Tour por Alsacia, la Selva Negra, el Lago Constanza, Liechtenstein y Suiza en furgoneta.

Visitar cuatro o cinco países en un solo viaje es posible si te desplazas hasta el corazón de Europa. Si vas al punto correcto puedes meterte en Francia, Alemania, Liechtenstein, Suiza e incluso Austria siguiendo la ruta que ahora mismo te voy a desengranar. Prepárate que vienen curvas.


Antes que nada decir que este viaje no estaba planificado de este modo. La pretensión inicial era ir a Alsacia y la Selva Negra, y tal vez meter el hocico en Suiza aprovechando la cercanía de Basilea. El viaje, sí, empezó así, pero termino durmiendo en los bosques de Suiza. Una ida de olla que ha sido de las mejores cosas que hemos hecho como viajeros.

Como este viaje no estaba planificado, la ruta puede no parecer demasiado lógica e incluso algo precipitada, pero estando allí y presentándose la oportunidad, la verdad, era un sacrilegio no hacer lo que hicimos.

Había calculado que teníamos unos 12 días para poder viajar. Llevaba planificando la ruta desde medio año antes y empecé a ahorrar lo que podía justo al terminar el viaje del año anterior, en 2021, y que fue por Galicia. Justo al día siguiente empecé de nuevo con los ahorros y el viaje sería tan largo como esos 365 días de guardar permitiesen.

Por mi cabeza, en ese año, pasaron muchas cosas, muchas rutas, muchos itinerarios y hay algo que tengo ganas de hacer y no podrá ser porque el combustible empieza a subir con la guerra. Mi gozo en un pozo, pero no hay nada mejor en la vida que tener alternativas. Sí, dicen que hay que focalizar un objetivo, pero creo que eso solo es posible si tras de ti hay seguridad. Y no nos desviemos.

La flipada que ronda mi cabeza no puede ser así que tengo que cambiar el plan, y el plan no es muy difícil. Recupero la idea que tenía para el año 2021 y que debido al Covid no pudo ser (PCR, cierre de fronteras, que si esto que si lo otro) y me digo: pues igual es buen momento de ir a Alsacia y a la Selva Negra. Y tal vez un poco, solo un poquitín de Suiza…

Y así es como un 18 de junio después de acompañar al alumnado en las audiciones en una de las escuelas de música en las que trabajamos nos subimos a la furgo y sin JJ saber el destino nos vamos a Alsacia. 5 días después entraremos en Suiza. Aquí la ruta.

Primera parte del viaje: cruzar toda Francia.

Habrá gente a la que esto le parezca un tostón, y que lo mejor sería subir a un avión e ir hasta Alsacia directamente, pero no olvidemos que aquí lo que determina los viajes – y ya veis lo que os he dicho en la pequeña introducción que he hecho – es el presupuesto. Un destino como Alsacia, un viaje como el que hicimos, en avión, coche de alquiler y alojamiento en hoteles – o alquilar una camper, que sale por un pico – hubiera sido imposible. Por lo tanto, cuando no tienes recursos económicos suficientes las cosas siempre suponen más tiempo, por ello el momento de hacer el viaje es ese, justo cuando se alinean los astros y disponemos de casi dos semanas libres entre final e curso e inicio de verano.

Vamos, que subirnos a la Agrovan y empezar a recorrer kilómetros parando la primera noche un poco más arriba de Barcelona y con la felicidad en el cuerpo de ir por autopista y no pagar ni un duro. Habremos hecho unas tres horas de viaje, y eso que tendremos ya para el día siguiente cuando pararemos en Béziers, pero con el calorazo justo podremos disfrutar de la ciudad, tampoco de la catedral donde ese día hay ¡dos bodas! Y seguidas. Entre una celebración y otra tendremos la oportunidad de meternos dentro, pero a Béziers tendremos que volver en un futuro.

Continuamos la ruta y vamos haciendo paradas, y con algo menos de temperatura llegamos al pueblo templario de La Couvertoirade, en pendientes desde aquel viaje por el Mediodía francés que hicimos en 2019.

De La Couvertoirade iremos yendo hacia arriba y realizando alguna que otra parada, como cerca de Millau, con el viaducto al fondo y el humo de los incendios que arrasan esa parte de Francia durante esos días. Encontraremos un lugar para dormir y al día siguiente, pronto, tras tomar un café con leche en el mismo lugar donde hemos dormido, y que sacamos directo de la furgo, proseguiremos con el trayecto.

Iremos subiendo, y subiendo, viendo muchos carteles que nos invitan a parar pero no es cuestión de detenernos en todos los sitios que nos apetecería ver. Ese es el gran problema de viajar por carretera, y la gran ventaja, que lo quieres ver todo. Paciencia y poco a poco…

Llegaremos a la altura de Lapalisse, cerca de Vichy, y allí compraremos unos croissant deliciosos y nos detendremos un ratito porque qué bonito que es aquel lugar y qué impresionante su castillo. Y qué calor sigue haciendo. Menos mal que esa jornada será de tránsito en furgo y llevamos aire acondicionado. La suerte nos ha sonreído.

Iremos subiendo y subiendo y pasadas las seis de la tarde nos metemos en Alsacia. En cima de nosotros un cartel que reza Basel. Ostras, yo había pensado en ir hasta Suiza pero… JJ me dice que no está tan lejos. ¿Pongo el intermitente? Le digo. Espera, que cargo la ruta en el teléfono y quito los datos. ¿Vayámonos a Suiza? Venga, va, sí, vayamos a Suiza.

Segunda parte del viaje: lo planificado

Parada 1: Basilea (Suiza)

Y así es como llegamos a Suiza, siguiendo las señales de la carretera, cruzando Saint-Louis y casi ni dándonos cuenta de la frontera, y es que me doy cuenta que estamos en Suiza cuando las señales cambian de idioma y las líneas de la calzada están pintadas de otro color.

Al ser domingo el aparcamiento es gratuito y un poco después de haber conducido entre bicis y tranvías encuentro zona para estacionar la furgo. Aparco, sonreímos y, con celeridad, abrimos las puertas del vehículo.

¡Pero qué narices es esto! Una bofetada de aire infernal nos tumba. El termómetro marca 38 grados. Hemos llegado a Suiza y nos recibe con 38 grados de temperatura. Qué barbaridad. Pero no hay nada que pueda borrar la sonrisa de nuestras caras. Estamos en Suiza.

Caminamos un poco y llegamos al Rhin. Está lleno de gente bañándose y se escuchan unos gritos sordos. La gente allí levanta la voz muy piano, aún con la multitud todo está muy tranquilo. Descendemos y hay personas montando barbacoas en los portales de las casas. Gente yendo en bañador, incluso en ropa interior… Personas bañándose en las fuentes y refrescando botellas de champagne en el agua que salé bastante fresca. Ostras, Basilea, pues si molas y todo.

Seguimos caminando, cruzamos el puente, vamos aquí y allá. Subimos hasta la plaza de la catedral. Pero qué calor sigue haciendo. Visitamos la parte exterior del templo porque a esas horas ya está cerrado. El claustro que acompaña al edificio está abierto. Parece que en la sombra hace algo menos de calor. Caminamos un poco más, y arrastrando nuestros pies, por las calles de la ciudad. Nos metemos en una especie de bar/biblioteca soñando con el aire acondicionado, pero allí no hay de eso. Nos metemos en una cadena de hamburgueserías para usar los baños y tampoco hay aire acondicionado. Miramos los precios de los productos. Madre mía… ¿tanto por un refresco? Ufff… menos mal que no he decidido ir a Suiza… (risa irónica).

Paseamos un poco más por Basilea esperando que baje la temperatura pero nada, que el calor está presente todo el día. Volvemos hacia la furgo y vamos hasta el primer destino alsaciano.

Parada 2: Alsacia y sus pueblos de cuento

El primer lugar al que iremos será Eguisheim. El calor sigue siendo mucho y JJ empieza a sentirse mal, así que tenemos que parar y tomar algo. Después de dar una pequeña vuelta por el pueblo y cuando el sol se esconde nos sentamos a cenar en una pizzería. Ese día de junio, el 20, no están todos los comercios abiertos y los visitantes somos pocos. Alsacia espera un flujo mayor de visitantes a partir de julio, pero ya se empieza a notar el trasiego de personas que queremos disfrutar de una de las zonas más bonitas de Francia.

La cena nos sale bien de precio, unos 15€ por cabeza con la bebida incluida. Eso recupera a JJ y con el sol en otra parte podemos dar un paseo más tranquilo por el pueblo. Después de esto buscaremos un lugar para dormir, y es que teniendo la furgoneta aparcada en la localidad, ya que hemos llegado a la hora en la que ya era gratis, quedarnos a dormir allí no nos parece una buena idea.

La segunda estampa más conocida de Eguisheim.

Nos apartaremos y dormiremos, Al día siguiente nos asearemos y desayunaremos entre viñedos y con algo menos de calor. La noche ha sido dura porque las temperaturas no han bajado demasiado, pero la jornada se presenta mejor que el día anterior. El segundo día por Alsacia nos toca ir a Colmar y el resto de pueblos que podamos visitar.

Transitar por Alsacia es todo un lujo ya que las carreteras son muy buenas y todo está muy cerca. No es necesario desplazarse demasiado para llegar al siguiente punto de interés y aunque no lo parezca si no tienes mucho tiempo, y si viajas en verano – cuando hay más luz – hacer una ruta por los pueblos de Alsacia en tres días es posible. Por los más destacados, por la que podríamos decir que es la ruta del vino. Y eso es lo que hacemos nosotros.

Inconfundible Colmar.

De Colmar nos vamos a Kaysersberg y aunque llegar sea más complicado – por decir algo – que a los otros lugares, el pueblo es tan bonito que aunque hubieses tenido que recorrer trescientos kilómetros yendo de rodillas el esfuerzo valdría la pena. Para mí es uno de los pueblos más bonitos de Alsacia, sino el más bonito. No tiene desperdicio y es obligatorio pasar por él.

De allí a Kientzheim, al que podrías llegar andando desde Kaysersberg y después a Riquewihr, otro de los hitazos de Alsacia y por méritos propios. De allí a Hunawihr y Ribeauvillé, algo menos conocidos y terminar la ruta del día en Bergheim. De allí buscar sitio para dormir, con algo menos de calor.

Kientzheim.

El segundo tercer día por Alsacia nos va a llevar al castillo más impresionante de la zona, el de Haut-Koengsbourg. Restaurado a principios de siglo XX, es espectacular y junto a él descubres mucho mejor la historia de Alsacia. Después de esto es momento de ir hasta Dambach-la-Ville, Mittelbergheim y Barr, lugares algo menos transitados en Alsacia pero que bien merecen una parada.

Estrasburgo.

Nuestra ruta por Alsacia llega a su fin yendo hasta Obernai y Estrasburgo, lugar este al que volvemos día siguiente para disfrutar de sus bondades. Después de esto, un 22 de junio por la tarde, ponemos rumbo a Alemania.

Parada 3: la Selva Negra algo decepcionante

Sobre la Selva Negra he hablado mucho en redes, también he contado mi experiencia personal aquí, en el blog, de una manera más detenida. Creo, medio año después de haber estado allí, que la culpa es mía por no haber escogido bien la ruta, pero también un poco de la poca información que damos a veces cuando compartimos cosas en blogs y también medios oficiales. Sí, la Selva Negra nos decepciona un poco, pero porque la Selva Negra no es como Alsacia, que coges la carretera y vas encontrando cosas sin quererlas. La Selva Negra requiere de mucho tiempo y desviarte muchas veces. Nada tiene que ver con Alsacia aunque en nuestra cabeza esté la creencia de que son lugares parecidos.

Nuestra ruta por la Selva Negra empieza por el norte, en Baden-Baden, donde dormimos. A la mañana siguiente vamos a los baños termales – nada caros –, y estamos un buen rato yendo desnudos por la zona de sauna. Después de Baden-Baden dejamos los viñedos para meternos en la pura Selva Negra, llena de pinos altísimos, transitando por una carretera bellísima. Llegamos a Sasbachwalden, el que dicen que es el pueblo más bonito de Alemania y que para nosotros es toda una decepción. Esta es mi opinión, pero es eso, una opinión, no es ciencia sino doxa.

De este pueblo continuamos hasta Gengenbach, el pueblo que sale 3 segundos en Charlie y la fábrica de chocolate. Este pueblo tiene un centro histórico muy bonito y que merece la pena pasear. Allí tomamos unas cervezas y acabamos cenando, y después nos pilla una tormenta tremenda en mitad de la carretera, así que paramos en un área de servicio donde acabamos durmiendo.

Al día siguiente el sol brilla. Llevamos ya 5 días oficiales de viaje y en esta jornada se supone que vamos a ver esos lugares de la Selva Negra que hay que ver. Serán tremendamente decepcionantes excepto Friburgo, aunque la primera parada del día es Ettenheim, una localidad con un centro histórico barroco muy bonito.

Friburgo de Brisgovia es la siguiente parada del día, una ciudad preciosa que disfrutamos menos de lo que nos gustaría porque el precio de aparcamiento es muy caro y tenemos que hacer la visita demasiado rápido. En Friburgo empieza a llover y vamos ahora asta Titisee que es impresionante, pero todo lo que hay a su alrededor es horrendo, y hasta Triberg que mejor no digo nada porque sobre este lugar ya lo he dicho todo.

Friburgo de Brisgovia.

De allí, algo cabizbajos y con una gran decepción recorriendo nuestro espíritu llegamos a Schiltach, uno de los pueblos más bonitos de la Selva Negra en esta ruta y hasta este punto. Allí tomamos una cerveza en el bar del pueblo y dormimos a orillas del río.

Despertamos siendo ya pleno verano pero en un lugar donde hace fresco. Llevamos seis días de viaje y hemos pasado de los 38ºC a los 16º. En realidad eso es divertido y estamos poniendo a prueba nuestras defensas. Desayunamos lo que tenemos en la furgo y dejamos muy apenados este bonito pueblo para ir hasta Rottweil, el último pueblo que vamos a visitar en esta parte de Alemania para empezar después con la improvisación.

Parada 4: el Lago Constanza

Mientras pensaba en lo que podía ser este viaje sí había fantaseado con acercarnos hasta el Lago Constanza. Había pensado que sería una idea genial ir hasta las cataratas del Rhin o algo similar, pero el hecho de tener que meternos en Suiza me tiraba para atrás. Al final lo borré de la lista pero, mira por donde, acabamos llegando al Lago Constanza sin haberlo planeado demasiado.

En el punto de viaje en el que nos encontramos, con una semana por delante y con todo lo que teníamos que ver ya visto – porque la ruta nos lleva de norte a sur, para ir bajando – tenemos que rellenar los días que nos quedan con algo.

Como he dicho más arriba, en el apartado anterior, la culpa es mía por no haber diseñado una ruta por la Selva Negra en condiciones. Tal vez desde Baden-Baden hubiese sido mejor meterse hacia adentro, rascar un poco más del interior de Alemania, pero sobre mapa me parecía una barbaridad y, la verdad, pensaba que Alsacia y la Selva Negra nos llevarían más tiempo.

Al final el viaje lo vamos construyendo sobre la marcha. Sí, bien es cierto que hay cosas que tenemos que ver sí o sí, lugares que debemos visitar obligatoriamente, pero al ir en furgoneta el itinerario es menos estricto, la capacidad de elegir es mayor viajando de este modo y no te sientes obligada a quedarte en un lugar porque tienes allí el alojamiento cuando crees que ya no puede ofrecerte nada más. Eso te ayuda también a descubrir otros sitios que tal vez no hubieses imaginado, y eso es lo que nos pasa en este viaje.

Fachada en Lindau.

Constanza es el intermedio entre el viaje oficial y el viaje improvisado. Allí nos tomamos el tiempo para decidir qué vamos a hacer en las próximas 5 jornadas. En la ciudad de Konstanz decidimos ir a Suiza al ir caminando hasta allí, meternos en un supermercado y ver que los precios no son tan altos como en los locales. Es en ese momento en el que decimos un sí, vayamos a Suiza.

Pero primero hay que ver algo del Lago Constanza, y será la capital, del mismo nombre, Meersburg y Lindau. En esta última cenamos en un restaurante por última vez hasta que saldremos de Suiza. Dormiremos en una localidad de Austria y al día siguiente vamos a llegar al quinto país del viaje. El quinto país. Cinco países en un mismo viaje. Increíble pero cierto. A día de hoy, cuando escribo estas líneas, todavía estoy que no me lo creo.

Tercera parte del viaje: la improvisación

Parada 5: Liechtenstein

Imposible no detenernos en Liechtenstein estando tan cerca. Es que solo por eso el viaje ya vale la pena, sabiendo que en Liechtenstein hay pocas cosas por ver. Pero lo interesante de este pequeño paraíso (jajan’t) no es lo que puedes ver sino lo que es. Su singularidad política y administrativa nos lleva hasta Vaduz y poco más, porque el país no es mucho más, y después nos iremos ya a Suiza, a la aventura.

Hasta Suiza hemos llegado, señoras y señores. Sigo pensando que es increíble. Bendita Agrovan.

Parada 6: un tour improvisado de 5 días por Suiza

Tras cruzar Liechtenstein, lo que nos lleva qué sé yo, unos 15 minutos, entramos ya en Suiza. Empezamos con una buena carretera de montaña, y bien nerviosos porque es que en realidad no sabemos qué vamos a encontrar. El no tener Suiza como un destino factible para nosotros hace que no hayamos estudiado con anterioridad bien el país. Quiero decir, que muchos de los destinos que improvisamos al final no lo son tanto porque siempre hay un estudio previo antes, por si las moscas. Este no será el caso de Suiza.

Así, hacemos la ruta muy al tuntún, sin ton ni son. Bueno, sí: queremos aprovechar los 5 días y encarar el itinerario para que vaya descendiendo. Eso nos llevará unas cuantas jornadas, pero Suiza te la podrías cruzar en una jornada. El país es pequeño aunque, realmente, tiene mucho para ver.

Lo malo de Suiza es que todo está por las nubes. Desde el combustible – que repostamos en Alemania –, pasando por las entradas a las atracciones principales, que podríamos decir que son las de naturaleza… El transporte en tren, la viñeta por carretera – que no usaremos, iremos siempre por vías secundarias –, los alojamientos, comer en restaurantes. Las entradas a los museos y monumentos no son tan caras en relación con todo lo demás, pero cualquier cosa que quieras hacer extra, en Suiza, te supondrá un gran mordisco en el presupuesto. Es por ello que nosotros, en Suiza, nos dedicamos a visitar pueblos y ciudades, algo de naturaleza y disfrutar de los paisajes, que son todos increíbles.

En Suiza intentamos pagar lo mínimo, y eso lo conseguimos. Calculo que con el combustible y cuatro tonterías más invertiremos unos 100€ en nuestros cinco días por Suiza. Y ya está. Buscamos pernoctar por libre, sin molestar, en lugares poco turísticos pero muy bellos. Comemos lo que llevamos en la furgoneta, que en su mayor parte es comida enlatada que hemos comprado en España y también en Alemania. Sí nos hacemos con algún queso y pan en el supermercado, y con cerveza, que allí no es nada cara – en relación más barata que en España. Lo que más dinero nos cuesta en Suiza son los aparcamientos en las ciudades y pueblos turísticos donde tienes que pagar sí o sí.

De este modo, pasamos cinco días haciendo un recorrido casi transversal, de norte a sur, buscando lo más fácil de visitar que son siempre las ciudades y evitando en todo momento, y gracias a nuestro GPS ovejuno, evitar las carreteras de pago. Lo que también evitamos en todo momento es conectarnos a internet porque allí el mega te sale sumarísimo, de modo que pasamos 5 días de desconexión total.

El primer día de ruta, después de haber paseado un rato por Liechtenstein, es ir de Alt Sankt Johan hasta Turlersee pasando por Zurich. En Zurich, al ser otra vez domingo ya, el aparcamiento es gratuito.

El segundo día tenemos pensado ir a Lucerna, un imprescindible en Suiza a mi juicio. La belleza de la ciudad es indiscutible, y no solo por su puente cubierto. El casco histórico es increíblemente bonito, con todas esas fachadas pintadas y ese aire entre medieval y no sabría decir bien qué que lo envuelve todo. Una pasada de urbe que recorremos rápido, como el resto de ciudades a partir de este momento, y debido al alto precio de los aparcamientos, o de las restricciones de tiempo en ellos. En Lucerna es donde nuestro viaje vuelve a cambiar las tornas; por sugerencia del chico de turismo de la ciudad nos vamos a Interlaken.

Lucerna.

El día, que es frío y nos cubre de nubes, impide que disfrutemos de una manera tradicional de los paisajes majestuosos de Suiza, pero la naturaleza abruma de igual modo. Ir de Lucerna a Interlaken es toda una experiencia, aunque llegados a una de las zonas más turísticas del país nos damos cuenta que en cualquier lugar vas a tener sitios hiper masificados – y eso que Suiza es un destino muy caro.

En Interlaken, la ciudad, estamos un momento para situarnos e ir después hasta Lauterbrunnen, ese pueblo que tiene una cascada detrás, y de allí descenderemos para seguir a orillas del lago que parece un mar y llegar finalmente a Thun, una preciosidad de ciudad que nos recibe con una fina llovizna que en unos minutos se convierte en una tromba de agua intensísima. Sí, el tiempo en este viaje es muy cambiante y, como ya he dicho, ponemos a prueba nuestras defensas.

Thun y su castillo.

La jornada termina en esta zona y al día siguiente seguimos bajando haciendo paradas en otros imprescindibles de Suiza, como bien es Berna, para mí la ciudad más bonita que vemos en Suiza, o una de las más bonitas. Sí, me gusta incluso más que Lucerna, pero a gustos colores. En Berna sabemos que vivió Einstein y solo por eso vale la pena ya visitarla, pero es que su casco histórico, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es de una belleza extraordinaria. El problema de Berna, otra vez, la limitación de aparcamiento. De Berna vamos a Friburgo, la ciudad suiza, y me gusta menos que otras ciudades. De hecho, las ciudades que vamos a ver en esta parte del país, más al sur, son la que menos nos gustan.

Siendo este viaje improvisado, en esta parte de Suiza nos dejamos algunas cosas interesantes por ver, aunque eso, en realidad, nos da igual. Así, después de Friburgo nos metemos en Gruyeres, y como el aparcamiento es ya gratuito – hemos hecho una parada para comer tranquilos en Marbachegg donde encontramos una gruta dedicada al a virgen de Lourdes – vamos más tranquilos. Mi ilusión es probar la founde pero es carísima, así que cenamos otra vez lo que tenemos en la furgoneta, en otra parte de Suiza, y nos metemos en las montañas.

Castillo de Gruyères.

He de decir que esta parte de Suiza no me gusta por sus ciudades, o me gusta menos por ello, pero me fascina por sus paisajes. Tal vez aquí no haya tanta gente como en la zona de Interlaken, pero lo que te encontrarás por allí es brutal. Acabamos el día en Rossinière, una cucada de pueblo hecho de chalets de madera y rodeado de altas montañas. ¿Conocías Rossinière? Yo no, pero descubrirlo de un modo experimental es todo un acierto.

Entorno en Rossinière.

Despertamos en los Alpes Vaudoises y nuestro tiempo en Suiza va acabándose. Desde allí, y más rápido de lo que nos hubiera gustado, vamos descendiendo hasta llegar al lago Léman donde disfrutamos de algunos de los spots más codiciados, comenzando por el mismo lago y continuando por el Castillo de Chillon, una de las estampas más conocidas de esta parte de Suiza.

En el Lago Léman hay mucho por hacer, pero nosotros nos centramos en una cosa: Queen. Sí, en Montreux, en el casino, tienes lo que hoy se conoce como Queen: Studio Experience, el lugar donde estaban los estudios de grabación que pertenecían a este mitiquísimo grupo y que es de entrada gratuita. Una gozada para las gentes amantes de la música y del rock (aquí una presente).

De Léman nos vamos a Lausana, ciudad que nos gusta poco pero que tiene una catedral espectacular, y donde podemos aparcar de manera gratuita. Desde ahí divisamos Francia y buscamos un sitio para dormir. Solo nos queda un rato más en Suiza, lo que queda de noche y parte del día siguiente.

La última jornada en Suiza nos lleva a Ginebra, pero no a Ginebra misma sino al CERN. Poder visitar las instalaciones del CERN es un sueño cumplido que se materializa de manera gratuita, porque visitar el CERN es gratis. Allí nos pasamos media jornada y después visitamos la ciudad, que es encantadora. El tiempo tampoco acompaña y llueve. Debemos dejar Suiza atrás y meternos en Francia para cruzarla de nuevo e intentar llegar, dos días después, a nuestros pueblos.

Cuarta parte del viaje: regreso a casa.

Cruzar de nuevo Francia y soñar con nuevos viajes.

Tras Ginebra llegamos a Annecy, parando en el puente de la Caille. Annecy es una ciudad preciosa que nos sorprende incluso después de haber estado semana y pico viajando por el corazón de esta Europa. El tiempo sigue gris y ya es casi de noche. El lago, en Annecy, no nos sorprende; a estas alturas del viaje estamos de lagos hasta la coronilla.

Sí, tanto conjunto lacustre acaba agobiando, o más bien acaba saturando, por lo que supone transitar por zonas de lagos cuando tienes que ajustar mucho el presupuesto. No puedes cruzarlos en barco, como es el caso de Cosanza, los perimetras todos como es el caso de Suiza por no transitar por autopista… Al final una se agota de ver tanto lago, de tener que salvar tanto lago, y los lagos ya no sorprenden. Y en Annecy el lago está gris, cubierto de niebla, misterioso pero decadente a la vez.

En esta ciudad francesa, que no te puedes perder si estás por la zona, nos sentamos de nuevo a comer en un bar, que en realidad es un kebab, porque Annecy es cara. Allí dormimos en una zona habilitada para ello y al día siguiente continuamos nuestro camino.

No queremos demorarnos demasiado en nuestro regreso, por ello dejamos de lado muchas cosas que, como a la subida, nos interesaría ver. Aún así, paramos en una fría ciudad de Grenoble que nos obliga un 1 de julio a vestirnos con sudadera y chaqueta. Sin pena ni gloria paseamos por allí, pero con un fin principal: buscar la casa natal de Stendhal que acabamos encontrando. Sin un gran stenhalazo en nuestros cuerpos paramos después en Romans-sur-Isère para dirigirnos después hasta Valence, otra vez sin demasiada pena ni gloria pero donde volvemos a cenar en un restaurante. Pizza, eso sí, pero muy buena y a muy buen precio.

Comemos algunos kilómetros a la ruta después de haber cenado y dormimos ya casi metidos en la Provenza. Allí empiezan a aparecer señales que nos llaman muchísimo, sitios que siempre hemos querido visitar. Tal ve un próximo viaje, alguna vez… susurramos. Cómo nos gustaría visitar Nîmes. Alguna otra vez, seguro. Algún día será. Algún día será, unos meses después…

En ese momento, en ese punto antes de llegar a Aigues Mortes, se forja un viaje a la Provenza que tendrá lugar en el siguiente mes de diciembre, después de darle caña a las algarrobas en el campo y dejarlo todo preparado para que no las roben. Pero sigamos con esta aventura que, como acabo de decir, continúa en Aigues Mortes, fortaleza descomunal frente a unas salinas rosas, en las marismas de la Camarga. Allí el calor vuelve a ser insoportable y tenemos que quitarnos al ropa de nuevo. Comemos en el lugar un plat du jour delicioso y de lo más económico en el centro mismo de la localidad. Es dos de julio y la gente empieza a salir de casa. Nosotros tenemos que regresar. Hay que cruzar la última frontera.

Aigues Mortes a inicios de julio desde la muralla de la fortaleza.

Pero antes de cruzarla hay que ir a otro lugar, a un lugar que es de nuestros favoritos en el mundo mundial. Sí, ese sitio es Carcassonne, que nosotros ya hemos visitado en otras dos ocasiones y que nos sirve como fin de fiesta magnífico. En Carcassonne hay un ambiente maravilloso porque empiezan los conciertos en la calle. La ciudadela nos sigue enamorando y pasear por sus calles es otra vez una experiencia maravillosa. Un atardecer de ensueño es casi el broche final a este viaje. La jornada termina cerca de allí, en un lugar perdido del Languedoc. Después de todo lo que he visto en Francia el Languedoc sigue siendo mi región preferida…

Atardecer en Carcassonne.

Es 3 de julio. Sí, está va a ser nuestra última jornada. De nuevo hace mucho calor. Tenemos Narbonne a tiro de piedra y nos apetece visitarla por segunda vez. Cuando estuvimos allí por primera vez era diciembre, rozando el fin de año, y hacía frío y todo estaba decorado con motivos navideños. Hoy, ese domingo 3 de julio, está todo lleno de flores artificiales, pero también naturales. El sol brilla y como es primer domingo de mes los museos de la ciudad son gratuitos. La suerte nos sonríe así que los visitamos. Su catedral, primero, impresionante. Después el Horreum Romano y el Museo de Arte e Historia, instalado en el Palacio Nuevo de los Arzobispos.

En el museo, agotadísimos.

En Narbona nos vamos al mercado, compramos productos típicos, pan, tomamos una cerveza, compramos melones de esos que son tan franceses y algo para comer, preparado. Un pollo asado y paella en oferta. Salimos de la ciudad y en Salses-le-Chateau intentamos buscar un lugar donde haya sombra y no nos dé el sol abrasador para poder comer. Al final lo encontramos y desplegamos los bártulos. Después llegan otro par de furgonetas que hacen lo mismo. Allí cogemos fuerzas para lo que será nuestra última parte del viaje.

Llegamos a España por el mismo lugar de entrada, a la hora de la merienda, y nos detenemos en Figueres a tomar un café. Tengo la ilusión de visitar el Museo Dalí pero resulta que está Leonor de visita y lo han cerrado todo. Nada que un café a un precio que nos podemos permitir no solucione. Finalmente nos pasearemos por los alrededores del famoso museo y allí nos despediremos de este intenso viaje de tantos días.

Desde Figueres hasta el pueblo tenemos 3 horas y media de viaje. Cuando descendemos comentamos qué diferencia tan grande hay al viajar por autopista. Aprovechar que la AP-7 es gratuita hace de esta ruta algo mucho más cómodo, ya que nos evitamos todas las nacionales. Recordamos esos primeros viajes que hacíamos, más de 10 años atrás, en los que no teníamos la posibilidad de viajar por autopista y llegar a Francia era todo un reto. Hoy en día sí podemos ir por autopista, pero porque es gratis.

Pasada la una de la madrugada llegamos al pueblo. El bar de enfrente congrega a esas horas, todavía, a algunos parroquianos. ¡Vaya viaje os habéis pegado! Nos dicen algunos. Hay que ver con los pobres, cómo viajan. La misma conversación, el mismo comentario de siempre. Señor, lo que usted se gasta en cervezas yo me lo guardo para viajar, y usted tiene también furgoneta; haga lo mismo que nosotros y podrá viajar con poco, muy poco prepuesto.

Desmontamos los bártulos, los que podemos, no todos. Estamos cansados y ya es tarde. Al día siguiente, lunes 4, empieza de nuevo la rutina. Hay que seguir ganándose la vida como se pueda para conseguir, cuando rascas días libres, viajar por el mundo que esté a tu mano.

El Europe Tour ha terminado. Qué gran viaje.

Consideraciones finales

No sé qué más añadir a este viaje, no sé qué más contar sobre él que no haya contado ya. En realidad la experiencia es maravillosa, algo que jamás hubiese imaginado poder hacer pero que se presenta de un modo inesperado y hay que aprovechar.

No se me hubiese ocurrido planificar un viaje de estas características jamás en mi vida. Como he contado al principio, como he contado ya en otros artículos relacionados con este viaje, una ruta así me parecía inalcanzable. Pero a veces las cosas se dan por sí mismas, o se dan capeando las circunstancias, y cuando se dan hay que cogerlas. Y es esa la razón por la que podemos hacer esto.

Si me preguntas el presupuesto de este viaje te diré que mucho menos de lo que imaginas. En realidad lo que cuesta dinero es el combustible, que siempre intentamos repostar en los lugares más económicos. Más allá del combustible estos casi 14 días de viaje nos cuestan bien poco. Sí, lo cierto es que comemos fuera más de lo normal, pero porque aguantar tantos días comiendo de lata es complicado y, en realidad, desespera un poco. Es tremendo, por ejemplo, viajar por Suiza y no poder sentarte ni una vez a tomar una cerveza en un bar. Aunque en realidad eso nos ha pasado muchas veces, incluso viajando por España…

Siguiendo con el presupuesto, solo pagamos entrada para visitar el castillo de Haut-Koengsbourg, y en Aigues Mortes aprovechamos parte del premio que gano con el artículo dedicado a Ribadelago Viejo y que va de mano de Civitatis, y que nos permite entrar gratis a la fortaleza porque tengo 150€ para gastar. Sí, con una planificación mejor esos 150€ los hubiese aprovechado para visitar cosas en Suiza…

Como he ido diciendo en el artículo, lo de comer y todo eso lo combinamos con lo que teníamos en la furgoneta, pero también algunas veces aprovechando platos del día o menús que no iban más allá de los 15€. Claro, eso en Francia y en Alemania; en Suiza ni soñarlo.

Si me preguntas por la experiencia, por si volvería a hacer un viaje así, ya puedo decirte de antemano que sí, volvería a hacer este viaje una y mil veces. Este o uno similar. Sí, cierto es que cambiaría algo de la ruta por la Selva Negra, pero habiendo planificado bien aquello, o habiendo estudiado de manera correcta, no hubiese sido posible meternos en Suiza, y quién me asegura a mí que podré viajar a Suiza en un futuro…

La moraleja final de este viaje es la siguiente: quan passen s’agarren. O lo que sería lo mismo: al buen día, métele en casa. Aquí el carpe diem se aplica de un modo estricto. Un carpe diem con cabeza y dentro de las posibilidades que se presentan en cada momento y de las que cada persona dispone. El «ya lo haré mañana» no sirve aquí, porque en esta caso el mañana es incierto.

Para ir rematando: aprovecha cuando puedas, lo que puedas y donde puedas. No hay destino malo, no hay viaje perfecto, no hay viajeros mejores ni peores. Hay vidas y vidas, circunstancias, personas y momentos. Cada uno de ellos nos definen, y con ellos debemos jugar.

Te dejo a continuación los enlaces a los artículos que he ido escribiendo sobre este viaje. Espero que te sean de ayuda:

👉🏻Alsacia

👉🏻Selva Negra

👉🏻Lago Constanza

👉🏻Liechtenstein

👉🏻Impresiones sobre Suiza y ruta en Suiza.

Una filósofa y un politólogo que amana viajar y lo hacen a pesar de los pocos recursos que tienen. Viajar es más que un capricho, viajar es una necesidad y aquellos que somos pobres en un primer mundo de opulencias tenemos derecho también a realizar nuestros sueños viajeros. Porque los pobres también viajamos.
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2 pensamientos en “Tour por Alsacia, la Selva Negra, el Lago Constanza, Liechtenstein y Suiza en furgoneta.

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