Sauvaterre-de-Rouerge | Una auténtica bastida del s. XIII en Francia

Muy cerca de Rodez, capital del Aveyron, hay un pequeño pueblo en forma de bastida que guarda todo el carácter medieval, De estructura geométricamente cuasi perfecta, este pequeño pueblo es una de los atractivos que tiene la zona.


El Aveyron es el típico territorio francés plagado de pueblos bonitos, de ciudades casi inexistentes, de campos extensos con sus vacas pastoreando, su balas de paja cilíndricas y una tierra bañada por un sol que en otras zonas del país añoran bastante.

Como capital de la región está Rodez, una pequeña ciudad que tiene como mayor atractivo su catedral gótica de dimensiones descomunales, una catedral que se ve a kilómetros y que destaca desproporcionadamente sobre el resto de construcciones de la localidad.

Y es cerca de Rodez donde está este pequeño pueblo en el que no habitan ni 1000 personas y que remonta su historia hasta el s. XIII. Sauvaterre-de-Rouergue es una de las más de 300 bastidas que hay en el sudoeste francés. Pero, ¿qué es eso de la bastida?

Las bastidas

En el siglo XIII, y con una clara intención de repoblar las tierras, en el suroeste de Francia comenzaron a levantarse unas construcciones que hoy conocemos como bastidas, nombre que viene del latín bastit y que se traduce como «construcción reciente».
Estas bastidas tenían una clara configuración urbanística: un plan geométrico ordenado perfectamente alrededor de una plaza central destinada al mercado.

La plaza del mercado, corazón de la bastida (Sauvaterre-de-Rouergue)

Sauvaterre-de-Rouergue

Como os digo, la localidad de Sauvaterre-de-Rouergue es una típica bastida del sudoeste francés, y si eres capaz de verla desde el aire te darás cuenta cuán geométrica es, como si de una construcción romana se tratase.

Foto de la web de turismo de Sauvaterre-de-Rouerge

Desde la posición terrestre, esto es, cuando caminas por el pueblo, esa perfección geométrica es más difícil de percibir aunque ves claramente las calles rectas, sin ninguna curva. Lo que sí percibes sin dificultad es la centralidad de la plaza, plagada de arcos – hasta un total de 47 – que van entre el medio punto y el apuntado y que conforman una galería de soportales típicos de la época en la que se fundó la localidad.

En Sauvaterre, ésta, la de Rouergue – porque hay muchas otras Sauvaterres, nombre que tiene que ver también con eso de la nueva construcción – todavía se perciben los restos de la antigua fortificación – ya en el s. XIV -concentrados en algún tramo de muralla y también en los restos de alguna puerta que permitían acceder al pueblo.

Lo cierto es que estas localidades han cambiado poco desde aquellos años, al menos no han cambiado en su fisonomía externa. Son casas de piedra, de pocas alturas, todas ellas – en un principio – dotadas de un pozo y un jardín particular. La ciudad nace eminentemente agrícola pero las tierras para cultivar escasean y pasa entonces a desarrollar actividades comerciales que permiten a las gentes vivir de un modo más o menos holgado – la ayuda del rey, con la concesión de privilegios fiscales, es también razón de peso para la mejora de las vidas de los habitantes de Sauvaterre.

En la villa se asientan gentes con posibles, cada vez hay más familias adineradas, cada vez hay mayor diversidad de oficios – por ellos es aún conocido este pueblo – y la economía va cada vez mejor. Pero esta situación no será eterna y las pestes, epidemias y consiguientes hambrunas hacen que las personas adineradas abandonen la ciudad. Entonces Sauvaterre entra en depresión y en el s. XVIII se estanca debido en parte, también, a su posición geográfica; no ayuda el hecho que esté en una meseta rodeada de barrancos, y es que el acceso al pueblo – esto se percibe también hoy en día – no es del todo fácil.

Las calles rectas solo existen en la artificialidad.

Pero Sauvaterre, como tantos y tantos pueblos en Francia, renace de las cenizas – un claro ejemplo de ello es éste – y los habitantes y las autoridades deciden hacer del pueblo un lugar atractivo para el turismo. ES entonces cuando Sauvaterer vuelve a tener más o menos importancia y comienza a mostrar sus atractivos, que aunque no sean muy abundantes – porque he de decir que hay otros pueblos mucho más bonitos – si son los suficientes como para que esta localidad sea incluida en los circuitos turísticos en el Aveyron.

Al fondo, la colegiata de Saint-Christophe

Cerca de Sauvaterre-de-Rouergue

Vale la pena, aunque el circuito sea algo tortuoso, perderse por los alrededores de Sauvaterre-de-Rouerge. La localidad se encuentra en la región del Ségala, palabra que proviene del occitano segal y que significa «cereal». Así, no es extraño, y de hecho es lo que más abunda, encontrarte con campos de cereales recién recogidos – si es que viajas en verano, claro – y extensiones enormes de terreno dedicadas a la agricultura.

Bajo el sol del Aveyron

Transitando por esas mismas carreteras, y sin saber muy bien a dónde puedes ir a parar, aparecen frente a ti lugares maravillosos que hacen que te olvides del mal rato que estás pasando al tener que conducir por carreteras tan estrechas, sinuosas, y con conductores que se las saben al dedillo y transitan a unas velocidades que no percibes como normales.

Entre esos parajes increíbles cercanos a la localidad de Sauvaterre-de-Rouergue está lo que allí se conoce como Joli site des Planques, que así en una traducción muy poco canónica y muy de andar por casa vendría a ser el lugar bonito de Planques.

Este paraje natural modificado levemente por el ser humano es un remanso de paz dispuesto a orillas del río Aveyron que transcurre tranquilamente por su cauce. No tengo muy claro – no he conseguido averiguarlo – si eso de Planques es por el restaurante que allí se encuentra o es que el restaurante se llama así justo por estar situado en ese lugar. Sea cual sea el motivo del nombre lo que sí puedo afirmar es que aquel espacio es una suerte de oasis a la francesa con su puente de piedra, con sus orillas preparadas para el descanso, con esa tranquilidad que caracteriza a las gentes del país vecino.

Ya regresando a Rodez – lugar desde el que parte esta pequeña excursión – podemos acercarnos hasta Onet-le-Château, un pequeño pueblo que tiene como mayor atractivo su castillo, que es privado – como tantos y tantos castillos en Francia.

La localidad en sí no tiene demasiado que ver, es más, se trata de una ciudad dormitorio pegada a la actividad de Rodez, pero el castillo, construido en el s. XVIII – y apartado 5 km del núcleo de población – es lo suficientemente atractivo como para que hagas un alto en el camino.

Más información

Encontrarás más información de Sauvaterre-de-Rouergue en estos enlaces:

Si te interesa el tema de las bastidas puedes encontrar mucha información sobre en ellas en la Federación de Bastidas de Aquitania (link aquí). También tienes un enlace con un mapa en el que aparecen todas las bastidas del sudoeste francés enlazado más arriba.

Una filósofa y un politólogo que amana viajar y lo hacen a pesar de los pocos recursos que tienen. Viajar es más que un capricho, viajar es una necesidad y aquellos que somos pobres en un primer mundo de opulencias tenemos derecho también a realizar nuestros sueños viajeros. Porque los pobres también viajamos.
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