Tella y la ruta de las tres ermitas.

Las rutas que senderistas que hay para hacer en los Pirineos son múltiples, de todos los niveles y para todos los gustos. Una ruta sencilla a la par que impresionante por el entorno es la Ruta de las Ermitas en Tella, un pequeño pueblo del Sobrarbe conocido por su historia con la brujería.
¿Te vienes?


A Tella se lo conoce como el pueblo de las brujas, y es que la relación del pueblo y este personaje mitológico es muy estrecha. Allí está uno de los picos más emblemáticos de la zona, el Puntón de las Brujas, lugar donde dicen que las brujas montaban sus aquelarres.

Tan estrecha es la relación entre Tella y las brujas que allí encuentras la Casa de la Bruja, un museo ubicado en la antigua casa de la maestra – y que nosotros encontramos ya cerrado – en el que encuentras exposiciones sobre la brujería y etnobotánica en el Alto Aragón.

De Tella, dicen, que mejor Dios te libre de ella, y las brujas a esto responden que ojalá tengas tan lejos los huesos de la carne como estés de ella. Yo casi mejor le hago caso a la bruja, que me da más confianza.

Bruxas y leyendas

Sí, Tella es uno de esos lugares en los que la brujería está tremendamente presente. Bueno, qué voy a decir, en el Pirineo la figura de la bruja no es algo residual. Tan presente está la bruja que en los pueblos las chimeneas tienen la función de espantabruxas. Las chimeneas troncocónicas tan presentes en los pueblos oscenses tienen, en ocasiones, unos objetos en lo alto que en su forma más simple son una piedra vertical pero que, en otras ocasiones, son pucheros, cruces o seres de apariencia terrorífica.

Y ¿por qué poner espantabruxas? Pues para evitar que éstas sobrevolasen los tejados de las casas, y en Tella había brujas, y las gentes les tenían miedo, y todavía a día de hoy las chimeneas tienen como culmen formas extrañas.

Funcione o no esto de las espantabruxas, quiera una o no espantarlas, en Tella, y como en tantos otros lugares, de bruxas haberlas, haylas.

O eso narran las leyendas, cuentan las malas lenguas y han creído las gentes desde tiempos inmemoriales.

Las leyendas, en el Sobrarbe, hablan de la Tía Frasca, el nombre que llevaba la bruja que era digna de serlo. La mujer, anciana, daba miedo, los niños huían de ella, los adultos la temían. Frasca vivía ¿de qué? Dicen que de la caridad, pero también de la ayuda que prestaba con sus «oscuras» – y entrecomillo «oscuras» – artes a las gentes que las necesitaban.

Sus «oscuras» artes eran sus conocimientos de botánica, el dominio sobre los remedios naturales que permitían sanar a las gentes. Tal vez el domino sobre ese arte obligaba a todas las Frascas a vivir en una semiclandestinidad. Como una especie de druida maldita la bruja era temida en público pero venerada en la intimidad.

Tella

Partimos a Tella teniendo Ainsa como referencia y poniendo dirección Labuerda y continuando por una carretera puramente pirenaica en el cruce que hay en el kilómetro 64 de la A-138. A partir de ahí nos quedan casi nueve kilómetros de pura curva y montaña.

Antes de llegar a Tella, como un kilómetro, aparece el Dolmen de Tella, que data de la época del Neolítico y que fue descubierto en los años 50. Nosotros lo visitaremos después de realizar la ruta de las tres ermitas, al atardecer, y con el cielo pirenaico pintado de colores pastel.

Llegamos a Tella y nos encontramos con un pueblo pequeño y puramente montañes. Rodeado de bordas – las granjas – y de los picos de las montañas que lo rodean convierten ese espacio en un paraje grandioso.

No es pronto, estamos a mediados de octubre y las noches comienzan antes. No tememos a las bruxas pero sí a la oscuridad; queremos hacer la ruta que he leído no es complicada pero meterte por el monte sin conocer de manera empírica el espacio no es nada recomendable. As´´í, cambio de ropa y zapatillas – venimos de visitar Muro de Roda -, cogemos una chaqueta y empezamos la ruta.

La ruta de las tres ermitas

La ruta parte de la Iglesia de San Martín de Tella, punto de referencia – y punta sobre todo el pueblo – y comienza por un sendero que discurre en sus primeros metros por lo alto del pueblo. No hay pérdida, la ruta está muy bien indicada, y solo necesitas seguir el camino marcado.

Los primeros pasos de la ruta te ofrecen esta perspectiva del pueblo.

Después de salir del pueblo – y esto no vas a tardar mucho en hacerlo – continúas por una vereda entre altos árboles, en un espacio umbrío y sin mucha dificultad pero sí de mucha belleza. Unos metros después, a mano izquierda, el desvío que te lleva a la primera ermita y que está literalmente bajo el Puntón de las Bruxas: la ermita de San Juan y Pablo, que data del siglo XII.

Para llegar a esta ermita tienes que descender un poco y luego subir y quedarte a los pies del lugar en el que dicen se celebraban aquelarres y demás actos paganos. La ermita, por su parte, está abierta y puedes meterte en ella. Decir que esta ermita es la más antigua de entre todas las que hay documentadas en el Sobrarbe y que ha sido declarada Bien de Interés Cultural. Para dar algunos datos cronológicos, fue consagrada en el año 1019.

El camino sigue, teniendo que retroceder unos metros para llegar a la siguiente ermita. Ahora el camino empieza a subir un poco y dejamos de lado la llanura para arraparnos un poco por el monte. Llegamos, y a partir e otro desvío que hay a mano derecha – perfectamente indicado – a la Ermita de las Fajanillas, del sigo XVI y que encontramos cerrada. Desde esta ermita las vistas son maravillosas, pero mucho más lo son desde el camino y a la llegada a la tercera ermita.

El Puntón de las Brujas y la Ermita de San Juan y San Pablo desde la Ermita de las Fajanillas.

Nos queda, ahora, desandar el camino, regresar a la intersección – no muchos metros más allá – y acercarnos hasta la tercera y última ermita, la de la Virgen de la Peña, que data del siglo XIII. Es una ermita de nave rectangular a la que se puede acceder,

Desde esta ermita las vistas de los valles aledaños son impresionantes, más aún en el momento en el que el día se apaga y las luces tiñen el espacio de un aura mística.

Nos queda ahora terminar la ruta, que no dura más de una hora y que son algo más de 2 kilómetros, llegando al pueblo de Tella por su parte más baja. Dicen que estas tres ermitas están hechas para protegerte de la brujería. Yo no sé si quiero que eso suceda, quiero decir, que creo que las brujas me hacen más bien que mal.

El Dolmen de Tella

Saliendo del pueblo y a unos 500 metros a mano derecha del mismo encontraremos un aparcamiento donde dejar el coche. Tenemos que andar unos centenares de metros para llegar al Dolmen que se conoce también como Llosa de la Campa o Piedra Vasar.

El dolmen es interesante por su importancia humana, pero es que además el espacio en el que se encuentra, una pradera inmensa con vistas increíbles a los Pirineos, le suma muchos puntos al espacio.

Nosotros, y como he dicho al principio, tenemos la inmensa suerte de haber elegido pararnos en el dolmen a la vuelta de la ruta, lo que nos permite disfrutar de la montaña pintada de colores rosados gracias a las últimas luces del día.

Tella, Dios nos libre de ella, ¿a quién se le ocurrió soltar semejante barbaridad? Tella es, sin ninguna duda, un lugar que tienes que visitar en tu viaje al Sobrarbe. Se trata de una excursión magnífica para hacer desde Aínsa, y una ruta senderista muy fácil para realizar con niños ya que no tiene ningún tipo de dificultad.

De Tella te sorprenderá su situación entre montañas, su tranquilidad, la belleza del pueblo, de las bordas y de las chimeneas. Te sorprenderá también el dolmen y el espacio en el que se encuentra. Sin duda se trata de una muy buena opción para conocer algo más de ese Sobrarbe mágico y misterioso, ancestral pero también muy humano, que a veces se nos escapa en nuestros viajes. Apunta Tella [y encuentra más información aquí] para futuras escapadas por Huesca, no te arrepentirás.

Una filósofa y un politólogo que amana viajar y lo hacen a pesar de los pocos recursos que tienen. Viajar es más que un capricho, viajar es una necesidad y aquellos que somos pobres en un primer mundo de opulencias tenemos derecho también a realizar nuestros sueños viajeros. Porque los pobres también viajamos.
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