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Villanueva de los Infantes | Ese lugar de la Mancha

Villanueva de los Infantes, el que dice ser ese lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme. Un pueblo con mucho patrimonio por descubrir, con calles preciosas para perderse, con historias de literatos que pasaron allí sus últimos días. Y uno de los pueblos más bonitos de España. Yo sí quiero acordarme de Villanueva de los Infantes, y seguro que tú también.

De improviso salen cosas maravillosas, eso ya lo sabéis. Somos mucho de algo tan nuestro como el pensat i fet – el “dicho y hecho” –, de aprovechar las oportunidades cuando se nos presentan – al menos en lo que a viajes se trata. Y así es como surge ir a Villanueva de los Infantes. Bueno, no, os miento: así es como surge una noche de hotel a precio de risa en Ciudad Real. Y a partir de ella es como Villanueva de los Infantes se nos presenta ante nosotros.

Tengo que decirlo: no sabíamos si parar en Infantes. Nosotros lo que queríamos era ir a Calatarava la Nueva, pero el nombre de este pueblo nos retumbaba en la cabeza. Lo malo es que el preparar un viaje – o una escapada – con un par de días de antelación hace que no puedas absorber toda la información que deberías – o crees que deberías – para disfrutar verdaderamente de tu destino y se nos queda este pueblo en suspenso, virtualizado, como potencia viajera o posibilidad de destino. Vamos, que no sabemos si ir o no. Pero no hacemos caso a nuestras estupideces de viajeros culturetas y pedantes y acabamos parando en Villanueva de los Infantes.

¿En ese lugar de la Mancha?

Seguro que recordáis la frase, cómo no hacerlo si es mundialmente famosa. El libro empieza con ella: En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme… Y el autor se queda tan pancho, y me lo imagino, mientras escribe, con una sonrisa dibujada en su cara, picara, casi burlona. Veréis lugar de la Mancha y recuerdo, la que os voy a liar. Parece que Cervantes lo hiciese a propósito, que supiese y tuviese claro que siglos después de haber escrito una de las obra más célebres de la Humanidad las gentes seguiríamos pensando cuál es ese lugar de la Mancha, aunque no nos preocuparía tanto el porqué nadie quiere acordarse de él.

Cervantes lo hizo, y lo hizo bien. Rivalidad entre pueblos que dicen ser ese lugar la hay, todavía, a día de hoy. Quiero pensar que Don Miguel buscaba eso. Con su Quijote quería burlar la novela caballeresca y también el orgullo chovinista de ser el sitio elegido – aunque esta idea vaya un poco en contra del estudio. Qué más dará el lugar, pienso yo hoy, si lo que importa es la historia, ¿no crees? Igual Don Miguel creía lo mismo que yo; o yo he acabado creyendo lo mismo que él. O creo que creo como él, porque a saber qué era lo que él creía…. ¡Vaya lío!

Sea Infantes el lugar de la Manchan , sea Argamasilla, incluso Mota del Cuervo, lo cierto es que una parada en este bellísimo – superlativo, sin duda – pueblo del Campo de Montiel está más que justificada. Y si fuera ese lugar, ya…

Villanueva de los Infantes como estudio universitario

Y es que tengo que introducir este apartado en el artículo. Creo que es necesario. Porque es necesario reivindicar el poder de la palabra escrita en todas sus vertientes, y el poder de la letra cervantina es tal que ha llegado a ser estudio de la Complutense para poder encontrar ese lugar.

Tampoco hace tanto que se llegó a la conclusión, solo tenemos que remontarnos a principios de este siglo XXI, un suspiro comparado con el tiempo total desde que Don Quijote fue publicado. En ese momento se presentó el estudio llevado a cabo por la Universidad Complutense de Madrid que concluya, sirviéndose del método científico, que el lugar de la Mancha era Villanueva de los Infantes y añadía, también, que los pasos que daba el Hidalgo no eran fantasía, si no que se trataba de lugares y distancias reales.

La cuestión, que después de 10 años de trabajo duro llevado a cabo por 20 investigadores, de una lectura de El Quijote centrada solo en buscar las distancias entre los distintos lugares, se llegó a la conclusión de que era Villanueva de los Infantes el lugar descrito. Y os dejo un extracto del estudio para que veáis hasta qué punto el asunto es serio:

La operación consiste en tratar de ver con la mayor objetividad posible cuáles de estos requisitos se adaptan a las condiciones físicas y otras de cada pueblo, lo que se detalló en el cuadro 18 citado. Resultando, pues, el «lugar de la Mancha» aquel pueblo que acumule mayor número de requisitos satisfechos, comprobándose que es Villanueva de los Infantes con 19 sobre 24 el que ocupa el primer lugar, seguido de Alcubillas y Villahermosa en segundo lugar con 15 sobre 24 como muestra el cuadro 18 en Parra Luna y otros (2005). Y a pesar de que Villanueva de los Infantes solo alcanza un escaso 80% como «probabilidad» o grado de cumplimiento, al tener que ser, forzosamente, uno de estos pueblos el lugar escogido por Cervantes, no existe otra solución posible que la recogida por dicho cruce. Cuadro este que representa una de las maneras más completas o menos criticables de determinar a qué pueblo pudo corresponder el papel de «lugar de la Mancha» en el Quijote y operación que por otra parte puede ser verificada o falsada a partir de dichos cuadros.

El «lugar de la Mancha» como enigma resuelto en el Quijote (Parra Luna, Francisco)

Así, siguiendo este método se llega a la conclusión que estamos en el lugar adecuado. Tan convencidos están los estudiosos de ello que si eres capaz de demostrar que éste no es el lugar te puedes ganar unos buenos miles de euros.

Pero, más allá de toda esta historia:

¿Qué podemos ver en Villanueva de los Infantes?

Convento de Santo Domingo

Como os he dicho al inicio, a Infantes vamos a pelo, sin haber estudiado más que la ruta que nos lleva hasta Calatrava la Nueva – y habiendo visto algún documental sobre Cervantes, por qué os voy a mentir. La cuestión, que no sabemos qué podemos visitar, más allá de dar un breve paseo por sus calles. Tampoco sabemos si vamos a encontrar nada abierto, pero es un domingo de primeros de diciembre, qué será que esté todo cerrado. Al menos la iglesia estará abierta… digo yo, vamos.

Así, aparcamos en la periferia del casco histórico, que es pueblo mismo; en un lugar de dimensiones reducidas como es éste resulta ridículo hablar de periferia cuando forma parte de todo el conjunto en general. Pero vamos, que encontramos aparcamiento cerca de la plaza central de la localidad, y delante mismo de un edificio que nos llama poderosamente la atención.

Asomamos la cabeza, tras cruzar un portón enorme que separa lo privado de lo púbico, y vemos un escritorio tras el que hay una chica que nos mira curiosa. Le preguntamos si se puede visitar. Nos dice que sí, que es gratis, que el lugar es todo nuestro. Comenzamos la visita. Acabamos de meternos en el lugar donde está la celda en la que murió Quevedo.

Vamos como niños en Navidad, dando saltitos por los pasillos de aquel lugar que tiene referencias quijotescas – como en todo el Campo de Montiel – y acabamos llegando a una escalera monumental que no sabemos bien hasta dónde nos llevará. Qué más da eso, ¿no? La subimos, admirando las decoraciones del techo, y llegamos a un primer piso. A mano derecha, un pequeño escalón y una puerta que nos conduce hasta una especie de apartamento-habitación. Hemos llegado a la celda de Quvedo.

Quevedo en Infantes

Otro inciso literario. Debo hacerlo también. Cómo no introducir tal cosa si de quien voy a hablar – brevemente, no te me asustes – es de una de las figuras más importantes de las letras españolas en eso que hemos hecho bien en denominar Siglo de Oro.

No voy a decirte qué escribió Quevedo, seguro que en clases de Lengua Española has tenido la oportunidad de estudiarlo. Sí voy a decirte que Quevedo, nacido en Madrid el año 1580, murió en Infantes un 8 de septiembre de 1645. Lo que le llevo hasta esta localidad manchega fue su amistad con el gramático y filólogo Bartolomé Jiménez Platón, y también la búsqueda de cuidados.

Un tiempo antes, y debido a un escrito en contra de la política del Conde-duque, el escritor es detenido, sus obras confiscadas, y él es llevado casi sin ropa hasta el Convento de San Marcos, en León, donde será encerrado. Su salud, muy mala en aquellos tiempos, es motivo de preocupación y decide, en el año 1644, retirarse de la Corte e irse hasta Torre de Juan Abad, un pueblo cercano a Villanueva de los Infantes. Unos pocos meses después, y como ya sabemos, muere en la celda del Convento de Santo Domingo.

En ese cuarto, en ese mismo cuarto. Un escritorio, una pluma, una ventana, una silla. Lo que antaño fue tinta para escribir. La alcoba. Una cama. Y el silencio. Algunos recortes de lo escrito allí por el poderoso literato español. Una atmósfera austera, casi sedante. Y nosotros dos, solos.

El recorrido continúa hacia el claustro hecho en ladrillo y siguiendo el estilo mudéjar. En este espacio se celebra, desde el año 1981, una cita ineludible para los amantes de las letras: el Festival Internacional de Poesía, organizado por la Orden Literaria Francisco de Quevedo. El convento, en general, ha sido utilizado para diversas cosas: después de la desamortización de Mendizábal en el año 1844 el convento fue clausurado. El lugar se vendió al Estado, excepto la iglesia y la sacristía, que se utilizó como escuela pública hasta el año 1975. Hoy en día es uno de los ineludibles de Villanueva de los Infates.

🗺¿Dónde está? C/Frailes 1

Calle de Cervantes

Lo que os digo, las referencias literarias, en esta población, son muchísimas. Lo que en cualquier otro lugar sería la Calle Mayor en Villanueva de los Infantes se llama Calle de Cervantes. Es aquí donde decidieron instalarse todas las familias nobles, por ello las viviendas que podemos encontrar son casi palaciegas, de grandes dimensiones, muchas con escudos en las fachadas – se conservan un total de 250 repartidos por todo el pueblo –, de patios interiores con galerías de escaleras. Esto último, a priori, no se puede ver. Pero…

Cárcel de la Inquisición

Hasta restos de la Inquisición bien visibles nos encontramos en este pueblo. Cuando miramos en el mapa con el que nos hemos hecho en el convento y vemos que aparece marcado este espacio nos quedamos atónitos. No esperábamos que en Infantes quedasen restos de eso, pero sí, todavía a día de hoy puedes pasar por delante de lo que era la cárcel de esa institución tan macabra que era la Inquisición Española.

Poco es lo que se puede ver de el lugar, solo la fachada, que pasaría por cualquier otra de las fachadas con columnas si no fuese porque aparece un escudo que pasaría por uno de convencional si no fuese porque tiene la cruz, las tibias cruzadas y la calavera, símbolo inequívoco de la Inquisición. En su interior poco queda – nosotros no lo podemos visitar – pero la fachada ahí está como recuerdo de esa institución que tanto hizo sufrir a los librepensadores de la época.

🗺¿Dónde está? C/ Santo Tomás 28

Muy cerca de la cárcel de la inquisición tenemos muchos otros lugares de interés. Cabe decir aquí que Villanueva es un pueblo, no tan pequeño como los nuestros, pero sí un pueblo. Por lo tanto, nos vamos topando ahora con esto, ahora con aquello. Y lo próximo con lo que nos encontramos es esto:

Casa Palacio del Marqués de Entrambasaguas

Ya nos hemos dado cuenta de ello: este pueblo está lleno de palacios. Algunos de ellos se tienden todavía en pie, de muchos otros solo quedan algunos elementos, como fachadas o escudos. De esta casa palacio podemos ver hoy su portada adintelada con columnas dóricas y fustes acanalados. Frente a esa fachada nos damos cuenta de lo importante que debió ser la villa en siglos pasados, ya que el escudo heráldico de la familia todavía se mantiene en una esquina de la edificación. Y no será el único.

🗺¿Dónde está? C/ Santo Tomás 27

Y lo que os digo, tan solo yendo de un lugar a otro, de un punto de interés a otro punto de interés, y camufladas entre casas bajas pintadas de blanco con rejería en sus ventanas, nos vamos topando con viviendas que tienen más solera, hechas en piedra, de aspecto noble. Infantes tiene una gran cantidad de patrimonio escondido. Y yo no solo puedo imaginarme cómo deben ser aquellos lugares en su interior; sé que la sobriedad exterior guarda secretos. Lo sé porque lo he visto en otros lugares, pero lo que todavía no sé es que podré confirmarlo también aquí.

¿Qué se esconde tras estas puertas?

Casa del Caballero del Verde Gabán

Aunque no será éste el lugar donde descubra los secretos escondidos tras las fachadas de piedra noble. Pero sí pasaremos frente a una de las evidencias que sirven como pilar para defender que Villanueva de los Infantes es ese lugar de la Mancha, y es que esta casa, que perteneció a D. Diego de Miranda, es aceptada en la tradición cervantina como la descrita en la obra como la Casa del Caballero del Verde Gabán, en el capítulo XVIII de la segunda parte de El Quijote.

La cruz en la fachada nos indica que perteneció a la Compañía de Jesús.

El edificio, en su exterior, es como los descritos hasta ahora: puertas adinteladas, ménsulas y frisos. Todo hecho en piedra de color tierra que parece casi arena; da la sensación que si soplas todo eso se lo va a llevar el viento. En su interior – que desgraciadamente no podemos visitar – se esconde un patio castellano con pozo y cueva.

🗺 ¿Dónde está? Calle de Monjas y Honda, 4

Y caminando y deleitándonos con todo lo bonito que hay en las calles de este pueblo manchego, muy muy manchego, acabamos llegando al epicentro de la localidad.

La Plaza Mayor

Lo repito siempre: la plaza, qué importante es en un pueblo. Es más: qué importante es la plaza en el pueblo. Y aquí no puede ser menos, porque la Plaza Mayor de Villanueva de los Infantes es todo eso que imaginamos cuando pensamos en el concepto plaza: es el centro neurálgico del lugar. La iglesia, el Ayuntamiento, los comercios, los bares… Todo eso hay ahí, en ese espacio amplísimo y de belleza indiscutible.

Cuando aparecemos en ella, pasando algunos minutos de las doce del mediodía, nos encontramos con un lugar muy animado, concurrido, con los bares llenos de gente, con familias disfrutando del domingo y algún que otro visitante que, como nosotros, ha ido para conocer las maravillas de Infantes. En ese momento pensamos que aquello que nos apetece hacer es sentarnos en el bar y tomarnos algo, tranquilamente, pero no podemos hacerlo: no entraba en nuestros planes y vamos a perder la oportunidad de visitar aquello que era el motivo principal de este viaje.

Pero aunque no nos sentemos en el bar, sí vamos a hacer algo que es impepinable en este lugar: una sesión de fotos con la escultura de Sancho y El Quijote.

Pero hay algo todavía más impepinable que estas célebres esculturas, y eso es lo que ahora sigue:

Iglesia de San Andrés.

Dominando el espacio de la Plaza Mayor, pero totalmente integrada en ella, encontramos la Iglesia de SanAndrés, de fachada clasicista que destaca entre todos los demás elementos de la plaza.

Nos ponemos frente a ella y esperamos a que salga la gente de misa. Es raro ver en España gente en misa, aunque esto parezca increíble. Creo que ya lo he explicado alguna que otra vez, pero uno de los lugares donde he visto asistir más gente a la iglesia ha sido en Francia. Recuerdo un domingo en Aix-en-Provence y su iglesia de San Juan de Malta llena de gente. No he visto, en España, un domingo cualquiera – y no será porque no he visitado iglesias españolas un domingo – tanta gente como en Francia. La razón no cabe discutirla aquí ahora, pero quedaros con el dato e iros fijando en lo que os acabo de decir.

Y ésta es la reflexión que hacemos también en ese momento, momento tras el cual nos metemos en el templo – de acceso gratuito – y que visitamos en pocos minutos, hecho que no le quita interés al lugar.

De las cosas que llaman la atención aquí, en la Iglesia de San Andrés, es que fue donde estuvieron depositados los restos de Quevedo durante 150 años entre animales y esqueletos de niños. En el año 2007, después de un estudio – y gracias al fémur que indicaba cojera – los restos del ilustre poeta fueron identificados y depositados en la cripta que le correspondía. Hoy en día la cripta es visible, aunque la acumulación de humedad hace que tengas que imaginarte qué hay allí abajo. Desconozco si puede descenderse hasta ella, aunque entiendo que la respuesta no sea afirmativa.

El interior de la iglesia, por su parte es de factura gótica principalmente, aunque tiene también elementos renacentistas. Las múltiples capillas que hay a los lados están dedicadas a santos, entre ellos Tomás, y el púlpito plateresco es uno de las joyas que alberga el templo.

Nos salimos ahora de la iglesia y vamos en busca de los otros puntos de interés. Nos quedan algunos restos de palacios por ver y un lugar que no sabemos muy bien qué es, pero que nos llama poderosamente la atención.

La casa del Arco

Otro elemento que encontramos callejeando por este pueblo, y que es uno de los más destacados en lo que a arquitectura civil se refiere, es la casa del Arco, importante por la fachada que se asoma a la calle de Infantes.

Se repite el mismo esquema que en todas las fachadas con solera de la localidad, pero el arco hace que destaque entre todas las demás. Su estampa recuerda a la de una iglesia, y es que está inspirada en la fachada de la iglesia parroquial. Aunque más allá del arco, de belleza indiscutible, lo que a mí me parece más curioso es esa puerta llena de conchas. Parece ser, también, que su interior no tiene desperdicio: patio con columnas, zaguán y, en el pasado, hasta una corrala de comedias. De verdad, me gustaría abrir todas y cada una de las puertas de las casas que me voy encontrando por el camino y asomarme para poder ver los secretos que esconden esas fachadas.

Toc, toc. ¿Me dejas pasar?

🗺 ¿Dónde está? Plaza Doctor Alberdi, 2

Y sin yo saberlo, ese momento se va acercando. ¿Podré visitar, por fin, una de esas casas?

Casa de los Estudios

Estoy empeñada en meterme en una de esas viviendas, y no quiero parecer una entrometida, soy más bien curiosa, y una enamorada de las viviendas con patios. Sí, los disfruté un poco en Córdoba, los he ido viendo en algunos de mis viajes, pero nunca satisfago mi deseo. Y, ¿sabéis qué? Creo que he encontrado la razón de ser de esta obsesión mía. Voy a confesarme: un par de edificios que había en mi pueblo, y otro que todavía hoy sigue en pie, pero…

Tal vez esto no quepa aquí, o sí. Quien lee los relatos viajeros gusta siempre de saber algo más de quien los escribe, esto hace que entendamos más las letras que se presentan ante nuestros ojos. Y por ello os voy a explicar esto. Recuerdo, de cuando pequeña, lo que era el cuartel de la Guardia Civil. Lo recuerdo a duras penas, y tal vez lo tenga idealizado, pero la imagen que está grabada en mi mente es la de un edificio en el que había, en su interior, un gran patio rodeado de unas galerías importantes, incluso creo ver un pozo o algo similar. Cuando estos recuerdos el cuartel ya no estaba operativo, y hoy en día ni existe; el edificio fue derruido y se construyó otro que hoy da servicio a un sector importante de la población. Otro de los lugares que recuerdo con un patio en su interior, aunque esta vez a mi mente no viene la imagen de un patio con galería, es la de la casa del cura, más conocida como Abadía. Recuerdo de allí – las pocas veces que fui, solo iban los estudiantes de catecismo y yo de eso no estudié nunca – un edificio de piedra imponente que tenía en su parte trasera un patio enorme, lleno de hierba que a mí me parecía una selva. Hoy en día no puedo comprobar si eso era así, este edificio también lo echaron abajo y construyeron sobre sus cimientos una especie de bloque de viviendas. El tercer edificio que señalo como culpable de mi obsesión por espacios así es una casa que, milagrosamente, todavía está en pie – aunque actualmente en obras, no sé qué estarán haciendo dentro -, uno de los tantas casas palacios que había en la localidad y de los que, desgraciadamente, se conservan bien pocos. Esta casa, enorme, de piedra, ha sido siempre un misterio para mí. Recuerdo ir al colegio y que el maestro – Don Pedro, qué gran educador, aunque él quería que le llamásemos Pere – nos explicase, no sé a qué santo venía el asunto, que en el pueblo había una de esas casas con patios y galerías. Esa misma tarde, todas las amigas y compañeras de clase – 5 o 6, ya no éramos más niños -, nos pusimos delante de la casa y nos dejamos la vista intentando ver lo que se asomaba entre las persianas llenas de polvo que daban a la calle. Desde ese momento, más de 20 años atrás, hasta hoy en día, no ha habido manera de saber qué se esconden tras esas puertas. Alguna vez, desde la Asociación de Cultura, se intentó visitar la vivienda pidiendo permiso a la familia. Pero no hubo manera. Veremos en qué queda…

Y de esos polvos, de esos deseos insatisfechos, de recuerdos borrados por el progreso – y creo no estar muy desencaminada si señalo irresponsabilidad –, nacen estos lodos. Freud, seguramente, me aprobaría primero de psicoanálisis – o no, qué sé yo. La cuestión, que la tiranía de los deseos insatisfechos me mueve a buscar lugares como estos y con la casa de los Estudios podré satisfacer parte de eso que tengo ahí, en el subconsciente, quemando como fuego.

Esta casa, de la que poco se ve cuando pasas por delante, tiene referencias literarias. Vemos una imagen de Quevedo en la parte izquierda de la puerta de entrada, y el nombre e la casa indica que allí se hacía algo más que vivir. Una vez cruzada la puerta nos metemos en una pequeña sala repleta de objetos que calificaremos como souvenirs, y al poco tiempo aparece un chico con coleta que nos saluda. Queremos visitar esto, le decimos. ¿Se puede? Claro que se puede, contesta él. La entrada son 2 euros y la visita es guiada, visita que hago yo. Ah, perfecto pues, toma los dos euros por cabeza. Pues un momento que termina la visita anterior y estoy con vosotros.

La Casa de los Estudios es el lugar donde impartió clases Bartolomé Jiménez Patón – que no Platón, pero casi – quien fue gramático, Maestro de Humanidades y Retórica y, además, amigo de Quevedo. Parece ser que el señor Bartolomé era un gran docente y, según nos explica el guía – un gran guía, sin duda –, tuvo una importante influencia en filósofos y escritores de la época.

El guía nos explica, con gran pasión, que aquel lugar está pensando para enseñar. Las bóvedas resguardaban del frío – y también del calor – y, además, su arquitectura permitía que se oyesen las lecciones desde cualquier punto de la galería, y nos lo demuestra, dando una vuelta por el espacio, sin parar de hablar. Nosotros lo escuchamos perfectamente sin movernos del sitio. Reflexionamos, otra vez: cómo puede ser que ese espacio tenga una acústica tan perfecta y ahora vayas a cualquier universidad de fábrica contemporánea y si estás en la segunda fila no puedas oír qué está diciendo el profesor.

El guía sigue explicando cosas interesantes, nos dice que ese espacio, en realidad, es también privado: algunas casas tienen entrada por ahí y ha habido visitantes que, sin quererlo, se han metido en las casas de los vecinos. Nos explica también que lo que era el zaguán – rebost en nuestro pueblo – está ahora lleno de basura porque el propietario de ese espacio lo usó como vertedero. También nos explica que están intentando recuperarlo. Y nosotros que nos alegramos.

La visita termina – son unos 15′ 20′ de explicaciones magníficas – y nos dan vía libre para explorar el lugar, eso sí, sin meternos en casa ajena. De este modo nos subimos hasta lo alto, donde la porticada, para observar el espacio desde lo alto. Siguen, allí, las referencias cervantinas, esta vez en forma de silueta.

Ya lo dije una vez: Cervantes hizo un gran favor a La Mancha escribiendo su Quijote. Esta tierra, de belleza parca, de vida dura, se ha convertido en un referente para los amantes de la literatura. A mi juicio, es todavía un terreno que está por descubrir y que tiene tanto que ofrecer que no somos conscientes de ello. Poco a poco.

Salimos de la Casa de los Estudios dando las gracias al guía por tan magnífica visita. Se acerca la hora de comer, nos quedan unos cuantos kilómetros por delante hasta nuestro siguiente destino y todavía no hemos terminado de visitar el pueblo…

🗺 ¿Dónde está? Calle Santo Tomás, 39
💰Precio: 2 euros por persona (visita guiada)

E Infantes todavía nos guarda otra sorpresa…

Hogar de los Jubilados

Parecerá raro que incluya aquí la visita al lugar donde los pensionistas se reúnen y disfrutan de años de merecido descanso, pero es que el hogar de los jubilados de Villanueva de los Infantes es un verdadero tesoro. En realidad nosotros vamos buscando otra cosa, pero acabamos aquí, asomándonos por la puerta y apareciendo en un lugar que es como un oasis.

Nuestra cara al cruzar la puerta es de estupefacción suprema. ¿En serio? Creo que ya sé a dónde iré a pasar mis últimos años de vida.

Este lugar está ubicado en el Antiguo Palacio de los Ballesteros conserva muchos elementos del mismo. Su patio, como deben ser todos los patios en esa localidad – así me los imagino yo –, es una maravilla, con columnas adinteladas, un primer piso con balcones, lleno de vegetación y con una luz celestial. Creo que no debemos ser los primeros turistas que nos metemos ahí porque las gentes que están disfrutando de su retiro ni se inmutan al vernos. Sin duda, es un lugar que os recomendamos mucho que visitéis.

🗺 ¿Dónde está? Calle Rey Juan Carlos, 19

Convento de las Franciscanas

Acabamos nuestra visita a la localidad frente a este convento, hoy museo, del que vemos solo su exterior – está cerrado – y que es gracias al que visitamos el palacio anterior. Íbamos aquí y nos hemos encontrado con aquello.

Este convento fue uno de los más antiguos de la localidad, y su fundación se remonta al año 1521.

🗺¿Dónde está? Plaza de la Fuente Vieja

Llega el momento de despedirnos de Villanueva de los Infantes. Creo que esto no va a ser un “adiós”, sino un “hasta otra”. Este pueblo nos ha sorprendido mucho y son muchas las cosas que nos dejamos por ver. Todavía quedan palacios, conventos, ermitas e iglesias por ver. Todavía nos queda mucho pueblo por disfrutar y seguro que algún que otro día volveremos a pasar por allí.

El último paseo que damos para subirnos de nuevo al coche y seguir con nuestra ruta hace que nos perdamos por las calles del pueblo pero, ¿qué más dará? Perderte por calles así es un acto maravilloso.

Más información

Infantes y Cervantes

Si te interesa el asunto de la localidad y la obra cervantina, puedes echar un vistazo a estas webs.

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Una filósofa y un politólogo que amana viajar y lo hacen a pesar de los pocos recursos que tienen. Viajar es más que un capricho, viajar es una necesidad y aquellos que somos pobres en un primer mundo de opulencias tenemos derecho también a realizar nuestros sueños viajeros. Porque los pobres también viajamos.

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