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Viena Día 1 | Dos iglesias barrocas, una catedral gótica, la ciudad nocturna deslumbrante y el mejor museo de la ciudad.

Viena, la capital de la opulencia. Así voy a definir a esta ciudad que a pesar del titulo que le acabo de colgar es una ciudad preciosa en la que puedes hacer miles de cosas, aún y con poco presupuesto – o ajustándolo mucho. Nuestra llegada a la capital de Austria fue desde Praga que si ya nos pareció que en esta ciudad los precios eran bastante altos, ni te cuento lo que pensamos de Viena. Y es que JJ llevaba advirtiéndomelo los 3 días y medio que estuvimos en Praga: ya verás cuando lleguemos a Viena, ya… allí es todo carísimo. Yo no pensaba que esto fuese tan exagerado, pero ya os digo que si: Viena es extramadamente cara. Pero también os tengo que decir otra cosa: Viena es extremadamente bonita. Y elegante.

Edificios de arquitectura clásica en Viena.

Llegamos a la ciudad en tren desde Praga. Tras 4 horas de viaje en absoluto silencio, cruzando media República Checa cubierta de un tupido manto blanco, pasando por ciudades como Brno, viendo castillos a lo lejos y pequeñas aldeas de tejados a dos aguas entramos en Austria y llegamos a Viena. Son pasadas las dos de la tarde – incluso puede que sean ya las 3 – cuando descendemos del tren y volvemos al punto de partida de este viaje: la estación central de trenes de Viena. Desde ella tenemos que ir hasta nuestro apartamento – esta vez no será hotel – en un lugar un poco apartado del centro de la ciudad, unos 20′ a pie. Como ya os he dicho, Viena es una ciudad cara, pero si buscas puedes encontrar cosas que se adapten a tu bolsillo – y si estás dispuesto a viajar a esta ciudad en pleno enero. No sé el precio exacto del apartamento – como os vengo diciendo, éste es mi regalo de cumpleaños – pero estoy en lo cierto sí digo que no cuesta más de 50 euros la noche.

Para llegar a nuestro alojamiento debemos coger el metro. Viena es tan ordenada que el metro es una delicia – un poco cara 2,40 € el viaje – y es muy fácil moverte por él. Además, es tan puntual, y tiene tanta frecuencia de trenes tan alta que te da hasta vergüenza pensar en el metro de tu ciudad – aunque cierto es que allí el viaje te cuesta 0,70 € si compras el bono de 10 viajes. Haciendo transbordo en la plaza de la Catedral llegamos a la zona de nuestro hotel, y después de seguir los consejos del Google Maps, y tras unos 5′ andando, encontramos el lugar donde pasaremos las próximas 4 noches.

Empezamos a recorrer Viena

Tras dejar todas las cosas en el hotel salimos a la calle y ponemos rumbo al centro de la ciudad. Nuestro camino discurre a lo largo de Leopoldgasse, y debemos llegar a uno de los canales del Danubio. A los pocos pasos hay algo que me llama la atención, ya en esta parte de Viena: la estupenda arquitectura de sus edificios. En una calle como ésta, no del todo céntrica, los edificios son ya bellos, con sus fachadas limpias, muy elegantes, llenas de grandes ventanas. También hay algún que otro edificio que rompe con la pureza de todo lo que veos ya que aparece pintado de unos colores pastel bastante bonitos. No sé si será esto debido al hecho que nos acercamos al famoso mercado Karmelitermarkt que pasa casi desapercibido porque un jueves de enero por la tarde aquello está muerto, pero mucho. De hecho, me doy cuenta que eso es el mercado al día siguiente, cuando pasaremos por la mañana y habrá “algo de vida”. Nosotros continuamos andando y topándonos con más arquitectura clásica mezclada con elementos muy contemporáneos, todavía en construcción.

Llegamos por fin al canal que sale del Danubio, ese canal que durante nuestra estancia cruzaremos tantas veces, y veo por primera vez la aguja de la Catedral despuntando por encima de todos los edificios de la ciudad. Viena es de esos lugares que tanto abundan en Europa en los que los centros históricos tienen viviendas de pocas alturas, muy diferente a lo que pasa en España, donde vivimos apiñados unos encima de otros. La sensación que me transmiten ciudades como Viena, también Berlín, Toulouse o muchas más es que están hechas para vivir cómodamente, ciudades en las que el cielo puede ser visto por cualquier vecino que allí habita.

Panorámica de Viena con la torre de la catedral despuntando en el medio.
Edificos de pocas plantas con tejados a cuatro aguas y nevados. 
Pequeña iglesia medieval en medio de dos bloques de edificios.

Cruzamos el canal, yo muy emocionada porque hasta que no he llegado hasta este punto no he sido consciente de que estaba en la capital austriaca, y ponemos rumbo a nuestra primera visita del día: La Iglesia de San Pedro.

Iglesia de San Pedro

Viena está llena de arte barroco, y ya sabéis que nosotros fans del barroco no somos mucho, pero esta iglesia es una de las más importantes de la ciudad. Dicen que la Iglesia de San Pedro se puede comparar con San Pedro en el Vaticano, y yo que he estado en ambas pues no sabría qué deciros. Tal vez su parte exterior sí tenga algo que ver, pero en su interior veo a esta iglesia mucho más recargada que la del Vaticano, si queréis que os sea sincera. Y por recargada es especial esta iglesia, ya que es la iglesia de Viena que más cargada está en lo que a decoración se refiere. Pero no os asustéis, aunque llena de pan de oro, mármoles y demás elementos opulentos, la decoración es muy elegante. Es la primera iglesia barroca que veo en la ciudad y os prometo que me gusta mucho.

Iglesia de San Pedro, en estilo barroco. Gran cúpula de colores verdosos, fachada con dos torres laterales muy pegadas al cuerpo principal pintada en tonos claros.
Dos edificios de estilo clásico enmarcan la imagen, como abrazando la iglesia.

La iglesia que vemos hoy fue construida en el s. XVIII, aunque se sabe que hubo una en el mismo lugar allá por el año 400, que pasó a ser iglesia románica pero fue arrasada por los incendios que sufrió la ciudad, así que lo que vemos hoy es la iglesia que se consagró en el año 1733. Pero cabe decir una cosa aquí: el lugar donde encontramos hoy San Pedro fue donde se alzó la primera iglesia cristiana de Viena. Toma ya peso de la Historia en toda la cara.

Interior de la iglesia de San Pedro.
Árbol de Navidad en el centro, columnas con muchas esculturas en oro.

Cuando cruzas la puerta – sin pagar nada, es gratis, como todas las iglesias en Viena – lo primero que te sorprende es toda esa decoración de un espacio repleto de estatuas y elementos dorados, un árbol de Navidad todavía brillando en el centro del altar – parece que en esta parte de Europa aguantan la decoración hasta febrero – y un poco después, cuando eres capaz de levantar la cabeza, te encuentras con una cúpula ovalada ricamente decorada con unos frescos que representan la Asunción de la Virgen. ¡La Virgen! es lo que grito yo al ver aquello. Cierto es que esta iglesia es pequeña, posiblemente será la más pequeña que visitaremos en este viaje, pero eh… ¡qué maravilla! Y os lo dice una hater del barroco.

🗺¿Dónde está? Petersplatz 1010 (muy cerquita de la catedral)
💰Precio entrada: gratis

Columna de la Peste

Solo salimos de la Iglesia de San Pedro nos encontramos con un mamotreto enorme coronado por unos ángeles dorados – o eso es lo que parecen a lo lejos –, plantado en el medio de la plaza. Lo que hay frente a nosotros es la Columna de la Peste. Resulta que en el año 1679 Viena sufrió una de las últimas grandes epidemias de peste, y fueron muchos los que murieron, no entre ellos el emperador Leopold I que juró, a su huida de la ciudad, que si la peste acababa levantaría una columna votiva. Como esto sucedió, ese mismo año se levantó una columna de madera con una Santísima Trinidad en lo alto. Teniendo esta columna carácter provisional, se hizo una especie de concurso para construir una definitiva, de mármol, así que empezó con ello Matthias Rauchmiller, quien murió habiendo hecho tan solo unos cuantos ángeles, así que otros tuvieron que ocuparse de terminar con el trabajo del recientemente fallecido. Johann Berbhard Fischer von Eriach fue de los más destacados y el que diseñó las esculturas de la base de la columna, pero el trabajo fue terminado por Paul Strudel – y un poco Strudel, a mi juicio, sí quedó el asunto. La columna fue inaugurada en el año 1693, siendo una de las piezas más importantes del barroco austriaco, ya que ha sido fuente de inspiración para el desarrollo de este estilo en la región. A mí, personalmente, de todos los elementos barrocos que vimos en la ciudad sera el que menos me convencerá; demasiado globo para mi gusto, se me asemeja a un pastel mal hecho. Pero no me lo tengáis en cuenta, acaba de salir la hater barroca que llevo dentro.

Columna de la Peste en medio de una pequeña plaza. A los lados, edificios de corte clásico despuntando al final a la derecha uno de más moderno.

🗺¿Dónde está? Graben, 28

Deciros que esta parte de la ciudad es una de las que más historia guarda. En pleno centro histórico, la calle Graben es la calle peatonal más importante de Viena, y allí veréis mezcla de arquitectura clásica junto a otros elementos más contemporáneos que casan a las mil maravillas.

Catedral de San Esteban

Llegamos, casi sin darnos cuenta, al plato fuerte del día. Yo voy despistada, caminando por esas calles tan elegantes de Viena y flipando con la arquitectura de esta ciudad; cualquier persona amante del diseño creo que debería visitar Viena una vez en la vida – y esto lo digo solo habiendo paseado por un par de calles… Pero a lo que vamos; cuando me doy cuenta estamos frente a la Catedral, en mayúsculas, porque aquello es una señora catedral, una señora catedral gótica, es La Catedral. Y yo, que voy a Viena desorientada, como lo voy todo el viaje, porque todavía, 4 días después de haber salido de España, sigo en shock por el viaje en el que estoy metida. Me voy a sincerar aquí, y es que no seré consciente de donde estoy hasta casi cuando me vaya. No hubiera pensado jamás en mi vida que iba a visitar del tirón dos ciudades como Praga y Viena, y con esa obnubilación rigiendo mis sentidos ni me viene a la mente que la catedral de Viena es una de las catedrales que siempre he querido visitar.

La catedral de San Esteban sigue el esquema clásico tradicional de la iglesia medieval, esto es una planta de tres naves y dos torres en su fachada al este, aunque lo que más destaca en el exterior es esa torre construida en la parte sur del edificio que llega hasta los 136 metros de altura. Además, su empinado tejado, decorado con motivos geométricos de diferentes colores, es otro de los elementos característicos del templo, tejado que sigue el estilo de las catedrales de la Borgoña francesa.

Si el exterior de esta catedral es impresionante, su interior no lo es menos. Teniendo en cuenta que su construcción duró 3 siglos, podremos advertir todavía algunos elementos que no son góticos, sino románicos, como son algunas secciones del pórtico – que deberemos cruzar para flipar fuerte. Del interior de la catedral debemos destacar el coro del siglo XIII, de tres naves de igual altura, siendo del mismo siglo el cuerpo de la iglesia aunque tiene su bóveda reticular en estilo gótico tardío ya que fue terminada en el año 1459.

Los pilares de la catedral están decorados con esculturas de tardogóticas que representan a los Doce Apósotoles, entre otras personalidades importantes de la fe cristiana.

Aún y habiendo pasado tres siglos desde el el inicio hasta el final de la construcción de esta catedral, su interior es elegantísimo y nada ecléctico. Todo casa a la perfección, parece que en Austria lo que se lleva es lo comedido, lo recto, lo apolíneo. Esa catedral, tan esbelta, tan alta, tan elegante, tan llena de cosas pero nada agobiante, me deja patidifusa. La catedral de Praga me gustó – sobre todo por los colores de sus vidrieras –, pero es que ésta me deja muerta. Y eso que solo nos paseamos por allí, ya que también puedes subir a la torre, bajar a la cripta y demás historias que nosotros dejamos aparcadas porque no nos apetece aflojar más el bolsillo, ya que la entrada a la catedral es gratuita, pero todo lo demás es pagando.

🗺¿Dónde está? Stephansplatz

En busca de la casa de Mozart

Continuamos nuestra incursión en Viena, y vamos en busca de uno de esos lugares que cualquier músico debería ver una vez en la vida – aunque el personaje en cuestión no sea del agrado de algunas gentes. Sí, nos vamos a buscar la vivienda de Mozart, que hoy es museo y que no visitaremos porque JJ ya estuvo hace 10 años y comenta que, en realidad, no vale mucho la pena. Cabe decir aquí que en Viena hay montado un gran tinglado en torno a la figura de Mozart, tinglado del que no seré consciente hasta el día que nos marchemos. JJ me cuenta mientras caminamos por la ciudad que cuando él la visitó aquel verano de 2009 las calle de Viena estaban llenas de gentes vestidas como Mozart vendiendo entradas para conciertos de música clásica en salas y salones de los diferentes palacios que se reparten por toda la ciudad. También me comentaba que había una cosa que nosotros convenimos en llamar mozarets, unas chocolatinas rellenas de pistacho y mazapán que son famosísimas en la ciudad, y que extienden sus garras hasta Praga – sí, allí también vendían – y Bratislava – ciudad que visitaremos también en este viaje, pero de manera improvisada. Cualquier tienda de souvenirs que se precie tiene miles de productos relacionados con Mozart, y parece que en la música clásica solo existe este prodigio musical – que igual no lo era tanto, o lo era gracias a otros, no sé si me explico. Con todo esto, la presencia mozartiana no es tan grande estos días, será el frío, será que se acerca el fin de semana, será que están en cuaresma mozartiana… ni idea, pero lo único que sonará de Mozart será nuestro destrozo de la Reina de la Noche a pleno pulmón – todo lo pleno que se pueda en una ciudad tan callada como Viena…

La verdad es que el tío componía cosas buenas de narices.

🗺¿Dónde está? Domgasse 5
💰Precio entrada: general 11 €
📍Más información: página del museo

Si te interesa, son muchos otros los museos que hay en Viena relacionados con los músicos. En el link anterior encontrarás, donde pone LOCATIONS, el resto de exposiciones que tienen que ver con el mundo de la música.

Estatua de Strauss

En el límite del centro histórico de Viena, y muy cercano al famosísimo barrio de los museos hay un pequeño parque en el que se encuentra la estatua del señor que compuso el que seguro es el vals más famoso del mundo: El Danubio Azul. Decir que el día que se inauguró la Filarmónica de Viena interpretó su obra más conocida:

Esta estatua parece que es la más fotografiada de Viena, y no vamos a ser nosotros, músicos y melómanos, quienes no pasemos por este lugar y nos hagamos la foto de rigor. Aunque sea de noche. Aunque haya mucha luz en la estatua. Aunque no tengamos trípode. Aunque nos tiemble el pulso. La música siempre gana.

¿Dónde está? En el Stadpark

Musikverein

Hay una cosa de este viaje que nos va a dar mucha rabia los dos: el no poder asistir a una representación de la Filarmónica de Viena en el conocidisimo Musikverein. Y no será por cuestión de cuartos – de euros, vamos –, porque en realidad asistir a un concierto de la Filarmónica no es tan caro. Bueno, en realidad sí será por cuestión de cuartos, y es que durante esos días no sé qué narices hacen los ricos de Viena que inauguran la temporada de algo relacionado con la música y lo que hay esos días son cenas con espectáculo en la sala principal del Musikverein, así que nos quedaremos sin ver a la Filarmónica. Nota mental: ya tenemos excusa para volver.

Como somos unos curiosos, nos acercamos hasta el edificio, rodeado de un montón de coches lujosos y al que se acercan hombres y mujeres vestidos muy elegantemente. Nos parece curioso que en el restaurante que hay en la acera de enfrente del Musikverein hay un montón de señores vestidos igual, con chaqué negro, y camisa, chaleco y pajaritas blancas, rodeados de mujeres con vestidos vaporosos, brillantes, muy frescos para el fresco que corre en Viena. Nos damos cuenta que eso da igual: todas tienen unos abrigos de pieles enormes. Esa imagen, la del salón del restaurante repleto de gentes con posibles cenando, será la que me hará darme cuenta que Viena es algo más que una ciudad cara: Viena es una ciudad elitista.

El Musikverein por la noche es una pasada de bonito.

Aunque la Filarmónica suene como los dioses, no todo es orégano en ese monte privilegiado. Esta institución no aceptó mujeres en sus filas hasta el año 1997 – hace un par de minutos – y dese entonces hasta día de hoy el número de músicas que se pueden ver encima del escenario del Musikverein son bien pocas. Pero es que además la Filarmónica tiene un pasado bastante oscuro en lo que a política se refiere: el concierto de Año Nuevo lo comenzó un nazi, y también que durante la Segunda Guerra Mundial la mitad de sus músicos eran nazis.

A pesar de esto, que sepáis que todos los años juego a la lotería de esto que es las entradas para el Concierto de Año Nuevo, siempre al peor postor – la entrada más barata – y si alguna vez me toca ya veremos cómo lo haré para desplazarme hasta la capital del mundo que es Viena el día 1 de enero, y no dejarme los ahorros en ello. Pero la satisfacción que sería acceder a ese espacio de gente llena de brillantes con mis alhajas de rebajas no hay quien la pague. Y ver a la Filarmónica en directo, claro está, tampoco. Que pongo la mano en el fuego que los que hoy en día tocan allí de nazi tienen poco.

🗺¿Dónde está? Musikvereinplatz 1

En la Music Mile de Viena, por supuesto, hay una estrella guardada para la estrella de la ciudad.

Iglesia de San Carlos Borromeo

Frente al Musikverein, en otro de esos parques que pueblan la ciudad de Viena encontramos una de las iglesias barrocas más bonitas que he visto nunca. JJ me dice que debemos ir hasta allí porque es uno de los lugares que deben verse en Viena, así que hacia allí que vamos. Yo, por lo pronto, estoy alucinando con la Viena nocturna, y es que la ciudad, por la noche, me parece espectacular: la iluminación e los edificios es una auténtica maravilla. Mi cámara de fotos saca humo, no puedo dejar de fotografiar todos y cada uno de los edificios que aparecen frente a mí.

Si todos esos edificios de corte clásico e historicista me están dejando sin palabras, San Carlos Borromeo no va a ser para menos. Frente a ella, haciéndose fotos, hay un grupo de chavales españoles que posan divertidos a pesar del frío terrible que hace en esta ciudad – mucho más que en Praga – pero nosotros no podemos detenernos: en nada cierran las puertas de la Iglesia. Vamos casi corriendo hasta las puertas del templo y conseguimos meternos dentro.

Esta iglesia es la última obra del célebre arquitecto barroco Johann Bernhard Fischer von Erlach, pero murió antes de terminar con la construcción y fue su hijo, Joseph Emanuel Fischer von Erlack quien terminó con el trabajo de su padre, en el año 1739. La razón de ser de esta iglesia es, otra vez, la peste: el Emperador Carlos VI prometió durante una epidemia de esta enfermedad que levantaría la iglesia. Lo más impactante de esta iglesia es la cúpula, pintada con magníficos frescos que abarcan 1250 m2 y muestran las glorias de San Carlos Borromeo, patrón de la familia imperial de los Habsburgo.

Al cruzar la puerta lo que más nos impresiona de esta iglesia no son las pinturas, si no dos enormes esferas que cuelgan del techo y que te permiten ver reflejada en ellas toda la inmensidad que es ese espacio.

Los frescos del techo casi no se perciben desde el suelo, por eso hay instalado un ascensor al que puedes subir, previo pago, para ver los frescos de cerca. Cuando nosotros vamos el ascensor ya no está en funcionamiento – la última subida es a las 17.30 h – pero nos da igual, nos conformamos con ver aquel espectáculo artístico con nuestros propios ojos. Otra iglesia barroca que hace que se esconda mi alma hater de lo barroco…

🗺¿Dónde está? En la Karlsplatz
⌚️Horarios: Lu – Vie, 07:30 – 19:00 | Sá, 08:30 – 19:00 | Do, 09:00 – 19:00 | festivos, 12:00 – 19:00
💰Precio: general 8€ con subida al ascensor

Nosotros entramos sin pagar a la iglesia. La información no la encuentro al respecto, pero entiendo que si no subes al ascensor no debes pagar nada. De hecho, no pagamos en ninguna de las iglesias que visitamos en la ciudad.

Salimos de la iglesia para poner rumbo a lo que será la última visita el día, pero no sin antes pasar por delante de la Ópera de Viena. Madre mía… estoy delante de la Ópera de Viena. No puedo creerme eso… quién iba a decirme a mí, una pobre filósofa de tres al cuarto que un día iba a pasearse por delante de aquel templo de la música clásica.

🙊Spoiler: al día siguiente asistiremos a la representación de Falstaff, de Verdi

Desde allí ponemos rumbo a la Casa de la Música (Haus der Musik) el que sentencio que es el mejor museo de Viena, y me quedo tan ancha. Pero antes de llegar, un poco más de Viena por la noche, que es fantasía pura.

Haus der Musik o Museo de la Música

Cuando subimos al avión y JJ me explicaba qué haríamos en Viena – yo no sabía todavía que antes iríamos a Praga – una de las cosas que me dijo es que iríamos al Museo de la Música. Yo recordaba perfectamente cuando, en julio de 2009, él y otro compañero músico regresaron de un viaje por Europa en el que habían visitado, entre otras ciudades, Viena. Entre unas historias y otras se coló la de este museo y decían de él que era brutal, que había una sala donde dirigías a la Filarmónica de Viena con algo parecido a la Wii y era una xalera. Con esas expectativas iba yo a este museo, que resultó ser mucho más de lo que esperaba.

El Museo de la Música se encuentra muy cerca de la plaza de la Catedral de San Esteban, en lo más céntrico de la ciudad de Viena. El museo es un edificio de 4 plantas en las que hay en cada una de ellas una temática distinta, pero siguiendo siempre la estela musical. Desde la fundación de la Filarmónica de Viena, pasando por los grandes compositores o los aspectos más contemporáneos de la música este museo es una verdadera delicia para cualquier amante de la música que se precie.

Lo primero con lo que te encuentras es con unas escaleras en las que hay un piano al estilo del de la película Big por el que puedes corretear y van a sonar las musicales o, si tienes un poco más de destreza – y desvergüenza –, como es el caso de JJ, puedes montar el espectáculo interpretando Frere Jacques saltando de escalón en escalón. Lo primero que hacemos en este lugar es ir corriendo hasta la zona de la Filarmónica y ponernos a dirigir; JJ tiene el recuerdo de aquel verano de 2009 en el que había una cola interminable para jugar con el aparatito, pero un jueves de enero a las 8 de la tarde son pocas las gentes que quedan en aquel museo, y creo que no me engaño que, excepto los trabajadores y un par más de visitantes, todos somos españoles. De hecho, cuando llegamos a la zona donde se encuentra el juego hay allí un grupo de chavales que, por su acento, juraría que son gallegos, y con los que entablamos conversación rápidamente. Ellos están intentando jugar al asunto, y yo no sé que voy a hacer uno de los ridículos más estrepitosos de mi vida. Pero eso ya os lo cuento después.

Podéis echar un vistazo a las historias que colgamos ese día en Instagram para ver lo bien que lo pasamos en el museo. (link aquí)

Como os he dicho, el museo tiene 4 plantas y en cada una de ellas hay una temática distinta: la primera está dedicada a la Filarmónica de Viena, la segunda se llama Sonosphere y la tercera está dedicada a los grandes compositores y la cuarta y última se llama virto|scene. Vamos brevemente por partes.

Planta de la Filarmónica de Viena

En esta planta, además del aparatito ya mencionado anteriormente, encontramos una retrospectiva sobre la Filarmónica de Viena. El museo, de un modo cronológico, intenta reproducir la época en la que nació la institución a manos de Otto Nicolai, quien vivió en lo que es hoy el museo del que nos estamos ocupando.

Otto Nicolai nos da la bienvenida al museo

En esta planta puedes encontrar un montón de documentación sobre la Filarmónica, información sobre compositores, conciertos, e incluso asistir a uno.

Juanjo sentado en una silla dispuesta a modo de teatro viendo, en una pantalla de cine, una concierto de la Filarmónica de Viena.
Concierto privado

Planta Sonosphere

Esta planta es la más interactiva de todas, y pretende introducirte en el mundo de los sonidos – ¿qué más importante hay en la música que eso? – mediante una serie de instalaciones muy interesantes. Desde instrumentos que puedes tocar, pasando por salas de audición, otras que explican el funcionamiento del oído… todo está hecho para ser tocado y experimentado, y eso en un museo es de apreciar.

Planta de los Grandes Compositores

Llegamos a la tercera planta donde se explica la vida de grandes compositores como Mozart, Beethoven o Haydn – entre otros – a través de sus obras, documentos, y recreaciones de los espacios en los que vivían y trabajaban. Cada sala está dedicada a un compositor determinado y para mí, lo más impresionante del lugar, es la instalación en la que se reproduce la pérdida auditiva de Beethoven: empiezas escuchando a la perfección una de sus obras y a medida que van pasando los años – y cambias de aparato sonoro – el sonido es cada vez más débil hasta llegar al completo silencio.

Al final de esta planta es donde se encuentra el aparatito para dirigir la Filarmónica. Pero esperad, que todavía nos queda una piso por explicar.

Planta virto|stage

Esta planta es la más contemporánea de todas, la más moderna – por así decirlo. En ella se pretende hacer de la música algo muy interactivo, acercándola a grandes y pequeños con proyecciones que funcionan mejor si tú estás en ellas. Un espacio para niños, el Zoo Concert, y otro más enfocado a los adultos, el Zeitperlen, donde una ópera funciona si tu le das sentido. En una especie de teatro en miniatura te espera una pantalla en la que se van reproduciendo unas imágenes que se convierten en ópera cuando tu te metes en el centro del escenario y con tus movimientos das sentido a las imágenes. No sé cuánto rato pasé allí haciendo el ganso, pero os digo que acabé sudada de tanto contorsionarme.

La dirección de la Filarmónica

Como os he dicho, se dice, se comenta, que en la Casa de la Música puedes dirigir a la Filarmónica de Viena sin ser una gran directora. Se dice, se comenta, que el jueguecito tiene guasa, y todo el mundo quiere jugar con él. Se dice, se comenta, que JJ sabe como va, pero Marina no tiene ni idea. Como os he dicho también, este espacio juguetón se encuentra en la tercera planta y sí que os puedo decir que estando el museo poco concurrido ese lugar es uno en los que encontramos más gente. Pero es que, a ver, ¿quién no querría dirigir la Filarmónica de Viena?

El juego, por su parte, tiene un funcionamiento sencillo: dispones de una tarima, una batuta, una pantalla y un atril con una partitura digital a tu derecha. JJ es el primero en subirse, el tío ya sabe como va – de hecho, lo hace tan bien que hasta le aplauden los pocos que nos observan. Se sube a la tarima, da la entrada a los músicos y todos le siguen. Al terminar la canción los señores de la Filarmónica le dicen que muy bien señor director, hemos acabado con usted, puede pasar el próximo 1 de enero a dirigirnos – bueno, no esto no. Lo que le dicen es lo que se reproduce en una imagen que ahora os comparto.

Es mi turno. No puede ser tan difícil si JJ lo ha hecho. Escojo la canción que quiero dirigir y aparece en la pantalla Zubi Mehta dándome unos consejos de como conducir la pieza que he elegido. Los miembros de la Filarmónica aparecen en pantalla y cuando doy el primer batutazo… ¡estoy perdida! Aquello no hay quien lo domine. Que yo lo que quiero es que hagáis ritardandos, que somos profesionales. Pero a ver, concertino… ¡quieres hacerme caso! Va, corred, que esto es el Can Can de Orfeo en los Infiernos. Si os pilla el director de la banda de mi pueblo os deja buenos, lentos, ¡que sois unos lentos! ¿Pero que hacéis? ¿No veis que estoy haciendo ritardandos? Madre mía… qué desastre… A la que estoy a punto de terminar la canción van todos los tíos de la Filarmónica, paran de tocar y empiezan a silbarme. ¿En serio? Va el tío concertino y me dice que no valgo ni para dirigir La Cucaracha. De verdad… coger un avión para esto.

Mecagüen los muertos de toda esta gente, pues yo quiero terminar la canción. Entonces es cuando JJ me dice: tienes que mirar la partitura de la derecha, si sigues la música no vas a hacer nada, tienes que seguir lo que te marca el juego. Y haciéndole caso es como consigo que la Filarmónica esté bajo mi mando, que haga los ritardandos que le mando, y terminar la canción sin que me silben. Pues no está tan mal el jueguecito – si le coges el truco.

Ya va siendo hora de abandonar el museo, están a punto de cerrar – son ya casi las 10 de la noche. No esperaba que el museo llegase a gustarme tanto, y por lo que nos cuesta (6,5 € por cabeza) el asunto no está nada mal. Os recomiendo encarecidamente que paséis por este museo si vais de viaje a Viena, y si vuestro viaje es con niños, os lo recomiendo mucho más.

🗺¿Dónde está?Seilerstätte 30
💰Precio: 13 € (la mitad si vas las dos últimas horas de apertura, de 20.00 a 22.00h)
⌚️Horario: todos los días de 10.00h a 22.00h (última admisión a las 21.30h)
📍Más información: web del museo.

Y hasta aquí nuestro primer (medio) día en Viena. La toma de contacto ha sido buena, aunque he empezado a darme cuenta de eso que de que esta ciudad es prohibitiva para cualquier persona con nuestro bajo nivel adquisitivo. De todos modos, siempre se pueden hacer cosas, como esta última que os hemos contado, y visitar las iglesias es totalmente gratis, cosa que se agradece un montón. Ahora nos toca hacer el camino de vuelta a nuestro apartamento y acostarnos, al día siguiente vamos a tener un día palaciego y alguna que otra sorpresa, y es que me toca cumplir 33 años…

Ubicación de los lugares visitados

Nosotros hicimos todo el recorrido a pie.

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Una filósofa y un politólogo que amana viajar y lo hacen a pesar de los pocos recursos que tienen. Viajar es más que un capricho, viajar es una necesidad y aquellos que somos pobres en un primer mundo de opulencias tenemos derecho también a realizar nuestros sueños viajeros. Porque los pobres también viajamos.

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