Pero no, tampoco podría hacer eso, y es que mi bici es mala, pero mala de verdad – 25 años, tiene.

JJ tenía una furgoneta, vieja, cochambrosa, 70 caballos – y media mula -, muchos arreglos, muchos años – tantos como mi bicicleta. La furgoneta no era capricho, y es que aquí nuestras familias han vivido del campo y ahora, por unas cosas u otras, nosotros somos quienes vivimos gracias a él – y menos mal. La furgoneta vieja, cochambrosa, esa furgoneta en la que yo quería meter un colchón y JJ me decía que ni hablar, que con aquello no llegábamos ni a Bel – literal – dijo basta. Pero el trabajo ahí seguía, era imposible ir al campo sin esa herramienta de trabajo.

Y así más o menos, sin entrar en muchos detalles personales – la historia sería demasiado seria como para explicarla aquí y también totalmente innecesaria – otra furgoneta llegó a la vida de JJ, ergo, un poco también a la mía. Ahí estaba mi oportunidad, tenía que jugar bien mis cartas, convencer a JJ de que la idea del colchón tampoco era tan mala.

La situación sanitaria me ayudó un poco, la verdad. El hecho de no tener que estar yendo y volviendo de alojamientos era un punto a mi favor. JJ me dijo – y creo que por aburrimiento – que sí.

Yo me encargaba de buscar todas las cosas necesarias para que el asunto funcionase. Me puse a diseñar una cama – teníamos que adaptarla al tamaño de la furgoneta, no podía ser cualquier cosa -, a pensar cómo íbamos a ducharnos, cómo íbamos a organizarnos. Me puse a mirar miles de fotos por Instagram; había furgonetas allí que eran más monas que la mayoría de nosotros. No quería una cucada de furgoneta. Bueno, miento, querer, pues bueno, por querer que no sea; no necesitaba una cucada de furgoneta. Ahora sí, define necesidad 😉

¿Qué más necesitas?

En poco más de una semana tenía que montar los planos, dar dos conciertos, clases, salir a cenar con las amigas y tomar mucha cerveza. Vamos, que en un tiempo récord monté todo el tinglado. El tinglado potencial, claro, faltaba ahora convertirlo en acto. Un lunes estábamos comprando las maderas, un miércoles nos ayudaban a construir la cama, un viernes comprábamos maderas nuevas – las primeras eran demasiado delgadas -, un sábado nos ayudaban a construir de nuevo la cama – a medida, oye – y un martes, tras mi último concierto, y sin rumbo fijo, salíamos de viaje.

Hasta la noche anterior no sabíamos cuál sería nuestro destino. Decidimos que nos marcharíamos hasta Palencia, y una vez allí iríamos viendo qué destinos añadíamos a nuestro viaje. La ruta improvisada nos llevó por tierras sorianas y palentinas, vallisoletanas y zamoranas. Hasta Portugal llegamos, y también pasamos por Castilla la Mancha. 6 días de viaje sin ruta fija, sin prisas, sin agobios, 6 días maravillosos.

Ni tan mal.

Dormimos en la calle, en áreas de autocaravana, nos duchamos al aire libre, meamos en el campo, hicimos la siesta después de comernos un chuletón de Ávila. Tuvimos que usar toallas como manta porque no pensamos que iba a hacer tanto frío, lo pasamos genial. Nuestro primer viaje en furgoneta había sido un éxito, el experimento prosperó.

Éste ha sido nuestro primer viaje en lo que hemos querido nombrar – por su función principal – como Agro Van. Ha sido el primer viaje, pero no será el último. Un mundo nuevo de posibilidades se abre ante nuestros ojos después de un primer contacto con el mundo camper – si es que queremos llamarlo así. No se necesitan demasiados lujos para viajar, eso lo vengo diciendo desde que escribo este blog; los lujos tampoco se necesitan para viajar en furgoneta.

En una próxima entrada os mostraré nuestra simplevan, la Agro Van que ahora nos ha llevado a nosotros en su interior pero que mañana – y de manera literal – va a llevar kilos y kilos de algarrobas. Nos vamos a ver más veces en la carretera, prometido.

En este artículo os describo cómo montamos la furgoneta. Todo lo que necesitamos para camperizarla lo tenéis aquí [pincha].

Una filósofa y un politólogo que amana viajar y lo hacen a pesar de los pocos recursos que tienen. Viajar es más que un capricho, viajar es una necesidad y aquellos que somos pobres en un primer mundo de opulencias tenemos derecho también a realizar nuestros sueños viajeros. Porque los pobres también viajamos.
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6 pensamientos en “Agro Van | El despegue

  1. Qué genial Marina. Me ha encantado el viaje (que seguro que vamos leyendo más cosas) y aquello de “persigue tus sueños”. Me alegra que hayáis descubierto esta forma de viajar y, mejor aún, que nos lo contéis ☺️

    1. Gracias a ti, Ro, por leerme. Ya estoy montando el artículo de la ruta y poco a poco hablaré también de aquellos lugares que más nos sorprendieron.

      Poco a poco iremos sumándole kilómetros a la Agro Van que, en estos momentos, está llena de algarrobas XD

      Un abrazo grande.

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