El campo de concentración de Vernet en el Ariège | La memoria necesaria.

El siglo XX, en sus inicios, fue terrible para la Humanidad. Guerras, genocidios… El cambio de siglo había sido esperanzador al principio, pero rápidamente se convirtió en un tiempo de destrucción que sigue escociendo a día de hoy. La memoria necesaria sigue viva – más o menos – en el sur de Francia, donde los campos de concentración se repartían por decenas en todo el territorio. Hoy nos acercamos hasta el memorial de Vernet en Ariège.


No será la primera vez que visitemos un antiguo campo de concentración en el sur de Francia. En un viaje anterior nos acercamos hasta el de Gurs, en el Bearn (Pirineos Atlánticos), que empezó como el que os voy a mostrar en este artículo y terminó siendo un verdadero campo de concentración.

🗒Lee la historia de Gurs en este enlace.

Como he dicho en la introducción, parecía que el siglo XX iba a ser el siglo, y vaya si lo fue: dos guerras mundiales en su primera mitad, y una Guerra Civil, la española, entre ellas, que fue campo de entrenamiento para la segunda de las grandes contiendas. Es a partir de la española que Francia se llena de lo que bautizarán como «campos de internamiento», así, muy eufemísticamente, pero que en realidad eran verdaderos campos de concentración.

Estos «campos de internamiento» fueron levantados por las autoridades francesas para recluir al más de medio millón de españoles que consiguieron escapar de las garras del franquismo una vez terminada la Guerra Civil. Las gentes que escapaban de España iban en busca de esperanza y una vida mejor de la que presumían iban a tener en el país que les vio nacer, pero al cruzar la frontera se encontraron con una tremenda red de campos de prisioneros que iban a recibirlos en las peores condiciones que un ser humano pueda pensar.

En esos campos no había luz, no había agua, y en el mejor de los casos unos barracones esperaban a su llegada. Digo en el mejor de los casos porque muchas veces tenían que dormir a la intemperie. El sueño de los que querían sobrevivir empezaba a convertirse en pesadilla.

Había unos cuantos «campos de internamiento», y de ellos salieron otros ya que el volumen de personas era cada vez mayor. En el año 1939 la frontera entre España y Francia era casi imposible de cruzar sin pasar por uno de estos campos.

El campo de Vernet en Ariège

La historia

En el año 1918, en el curso de la Primera Guerra Mundial, en la localidad de Vernet, muy cerca de Pamiers, se construye este recinto para recluir allí a los prisioneros austríacos. Una vez terminada la primera gran contienda, y en el periodo de entreguerras, el espacio se usa como depósito de material.

Al llegar la Guerra Civil Española, ya casi al término de la misma, llegaron a Vernet los primeros combatientes republicanos pertenecientes a la División Durruti. 10.000 personas habían estado recluídas primero en Latour-de-Carol, y el 10 de febrero fueron trasladadas a Vernet.

De un terrible «campo de refugiados» pasó a ser «campo disciplinario» en el que se internaron personas de otros campos y distitnos prisioners considerados por el gobierno francés como peligrosos.

A la llegada de la Segunda Guerra Mundial Vernet se convierte en prisión para extranjeros considerados sospechosos o peligrosos por Francia, contándose entre ellos artistas e intelectuales, como Max Aub o Arthur Koestler, quienes hablaron de su experiencia en el campo de Vernet en algunas de sus obras.

Con el régimen de Vichy Francia se hace amiga del nazismo y la Gestapo, en el año 1942, usa Vernet como campo de tránsito para personas judías. Lo de campo de tránsito quiere decir que los llevaban primero a Vernet – u otros campos similares – y después los trasladaban a campos de exterminio, ya en los dominios nazis.

En el año 1944 el campo de concentración de Vernet se cierra y los hombres son trasladados a Dachau, mientras que las mujeres van a Raversbrück. En el año 1970 el campo es demolido y solo queda en pie el cementerio y el espacio mismo. La estación es también destruida aunque en los años 90 se construye allí un espacio de memoria que forma, hoy en día, parte de la visita que puede hacerse en Vernet.

Nuestra visita

Llegaremos a Vernet después de haber pasado por Mazères – donde existía otro campo de concentración -, y es que si subimos tan al norte en el Ariège es, justamente, para visitar el campo de concentración. Nos costará llegar ya que las indicaciones son un poco confusas, además el GPS no sabe cómo acceder porque te lleva a lo que fue el campo, hoy destruido por completo, y sobre el cual hay construidas granjas y negocios de gente local.

Sí, así es, queremos acceder al campo de Vernet siguiendo las indicaciones digitales y vamos a parar a una granja particular teniendo que sortear gallinas y gallos que van campando a sus anchas. Así, os aviso, no os metáis por donde os marca el GPS, porque allí no es. No lo es, a medias, y es que hay un enorme depósito de agua hecho en hormigón que fue el depósito del campo, aunque solo quede eso, el depósito. Tienes que apartarte un poco más del pueblo de Vernet – unos metros, no mucho – para llegar al memorial – saliendo de Vernet a mano izquierda.

Del campo queda poco, de hecho está el cementerio y el espacio de memoria, pero con esto ya es suficiente para hacerte a la idea de lo que había allí. El espacio se presenta con un gran monolito que recuerda a todas las personas que lucharon contra el fascismo y por la libertad de los pueblos.

Un poco más allá, tumbas, y más tumbas, y muchas otras tumbas. Algunas llevan nombre, otras no. La piel se me eriza y hay lágrimas que están a punto de asomarse. Se me nubla la mirada y respiro fuerte. Qué tristeza siente una al caminar por sitios como ese. Qué cercano todo, que amenazante aún a día de hoy.

Saber que allí murieron de frío decenas y decenas de personas, que vivían en condiciones terribles, que había niños, mujeres y hombres. Saber que llegaron a reunirse en aquel espacio hasta 20.000 personas que solo querían huir del horror e iban a parar a otro mundo de horror. Saber que se venía venir y pocos hicieron algo. Saber que la historia es cíclica y… quién sabe.

Del cementerio a la antigua estación de tren – al otro lado de la carretera -, en la que hoy se encuentra un vagón, reconstruido, de igual aspecto a los vagones que trasladaban a los reclusos de un campo a otro, de la mala vida a otra vida peor, o incluso a la desaparición de la misma.

Al terminar la visita en los espacios externos al pueblo se puede realizar una visita en el museo que hay en la pequeña localidad dedicado al campo de concentración, pero para ello debes ponerte en contacto con el ayuntamiento y es algo que nosotros no hicimos.

Lo que sí haremos será dirigirnos hasta la vecina localidad de Varilhes, a pocos kilómetros, ya que allí la memoria histórica está también muy presente.

ℹ Puedes encontrar más información sobre el campo de concentración de Vernet en su página web (en francés): https://www.campduvernet.eu

De Vernet a Varilhes | El museo de la Resistencia y la Deportación

En Francia hay diseminados por todo el territorio diferentes espacios dedicados a los hechos acontecidos en la época que aquí trato de manera breve. En esta parte del Ariège encontramos uno en Varilhes, pueblo en el que todavía a día de hoy se recuerda esa época en la que la libertad no había sido destruida por las garras des fascismo.

El pueblo de Varilhes no tiene mucho, a mí me parece una localidad más bien triste, apagada. Pero tiene, si quieres hacerla, una ruta a pie que te lleva por los espacios de memoria de la Resistencia. De todos esos lugares que marca la ruta es difícil hacerse una idea de la época; hoy en día han cambiado mucho e incluso es complicado identificarlos cuando pasas delante de ellos.

De estos lugares destaca el Café de L’Union, regentado por personas de izquierdas que posteriormente fueron deportadas, pasando primero por la villa Lauquié, donde la Gestapo tenía su central y que era la primera etapa de las muchas etapas horribles que los prisioneros iban a cubrir en su camino a la muerte.

Pero lo que nos interesa a nosotros es, como he dicho, el museo de la Resistencia y la Deportación, que se encuentra hoy en día en las afueras del pueblo, donde está la biblioteca y la oficina de turismo, y al que te recomiendo acceder en vehículo si no tienes mucho tiempo porque es un buen pateo desde el pueblo.

El museo, como todos los museos de este tipo que hemos visitado en Francia, es de entrada gratuita y hace un repaso a la historia centrada en la región. La visita complementa muy bien con la hecha en Vernet.

Y es aquí donde termina nuestro paso por esta parte del Ariège. Un paso, a nuestro juicio, necesario, que hace refrescar esa memoria que jamás debe perderse, que hace que no se caiga en el olvido y se repitan, una y otra vez, los mismos errores. Ánimate también tú a dar un paseo por la Historia.

Una filósofa y un politólogo que amana viajar y lo hacen a pesar de los pocos recursos que tienen. Viajar es más que un capricho, viajar es una necesidad y aquellos que somos pobres en un primer mundo de opulencias tenemos derecho también a realizar nuestros sueños viajeros. Porque los pobres también viajamos.
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