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Praga Día 1 | Cambio de dinero, Malá Strana, Plaza Wenceslao y que viva la cerveza checa.

Comienza nuestra aventura en Praga. Primer día en la capital checa, la que dicen es una de las ciudades más bonitas de Europa y la que tiene el mayor castillo antiguo del continente. Tendremos que verlo, ¿no?

A Praga llegamos el día interior, ya por la noche – pero eso no tiene mérito, en enero es de noche ya a las 5 de la tarde. Veniamos de Viena, habiendo volado desde València hasta la capital austriaca y habiendo subido a un tren que tras 4 horas nos dejaba en la estación de ferrocarril de Praga. Tras un día de largos viajes llegábamos a la capital checa.

📍 Si quieres saber cómo ir de Viena a Praga en tren, lee 🖱 este artículo.

Tras alojarnos en el hotel – muy céntrico y muy económico, es lo que tiene viajar en enero – nos dimos un paseo por los alrededores: casas danzantes, muy cercanas al alojamiento y reloj astronómico más cambio de dinero.

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💱 Cambiar dinero en Praga es fácil, en cada esquina te encuentras con una casa de cambio. Pero… ¡alerta! En casi todas esas casas de cambio que hay sueltas por la ciudad te ofrecen un cambio muy favorable pero después te cobran unas tasas altísimas que encarecen mucho la transacción.

Nosotros cambiamos dinero (unos 60 €) en la casa de cambios Exchange Praga 1, que se encuentra muy céntrica en la 📍 Plaza de Franz Kafka nº 2 (en checo Náměstí Franze Kafky 2, Praha 1). Os dejo más abajo el enlace de su página oficial para que tengáis más información, pero es totalmente fiable y hacen lo que dicen en la web, sin ningún tipo de problema.

Web de Exchange Praga 1🖱 aquí.

Un primer vistazo a la ciudad, perdernos – literalmente -por las calles y a dormir, que a la mañana siguiente comienza un día de caminar muchos kilómetros.

Praga día 1

Malá Strana – Mucho más que el castillo

El día comienza bien temprano – todavía no son las 7 de la mañana cuando suena el despertador. Tras asearnos nos vamos a desayunar al hotel, y es que tenemos desayuno en el hotel – ventajas de viajar en épocas gélidas. Tras zamparnos entrantes, primero, segundo, tercero, cuarto, postre, café y pastas ponemos rumbo a la primera visita seria en este viaje por centro Europa. Comenzamos con el Castillo de Praga.

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El Puente de Carlos

La mejor manera de llegar hasta el Castillo de Praga (Pražský hrad en checo) es hacerlo por el famosísimo Puente de Carlos (Karlův most en checo), el puente más viejo de Praga que atraviesa el río Moldava y lugar prediclecto de los viajeros para sacarse fotos – sí, nosotros también nos las hicimos, no somos tan rancios. Este bello puente – porque lo es, no lo negaré – se empezó a construir en el año 1357 bajo la autoridad de Carlos IV y se terminó el año 1402. Escoltado por tres torres, dos en la el extremo de Malá Strana y una en la parte de la Ciudad Vieja – ésta ha sido declarada una de las construcciones góticas más espectaculares del mundo -, durante mucho tiempo este puente fue la vía principal para ir desde Malá Strana hasta la Ciudad Vieja – de hecho lo fue hasta el s. XIX. A lo largo de sus más de 500 metros de longitud, y a cada uno de los lados separados por un espacio de 10 metros, hay un total de 30 estatuas barrocas de las que dicen que por la noche bajan de sus pedestales y se ponen a comentar cómo ha ido al jornada – entretenidas, durante el día, están.

El Puente de Carlos con el castillo al fondo desde la otra orilla del Moldava

Lo cierto es que cruzar el puente es muy interesante y las torres que hay en ambos extremos le dan un carácter muy especial. Sin duda ver la Ciudad Vieja desde el Puente de Carlos es toda una experiencia porque desde allí la ciudad sí parece medieval, con todas esas torres despuntando sobre todas las construcciones, la piedra del puente… El paseo por este lugar debe hacerse pausadamente, detendiéndote para poder disfrutar verdaderamente de las vistas de la Ciudad Pequeña a lo lejos – aunque ésta no sea tan espectacular como el resto de Praga – y de la Ciudad Vieja detrás.

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Dicen que para disfrutar del paseo debes levantarte bien pronto, porque se llena de gente y es un agobio. Esto no sucede en el mes de enero cuando la temperatura no sube de los -6 ºC y por mucho sol que haga te hielas hasta las trancas. Aún así, nosotros nos levantamos temprano porque en invierno ya sabemos que la luz – y más en esa zona de Europa – escasea y, además, los monumentos suelen cerrar pronto así que, quieras hacerte fotos o no, el madrugón te lo debes pegar.

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Y después de caminar por este maravilloso puente una llega a la Ciudad Pequeña, más conocida como Malá Strana.

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Y llegamos a Malá Strana

Malá Strana – la zona alemana de la antigua Praga

Esta parte de Praga, allá por el s. XIII, era la zona donde residían los artesanos alemanes invitados por el rey Ottakar II de Bohemia. Aunque el rey era el que mandaba, el dominio real de esta zona a los pies del castillo de la ciudad no era total. El hecho que el rey hubiese acogido allí a los artesanos alemanes hizo que esta parte de la ciudad se convirtiese en la colonia más grande de personas de etnia alemana en Praga. Además de esto, en la Ciudad Pequeña se asentaron residencias nobiliarias, en contraposición con el carácter más burgués a la otra orilla del río.

Durante la época barroca se empezaron a construir palacios, algunos de ellos de marcado carácter italiano, carácter que todavía se percibe en las calles de esta parte de Praga. En la actualidad Malá Strana es un compendio de bares, restaurantes, hoteles, tiendas de souvenirs y muchos turistas que pisamos sus calles los 365 días del año. Pero Malá Strana en el pasado era otra cosa, no era ese espacio turístico tan concurrido que, a mi juicio, ha perdido parte de ese carácter tan especial que debió tener la ciudad en el pasado. Allí, en Malá Strana, vivió un tiempo Kafka, es donde nació y vivió el escritor Jan Neruda quien dedico a su barrio una de sus obras más celebres, los Cuentos de Malá Strana, donde plasma ese carácter de grandeza perdida, de lugar que pudo ser y ya no es. Malá Strana hoy no es eso, ya no hay grandes poetas, grandes escritores paseándose por allí, ahora hay mucha gente que se hace fotos y compra Trdelník a precio de oro – y con helado incluso en invierno, que la foto queda mejor.

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La imagen típica de Malá Strana hoy: hoteles y más hoteles
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Arquitectura típica en Malá Strana

El castillo de Praga

Si vas a Malá Strana es, en gran medida, para visitar el castillo de la ciudad, ya que es el mayor castillo antiguo que se conserva en Europa. Advierto: a nosotros nos decepcionó un poco. Me explico: un castillo, sí, fortaleza tal vez, pero no es tan espectacular como muchos lo pintan – no nos lo pareció.

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El interior del castillo de Praga y la moda oriental de los chaquetones oversize.

El castillo no es un castillo. No lo es al modo en que estamos acostumbrados a ver castillos. Sí es una fortaleza en la que hay una catedral, una iglesia románica, un palacio, una calle sobrevalorada… Y para entrar en el castillo no tienes que pagar, pero sí para visitar los puntos de interés – prepárate que en Praga todo se paga.

🎟ENTRADAS PARA EL CASTILLO DE PRAGA🎟

Hay distintas modalidades de entradas, dependiendo de lo que quieras ver. Puedes hacer una visita por libre, pero no podrás ver los monumentos por dentro – sólo una parte de la catedral – ya que debes pasar por un torno . Las modalidades son la A/ 350 CZK, B/250 CZK y C/ 350 CZK. Con cada una de estas entradas puedes ver unas cosas u otras. La A te permite ver los monumentos principales, más la torre de la pólvora y parte de las exposiciones, la B te permite ver los monumentos principales – es la que nosotros escogimos – y la C te deja ver el Tesoro de San Vito y la Pinacoteca. También puedes comprar entradas individuales para algunas atracciones. Para ver con más detalles todo lo que te ofrece haz click en este enlace.

Información general sobre el castillo haciendo 🖱click aquí.

⚠️Para visitar el Castillo debes pasar por un arco de seguridad y una inspección de bolsas, bolsos, etc.⚠️

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Las Caballerizas Reales

El Castillo de Praga se fundó, aproximadamente, en el año 880 por el Principe Bořivoj I de Bohemia. En este espacio es donde han vivido los reyes checos desde entonces y de un tiempo a esta parte es el lugar de residencia de los Presidentes de la República Checa. Hay que tener en cuenta que este lugar sufrió diversos incendios a lo largo de toda su historia, el más grave de todos el acaecido en el año 1541 cuando se redujeron a cenizas todas las casas de madera que había en la zona. Fue entonces cuando los nobles aprovecharon y empezaron a construir sus lujosas viviendas en la Pequeña Praga.

El Castillo de Praga tiene el honor de ser reconocido por el Libro Guiness de los Récords como el mayor castillo del mundo con 70.000 m². El castillo está compuesto por palacios, construcciones eclesiásticas de distintos estilos, desde el románico hasta el gótico, callejuelas pintorescas, torres, mazmorras y unas vistas bestiales de la ciudad de Praga,

Al Castillo de Praga se llega tras andar por las calles empinadas de Malá Strana, y vas a parar a una plaza enorme en la que aparecen diferentes carteles en los que te avisan por donde debes ir para entrar al castillo. Como hemos dicho, la entrada es libre – aunque debes pasar por un arco de seguridad – pero para visitar los distintos sitios de interés debes pagar. Comprar las entradas es fácil, lo haces en la plaza de las Caballerizas Reales, en las oficinas par tal fin. Escoges la modalidad de entrada que quieras – nosotros escogimos la B – y empiezas a visitar el castillo. Tienes 2 días para usar la entrada y puedes visitar los monumentos una sola vez. El primero que visitamos nosotros fue, como no, la catedral.

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Catedral de San Vito

La catedral que hoy vemos se encuentra sobre otras dos construcciones anteriores – como sucede con casi todas las catedrales que podréis ver por ahí -, la primera de ellas románica, que se construyó allá por el año 925, otra gótica que empezó a construirse en el año 1344 pero tuvo que parar en el año 1419 debido a las Guerras Husitas y lo que, finalmente, vemos hoy, que data del s. XIX y es de estilo neogótico.

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Nosotros accedemos a la catedral en el momento idóneo, o eso me parece a mí: el interior está pintado completamente por los bellos colores de las vidrieras. Es lo primero que tengo que mencionaros en este breve relato sobre la catedral de Praga: los colores. Las vidrieras son uno de los elementos más impresionantes – a mi juicio – de esta construcción. Quien lea lo que escribo por las redes sabrá que a mi todo lo que suene a gótico – aunque sea neo – me encanta, y la impresión que da meterte en esa catedral tan alta, con todos esos colores alrededor… mira, que comprendes el sentido espiritual de tales construcciones – sin ser tú nada de eso.

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De la catedral de Praga destacan, por otra parte, la Capilla de San Wenceslao, el Portal Dorado, la Tumba de San Juan Nepomuceno o el mausoleo real. Pero yo con lo que más disfruté fue con los colores de las vidrieras, con la altura del edificio, y haciéndole decenas de fotos a esa arquitectura tan perfecta. Aquí una muestra:

Si pinchas encima de las fotos te saldrán completas.

El Antiguo Palacio Real

Otro de los puntos a los que puedes acceder con la entrada B del Castillo de Praga es al Antiguo Palacio Real, sede de los reyes checos hasta el s. XVI. Ya os digo, antes de continuar, que esta visita nos supo a poco. También deciros que no hay fotos de este lugar porque para ello debías pagar un suplemento y pues como que no me dio la gana, además, lo que puedes visitar del Palacio es más bien escaso – la visita no durará más de 10 minutos – y las fotos que puedes hacer dentro no son muy espectaculares.

Lo más interesante de este palacio es la Sala Gótica de Vladislav, que resulta ser el espacio laico más grande de toda la Praga medieval que bueno, sí, será el más grande, pero… pues qué quieres que te diga, ni fu ni fa. Que sí, que será la parte más antigua de la ciudadela, que visitas la Sala de los registros, la Sala de Vladislav, la Capilla de todos los santos, las Escaleras de los caballeros… pero con las escasas explicaciones, la escasa ambientación… el interés que nos despierta es más bien escaso. A la visita le falta algo – tal vez sea pagar el suplemento para ver las exposiciones, quién sabe…

Más información – y fotos – sobre el Antiguo Palacio Real haciendo 🖱 click aquí.

La Basílica de San Jorge

El segundo espacio religioso en el castillo de Praga es basílica dedicada a a San Jorge, que es románica y uno de los elementos más representativos de la ciudad en este estilo arquitectónico. Desde el exterior puede parecer un lugar más, sin demasiado interés – y es que saliendo del Antiguo Palacio estamos un poco mosqueados – pero cuando te metes dentro…

La facahda de la basílica en cuestión.

…un espacio monumental, austero, perfecto. Con frescos románicos todavía conservados, tumbas de los reyes Premislidas – entre ellas la del padre de Wenceslao y su abuela Ludmila -, es uno de los monumentos románicos más importantes de la República Checa. Cuando entramos nuestra palabras son: esto sí. La escalera monumental, la cripta con la estatua negra de Brigita que representa la fragilidad humana… esta visita sí es un acierto, y pasamos más tiempo en esta pequeña basílica que no en el Antiguo Palacio pero, ya sabéis, para gustos, colores – y aquí sí puedes hacer fotos sin suplemento…

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Si te fijas en la fachada verás dos torres casi idénticas. Una de ellas es Adán y la otra, un poco inclinada, es Eva. Ésta tuvo que ser reforzada en los años 70 para que no se cayese.

Encuentra más información sobre esta basílica haciendo 🖱 click aquí.

El callejón de oro

Vamos ahora al espacio más freak, a mi juicio, de este castillo. Digo freak porque no entiendo a qué viene tanta fama, si el callejón es estrecho, las fotos salen fatal, y encima son todo reconstrucciones. Aún y así, pues claro, ya que estás vas a visitarlo. Entiendo que en el pasado tuvo su importancia – era el lugar donde vivían los 24 guardianes del castillo -, también que fue el espacio donde se instalaron los orfebres un siglo después o que en el s. XIX fue lugar de residencia de vagos y maleantes – como dirían aquellas leyes horribles de la España reciente -, pero hoy en día no le encuentro – no se lo encontré, de verdad – nada de ese carácter. Me pareció un lugar donde la gente estaba de paso, sin importarle nada más que esas bonitas casitas, me pareció un espacio que los turistas hemos fagocitado y transmutado todo el carácter que hubiera podido tener.

Para visitarlo tienes que pagar – vale la tarifa B – y accedes a un espacio que al principio nos deja con una cara de tontos que no veas. Tampoco le vemos, a priori, tanta espectacularidad. Creo que es más una turistada que otra cosa, aunque cabe decir que hay sitios muy interesantes allí, como la exposiciones que se han dispuesto dentro de las casetas – aquellas que no son tiendas de artesanía ni de recuerdos – mostrando cómo era la vida en la antigua Praga, desde la Edad Media hasta principios del s. XX.

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Un ejemplo de lo que te encuentras en las casitas. A mí esto me encantó.
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Las casetas son así de grandes, y lo bueno de que sean tiendas es que puedes entrar en ellas libremente – aunque no compres nada.

En la casita nº 22 es donde vivió y trabajó Kafka durante una temporada – aquélla era casa de su hermana. Es una casita azul, y hay una pequeña inscripción en la fachada que lo indica – y si entrás lo comprenderás, porque todo lo que se vende son libros del autor y cosas relacionadas con el mismo.

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Pero de las cosas más molonas que hay en esta parte del castillo de Praga es la exposición que se encuentra en la parte superior de las casas, a la que accedes por unas escaleras más viejas que las del campanario de mi pueblo – que molan un montón, las de Praga digo – y te introducen en un mundo de de armaduras, objetos de tortura, espadas, pistolas y música típica checa. Eso sí que mola – también – y no los colorines de fuera – rancios, que sois unos rancios. De verdad, no te pierdas esto, por favor:

¿Y sabéis qué mola mucho muchísimo también? Pues la exposición que hay en una casa a la que se accede por la plazuela que te encuentras a mano izquierda nada más entrar en el Callejón de Oro. Es – o eso nos parece a nosotros – la vivienda de una especie de alquimista, filósofo, pensador, músico… quién sabe. La cuestión, que allí nos metimos, allí estuvimos solos, en aquella vivienda lúgubre, con un montón de objetos interesantes, bajando hasta el sótano, flipando. ¿Por qué no había nadie más allí?

Para visitar este lugar, como ya hemos dicho, tienes que pagar, pero por las tardes es de acceso libre, aunque no tengo demasiado claro que las casitas estén abiertas, así que tal vez solo puedas pasearte por allí. También decir que las gentes que visitan Praga en épocas no tan gélidas advierten que sea éste el lugar que debes visitar primero de todos – y bien pronto – si lo que quieres es hacer fotos sin demasiada gente; como venimos repitiendo – y seguiremos haciéndolo a lo largo de todos los post sobre este viaje – nosotros no tuvimos problemas de multitudes en ninguna de nuestras visitas, pero está claro que pocos tienen en mente visitar ciudades de Centro Europa en pleno invierno.

Toda la gente que hay en el Callejón de Oro, a mediodía, y en pleno enero.

Torre de Dalibor

Abandonamos ahora el Callejón de Oro y nos introducimos sin remedio en la Torre de Dalibor (Daliborka en checho), torre de forma cilíndrica construida en el año 1496 y que se usó como prisión hasta el año 1781 – la entrada está también incluida. De esta torre se conserva el calabozo con una bóveda enorme, y también el agujero circular que da al conocido como aljibe del hambre, lugar donde eran dispuestos los condenados y que accedían al espacio mediante un sistema de poleas.

Además de poder disfrutar de la arquitectura del lugar, puedes también ver una exposición dedicada a la tortura y que se encuentra en la planta baja de la torre. A nosotros, esto, también nos moló mucho – vaya politólogo y vaya filósofa política, si nos pilla Freud…


Es momento ahora de salirnos del castillo e ir hasta otro de los puntos que tenemos marcados en Malá Strana, no sin antes «disfrutar» de las vistas que hay a la salida del recinto (uno de los miradores más concurridos de la ciudad, donde la Torre de la Pólvora).

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Las vistas de enero son estas: frío por doquier. Mucho mejor así.

ALGUNOS CONSEJOS SOBRE EL CASTILLO

Depende de cuando vayas a Praga tardarás más o menos en visitar el castillo. En época concurrida – sobre todo los meses de verano – puedes hacer colas de hasta una hora para visitar, por ejemplo, la catedral. JJ había leído que necesitabas medio día para visitar todo el recinto, pero nosotros lo hicimos en un par de horas. Claro está que no tuvimos que hacer cola para entrar a ningún lugar y, por lo tanto, la visita fue mucho más rápida. Si vistas la ciudad en verano piensa en que vas a hacer colas para comprar entradas, así que te dejo en este enlace todos los lugares donde puedes comprarlas.

También decirte que en el castillo tienes los jardines, pero que cuando nosotros fuimos no estaban abiertos – ya me diréis qué flores van a nacer con esas temperaturas; como no sean edelweiss…

Recordarte también que cada hora – de las 9 a las 18 h – hay cambio de guardia y que a las 12 del mediodía el cambio es con fanfarria, así que si quieres verlo – a lo lejos – acércate a las caballerizas sobre ese momento del día.

Acabado nuestro paseo por el castillo ponemos rumbo a otro de los lugares que JJ tiene apuntados como imprescindibles. Parece que ha hecho un trabajo de campo ingente, y es uno de los lugares que la gente dice que debes ver por imprescindible. Pero antes de llegar a él nos vamos a pasear un poco por otra parte de Malá Strana hasta llegar al monasterio de Strahov.

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Durante el trayecto nos encontramos con estos dos gigantes de la astronomía.
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También con estas vistas de la ciudad

Monasterio de Strahov

Dicen que la biblioteca que hay en este monasterio es de las más bonitas del mundo. JJ, sabiendo lo que me gustan a mí estos lugares decide que va a ser uno de los indeludibles en Praga. Yo voy ilusionadísima, y es que allí se encuentra la sala filosófica y estoy como una niña con zapatos nuevos, ¡qué ganas tengo de perderme entre todos esos libros! Pero antes… ¿por qué no perdernos por Praga? No hay quien encuentre el monasterio, tú.

Después de subir, bajar, dar vueltas y estar a punto de desistir llegamos a Strahov.

La biblioteca del monasterio es importante por ser una de las mejor conservadas de fondo antiguo con alrededor de 200.000 volúmenes. Su parte originaria es la barroca, también conocida como Sala Teológica, que data de los años 1671-1674 y guarda en sus estantes barrocos 18.000 libros de orientación teológica y tiene expuestos objetos como globos terrestres y astrológicos. El techo está pintado con frescos de Siard Nosecký y datan del s. XVIII.

La Sala Filósofica, en estilo clasicista – la principal y del año 1792 – fue construida para impedir la cancelación del monasterio durante la época josefina, y para ello e abad Václav Mayer hizo decorar la fachada con un medallón de José II. En esta biblioteca ya no se encuentran solo obras religiosas, sino también de filosofía, astronomía, geografía, matemáticas… El techo de la biblioteca fue pintado en el año 1794 por Anton Maulbertsch con el tema de la Vía de la Humanidad hacia la Sabiduría según la pintura en la biblioteca de Louka. La sala tiene 32 m de largo, 10 m de ancho y 14 m de alto.

Además de estas dos salas, encontramos también un Gabinete de curiosidades, un predecesor de los museos modernos, donde encontramos animales disecados, libros de medicina y alquimia, un cuerno que decían era de unicornio…

Compramos la entrada muy ilusionados, 120 coronas por cabeza más 50 coronas para poder hacer fotos en el interior – aquí sí que compro el pase, que es una pegatina que te pones en la chaqueta y te permite fotografiar en ese espacio. Subimos las escaleras, enseñamos la entrada, nos dan un poco de información y accedemos al recinto. Resulta que solo puedes pasearte por los pasillos y ver las salas desde fuera. ¿Perdona? JJ sentencia: ahora entiendo porque en todas las fotos que he visto no salía nadie. La verdad es que nos decepcionamos un poco, a mí me hacía muchísima ilusión ver los libros e cerca, caminar entre ellos… De cualquier modo, la biblioteca es bonita – cómo no va a serlo – así que pasamos un rato allí dentro un poco frustrados hasta que vemos una pareja caminando por las salas. Oye, ¿y esos cómo han entrado ahí? Yo también quiero. No comprendemos porqué esos sí y nosotros no. Igual son investigadores, nos decimos.

Acabamos la visita – tampoco vamos a estar mucho tiempo, con 10′ tienes suficiente – y bajamos un poco cabreados. Al salir me fijo en el precio de las entradas: si pagas más y conciertas la cita, puedes pasearte por las salas. Aaaaamigo: clinc clinc ¡caja!

Nos salimos de la zona de Malá Strana, no sin antes dar otro paseo por sus calles, colarnos en la facultad de Matemáticas y hablar un poco de lo que hemos visto hasta ahora. Sí, nos parece bonito, pero todo aquello que lees sobre la ciudad nos parece que no es para tanto. El castillo está extremadamente turistificado, todo con tornos para pasear hasta por una calle, miles de entradas distintas que segmentan la visita, espacios con pocas explicaciones, precios excesivos – los 5 euros al cambio de la biblioteca nos parecen una barbaridad para lo que ofrecen – le quitan a la visita el valor que debería tener. Pero hay que pasar por allí, Praga parece que es esto.

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De Malá Strana nos vamos hasta la Ciudad Vieja y nos paseamos por la Plaza de la Ciudad Vieja para acabar en la Plaza Wenceslao pasando antes por el mercado Havelska (está 🗺 aquí) donde puedes hacerte con artesanía y recuerdos para llevar a un precio más que competitivo – en cualquier otro lugar te va a costar un ojo de la cara comprar chorradas para llevar a casa.

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Plaza Wenceslao

Esta plaza es de las más importantes de Praga, se encuentra en la Ciudad Nueva y es el centro financiero y cultura de la misma. El nombre es debido a San Wenceslao, patrón de Bohemia, y la plaza se asemeja más a un boulevard, por su forma alargada – 750 m, ni más ni menos – y llena de comercios a uno y otro lado.

Recorrer esta plaza es interesante porque ves otra cara de Praga totalmente distinta: nada de callejones estrechos, nada de casas coquetas, nada de torres puntiagudas. Ahora todo es mucho más moderno, aunque los salones de masaje tailandeses siguen apareciendo uno tras otro – ¿qué narices pasa en Praga con estos salones? ¿Y con los prostíbulos y las salas de stripteasse?. Lo más interesante de la Plaza está en la parte alta de la misma, donde se encuentra la estatua de San Wenceslao y donde está el Museo Nacional. Como apunte histórico, los nazis usaron esta plaza para hacer manifestaciones masivas y durante la insurrección de Praga la resistencia destruyó algunos edificios aledaños al Museo Nacional que fueron substituidos por grandes almacenes.

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Vista de la Plaza desde el Museo Nacional con la estatua de San Wenceslao en el centro de la imagen.

Desde esta plaza nos vamos al hotel, a merendar – y es que todavía no hemos comido nada desde el desayuno. Resulta que en nuestro hotel dan de merendar gratis todas las tardes, así que allá vamos, no sin antes perdernos otra vez y meternos en las Galerias Lucerna y toparnos de morros con la impactante escultura de David Černý que es una adaptación de la escultura que hemos acabado de ver en la Plaza Wenceslao. Impresionante.

Y tras la merienda… ¿qué nos queda hacer en el día de hoy?

A por cervezas – La mítica U Zlatého Tygra

Para finalizar el día, qué mejor que irte a tomar unas cervezas. Y es que estar en Praga y no tomar cerveza es pecado mortal. De entre todo lo que ofrece la ciudad – cervecería más antigua, tiradores gigantes, cerveza verde… – nosotros queremos algo que sea auténtico de veras. Es difícil encontrar lo auténtico cuando hay tanta gente de tantos lugares que no sabe adaptarse al espacio que visita – porque sí, no me diréis que todos los que viajan, ahora, son como Descartes y se comportan así como lo hacen los locales.

De entre todas las cervecerías que ofrece Praga vamos a parar a U Zlatého Tygra, una de los locales frecuentados por los praguenses y donde si no bebes cerveza te largan sin ningún tipo de pudor. Sí, eso es lo que ha leído JJ: o bebes o te vas. Y no pidas agua, no pidas cola, no pidas zumo… allí solo se bebe cerveza. Y no pidas sentarte donde quieras, ni tampoco en soledad: allí las mesas son largas y el camarero te dice donde debes sentarte. No esperes un trato amable, los checos se toman eso de la cerveza muy en serio, y en lo que tú te tomas una jarra ellos se beben un barril. La cerveza es de medio litro, pilsener, y debes saber que al llegar te sirven directamente la cerveza, no pides, te la sacan, y ya. El camarero marca con una línea en un papelito cuantas cervezas te has tomado y, al final, pagas. Puedes comer – precios muy económicos – comida típica – nosotros no lo hicimos, veníamos de merendar y no teníamos hambre -, y también apuntan en el papelito qué has comido. Cuando te acabas la cerveza te vuelven a rellenar la jarra, si no quieres más debes taparla con el posa-vasos, en ese momento no esperes que te dejen continuar con la tertulia: si ya no tienes más sed, hala, pa’ casa, que hay gente esperando. Pagas y ya, bona nit i bones festes. La cerveza te saldrá, al cambio, por unos dos euros, aunque el pillo del camarero nos hizo pagar 200 coronas checas por 4 cervezas cuando el precio oficial son 192 – lo averiguaríamos un par de días después al volver a tomar otra vez cerveza. Y encima le dimos propina. Mala persona. Ah, no aceptan tarjeta, así que ve con dinero en metálico o te pasará como al chaval de la mesa de al lado, que tuvo que irse a sacar dinero para poder pagar

¿La cuenta, por favor? La tiene debajo del vaso, señorita.

Esto es lo que debes saber para tomar cerveza en Praga como debes y como un local, no en esos lugares para turistas donde te intentan vender de todo. En este bar los locales se sientan donde pueden, y brindan cada dos por tres. Allí van a beber, pero en serio. Yo creía que en mi pueblo bebían mucha cerveza… ¡y un carajo! Estos son unos profesionales, y eso que no sacan la birra fría – pues no habrá anarquía -, pero es que creo que en Praga tampoco hace falta.

Decir que la cerveza, allí, tiene menos graduación y menos gas que en España, por eso puedes beberte un litro de cerveza tranquilamente, que solo te entrará un poco la risa. Y no sé qué más contaros sobre este local. Bueno, sí, que hay un tío que se dedica solamente a servir una cerveza tras otra, a limpiar las jarras y a volverlas a rellenar de cerveza. De vez en cuando sale con el resto de los camareros a beber con los parroquianos: venga, ¡San Hilari!, que los checos puede que sean rancios, pero allí te da por pensar que es porque hace mucho frío en la calle, y que no tienen problema de hablar contigo ni cederte un trozo de la pequeña barra si lo que quieres es beber de pie mientras esperas para beber sentado.

El mítico señor rancio del Tygra

No sé, a mí que ese lugar me moló un montón por su ambiente, aquello parecía una taberna medieval, por la gente, por la arquitectura, por el tipo de mesas, por la modo de estar. Mira, que si vuelvo a Praga ya sé donde pararé primero, en el Tygra – aunque sean unos rancios y algún que otro camarero te time. Ah, sí, y deciros que la cervecería se encuentra 🗺 aquí, en pleno centro de la Ciudad Vieja, y desde fuera es difícil comprender que allí hay un local porque es una fachada blanca con un ventanal a través del cual no puedes ver el interior. Además, para entrar debes pasar una especie de cortina rara. Cuando llegues no te asustes, el local es pequeño, y la barra – de un metro como mucho – está muy concurrida, sobre todo por la gente que espera para beber. Debes saber, también, que cierra a las 11 de la noche, así que no te entretengas, o te quedaras sin zumo de cebada.

Y con estos consejos solo puedo decirte ya: disfruta de la birra checa.

Fin del día

Y con esto y un bizcocho, aquí llega el final de nuestro primer día en Praga. Este itinerario es solo orientativo, puedes cogerlo tal cual o tomar ideas de aquí y de allí. Nuestra opinión al respecto de la ciudad ya te la hemos dado, pero lo repito: Praga es chula, muy interesante, pero está demasiado turistificada – y eso es también en parte por culpa de la gestión del lugar -, creo que los precios son excesivos – los checos tienen la ciudad como prohibida, no pueden permitirse ir allí – y que la ciudad no es tan medieval como la pintan – perdónenme ustedes, pero Cáceres lo es más, y pueden pasar por aquí para comprobarlo.

Aún y con esto, Praga mola un montón porque ya vamos descubriendo, poco a poco, ese punto raro y canalla que tiene la ciudad. Y lo que nos queda.

Una filósofa y un politólogo que amana viajar y lo hacen a pesar de los pocos recursos que tienen. Viajar es más que un capricho, viajar es una necesidad y aquellos que somos pobres en un primer mundo de opulencias tenemos derecho también a realizar nuestros sueños viajeros. Porque los pobres también viajamos.

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