Roadtrip otoñal de 3 días por Huesca

Huesca, uno de los lugares más mágicos del Pirineo. Al norte de Aragón, es una provincia rica en muchos aspectos, pero sobre todo es rica en naturaleza. Realizar un roadtrip en otoño es una idea genial. Aquí nuestra ruta.


Nuestro viaje otoñal por el Pirineo es casi ya un ritual anual. Cuando termina septiembre deseo con todas mis fuerzas poder disponer de algunos días libres para poder hacer una pequeña escapada por la naturaleza. El otoño es maravilloso, será seguramente mi estación del año favorita, y quiero aprovecharlo al máximo – y en la medida de lo posible – para disfrutar de todo lo que esta época del año nos ofrece.

Escoger las fechas no es voluntario; como digo, debemos adaptarnos a esos días libres que puede que tengamos, o puede que no. En esta ocasión, y en 2021, los únicos días libres de los que dispondremos serán los que coincidan con el puente de octubre. Sí, son días un poco tempranos para disfrutar de el otoño en todo su esplendor, pero una no tiene lo que quiere sino lo que hay, y lo que hay es esto – y no está del todo mal.

Como sabréis, nos gusta poco viajar en temporada alta. La razón principal son los precios en alojamiento, pero teniendo en cuenta que vamos con la furgo, eso nos da un poco igual. Lo segundo es la cantidad de gente que te encuentras en los sitios, no porque nos dé rabia que hay agente ni nada parecido, todos tenemos derecho a viajar, sino porque nos gusta mucho estar solos, incluso en los lugares que lo bonito es que haya gente.

Después de mucho pensar, e intentando no repetir el destino del año anterior – aunque me tienta – acabo por escoger Ordesa como estrella del viaje y a partir de este punto iremos construyendo nuestra ruta.

Nuestro plan de viaje – que os desarrollaré a continuación – pasa por subirnos al vehículo el viernes al terminar de trabajar – trabajamos también los sábados, pero el 9 de octubre es festivo en la Comunitat Valenciana y este año cae en sábado – sobre las 8 y pico de la tarde, y pondremos rumbo a Huesca. Intentaremos adelantar todos los kilómetros posibles y finalmente llegaremos hasta Benabarre, donde pernoctaremos en su área de caravanas.

Itinerario de viaje

Día 1

Nos despertamos en Benabarre, localidad que ya visitamos en un viaje anterior que realizamos en diciembre del año 2017. Allí pernoctaremos en su área de caravanas, desayunaremos y compraremos algo de chocolate – porque sí, en Benabarre tienes que comprar chocolate. Desde Benabarre pondremos rumbo a lo que será nuestra primera visita del día: Roda de Isábena.


En tu ruta por la Ribagorza no puedes perderte dos localidades: Benabarre (encuentra más información aquí) y Montañana (encuentra más información aquí).

Roda de Isábena

Roda de Isábena es, ahora, uno de los pueblos más bonitos de España, tiene una de las catedrales más pequeñas del país – bueno, ahora solo es parroquia – y sin duda su casco urbano es digno de visita.

Sobre un pequeño cerro dominando el valle y con un entorno digno de mención, esta pequeña localidad amurallada es una visita ineludible en cualquier viaje a la Ribagorza. En nuestro caso será la tercera vez que la visitemos y, por fin – y ese será el motivo por el que escogemos, también, Huesca como destino – podremos visitar su catedral.


Para visitar la catedral de Roda de Isábena debes comprar las entradas con antelación – por cuestiones de Covid, entiendo – en la página web del Museo Diocesano de Huesca. El precio son tres euros por persona y la visita es guiada.

La catedral de Roda de Isábena es de las más pequeñas de España. Bueno, era, porque hoy en día ya no es catedral, hoy es la iglesia parroquial del pueblo.

A esta ex-catedral, la de San Vicente de Roda de Isábena, se la considera como la más antigua de Aragón – y ya sabéis que yo estas cosas no las menciono de forma categórica – y también es considerada la más pequeña de España. Eso, en realidad, a mí no me importa, quiero decir, que lo que me interesa es su valor artístico y también histórico; lo que mida o lo vieja que sea está en un lugar secundario, como mínimo.

La visita es guiada, como os he dicho antes, por lo que se agradecen las explicaciones que sin duda siempre ayudan a comprender mejor el espacio que visitas. Pero sin visita guiada este lugar también sería de lo más impresionante, y es que su factura románica se percibe en cada rincón.

Lo más interesante de este edificio religioso puede que sea su cripta que se encuentra a vistas y no escondida en un piso inferior, aunque sí esté en el piso inferior. La imagen que conforman las viejas columnas románicas con el resto del conjunto ex-catedralicio son una de las estampas más bellas que puedas ver en cualquier catedral aragonesa. Como curiosidad, la cripta es donde hoy en día se celebran las misas ya que hay tan poca gente que allí se resguardan mejor del frío.

El otro hito arquitectónico de la catedral es su claustro, románico él, pequeño, recogido, pero maravilloso. Parte del edificio de la catedral es propiedad de Hospederías de Aragón y en una parte del claustro se encuentra la terraza del restaurante – que estaba cerrado ese día – y el restaurante mismo en el antiguo refectorio – lugar ideal para poner un comedor, tengo que decirlo 😊

La visita a Roda acaba aquí, damos una última vuelta por el pueblo – que se visita muy rápido – y continuamos con nuestra ruta.

Puente medieval de Serradúy

La ignorancia es maravillosa porque con ella puedes sorprenderte de todo lo que el mundo te ofrece. Sí, cierto es que conociendo las cosas la sorpresa también existe, pero la emoci´ón que causa encontrarse con lo inesperado es muy valiosa y toparte con maravillas como el puente medieval de Serradúy es algo que suma valor a la ruta.

Obligatorio parar y pasear por el río y disfrutar de la belleza de este lugar que es sin duda una fantasía.

Muro de Roda

Salimos de la Ribagorza y nos metemos ahora en el Sobrarbe. Antes de llegar a nuestra siguiente visita vamos a parar a comer en un lugar maravilloso perdido de la mano de todo y en el que disfrutaremos tranquilamente de lo que nos hemos preparado en casa el día anterior.

Nuestra pretensión es ahora llegar a Muro de Roda, un lugar que dicen es impresionante y que tiene un acceso no demasiado cómodo pero que, oye, vale la pena todo lo que cuesta subir.

Muro de Roda es un despoblado desde mediados del siglo pasado, y hoy es un conjunto fortificado que se encuentra en excelente estado de conservación y del que tienes unas vistas flipantes de todos los pirineos y también de todo el valle.

Sin duda pasear por Muro de Roda es pasear a través del tiempo. No tienes que pagar entrada para acceder y está todo abierto.

Conoce más sobre Muro de Roda leyendo el 👉 artículo completo dedicado a él.

Tella

Tengo muchos sitios apuntados para visitar en mi libreta de viajes. Lo cierto es que el plan inicial es quedarnos por el Sobrarbe e ir descubriéndolo junto a Ordesa. Uno de los lugares que quiero visitar sí o sí es Tella, un pequeño pueblo en las alturas que como gran parte de este territorio vive entre historias de brujería.

En Tella está La casa de la bruja, museo sobre supersticiones locales y hierbas medicinales, una ruta por sus ermitas muy fácil pero resultona, y un entorno que quita el hipo.

Para llegar a Tella tienes que pasar Aínsa y seguir hacia la montaña para desviarte después a la izquierda y subir por una carretera con muchas curvas y bastante pendiente.

Llegas al pueblo, haces la ruta y luego visitas el dolmen de Tella, otro de los puntos claves de la localidad. Sin duda acercarte hasta esta pequeñísima localidad es un gran acierto.

Conoce más sobre Tella leyendo 👉 este artículo que preparé sobre la localidad.

Aínsa

Desde Tella, y siendo ya casi de noche, vamos a parar a Aínsa. Lo cierto es que en Aínsa ya hemos estado en otra ocasión y solo queremos parar allí para recordar el pueblo. Intuimos que en medio de un puente tan importante como es el de octubre Aínsa va a estar hasta los topes, pero no tanto como la barbaridad de gente que encontraremos.

Queremos dormir en Aínsa porque hay una zona de caravanas. El aparcamiento no es gratuito en ningún parking de la localidad. Si pagas tres euros tienes para todo el día, pero si no vas por horas. Nosotros estamos a punto de quedarnos a dormir en la zona de caravanas que hay en la parte vieja del pueblo, pero hay una cantidad ingente de vehículos, muchísimas personas, y bastante ruido. Finalmente damos una vuelta por el pueblo, compramos algo de queso y bajamos a la parte nueva para cenar algo a un precio económico.

Y sí, encontramos el bar de un hostal en el que por diez euros por cabeza cenamos genial y sin casi gente. Nos hemos agobiado mucho en la parte alta y tanta gente reunida allí le quitábamos encanto al pueblo. Además, la plaza llena de terrazas y con el griterío deslucía la belleza de la misma que sí pudimos disfrutar años atrás, un domingo de agosto del año 2013.

A pesar de esto que te digo, Aínsa es un lugar que tienes que visitar porque es verdaderamente bello. Intenta hacerlo fuera de temporada y será mucho mejor.

¿Dónde dormimos?

Como os he dicho, queremos quedarnos en Aínsa pero aquello está hasta los topes, así que seguimos la ruta que queríamos hacer al día siguiente para acercarnos hasta Ordesa. Al final este contratiempo será el que nos permita poder gozar de una ruta senderista al día siguiente, y es que después me daré cuenta que el calculo de los tiempos no había sido el adecuado.

Ya sabéis que estamos acostumbrados a viajar fuera de temporada y hacerlo por libre. Intentamos acceder a todos los lugares por nuestra propio pie – o con vehículo propio – y no somos de subirnos a autobuses o otro tipo de transportes para llegar hasta espacios naturales. En el caso de Ordesa – y tengo un artículo escrito a propósito en el que os cuento la experiencia y que más abajo os enlazaré – tendremos que pasar, sí o sí, por el transporte colectivo.

Así, el hecho de tener que apartarnos de Aínsa para acercarnos cada vez más a Torla – desde donde salen las rutas hacia Ordesa – será una ventaja para el día siguiente.

Vamos buscando sitios para dejar la furgoneta y poder dormir pero como en todos los lugares hay tanta gente como en Aínsa o más. Finalmente encontramos en Broto un lugar para dormir al lado del río, tranquilo y apartado del bullicio.

Día 2

Nos despertamos en Broto, lugar en el que también habíamos estado tiempo atrás, y donde desayunaremos, compraremos pan para `preparar los bocatas que serán nuestra comida del día y desde allí pondremos rumbo a Torla.

Torla – Ordesa (Senda de los Cazadores)

Llegamos a Torla no muy tarde, serán las nueve más o menos. El aparcamiento está hasta los topes y hay una cola interminable para comprar los billetes que te llevan a Ordesa, y después hay cola para subir al autobús.

Cuando veo aquello estoy a punto de desistir pero JJ me acaba convenciendo y me recuerda que lo que yo realmente quiero es visitar Ordesa. Pues también tienes razón, le digo. Empezamos a hacer la cola mientras el otro prepara la comida del día y todos los trastos. Al cabo de una hora más o menos conseguimos los billetes.

Nos esperamos unos 15 o 20 minutos más para subir al autobús y finalmente acabamos subiendo para tras otros 20 minutos de trayecto llegar a la Pradera de Ordesa, desde donde partirá nuestra ruta. Finalmente haremos la Senda de los Cazadores, una ruta exigente, no hecha para todo el mundo. Es más, creo que la ruta estrella de Ordesa, la que te lleva hasta la Cola de Caballo, es una ruta larga que tampoco está hecha para todo el mundo.

Pasaremos todo el día en Ordesa – la ruta son unas 7 horas – y regresaremos muertos a Torla. Allí decidiremos que ya está bien de naturaleza en este viaje y como siempre hacemos un fifti fifti en nuestros viajes, el día siguiente lo pasaremos en otro valle visitando pueblos bonitos.

Nos dirigiremos ahora a Jaca, donde cenaremos y dormiremos donde podamos. Y es que sí, en Jaca hay zona de caravanas también pero está, como todo lo demás, hasta los topes.

Nuestra experiencia personal realizando la Senda de los Cazadores en Ordesa la puedes encontrar siguiendo 👉 este enlace.

Día 3

Jaca

No es la primera, ni la segunda, ni la tercera vez que visitamos Jaca. De hecho, nos encanta viajar a Jaca de tanto en tanto. Es una ciudad pequeña pero con mucho encanto, con una catedral románica preciosa y en la que hay muy buen ambiente.

Hemos estado allí para el festival folklórico un par de veces, pero también en otras ocasiones. Desde all´í hemos visitado San Juan de la Peña – un imprescindible – o Serós, y desde allí puedes ir a sitios de Francia increíbles (como estos), también a Canfranc. Lo cierto es que Jaca es uno de nuestros destinos fetiche y viendo el panorama en el monte decidimos alejarnos un poco de los highlights para adentrarnos en sitios menos concurridos.

Así, ese día desayunaremos unos churros y chocolate, y un pincho de tortilla y chistorra – porque hay que ganar todo lo perdido el día anterior – y visitaremos la catedral, y daremos un paseo por las calles de la ciudad, y recorreremos la Ciudadela, compraremos algo de fruta y tomates para comer y nos iremos hasta otro valle que nos encanta, que ya conocemos de viajes anteriores pero del que nos falta un imprescindible que queremos conocer sí o sí.

Siresa

Siresa, en el Valle de Hecho, donde dicen nació el Reino de Aragón. Su iglesia románica sigue siendo un problema a resolver en lo que a temas arquitectónicos se refiere porque hay cosas que no cuadran. Siresa, qué excusa tan grande para regresar a ese precioso valle.

Y sí, la excusa es una iglesia que era monasterio y en el espacio que éste ocupaba se encuentra hoy el pueblo. Hablar de Siresa es meterse en camisa de once varas, fantasear sobre qué fue primero, si el huevo o la gallina, pero la evidencia nos cuenta que antes de Jaca ya estaba San Pedro de Siresa, que en el siglo IX teníamos allí piedra sobre piedra conformando una estructura que todavía hoy se mantiene en pie.

Que si carolingio, que si no, que si fue el primero, que si no lo fue… Es una lástima que no haya visita guiada al lugar – al menos no nos la ofrecen allí – y también es una lástima que no haya grandes explicaciones en in situ. Por suerte hoy en día la tecnología nos salva de estos apuros y nos pasamos casi una hora sentados en un banco de la iglesia leyendo los distintos artículos que vamos encontrando en internet y que cuentan todo lo que saben de San Pedro de Siresa.

Después de la visita, que ya digo que nosotros alargamos porque nos gusta investigar, aunque si no conoces nada sobre la materia o no te interesas sobre ella en unos 5 minutos has «visto» el edificio, damos una vuelta por el pueblo, tomamos algo en el bar – no muy económico, la verdad – y vamos a buscar un lugar para comer, cerca de Oza.

Breve incursión a la Selva de Oza

De verdad que yo no tenía pensado meterme en Oza, aunque pueda parecer lo contrario. Si había pensado visitar Oza en este viaje, pero como alternativa a Ordesa, lo que pasa es que al preguntar en Jaca sobre los horarios de Siresa me dicen que puedo ir también a Oza, que está cerquita y claro yo, que siempre he sido una niña muy bien creída, tengo que hacer caso a las recomendaciones.

Es así como acabamos conduciendo hasta Oza por una carretera estrechísima en la que tienes preparados salientes en el firme para detenerte si viene un vehículo de cara pero que sigue el recorrido del río con las montañas casi aplastándote y los colores del otoño pintando de vivos colores todo el espacio.

Antes de llegar al espacio natural propiamente dicho encontramos un lugar donde dejar la furgoneta, al lado mismo del río, y bajo la sombra de los árboles – porque sí, hace fresco pero el sol a mediodía aprieta – y montamos allí nuestro restaurante particular.

Comemos una ensalada, algo de lata que llevamos en la furgo, un par de plátanos y nos echamos hasta una siesta. Algunas personas pasan por nuestro lado y nos desean un buen provecho o nos saludan con un «buenas» típico del mundo de la montaña. Pasado un buen rato decidimos conducir los últimos metros hasta el aparcamiento ya muy cerca del cámping Selva de Oza.

Al llegar allí, otra vez, mucha gente, alguna de ella bañándose en el río – que no veas cómo debe estar el agua. Resulta que en cámping hay bar así que allí que vamos tomar un café y después damos un paseo por los alrededores más cercanos para acabar en la Corona de los Muertos, un yacimiento arqueológico que data del 3.000 al 500 antes de nuestra era, y que es de muy fácil acceso.

En Oza no hacemos más porque a Oza hay que ir expresamente, así que damos la vuelta y vamos hasta el siguiente punto de nuestra ruta – improvisada, como veis.

Hecho

Paramos en Hecho, pueblo que hay que visitar sí o sí porque es muy bonito y donde hay muchísimos servicios, y en el que ya habíamos estado también en un viaje anterior.

En Hecho, como en todos los pueblos del valle, debes fijarte en sus chimeneas y si te apetece desde allí puedes salir a hacer rutas por sitios megalíticos. Nosotros, como ya habíamos estado, no hacemos más que comprar pan y tortas y magdalenas y ponemos rumbo al último pueblo que visitaremos en este día y en el valle.

Ansó

Recuerdo que pasé por Ansó, allá por el 2015, sin pena ni gloria. No sé porqué me gustó más Hecho que Ansó por aquel entonces. Esta vez debo decir todo lo contrario: Hecho no me mata pero me enamoro de Ansó. Dicen que nunca las segundas partes fueron buenas, pero en esto del viajar me he encontrado con muchas sorpresas al respecto.

Ansó está precioso, no lo recordaba tan cuidado. Se nota que ha entrado a formar parte de la red de los pueblos más bonitos de España, y siendo ya casi mediados de octubre la localidad está llena de flores y más flores y muchas más flores que cuidan las gentes del pueblo.

La arquitectura típica es impresionante y la espectacularidad de su imagen proyectada hacia la lejanía hacen de este pequeño pueblo oscense un imprescindible en Aragón.

Y nos toca salir de Ansó y del Valle. Bueno, decidimos salir del Valle de Hecho para meternos un poco en el Valle del Roncal. Tenemos claro qué queremos hacer al día siguiente y por unos kilómetros más, qué más dará, ¿verdad?

Esa noche dormiremos… en el Roncal.

Sí, atravesaremos los Valles Occidentales porque la carretera es mucho mejor que la que te lleva por Fago, y es que el Puerto de Matamachos es una locura de carretera y conducir por la noche por allí no nos parece un buen plan. Llegaremos a Isaba por una carretera que ya conocemos de tiempos anteriores y que es una lástima transitar por la noche ya que aquello es un festival del otoño. En Isaba encontraremos un montón de gente, y no solo en Isaba. Finalmente, y en Roncal, encontraremos la tranquilidad que buscamos y pernoctaremos en su área de caravanas.

Esta ruta la hicimos ya de un modo parecido tiempo atrás y puedes leer sobre ella 👉 siguiendo este enlace.

Día 4

Roncal

Como digo, conocemos Roncal de un viaje anterior. Es un pueblo precioso que nos encantó y que visitamos casi de paso ya que pasamos mucho más tiempo en Isaba porque iba primero en la ruta. Esta vez, y aprovechando que pasaremos la noche allí, queremos dar un paseo más tranquilo. Nuestra pretensión es desayunar allí pero son las nueve de la mañana y está todo cerrado, así que arropados por la niebla llegaremos hasta lo alto del pueblo, que es también de los más bonitos de España, y subiremos a la furgo para ir bajando porque se nos va tanto la pinza – y aprovechando ya que es el último día y tenemos que regresar – que tenemos pensado hacer una parada un poco freak.

Burgui

Paramos en Burgui gracias a las recomendaciones hechas por una seguidora nuestra en Instagram. Nos dice que allí hay un horno de leña muy bueno y que el pan es delicioso. Como en Roncal no hay donde desayunar tenemos la esperanza de tomar algo en Burgui.

El día es frío – estamos entre los 2 y 3 grados – y hay una niebla espesa que nos acompaña durante el breve recorrido entre Roncal y Burgui. Al llegar a Burgui aparcamos a las afueras del pueblo y al adentrarnos en él… ¡qué es esto! Qué sitio tan bonito, cuánta flor, cuánto colorido. Qué casas tan maravillosas, y qué rincones. Y el río. Una fantasía.

Encontramos la panadería de Burgui, las pastas están a medio cocer. Preguntamos dónde podemos ir a tomar algo y nos dicen que hasta las 10 no abre nada. Esperamos en el pueblo y por suerte encuentro un establecimiento abierto donde poder comprar queso del Roncal. En la panadería compramos magdalenas, y txantxigorri, y pan. Abre el bar, nos tomamos un café calentito y continuamos nuestro camino.

Huesca

Será por veces que hemos pasado cerca de Huesca y nunca hemos tenido la decencia de hacer un alto en el camino y visitar algo de la ciudad. Esta vez sí lo haremos y acabaremos comiendo algo en los locales de pinchos que hay repartidos por todo el centro.

Su catedral, que solo podremos ver por fuera, o el Monasterio de San Pedro el Viejo, que ya casi cierra y que decidimos no visitar, nos sorprenderán mucho.

Puede que Huesca no sea de las ciudades más bonitas, pero sí tiene elementos destacados dignos de visitar y que merecen algo más que una parada de paso. Además, tiene gran cantidad de arte urbano repartido por todo el casco histórico que es también digno de mención.

En Huesca paseamos y comemos y decidimos hacerle una visita en profundidad en un futuro que esperamos no sea lejano.

Zaragoza

Os lo había dicho, se nos va la pinza. Es 12 de octubre, día del Pilar. Qué mejor plan, y si quieres evitar a la gente – soy irónica, claro -, que hacer parada y fonda en Zaragoza.

No es la primera vez que visitamos Zaragoza en esas fechas, y teniendo en cuenta que tenemos que volver a casa – y que las rutas siempre nos suelen llevar por Zaragoza – pues nada, aprovechamos para visitar la ciudad y ver cómo se celebra la fiesta en tiempos de Covid.

Desde allí volveremos a casa sin demorarnos demasiado. Nuestra ruta pirenaica termina aquí, en la capital de Aragón.

Consejos

Posiblemente viajar a esta zona de España durante el puente de octubre no sea de los viajes más tranquilos que puedas hacer pero, como siempre digo, nos adaptamos a lo que nos vamos encontrando, y este año nos hemos encontrado solo días libres durante el puente.

Por lo tanto, debes tener en cuenta que vas a encontrar mucha gente y que los precios estarán mucho más altos. Nosotros en eso no nos fijaremos porque dormiremos en la furgo y menos mal, porque si no llega a ser a así a ver quién viaja.

Te recomiendo que si es tu primera vez en la zona no hagas lo que nosotros, que ya conocemos Huesca algo más. Llegaría, tal vez, hasta Jaca, o incluso hasta Hecho, pero no pasaría al Roncal sino que regresaría a Jaca y aprovecharía para visitar Serós, Canfranc o San Juan de la Peña.

A lo largo del artículo he ido enlazando otras cosas que puedes hacer en los alrededores de Jaca, y es que me parece una base de operaciones perfecta para recorrer esa parte del Pirineo y también algo de Francia.

Presupuesto

El presupuesto para este viaje no es muy alto en nuestro caso, ya que el alojamiento es la cabina posterior de la pequeña furgoneta de ir al campo adaptada para la ocasión, así que en ese aspecto nos ahorramos un buen pico – y es por eso que podemos viajar en fechas como puentes.

Alojamiento

Si tuviese que aconsejar un par de lugares para alojarte en una ruta como ésta y hacer nuestro itinerario te recomendaría Aínsa y Jaca, por ser dos puntos neurálgicos en los que el alojamiento es más abundante. También, y si te apetece, puedes hacer una noche en cada lugar más o menos como nosotros lo hicimos, pero eso si tienes que ir cambiando de alojamiento – y a mi juicio – es algo más pesado.

Entradas

Algunos de los lugares que visitamos eran de pago, y fueron los siguientes:

  • Catedral de Roda de Isabena: 3€ por persona (visita guiada)
  • Autobús ida/vuelta Ordesa: 4,5€ por persona.
  • San Pedro de Siresa: 2€ por persona
  • Total entradas: 19€ dos personas.

Comer

Entre bocatas, ensaladas de pasta, tortilla de patatas y demás cosas que nos hacíamos nosotros mismos no nos gastamos mucho en comer. Bien es cierto que nos permitimos el lujo de desayunar «fuera de casa» todos los días – unos 5 o 6 euros cada mañana los dos – y también tomamos alguna cerveza y algún pincho, que dependiendo del lugar era más barato que en otros – en Isaba nos costó casi el doble que en Roncal el mismo producto. Además, cenamos una noche en Aínsa, unos 10 euros por cabeza, y cenamos también en Jaca un chuletón y unas patatas bravas y bebida, que nos salió todo – si no recuerdo mal – por 35 euros los dos – compartimos el chuletón. El resto fueron pequeños gastos que se fueron acumulando al presupuesto.

Comer en el Pirineo, en realidad, no es caro. La oferta es muy variada y si quieres puedes comer bien por poco precio. Y si vas combinando comer «casero» y en restaurante como nosotros te ahorras un buen pico; la diferencia de comer todos los días en el bar a hacerte tú, por ejemplo, una buena ensalada, es enorme.

Hay que tener en cuenta que, y en nuestro caso, al no gastar tanto dinero en alojamiento – solo la gasolina que sería imprescindible en un viaje de este tipo – podemos invertir en hacer cosas como desayunar un café en un bar y no calentado en un cazo – o sin calentar – como hemos hecho en otras ocasiones.

Enlaces de interés

Te dejo aquí enlaces que pueden servirte para montar el viaje por tu propia cuenta:

Y hasta aquí nuestro viaje otoñal de 4 días por el Pirineo, aunque en realidad por Huesca fueron solo 3 – y por eso el título de la entrada. Hagas esto que aquí te cuento o algo parecido, vas a disfrutar mucho de uno de los espacios más fascinantes de toda España, así que anímate y viaja hasta Huesca, no te arrepentirás.

Una filósofa y un politólogo que amana viajar y lo hacen a pesar de los pocos recursos que tienen. Viajar es más que un capricho, viajar es una necesidad y aquellos que somos pobres en un primer mundo de opulencias tenemos derecho también a realizar nuestros sueños viajeros. Porque los pobres también viajamos.
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