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Llanos del Hospital

Había un lugar en la lista de posibles visitas en nuestro roadtrip por el Valle de Benasque que estaba altamente condicionado por las condiciones climatológicas del momento. Ese lugar era Llanos del Hospital y para poder ir hasta él tenía que hacer buen tiempo. El cielo, ese día, nos dio una tregua.
 
Después de un par de días de lluvia, que a 1000 y pico metros se convierten en nieve, nuestro tercer día en tierras oscenses amanece tranquilo. El cielo, despejadísimo, es de un azul muy intenso. Aún y habiendo mejorado las condiciones climatológicas el frío sigue siendo mucho; de hecho, son las 11 de la mañana y el coche está totalmente congelado. Tan congelado está que nos cuesta abrir las puertas y el parabrisas está cubierto por una lamina opaca de hielo que nos impide ver absolutamente nada. Debemos esperar un poco a que el automóvil coja temperatura y poder así seguir nuestra ruta. Pero, un momento ¿qué ruta vamos a seguir hoy?
 
No tenemos nada decidido. Nuestros planes iniciales han ido cambiando tanto que hemos decidido improvisar a medida que pasan las horas. Lo único que tenemos claro es que ese día vamos a dejar Benasque para pasar la noche en la Puebla de Roda, ya que queremos visitar Roda de Isabena, población a la que debemos llegar en horario de visitas de la catedral. Como hay visitas guiadas por la tarde y no hay mucha distancia desde donde estamos pensamos que podemos aprovechar que el día está despejado para visitar Llanos del Hospital.
Y, ¿por qué vamos a visitar este sitio? En algún lugar leo que es uno de los paisajes más impresionantes de todo el Valle de Benasque y tengo muchísimas ganas de disfrutar de la montaña en un día frío y soleado, así que ponemos rumbo, otra vez, hacia Benasque, destruyendo por completo todos los planes que habíamos concebido.
 
Además de ser uno de los parajes más impresionantes de todo el Valle de Benasque, Llanos del Hospital es también un enclave importantísimo como lugar de paso para los peregrinos que iban a Santiago de Compostela, pero también para comerciantes y curanderos. La palabra hospital, antaño, no tenía el mismo significado que le otorgamos hoy en día; se trataba de lugares de descanso y refugio en la alta montaña construidos por la orden de los Hospitalarios, esto es, los Templarios y también por los Caballeros de San Juan de Malta (o Jerusalén). De que fueran esas órdenes quienes promocionaran su construcción debemos el nombre al lugar.
 
La construcción se desarrollaba a los pies de pasos o puertos de montaña más utilizados y frecuentados, no solo sirviendo como refugio, sino también como puesto de vigilancia de paso entre fronteras. Solía constar de una amplia sala que funcionaba como comedor, cocina y dormitorio. Un gran hogar adosado a las paredes del lugar permitía calentar el espacio y más tarde se añadieron salas separadas para albergar a los enfermos.
 
 
Los documentos afirman que en el año 1200 existía un Hospital en lo que ahora es Francia, en Luchón, y otro en la parte aragonesa. Ambos hospitales – el francés hoy en día no es conocido con ese nombre – permitían a las gentes hacer el paso entre montañas un poco más llevadero ya que el trayecto era peligrosísimo. Las muertes eran frecuentes, y todavía en el año 1800 se decía que la función del Hospital era evitar las desgracias frecuentes y ocuparse del bien de los pasajeros.
 
Tan complicada era la situación que hay documentadas dos destrucciones del Hospital por aludes en el s. XVIII. La primera, documentada por el pirineista Ramond, tuvo lugar en el año 1789 y el nuevo edifico fue construido un poco más abajo y en la otra orilla del río. Años más tarde este nuevo Hospital fue también asolado por un alud, matando a tres niños y cinco mujeres.
Con el paso de los años el Hospital de Benasque fue perdiendo importancia hasta ser abandonado tras la Guerra Civil, sirviendo entonces como refugio para pastores, montañeros y cazadores. Casi en ruinas, el Hospital fue recuperado para convertirse en lo que es hoy: un  complejo hostelero.
El atractivo actual del Hospital de Benasque es su situación entre algunos de los tresmiles más impresionantes de los Pirineos. Ubicado a 1700 metros de altura en el centro del Parque Natural Posets-Maladeta permite, en invierno, practicar esquí nórdico y en verano, disfrutar de paisajes verdísimos, bosques de pino negro o glaciares.
 
Nosotros no vamos a hacer esquí nórdico, y mucho menos a ver paisajes verdísimos, más que nada porque estamos en diciembre. Nosotros vamos a Llanos del Hospital por su historia y porque queremos ver si aquello es tan bonito como lo pintan. De este modo ponemos dirección a Benasque y comenzamos a subir metros por una carretera que cada vez va siendo más bonita. 
 En un momento determinado del camino el paisaje se vuelve totalmente blanco, el cielo se encapota parcialmente con nubes grises y espesas y los picos montañosos aparecen ante nosotros imponentes, majestuosos. Vamos ganando altura y la nieve es cada vez más presente hasta que llegamos a un punto en el que no podemos continuar porque el puerto está cortado. Pero en ese punto justamente, y a mano derecha, encontramos otra carretera que nos lleva al Hospital de Benasque. En el GPS aparece indicado que nos quedan un par de kilómetros hasta llegar allí, y suponemos que un panel indicativo que hay cubierto completamente de nieve debe indicar lo mismo. Tenemos miedo de meternos allí con el coche – sí, somos un poco cobardes en ese aspecto –, así que aparcamos y decidimos caminar un poco, a ver a donde nos lleva la carretera.
En esos precisos momentos la sensación de libertad que sentimos es enorme. El paisaje parece un cuadro, una de esas postales que la gente tiene por costumbre de mandar en navidad. Los enormes pinos cubiertos de nieve blanca y pura, las rocas de la montaña, oscura, maquilladas de un blanco resplandeciente, la carretera sinuosa y serpenteante… no podemos creer lo que ven nuestros ojos: aquello es una maravilla.
Caminamos algunos metros más y nos topamos con coches que regresan de lo que suponemos es el Hospital, así que decidimos deshacer nuestros pasos, subirnos al coche e ir hasta el final de la carretera. Por el camino nos encontramos con una pareja, ya mayor, que nos pregunta si hemos llegado a los Llanos. Les decimos que no, que nos estamos planteando coger el coche e ir allí con el vehículo. Ellos nos contestan que no se atreven con el suyo, que van a seguir caminando, y nos despedimos. Nosotros continuamos hasta donde se encuentra el coche aparcado, nos subimos a él y rehacemos el camino hasta encontrarnos con los caminantes. Les comentamos que si quieren pueden venirse con nosotros, pero ellos prefieren caminar, así que les dejamos hacer y nosotros continuamos el par de kilómetros que suponemos hay hasta el Hospital.
Después de transitar por una carretera estrecha con algún que otro badén, pero muy limpia, acabamos llegando a los Llanos, una suerte de estación nórdica flipante. La primera impresión que tenemos de aquello es que nos hemos teletransportado y hemos ido a parar al mismo hogar de Papa Noel. La nevada de la noche anterior ha cubierto todo por completo y si antes nos parecía estar metidos en una postal navideña, ahora creemos formar parte de las páginas pintadas de un cuento.
Nos ponemos a hacer fotos como locos, a caminar por la nieve virgen que nos llega más allá de los tobillos. Pero lo que más hacemos en esos momentos es respirar hondo y alucinar con esas montañas inmensas y preciosas que nos rodean. En esos momentos es cuando te das cuenta de que viajas por sentir esas cosas, por verte empequeñecida por la naturaleza, por tener sensaciones que son imposibles en el lugar en el que te encuentras normalmente. En ese momento comprendes porqué viajar te da la vida.
Así hace una las fotos, como puede.
 
Después de esto nos metemos en el Hotel, que nos recibe con un caballero de la Orden de Malta – creemos que lo es por la insignia de su capa – tallado en madera. El hotel guarda el carácter montañés del lugar: mucha madera tallada y claras reminiscencias al pasado hospitalario del lugar son la tónica general en ese espacio.
El hotel tiene una sala que es bar y restaurante decorada con madera y un espacio inferior con un gran hogar y sitios para sentarse, un espacio muy agradable y que se agradece entre tanta nieve y frío.
Uno de los puntos interesantes del hotel, si es que no te hospedas allí y vas de visita como nosotros, es la Sala Hospitales, a la que se accede desde el pasillo y bajando unas escaleras. En ella encontramos una exposición dedicada a los hospitales de la vertiente aragonesa y francesa, con documentos e imágenes que narran la historia de estos lugares.
 
Nuestro tiempo en el Hospital de Benasque llega a su fin. Se nos va haciendo tarde y tenemos que emprender nuestro camino hacia Isábena. Pero antes de llegar hasta allí pararemos en otros lugares que son también impresionantes, pero esto ya os lo explicamos otro día.

MÁS INFORMACIÓN

Dicen que una de las mejores cosas que puedes hacer en el hotel es tomarte un vermú de barril. A nosotros no nos va el vermú, así que no nos lo tomamos – y porque en esos momentos no nos apetecía.
 
Como ya os hemos explicado, Llanos del Hospital des un punto privilegiado para practicar todo tipo de deportes, tanto de invierno como de verano, así que si estáis interesados podéis echar un vistazo a los siguientes enlaces:
 

Cómo llegar a LLanos del Hospital

Para llegara Llanos del Hospital debemos conducir desde Benasque unos 17 km dirección Francia y tomar el desvío que encontraremos a mano derecha. El lugar está muy bien indicado y si tenéis GPS lo vais a encontrar sin ningún tipo de problema.
 

Algo más sobre el Hospital de Benasque

Os dejamos también el enlace de la Fundación Hospital de Benasque en la que encontraréis información interesante sobre el lugar: http://www.fundacion-hospital-benasque.org/home
También podéis echar un vistazo al siguiente vídeo que cuenta la historia del Hospital de Benasque:
 
 
Si os interesa el tema de los Hospitales, en este enlace os hablamos de otro, pero esta vez en Francia y los Pirineos Atlánticos: el Hospital de San Blas.
 

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