Salles-la-Source | La sorpresa del Aveyron

¿Puede sorprenderte algo cuando llevas 7 días de viaje frenético por Occitania? Sí, puede sorprenderte algo. Ese algo es el pueblo de Salles-la-Source y su impresionante cascada.
¿Te vienes?


Recuerdo perfectamente el momento. Íbamos de Rodez a Conques, en nuestro antepenúltimo día de viaje. Todavía nos quedaban algunos platos fuertes – Conques el que más – y ya estábamos algo cansados después de más de una semana de viaje. Estábamos empezando a pasar por alto muchos lugares de interés que en otra circunstancia hubiésemos visitado encantados; las horas de coche, el ir y venir, a veces el calor… hacía que las ganas de detenernos fuesen casi inexistentes.

Llevábamos así ya un par de días, economizábamos nuestras paradas, íbamos al grano. No estábamos para tonterías, viajar cansa, y no poco, y nosotros estábamos ya muy cansados. Sabía que Conques nos iba a gustar, si no era así vaya chasco, porque todo el mundo hablaba maravillas de ese pueblo, y entre Rodez y Conques no podía haber nada que nos sorprendiese, o eso era lo que creía yo.

Como he dicho, recuerdo perfectamente el momento. Recuerdo estar medio obnubilada en mis pensamientos sin prestar mucha atención a lo que había frente a mí. Los paisajes del Aveyron son fantásticos pero a esas alturas ya no me sorprendían tanto. Todo muy verde, las lomas muy suaves, las carreteras sinuosas, los pueblos encantadores… un día tras otro se repetían frente a nosotros los mismos patrones paisajísticos que sorprendían en un principio, pero en esos momentos la sorpresa ya no era tanta.

Parecía que en el Aveyron estaba casi todo hecho. Sí, lo parecía. En un viaje en el que tenías que ir y venir para llegar a tu alojamiento – ojalá tener la oportunidad de detenerte donde más te apeteciese en cada momento – la carretera era a veces más una obligación que no un placer. El conducir ya no era flipar con lo que se te presentaba sino un mero trámite para ir de un lugar a otro. Los viajes son así, quien diga lo contrario, miente. Llega un momento en que te cansas, pero tampoco quieres parar porque, vamos a ver. ¿para qué has salido de casa? Y aguantas el tipo.

Vale, creo que lo que escribo suena algo catastrofista, pero no, no quiero que sea eso, quiero que sea realista. Estábamos disfrutando el viaje, claro que lo estábamos haciendo. Habíamos conseguido ir a lugares que llevaban mucho tiempo en nuestra lista de deseos y todavía nos quedaban algunos que íbamos a tachar en breve. Íbamos al grano y ya, nada más allá de eso. Pero el grano se partió a mitad de camino, vaya si se partió.

Salles-la-Source

Jamás había escuchado el nombre de Salles-la-Source. No lo había visto mencionado en ninguna página de turismo, tampoco guía de viajes, ni siquiera en esos documentales regionalistas franceses que suelo tragarme como chocolate cuando tienes una mala semana. Nunca. No sabía nada del pueblo, no sabía nada de su patrimonio y, mucho menos, no sabía nada de su cascada.

Y creo que por eso mismo, por no saber nada de él, el pueblo de Salles-la-Source me sorprendió tanto. Bueno, el pueblo no, porque el pueblo no lo visitamos. Lo que me sorprendió sobremanera fue la cascada que brotaba del centro de la localidad. Pero, ¿qué narices era aquello?

Como os he dicho antes, íbamos de camino a Conques, sabía que durante el trayecto había algunos lugares interesantes como Marcillac pero se cayeron de la lista incluso antes de comenzar el viaje, y es que el tiempo es oro, y el oro escasea. Pero cuando por el camino encuentras diamantes… ¡que le aspen al oro! Salles-la-Source tenía que ser parada obligatoria.

Lo tenía que ser, sí, porque apareció ante nosotros un conjunto de casas construido en lo alto de un pequeño promontorio en la parte más baja del cual salía agua como escupida por un animal fantástico en medio de la nada y a finales del mes de junio. Para, grité yo, para aquí.

Nos acercamos a la cascada todo lo que pudimos hasta dejar el vehículo frente a la misma. Estábamos casi en soledad, solo un par de turistas orientales se sacaban fotos en ese espacio sorprendente dispuesto en medio del Aveyron, y nosotros, claro, porque no podíamos hacer otra cosa que ir corriendo hasta el final de la cascada y sacarnos fotos allí. También refrescarnos con la bruma que se generaba gracias al caer del agua.

La constitución geológica del propio terreno es lo que resulta dar esa singularidad a la localidad de Salles-la-Source. La alternancia de capas permeables e impermeables hacen que haya una especie de apilameniento que permite que el agua circule subterraneamente. El agua se acumula en las partes impermeables y forma capas acuíferas que acaban explotando en diversas cascadas, entre ellas la que se encuentra en medio de la localidad

¿Cómo podía ser que no conociese un sitio como ese? ¿Cómo podía ser que se me hubiese pasado por alto? Me di cuenta entonces que por mucho que estudiase los destinos jamás lo sabría todo. Lo que sí ya sabía era que un destino no podía abarcarse en su totalidad en un solo viaje por muy acotado que estuviese; siempre habría algo nuevo por descubrir, algo nuevo para hacer.

Resultó ser que Salles-la-Source tenía uno de los mayores números de dólmenes y de túmuluos de toda Francia. También tenía castillo construido entre los siglos XIV y XV o una iglesia gótica del siglo XV. También había allí los vestigios de un templo romano.

Pero nosotros nos quedamos solo con la cascada.

Resultó ser que cerca de la localidad de Salles-la-Source había unos cuantos castillos, como el de Colombier en Mondalazac, o el de Billorgues, en el mismo Salles-la-Source. Había muchas cosas por los alrededores y nosotros no conocíamos ninguna, solo nos sonaban los viñedos de Marcillac – y eso que había estudiado, y no poco.

Comprendí que el Aveyron era mucho más que Conques o Belcastel, y me convencí que tendría que ir de viaje por allí y exclusivamente, esto es, transitando solamente por ese territorio. La cascada de Salles-la-Source nos hizo detener en el camino. Ahora sé que debo volver.

Más información

Como te cuento en el post, hay muchas cosas para ver en la localidad – y cerca de ella – más allá de echar cuatro fotos frente a la cascada. Te dejo a continuación algunos enlaces que pueden serte de interés:

Puedes leer más artículos publicados por nosotros en el blog de otros lugares del Aveyron haciendo click aquí.

Una filósofa y un politólogo que amana viajar y lo hacen a pesar de los pocos recursos que tienen. Viajar es más que un capricho, viajar es una necesidad y aquellos que somos pobres en un primer mundo de opulencias tenemos derecho también a realizar nuestros sueños viajeros. Porque los pobres también viajamos.
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