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Sahún y Chía | Dos localidades con encanto

Después de los paisajes increíbles de Llanos el Hospital nosotros, pobres viajeros, queremos más y más de esas maravillosas vistas que nos brindan los Pirineos.  Así, sin un plan fijo de antemano, ponemos rumbo a Sahún y Chía, dos localidades con encanto y con unas vistas de infarto.
 
 
Tenemos ganas de montaña, tenemos ganas de paisajes increíbles, tenemos ganas de maravillas naturales… y acabamos de visitar uno de los sitios más impresionantes del Valle de Benasque. ¿Vamos a encontrar ahora algo que pueda sorprendernos después de Llanos del Hospital?
 
 
Sobre las 4 de la tarde tenemos planeado llegar a Rueda de Isabena, así que tenemos aún un par de horas para disfrutar de algunos de los lugares del Valle de Benasque que aparecen como interesantes en las guías de viajes.
 
 
El primero de ellos es la localidad de Sahún¸ municipio al que pertenecen los pueblos de Eriste y Eresué. El primero de estos dos ya lo conocemos por haber pernoctado en él dos días antes – podéis leerlo aquí – y el segundo no llegaremos a conocerlo, pero sí el mayor de todos ellos que es Sahún.
En realidad no teníamos pensado pararnos  aquí, pero como disponemos de tiempo no queremos dejar pasar la oportunidad de visitar un pueblo bonito del Pirineo, y eso es lo que hacemos. Así, tras meternos en el pueblo aparcamos en una zona habilitada para ello, fuera del casco urbano. Escuchamos el murmullo del agua y ascendemos unos pocos metros hasta encontrarnos con una estampa preciosa:
 
 
En ese momento vemos un poste con un cartel que señala un sendero, a nuestra derecha: Camino de Guayente. ¿Qué es eso de Guayente?  Nos preguntamos. En esos instantes me viene a la mente una construcción que un poco antes había visto en un corte en la montaña, alzándose casi en el límite del espacio disponible. ¿Será eso Guayante?Bueno, qué más da… vayamos igual.
 
 
 
 
El sendero parece no tener demasiada dificultad; discurre entre un bello paisaje pintado por los colores ocres de ese otoño que está a punto de morir. Alguna caseta acompaña el camino que tiene una longitud de 1 km y poca elevación; se trata de un paseo muy agradable que termina en un recinto que es Santuario y Escuela de Hostelería. Por qué lo segundo está allí no lo sabemos, pero la leyenda cuenta que lo primero que una imagen se marchaba de Sahún para volver a Guayente, así que allá por el año 1000 y pico se decidió construir una ermita. No es esta historia que hayamos escuchado y leído otras veces – en nuestros propios pueblos, sin ir más lejos.
 
 
El recinto es agradable, sobre todo por las vistas que desde allí se tienen, aunque solo aparezca el Ésera en tonos plata, una carretera y montañas detrás. No sabemos qué nos pasa con esta cordillera, pero los Pirineos nos tienen totalmente enamorados.
 
 
Volvemos sobre nuestros pasos hasta llegar de nuevo al pueblo, y decidimos dar un paseo por él. Una iglesia muy bonita, la de San Juan Bautista, en estilo románico preside la parte alta de la localidad. En ella podemos encontrar ejemplos importantes de la arquitectura popular de la zona en forma de casonas, como viene siendo tónica general en casi la totalidad de los pueblos que hemos visitado hasta ahora.
 
 
Es hora de dejar esta localidad para dirigirnos a nuestro próximo destino: Chía, un pequeño pueblo que vive a los pies de la sierra que lleva su mismo nombre. En Chía son famosas sus patatas, pero también las vistas que se tienen desde su mirador.
 
Es éste la razón principal por la que nos desplazamos a la localidad que se encuentra a poco más de 1100 metros de altura y en la que no viven un centenar de personas. De casas de piedra y calles empinadas, Chía es un pueblo más del Valle de Benasque, con toda su solera montañesa, y con todo lo bueno – y lo malo – que tiene vivir en sitios como éste. Lo bueno es la naturaleza, el aire puro, la tranquilidad. Lo malo, que sus habitantes viven en territorios olvidados por las administraciones, por ello en vez de 1000 personas viven apenas 100.
 
Para llegar a Chía debemos coger un desvío a la altura de Castejón de Sos y subir unos cuantos metros hasta la localidad, y para acercarnos hasta el mirador debemos ir por una pista que bien puede hacerse andando o, en parte, con el vehículo. Nosotros decidimos dejar el coche en el pueblo e ir andando, el trecho no es mucho, así que vamos caminando. Lo primero que nos encontramos es la ermita de San Martín, del s. XII. Por tan sencilla, la ermita es bonita; torre campanario, una sola nave construida en sillarejo y con una pequeña ventana en el centro. Nada más tiene, pero tampoco necesita demasiado.
 
 
Desde la ermita continuamos el camino, siguiendo siempre las señales. Campos de pastos poblados de ganado se suceden uno tras otro. Después de seguir el sendero e ir subiendo – muy poco – nos encontramos con un desvío a nuestra derecha. Una señal en la que apenas se lee nada parece que nos indica el camino que debemos seguir hasta el mirador, así que torcemos un poco, nos metemos por un sendero estrecho y acabamos marchando por un caminito que transcurre bordeando una pequeña ladera de montaña.
 

 

 
Al final del pequeño sendero aparece un panel más bien desgastado, en el que leer las indicaciones es tarea casi imposible. Delante de nosotros aparece casi todo el Valle de Benasque, con las cumbres pirenaicas como telón de fondo. Las vistas son espectaculares, pero de momento nada comparable con lo que hemos visto en Llanos del Hospital.
 
 
Deshacemos el camino hecho y nos dirigimos hasta el coche para ir, finalmente, a la Puebla de Roda, donde vamos a dormir, y poder visitar – por fin – la catedral de Roda de Isabena, que le tenemos unas ganas terribles…
 
 
 

MÁS INFORMACIÓN

En Sahún se celebran, todos los veranos las falles, que nada tiene que ver con las de València. Esta festividad – que se celebra en varios puntos de los Pirineos – consiste en quemar antorchas la noche de San Juan (23 de junio). Tenemos pendiente una visita a estas tierras por esas fechas, ya que han sido declaradas Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, pero es que además nos llaman mucho la atención este tipo de celebraciones.
Desde cualquiera de las dos localidades que os hemos mostrado hoy podéis realizar distintas rutas senderistas – no solo estos pequeños senderos. Si os interesan este tipo de actividades y el tiempo os lo permite, podéis seguir estos enlaces para inspiraros:
 

 

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