Belcastel | De la ruina a la gloria.

En el departamento del Aveyron, en la región de Mediodía-Pirineos, se encuentra uno de los pueblos más bonitos de Francia. Rodeado de una espesa vegetación y con el curso del agua del río a sus pies, Belcastel es una de esas localidades que no puedes perderte en un roadtrip por Francia.

Nos parecerá que los pueblos franceses están ahí, bonitos y radiantes, desde tiempos inmemoriales, pero debemos saber que no, que estos pueblos estuvieron largo tiempo olvidados y que solo gracias a la intervención posterior del ser humano volvieron a brillar como en el pasado – e incluso más.

Sí, no es que los franceses conservasen su patrimonio con conocimiento de causa hace ya un siglo o más, no, eso no es así. El hecho que Francia sea un territorio lleno de localidades con mucho encanto es debido a posteriores transformaciones que han puesto piedra sobre piedra otra vez para levantar casas, castillos – todavía hoy lo hacen -, calzadas, puentes y murallas. Y es que Francia no gozaba de una ley de Patrimonio hasta bien entrados los años 60 (podéis leerlo aquí) a diferencia de España, que en el 31 ya tuvo una, y bastante potente.

Gracias a esta toma de conciencia en lo que a patrimonio se refiere los franceses pueden presumir, en la actualidad, de ser un país con los pueblos más bonitos de toda Europa, o al menos así se venden – y muy bien – porque todos soñamos con hacer rutas por Francia para disfrutar de localidades con encanto perdidas en mitad de la campiña. Algunas de esas localidades pueden ser Saint-Léon-sur-Vézère – por poner un ejemplo poco conocido – o este otro del que os voy a hablar en el artículo: Belcastel.

Belcastel

Como os he dicho, Belcastel es un pequeño pueblo del departamento francés del Aveyron, un departamento no tan conocido como otros pero que tiene una buena cantidad de pueblos chulos y lugares para visitar. Entre estos lugares está la localidad de la que os hablo, con una población que no llega a los 200 habitantes pero los cuales – a pesar de los accesos por carretera – pueden sentirse afortunados por vivir en un lugar como ese.

Os lo he dicho ya antes, Belcastel ha resurgido de las cenizas. El pueblo, de estar en la total ruina, pasa a ser uno de los lugares más bonitos en Francia gracias a que, en el año 1974, Fernand Pouillon – uno de los arquitectos más importantes de la época – compra el castillo y todas sus ruinas y empieza a levantar otra vez muros y paredes hasta dejar el pueblo como lo vemos hoy.

El material del que disponía el arquitecto era muy bueno, y es que la disposición del castillo – aunque estuviese en ruinas – allá en lo alto de una roca escarpada hacían del trabajo algo placentero: la base era buena, solo se necesitaba trabajar un poco con ella. Y así lo hizo Fernand, quien reclutó un ejército de colaboradores, además de contar con la ayuda de los habitantes del pueblo, quienes levantaron de nuevo la fortaleza y recobrando ésta su aspecto original.

Belcastel desde la entrada, a orillas del río.

Sin duda el equipo hizo un buen trabajo porque la estampa de Belcastel es una de las más fotografiadas de esta parte de Francia. El trabajo emprendido por Pouillon hizo que las gentes del pueblo decidiesen restauraron también sus casas. Bueno, supongo que las restauraron aquellas personas que podían permitírselo, o tal vez recibieron ayudas – que sería lo suyo. Sea una cosa u otra – o ambas -, el pueblo quedó como lo veis hoy pasando a ser fotogénico como pocos, y se convirtió, y como sucedió en Saint-Cirq-Lapopie, en residencia de artistas.

Lo bueno de este pueblo es que no se ha convertido en un pueblo museo, esto es, un pueblo que existe solo para que tu lo veas y después regreses a casa y aquello cierre como si del prado se tratase. Como os he dicho, allí viven todavía algunas decenas de personas – muy pocas – que siguen pasando el mayor tiempo de su existencia en esas calles de piedra que, a nosotros, nos recuerdan un poco a Montañana, un pequeño pueblo oscense que no ha tenido que ser rehabilitado para mantener todo su aspecto medieval, aunque si lo mantiene es gracias a que allí – y por desgracia – casi no vive nadie.

Rincones como estos, con ese color de la piedra, y el tipo de construcción, fue lo que nos hizo que Belcastel nos recordase a Montañana [descúbrelo aquí].

El pueblo de Belcastel vive a orillas del río Aveyron que atraviesa de forma serpenteante la localidad y separa el núcleo antiguo de la iglesia, aunque ambas orillas del río están unidas por un bello puente de piedra que, además, es un espacio perfecto -para descansar o comer porque, además, está habilitado con un espacio para ello. (Apuntad el dato, amantes de los piqueniques)

Cruzar el puente es obligatorio porque así podrás acceder a la pequeña iglesia que data del s. XV aunque, como casi todo, ha ido sufriendo variaciones a lo largo de los años siendo una de las últimas en el año 1999, cuando el artista Casimir Ferrer pintó un calvario dando importancia al arte, uno de los motores principales que han permitido que el pueblo resurgiese de las cenizas. Además, y también, podemos encontrar en el interior de la iglesia la tumba de Alzias de Sauhac, que fue quien alzó la fortaleza de Belcastel y a finales de la decada de 1430 mandó construir la iglesia.

Pero además de esta pequeña iglesia, otra de las razones por las que debes cruzar el puente – además del puro placer de hacerlo – es porque desde él se tienen unas vistas maravillosas del pueblo, y te prometo que no podrás dejar de mirar al frente con toda esa superposición de casas escondidas entre el verde de la vegetación y coronadas por la torre del castillo.

Pero la joya de la corona, y es lo que diferencia a Belcastel de otros pueblos de la zona, es su castillo – el nombre de Belcastel le vendrá por algo, digo yo. Para llegar a él lo mejor es que tomes aire y empieces a subir cuestas y escalones hasta llegar a lo alto. El castillo fundado en el s.XI es hoy una galería de arte y una sala de exposiciones que explica los trabajos del arquitecto que vivió en la fortaleza. El precio son 8€ por persona y como a nosotros no nos llamó mucho la atención – y nos pareció algo caro – decidimos no entrar, pero si vosotros lo hacéis – o alguien que nos lea ya lo ha hecho -, por favor, dejad en comentarios qué os pareció.

Durante la subida verás como los setos tienen agujeros para que hagas fotos a la iglesia.

Una vez llegas arriba del todo, te plantas frente a la puerta del castillo y decides no entrar, lo que debes hacer es descender todo el camino andado, subirte al vehículo y continuar la ruta por el Aveyron, departamento al que nosotros vamos por primera vez y que todavía nos guarda muchas sorpresas, aunque esas historias ya no tienen cabida aquí.

Recomendaciones

Las distancias entre pueblos, en el Aveyron, no son muchas, pero como también pasa en otros departamentos franceses como el Périgord, las carreteras son estrechas, muchas veces sin demarcación, y aunque te marque que puedes conducir a 90km/h eso es imposible. Así, si sigues algún tipo de GPS ten en cuenta que los tiempos se van a doblar, no todo el monte es orégano.

En lo que respecta al aparcamiento, en Belcastel no tuvimos problema, pero debes saber que estuvimos un 22 de junio, cuando todavía el turismo no es mucho. Si viajas de julio a septiembre, posiblemente, te cueste algo más aparcar.

Una filósofa y un politólogo que amana viajar y lo hacen a pesar de los pocos recursos que tienen. Viajar es más que un capricho, viajar es una necesidad y aquellos que somos pobres en un primer mundo de opulencias tenemos derecho también a realizar nuestros sueños viajeros. Porque los pobres también viajamos.
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