Úbeda y Baeza | El combo perfecto para una escapada de fin de semana.

Úbeda y Baeza, dos localidades andaluzas Patrimonio de la Humanidad, son sendos tesoros renacentistas dispuestos en el corazón de un manto de olivos. De un valor patrimonial incalculable, estas poblaciones te dejarán un recuerdo imborrable.


Andalucía es una de las comunidades autónomas más visitadas en España, su historia, su esencia, también los clichés, hacen que cada año sean decenas de miles los turistas, tanto nacionales como extranjeros, que se acerquen hasta esta parte del sur de la Península Ibérica.

Pues os podría decir que nosotros no somos de esos que han deseado desde siempre visitar Andalucía. Nuestras preferencias tienden a centrar la mirada en otros destinos algo más norteños, menos calurosos, menos soleados. Tal vez por el hecho que seamos del Mediterráneo – o casi – nuestro querer descubrir sea diametralmente opuesto a lo que aquí tenemos. El caso es que no sé cuál es la razón, pero Andalucía no ha sido nunca un destino principal.

No, nos juzguéis por estas palabras, estoy tratando de ser sincera. Os digo que en sí misma Andalucía no ha sido nuestro destino predilecto pero sí algunos lugares de ella han estado entre nuestros sueños viajeros. Dos ciudades son las que siempre nos han llamado la atención; por una parte está Córdoba, que pudimos visitar de forma intempestiva a principios de septiembre de 2017, y la otra es Granda – por la Alhambra más que por otra cosa – que visitaríamos un par de días después de haber pasado por las dos ciudades de las que ahora os hablaré.

Pues sí, Andalucía… tan parecida pero tan distinta a nosotros que la hemos dejado en el fondo del cajón viajero para urgencias – y para algo más que un par de días de viaje. Otra de las razones por las que viajar a Andalucía se nos hace algo más difícil es por la distancia, porque bien es cierto que si viajas por el centro de España las autovías van que vuelan, pero en nuestro caso hemos tenido siempre que desplazarnos hasta Castilla la Mancha para viajar a tierras sureñas. Sí, era eso o pagar los peajes. Bueno, lo era hasta este pasado 1 de enero y es que ¡tenemos la AP-7 gratuita! Tal vez, cuando salgamos de este tedio que es el confinamiento (escribo esto un 24 de abril de 2020) nos planteemos tomarla e ir hacia el sur, a Almería, que le tengo muchas ganas – también os diré: una vez pisas Andalucía te quedas atrapada.

Pero vayamos a lo que os quiero contar, que es nuestra experiencia en Úbeda y Baeza, que para eso estáis aquí y no para leer tonterías.

Por qué Úbeda y Baeza

¿Qué nos lleva a visitar Úbeda y Baeza? La razón principal, y una de las que siempre nos mueve a desplazarnos a los sitios, es que ambas fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2003. La segunda razón que nos lleva a visitar estas dos ciudades es el hecho que inesperadamente, y con apenas una semana de antelación, consigo entradas para visitar la Alhambra de Granada – os lo cuento aquí . Esto hace que busque ampliar el recorrido de nuestra escapada, otra vez, intempestiva de finales de verano. Una noche insomne de fiestas del pueblo sin salir hará que invierta mi tiempo no en beber cubalibres y bailar pasodobles sino en construir una ruta que nos llevará casi una semana por Andalucía.

También cabe decir que ya en nuestro viaje a Córdoba habíamos pensado en acercarnos hasta estas poblaciones, así, de paso, porque pensábamos que en un rato las visitabas. Ya estaban en nuestros planes futuros, a muy largo plazo e indeterminados, pero nuestros planes no era alojarnos allí un par de noches. Ahora os lo puedo decir: o inviertes 48 horas en su visita o se va a quedar corta.

Consideraciones inicales

¿Cuánto tiempo necesito para vistiarlas?

Lo acabo de mencionar arriba, y creo que no exagero si digo eso: Úbeda y Baeza requieren tiempo. No son pueblos pequeños, es más, fuera de su casco histórico son ciudades como cualquier otra – o pueblos que dirían otros pero, como siempre repito, pueblo es el mío que somos 600. En Baeza viven algo más de 15.000 personas y en Úbeda llegan casi a las 35.000, así que podéis haceros una idea de sus dimensiones. Pero sí, como os digo los cascos históricos son reducidos, pero tienen algunos elementos que requieren tiempo – después os diré cuáles.

Otra cosa de la que se disfruta, y mucho, en estas dos localidades – casi como en toda Andalucía, diría yo – es el tema de la gastronomía. Sentarte a tomarte unas tapas en algunos de los bares de estas ciudades es algo que debes hacer, y las tapas no se toman rápidas. Con las tapas debes sentarte y pasártelo bien, y eso no se hace con prisas.

También es verdad que tanto Úbeda como Baeza son ciudades preciosas en las que el mero hecho de caminar es gustazo, pero en ambas hay un par de lugares que son de obligada visita. Os aviso ya: no visitamos todos los must de las ciudades, solo accedimos a las atracciones gratuitas – cuestión de presupuesto – y pagamos la entrada para poder visitar una que es de las cosas más impresionantes que vimos en las dos jornadas que estuvimos por allí.

¿Dónde me alojo?

En nuestro caso, el alojamiento lo contratamos en Baeza y de ella nos desplazamos a Úbeda regresando a Baeza de nuevo, por lo que estuvimos alojados dos noches en esta localidad jinense.

¿Por qué escogí Baeza para alojarnos? La razón es clara y concisa: el precio del alojamiento. Tanto en una como en otra localidad hay alojamiento de sobra y, a finales de agosto, el alojamiento está a muy buen precio, pero en Baeza encontré un hotel céntrico, de cuatro estrellas, que nos salió por 75€ dos noches dos personas (el alojamiento fue éste).

¿Cómo llego a estas dos ciudades?

Lo más cómodo para hacer un viaje de este tipo es usar el coche como transporte. Andalucía tiene una red de carreteras fantástica que te permite desplazarte rápidamente de un punto a otro sin ningún tipo de problema.

Para desplazarte de Baeza a Úbeda, y de Úbeda a Baeza, tienes una carretera rectísima que en 15′ te lleva de un lugar a otro. Como os digo, viajar por estas carreteras es comodísimo así que no vais a tener ningún tipo de problema, y es por eso mismo que te recomiendo que te alojes solo en una, y te desplaces a la otra para visitarla, y no que contrates dos alojamientos distintos – a no ser que te haga especial ilusión alojarte en las dos ciudades – ya que es mucho más cómodo no tener que ir haciendo y deshaciendo maletas. Y buscar aparcamiento, porque ahí viene la otra.

Aparcara en Úbeda y Baeza

Si tu pretensión es aparcar en el centro histórico de estas localidades ya puedo decirte que el asunto es imposible porque no solo el aparcamiento está altamente restringido, y es de entender – y se agradece. Así, tendrás que dejarlo extramuros – sobre todo en Úbeda – y caminar hasta los lugares de interés.

En Baeza aparcamos, en primer lugar, en la Calle Antonio Machado en el Parque Leocadio Marín, donde nos detuvimos para comer la ensalada que traíamos de casa. En este punto nos dimos cuenta que todavía estábamos lejos del hotel y decidimos acercarnos algo más con el coche. Lo que hicimos fue descargar los trastos en el alojamiento aprovechando los 20′ de permiso que tienes para carga y descarga en un espacio habilitado frente al hospedaje y luego fuimos a aparcar. Conseguimos dejar el coche más o menos cercano al hotel, en la Acera de la Magdalena, en uno de los laterales de la Avenida Andalucía.

en Úbeda pudimos acercarnos hasta las murallas y aparcamos cerca de la Plaza Santa Lucía, en la zona del Mirador y la Puerta de Santa Lucía. Desde allí accedimos cómodamente al centro histórico de la ciudad.

Y ahora sí, ya lo tenemos todo para visitar estas dos maravillosas ciudades. ¿empezamos?

Baeza

El río va corriendo / entre sombrías huertas / y grises olivares, / por los alegres campos de Baeza.

Antonio Machado

Machado y Baeza

Machado, poeta andaluz al que se recuerda más por su etapa castellana y su amor maldito con Leonor al morir tempranamente ésta, regresó a Andalucía tras el fallecimiento de su joven esposa. La etapa soriana del poeta fue muy fructífera y el salto a Baeza una decepción para él; Antonio quería ir a Madrid, pero allí no había plaza, así que le tocó marcharse a Baeza.

Puede decirse que Machado ansiaba regresar a Andalucía, él era sevillano y después de la muerte de su joven esposa – ella contaba 18 años – el abrazo de la tierra que sentía como suya le podía hacer mucho bien, pero ese no fue el caso de Baeza. Machado llegó al a ciudad a finales de octubre de 1912 y su impresión no fue nada halagüeña. Para él, Soria era Atenas comparada con Baeza, la gente se le presentaba casi analfabeta, aunque tenía su parte buena porque era hospitalaria y amable. No veía afán de cultura por ningún lado, él había percibido que las gentes solo se interesaban por el juego y la política. Ésta fue la primera impresión del poeta de una ciudad que le parecía bella pero vacía, aunque él era consciente que su juicio podía verse afectado por la muerte de Leonor.

La opinión de Machado sobre Baeza fue cambiando a medida que el poeta iba conociendo el que sería su hogar durante los próximos 7 años. Antonio se dio cuenta que, al marcharse de Baeza, echaría de menos sus tierras, sus campos y sus gentes.

¡Campo de Baeza,
soñaré contigo
cuando no te vea! 

Antonio Machado

Antigua Universidad de Baeza

Lo primero que hacemos tras dejar las maletas en el hotel es ir hasta la oficina de turismo, hacernos con un mapa y toda la información posible sobre Baeza – y también Úbeda – para, seguidamente, realizar la primera visita del día. Está claro lo que queremos ver: el aula donde Machado impartió clases de gramática francesa en su periodo andaluz.

Para ello debemos dirigirnos hasta la Antigua Universidad y que hoy en día funciona como instituto. El interés primero, como os digo, es visitar el aula de Machado, pero el edificio es también atractivo ya que la Universidad empezó a funcionar durante la primera mitad del s. XVI – cuando la ciudad era más próspera. La institución comenzó siendo colegio de Primeras y de esa época data la puerta con arco de medio punto, un vano en lo alto y las columnas jónicas que decoran la fachada. Una vez cruzas la puerta, en su interior encuentras un gran patio que fue claustro y andando un poco, a mano derecha, y tras una puerta entreabierta, esta el aula de Machado.

Es emocionante toparte con esta sala – a mí me emociona al verlo y me emociono al recordarlo – siendo consciente de que allí impartió clases uno de los poetas españoles más importantes del s. XX. Un poeta que tuvo final trágico, como la mayoría de intelectuales de la época, y que tuvo que ir a morir al exilio porque aquí lo mataban.

El aula es muy curiosa, debes saber que allí se conserva la pizarra en la que Machado escribía, la mesa en la que dejaba sus bártulos, los bancos en los que los alumnos se sentaban. El mobiliario de la época hace que te metas de lleno en la España de principios de s. XX, esa España que eclosionaba con todos esos intelectuales que querían cambiarla y que finalmente fue cambiada drásticamente por aquellos que acabaron gritando un vergonzoso ¡Mueran los intelectuales!¡Viva la muerte!.

Profe, tengo una pregunta.

Además del aula en la que el poeta impartió clases de gramática francesa, y en la sala contigua, encontramos el Paraninfo, de planta cuadrada, con graderío y techo de madera. El espacio, de un potente color rojo, está decorado con cuadros que representan al fundador de la universidad Rodrigo López, a San Juan de Ávila y al predicador baezano Diego Pérez de Valdivia.

¿Dónde está?: calle de Beato Ávila.
Horario: de lunes a domingo, de 10 a 14h y de 16 a 19h.
Precio: entrada gratuita.

Después del Paraninfo decidimos salir de la Universidad Antigua y acercarnos al contiguo Palacio de Jabalquinto, actual Sede Internacional de la Universidad Antonio Machado.

Palacio de Jabalquinto

Este palacio, que data de finales del s. XV, es un exponente magnífico de gótico isabelino. Su fachada llama la atención, muchísimo, y aunque no sepas que aquello es lo que vas a ver, hará que te pares frenet a él.

La fachada está decorada con puntas de diamante, lazos, escudos, mocárabes… y se remata con cinco arcos de medio punto de época renacentista. ¿Cómo no va mas a detenerte frente a edificio semejante?

Nosotros nos quedamos frente a la fachada y asomamos un poco la cabeza. Nos parece que aquello está abierto así que abrimos la puerta y, sí, está abierto, y vamos a parar a un patio de finales del siglo XVI, por ende, renacentista, aunque ya tiene algunos elementos barrocos.

El patio nos recuerda, de algún modo, al patio que hay en el edificio histórico de la Universitat de València – edificio que, si no habéis visitado, os recomiendo que apuntéis para próximas visitas a la capital valenciana. Y este patio tiene una escalera de carácter monumental que nos atrevemos a subir. Y bien que hacemos, porque más allá de los escalones se encuentra un patio maravilloso, verdísimo, un remanso de paz entre la calma más absoluta que son las calles de Baeza ese día de finales de agosto. Allí, en el fondo, un bar donde un café con leche y un cortado nos cuestan 1,6€. No os lo creeréis, pero será uno de los mejores momentos del día; después de haber estado conduciendo muchas horas, haber pasado un calor tremendo en Baños de la Encina y haber ido corriendo por Baeza para no encontrar cerrada el aula de Machado, el poder tomarte un café tranquila en un entorno tan idílico se convierte en un lujo impagable.

¿Dónde está?: Plaza de la Santa Cruz
Horario: de lunes a viernes de 9 a 14 h (aunque nosotros lo encontramos abierto por la tarde)
Precio: entrada gratuita.

Plaza de Santa María

Seguimos el curso natural de nuestros pasos y nos vamos hasta uno de los puntos más conocidos de la ciudad: la Plaza de Santa María con la catedral en la parte posterior.

Lo más destacado de esta plaza, además de la estampa catedralicia como telón de fondo, es el arco triunfal en estilo renacentista que hace a la vez de fuente. Sentarte casi sobre las aguas es algo que harás sí o sí en ese espacio tan agradable, tan idílico, tan de otro tiempo.

Pero no solo debes fijarte en la fuente, sino también en los edificios que rodean el perímetro de este espacio, como la casa soalriega de los Cabreras o el Seminario de San Felipe Neri y, por supuesto, la Catedral de Santa María a la que no accedimos – por cuestión de presupuesto – pero que muchos dicen que vale enormemente la pena visitar.

Tras la catedral

Como somos personas inquietas decidimos continuar nuestro paseo por Baeza adentrándonos en los callejones que encontramos tras la catedral, callejones que van más allá del Renacimiento recordándonos a la época medieval, donde se conservan aún restos de la muralla musulmana del s. XII.

Debo deciros que esta parte de Baeza nos sorprende gratamente porque realmente no esperábamos encontrarnos algo así. La belleza de estos callejones es indiscutible y caminar por ellos te da la sensación no solo de haber viajado en el tiempo sino también en el espacio, como si estuvieses en una localidad totalmente distinta. Tras la elegancia del renacimiento llega la tosquedad y sencillez de calles estrechas, con arcos y densos muros de piedra.

Paseo de las Murallas

Y tras las murallas, nos encontramos el paseo que llevan su nombre y se extiende hasta el Paseo Antonio Machado, un lugar que no tiene demasiado atractivo por sí solo pero desde el que se tienen unas vistas increíbles de todo el entorno. Sentarte, descansar, y ver – como es nuestro caso – a un artista comenzar a pintar aquellos montes es algo que te recomiendo hacer. La estampa que tienes ante ti solo puede describirse de un modo: maravillosa.

Plaza del Pópolo

Otra de las estampas más conocidas de la ciudad de Baeza es la Plaza del Pópolo, también conocida como de los Leones, donde se hallaba antiguamente la Audiencia Civil y la Escribanía Pública de la ciudad.

En esa plaza encontramos también la antigua Carnicería, la puerta de Jaén y el célebre Arco de Villalar, que conmemora la victoria imperial sobre las Comunidades castellanas. En el centro de la plaza, y destacando sobre el conjunto, encontramos la fuente de los Lenes, donde descansan cuatro leones de factura hispano-romana, y que está coronada por una figura femenina. La tradición asegura que la estatua representa a Imilce, la esposa íbera de Anibal.

Otros puntos de interés

Además de todo esto que te acabo de contar, y que se traduciría en los principales monumentos de Baeza, tenemos otros puntos que son interesantes en tu visita y que debes tener en cuenta,


Baeza está llena de rincones con encanto, pero además de estos debes saber que en la Plaza de España – centro neurálgico de la Baeza actual – se encuentra la Torre de los Alitares, una torre que formaba parte del recinto amurallado – y del que te he hablado antes, y que es de las pocas piezas que se mantienen tras el derrumbe de las murallas.

Muy cerca de allí, en un extremo del Paseo de la Constitución, se encuentra el Ayuntamiento de la ciudad, edificio en el que estuvieron antiguamente la Cárcel y la Casa de Justicia. Este Ayuntamiento es de estilo plateresco y fue declarado Monumento Nacional.

Muy cerca del Palacio de Jabalquinto, del que te he hablado más arriba, se encuentra la Iglesia de la Santa Cruz, que resulta ser el templo románico mejor conservado de toda Andalucía pero que nosotros no podemos visitar por incompatibilidad de horarios.

Rincones encantadores de Baeza.

El día se nos echa encima – o la noche – y ahora, lo que hay que hacer en Baeza, es ir a tapear.

De tapas por Baeza

No voy a hacerte una lista de lugares para tapear por Baeza, ni nos dio tiempo a tanto, ni tenemos tanto presupuesto, solo voy a contarte nuestra experiencia y dejar plasmada nuestra opinión.

En Baeza se tapea bien, lo cierto es que no nos podemos quejar, pero nosotros nos encontramos con muchos de los establecimientos cerrados, aquellos que decían que eran a los que tenías que ir sí o sí, al ser finales de agosto y encontrarse de vacaciones.

En nuestro caso nos pasamos por dos establecimientos. El primero de ellos fue el Bar Casa Paco, en el Paseo de la constitución, y allí la bebida te cuesta 2 euros y con ella te sacan la tapa.

El segundo local al que fuimos fue el Bar el Torreón, frente ala Puerta de Úbeda, y en ese local nos quedamos. Nos quedamos allí porque las tapas eran muy económicas y de un tamaño considerable. Allí probamos el ochío, un pan de aceite de oliva, pimentón y anís, que en nuestro caso estaba relleno de morcilla y de picadillo. También probamos las bombas, y las bravas, y alguna que otra cosa más. Al final la caña más una ración generosa de tapa te salía por poco más de 2 euros.

Nos gustó tanto el local que al día siguiente no dudamos en regresar.

Baeza nocturna

Hay algo que no debes perderte y eso es dar un paseo por Baeza una vez caída la noche. La ciudad, si ya es bonita por el día, por la noche lo es todavía más. Debes pasarte por la Plaza Santa María de nuevo y ver los monumentos iluminados. El paseo vale mucho la pena.

Y hasta aquí nuestro paseo por Baeza. Hora de descansar ya que al día siguiente vamos a visitar Úbeda.

Úbeda

La segunda jornada la vamos a pasar visitando Úbeda, la otra ciudad que junto a Baeza conforma el conjunto Patrimonio de la Humanidad por su legado renacentista.

Úbeda, como os he explicado en la introducción a este artículo, es una ciudad algo más grande que Baeza, y se nota cuando te acercas porque más allá del centro histórico pensarías que es una ciudad como cualquier otra. Todo cambia cuando te aproximas a lo que fue antaño la zona amurallada. Entonces ahí, Úbeda, se despliega esplendorosamente.

Una de las calles de Úbeda, que transita entre lo contemporáneo y lo renacentista.

Úbeda, como Baeza, vivio momentos gloriosos en el Renacimiento gracias al mecenazgo de Francisco de los Cobos y Juan Vázques de Molina, dos altos funcionarios de la corte de Carlos V. Fue en el siglo XVI cuando los pastizales se convirtieron en nuevas tierras de labranza, y la industria ceramista y textil tomaron fuerza, que estas dos ciudades atravesaron un periodo de auge económico sin igual. Como con dinero todo es más fácil, el arquitecto Andrés Vandelvira tuvo la oportunidad de realizar en estas tierras jinenses algunas de sus obras más importantes. Y de aquellos años de esplendor estos tiempos del recuerdo, y el disfrute de la huella de tiempos memorables.

Plaza Vázquez de Molina

Si algo se conoce de Úbeda es esta plaza; podemos decir que su imagen es la seña de identidad de la ciudad, y es lo primero con lo que nos encontramos después de aparcar – recordad que lo hemos hecho en la zona de las murallas – y cruzar la puerta de Santa Lucía.

La puerta de Santa Lucía, uno de los pocos reductos que todavía restan en pie de la antigua muralla.

Siguiendo la senda de la Calle Baja el Salvador llegamos a la mencionada plaza, espacio en el que se concentran los mejores ejemplos de la arquitectura renacentista ubetense. Creo que son pocos los ejemplos en España que tenemos de ciudades que recuerden tanto a Italia como Úbeda – más que Baeza – y creo que esto es, en gran medida, gracias a esta plaza. Hay algunas ciudades en las que este recuerdo es también claro, como bien podría ser Tortosa, en Tarragona, que tiene en su casco histórico todavía rincones que te hacen dudar de tu ubicación actual, y eso es también lo que sucede en Úbeda.

En la plaza Vázquez de Molina destaca, como no podría ser e otro modo, la Capilla del Salvador que data del s. XVI. Esta capilla fue proyectada por Diego de Siloé pero quien desarrollo la obra fue el ya mencionado Andrés de Vandelvira que, para más reseñas, apuntar que era de origen flamenco. Vandelvira, en la capilla, desarrollo una magnífica portada plateresca que te obliga a detenerte frente a ella y contemplarla un buen rato. En su interior se conserva un retablo de Alfonso de Berruguete (no accedimos al interior).

En la misma plaza se encuentra lo que hoy es Parador de Turismo – y por lo tanto puedes visitar – y que antaño fue el palacio del Condestable Dábalos, una construcción del siglo XVI que fue reformada posteriormente y que tiene en su interior un patio con una galería fantástica. Además, debemos fijarnos también en el Ayuntamiento o Casa de las Cadenas – que si cruzas te lleva a otra plaza -, firmado también por Vandelvira, y frente al cual encontramos la iglesia de Santa María de los Reales Alcázares que, como no podía ser de otro modo, fue erigida sobre la antigua mezquita árabe. Esta iglesia fue construida en el siglo XIII y se remodeló en los siglos XVI y XVII. Y para terminar con los edificios a destacar en esta plaza nos queda el posito del grano y el palacio del Marqués de Mancera, antigua posesión de un virrey de Perú y que en la actualidad alberga un convento de religiosas.

Otra perspectiva de la Plaza.

Pero Úbeda no es solo esta plaza, y hay algo en Úbeda que nos recomiendan visitar sobremanera. Se trata de un tesoro escondido – a propósito – que nos hará viajar a los años en los que la convivencia entre culturas empezaron a ser difíciles…

La Sinagoga del Agua

Cuando por redes sociales anunciamos que estamos en Baeza y que vamos a visitar también Úbeda hay alguien que nos dice, un viajero sin pretensiones blogueras, que no podemos perdernos la Sinagoga del Agua. Nos dice que no lleva demasiado tiempo abierta y que la visita es muy reducida, por lo que hay que ir pronto si no quieres perdértela. Como me lo pinta tan bien – y le doy ya gracias por ello – decido arrastrar a JJ hasta este espacio en el que no sé muy bien qué me voy a encontrar.

Nos metemos por las callejuelas de Úbeda en busca del lugar a visitar, y debo deciros que no es demasiado fácil encontrarlo ya que no hay nada que destaque por encima de todo lo demás y te llame la atención como sitio turístico. La sinagoga se encuentra en una esquina, en una casa de pared encalada que aparece marcada en uno de sus puntos con una pintura en gris en la que a modo de rubrica aparece escrito Sinagoga del Agua. Debemos estar cerca y sí, lo estamos. Un pequeño escalón, un espacio reducido, un mostrador, alguna vitrina con detalles sefardíes.

Aparece una chica después de algunos minutos de espera. Le decimos que queremos hacer al visita y tenemos suerte, solo debemos esperar unos 10′ minutos hasta la siguiente. Abonamos el precio (4,5 € por persona) y nos sentamos en un banco de madera a esperar.

Os voy a poner un poco en contexto para que comprendáis la importancia de este espacio. Como imaginaréis, ese espacio lleva en la ciudad de Úbeda desde, al menos, la Edad Media, pero no fue hasta el año 2007 que se descubrió y debemos avanzar 3 años, hasta el 2010, para situar las primeras visitas turísticas a este lugar.

¿Por qué la Sinagoga del Agua estuvo tanto tiempo escondida? Pues bien, y según nos cuentan en la visita, nadie quiso hablar de ella. Ya fuera por cuestiones religiosas en el pasado, u otras menos espirituales pero igual de humanas como el miedo a que tu casa guarde algo que haga que deje de ser tuya, la conocida hoy como Sinagoga del Agua se había ocultado a los ojos del gran público. Imaginaos vosotros, persona del siglo XIX, que vive en la antigua casa familiar, una casa en la que en una esquina se asoma una columna con capiteles decorados pero, qué le vas a hacer, ha estado siempre ahí. Imagina que avanzas en el tiempo, y que esa es tu casa pero, un siglo después, unos promotores deciden comprar algunos edificios del centro histórico de la cuidad de Úbeda para derrumbarlos y construir en el solar apartamentos turísticos, y entre esos edificios se encuentra uno muy singular, aunque nadie lo sepa – o nadie quiera admitirlo. Las obras empiezan y a medida que se van quitando capas van apareciendo objetos que son, como mínimo, curiosos. En la obra participan cuatro promotores; tres de ellos callan porque saben que, si informan del hallazgo, adiós obra. El otro, el que resta, cree que debe dar parte de lo que hay debajo de tanto escombro. Imagino que la situación debe ser tensa pero, finalmente – y afortunadamente – se da a conocer el descubrimiento. La Sinagoga del Agua renace en ese momento.

Sí, nosotros ponemos la misma cara que estás poniendo tú ahora mismo. No nos podemos creer la historia, pero es que es mucho más difícil de creer cuando te encuentras en ese lugar que es mucho más grande de lo que habías imaginado. La visita son tres cuartos de hora y lo que vas a ver son muchos espacios que te trasladaran a un tiempo y culturas distintas.

No te voy a describir aquí toda la visita, pero si a enumerarte brevemente las salas que están abiertas a la visita. La primera de ellas es la conocida como sala «Del Inquisidor»y que debe su nombre a la contigüidad de la sala con la conocida como «Casa del Inquisidor» y que conserva en la fachada el escudo del santo Oficio. Además, se distingue perfectamente al Galería de Mujeres, ese espacio reservado en las sinagogas para las mujeres, ya que no podían mezclarse con los hombres. Después de esta accedes al patio, porticado, y que distribuye las distintas dependencias y mediante el cual se accede a la Sinagoga con elementos decorativos de gran interés. Desde éste, y a través de un pasadizo excavado en la roca, llegamos al Baño Ritual o «Mikvéh». Algunos habían pensado que este espacio era una antigua bodega pero al ir eliminando capas se encontraron con el Mikvéh, el espacio dedicado para el baño ritual de purificación.

El Mikveh o baño ritual judío. Espacio excavado en el subsuelo.
Mikvéh

La visita continúa en la Sala Sinagogal, distribuida en tres naves que estuvieron ocultas en los antiguos espacios de las viviendas. Para finalizar llegas a la bodega y los hornos, que formaban parte de lo que hubiera podido ser la casa del rabino, donde se encuentran las tinajas soterradas originales.

Bodega y hornos.

La visita acaba aquí, una visita muy interesante que será de las mejores que haremos durante la jornada, aunque el espacio no esté exento de polémica (puedes leer más aquí), es muy recomendable que te acerques hasta él porque vas a aprender un montón de esa época en la que aquello de las tres culturas empezaba a diluirse y desaparecer.

¿Dónde está?: C/ Roque Rojas, 2 (Esquina Las Parras)
Horario: consultar aquí.
Precio: 4,5€

Museo Arqueológico de Úbeda

Lo siguiente que vamos a visitar es el Múseo Arqueológico de Úbeda y vamos a él no por el contenido sino por el continente, y es que este museo se encuentra ubicado en una antigua casa mudéjar y, además, es de entrada gratuita.

La casa, a nuestro juicio – y es lo que parece – está en un estado de conservación magnífico. Esta casa fue descubierta durante unas obras en el año 1964 y a partir de ese momento se restauró para posteriormente instalarse el museo que fue inaugurado en enero del año 1973.

Esta casa es interesante por ser un buen ejemplo de arquitectura doméstica mudéjar de los siglos XIV y XV. El centro de la casa vive alrededor de un patio central y el acceso a la misma se hace a través de un porche que antaño daba paso a un corral o jardín.

El jardín o corral pasó a ser una vivienda, pero al fondo de la casa-museo encontramos un espacio ajardinado con plantas y bancos que muchas querrían para ellas, entre las que me encuentro.

Lo quiero para mí, , gracias.

Pero además del edifico, que ya es una buena excusa en sí mismo para hacer la visita, la exposición tiene algunas obras singulares que vale la pena mencionar aquí, como son la conocida como Dama con manto, que es una escultura romana del siglo I antes de nuestra era o la cabeza de Sileno, que data de la misma época. También podemos contemplar algunos leones romanos, una cabeza ibérica o una estela funeraria musulmana del s. X, entre muchas otras cosas.

Dama con manto y la Cabeza de Sileno

¿Dónde está?:
Calle Cervantes 6, 23400 Úbeda (Jaén)
Horarios: consultar aquí.
Precios: gratuito.

Y ya que estamos en la zona de San Pablo, ¿por qué no visitar su iglesia?

Iglesia de San Pablo

La Plaza 1º de Mayo está presidida por un edificio religioso que fue construido en estilo gótico, aunque guarda ciertos elementos románicos de transición y tiene en su interior la capilla de los Vago, otra obra del ya mencionado Vandelvira. Esta iglesia destaca bastante en esta plaza de dimensiones considerables y que guarda un secreto.

¿Os acordáis que en Baeza teníamos el legado de Machado? Pues en Úbeda el poeta Sabina, nacido en la Plaza 1º de Mayo. Sí, uno de los cantautores más reconocidos del panorama musical español nació en esta ciudad jinense.

Placa en la pared con la silueta de Joaquín sabina en la que pone: en esta casa nació Joaquín Sabina el día 12 de febrero de 1949.

Otros puntos de interés

Úbeda no se acaba aquí, tiene muchos otros lugares que pueden ser de tu interés pero que nosotros, por tiempo y por presupuesto — y por incompatibilidad de horarios también – no visitamos.

Solo el mero hecho de callejear hará que puedas ver lugares como el palacio de Vela de los Cobos, también la casa de las Torres, la mansión del conde de Guadiana o la casa del camarero Vago o de los Salvajes. Las casas señoriales y mansiones son muy abundantes en Úbeda y algunas de ellas se pueden visitar previo pago o ene l marco de visitas turísticas guiadas. Si te interesan puedes informarte en la oficina de turismo.

También cabe mencionar el Hospital de Santiago conocido también como El Escorial andaluz o el Oratorio de San Juan de la Cruz, dedicado al santo que vivió y murió en la ciudad.

Para terminar la visita a Úbeda debes acercarte hasta el barrio de San Millán, de carácter árabe por sus casas encaladas y por la reminiscencia alfarera, actividad que fue importantísima en la ciudad y que, como ya os he dicho, le dio riqueza a Úbeda convirtiéndola en un potente centro económico en el Renacimiento.

Y nuestra visita a Úbeda acaba aquí, y con ella, este artículo que quiere poner en valor dos de las ciudades más singulares de España. Úbeda y Baeza – Baeza y Úbeda – son dos localidades preciosas e interesantisimas que se encuentran a los pies de la Sierra Mágina y en medio de la cuenca del Guadalquivir. 48 horas en estas dos ciudades serán suficientes para convencerte de que son, merecidamente, Patrimonio de la humanidad.

Enlaces de interés

Te recomiendo que eches un vistazo a los siguientes portales turísticos de las ciudades para ampliar información y, como siempre, te recomiendo que te acerques a las oficinas de turismo para que te expliquen todo lo que puedes ver y hacer en la zona.

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Una filósofa y un politólogo que amana viajar y lo hacen a pesar de los pocos recursos que tienen. Viajar es más que un capricho, viajar es una necesidad y aquellos que somos pobres en un primer mundo de opulencias tenemos derecho también a realizar nuestros sueños viajeros. Porque los pobres también viajamos.
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