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Bourdeilles | Dos castillos en uno en el Périgord Verde

Hay lugares y lugares. Luego están aquellos que te sorprenden sobremanera. Puede que el Périgord Verde no sea el destino más codiciado de Francia, pero Bourdeilles si es uno de los imprescindibles en este departamento francés.

Estando en Périgueux es casi una obligación pasar por Bourdeilles. La distancia a la que se encuentra de la capital del Périgord Blanco es poca y las carreteras no son muy malas – a diferencia de lo que encontramos en la jornada anterior -, por lo que el viaje no se hace pesado.

Salimos de Périgueux más o menos pronto. No tenemos la pretensión de apurar mucho en los horarios, el verano está al caer y los días son largos, aunque sí debemos tener en cuenta las horas de apertura de monumentos, y es que en Francia los monumentos suelen cerrar a las 6 de la tarde aproximadamente. Cabe, por lo tanto, tener esto en cuenta cuando pensemos en nuestra ruta por Francia.

Bourdeilles

Dicen que Bourdeilles es un pueblo medieval con mucho encanto, pero la información que encuentra al respecto es más bien escasa, y es que creo que Brantôme se come toda la fama en la zona, aunque las poblaciones estén muy cercanas entre sí – unos escasísimos 10 km – y ambas tengan elementos muy interesantes para visitar.

Ahora bien, esto que os digo os lo digo ahora, un mes después de haber pasado por allí y tras mi propia experiencia. Creo que Bourdeilles no vende todo el potencial que tiene. Te hablan de su castillo renacentista y de su encanto como pueblo, pero lo que nosotros encontramos es mucho más.

La razón por la que paramos aquí viene dada, como ya he dicho, por la proximidad con Brantôme, y es que en un principio no me llamaba mucho la atención visitar Bourdeilles. La razón: lo que ofertaban como atractivo no lo era mucho para mí. Tampoco lo era para Juanjo. Su castillo renacentista parecía una casa señorial, de entrada bastante cara y que no nos interesaba mucho. Aún así paramos en Bourdeilles. Y menos mal.

Qué ver en Bourdeilles

Cuando te vas acercando ves a lo lejos la torre del homenaje del viejo castillo medieval despuntando en un paisaje de tierras llanas cubiertas por un manto espeso de vegetación. Al pueblo se llega bien, como ya os he dicho, y encuentras espacio de estacionamiento a las puertas de la localidad. Ese día – un martes – el lugar no está infestado de coches, pero me da a mí – y por lo que empezaré a comprender durante este viaje – que el lugar en temporada alta se debe llenar hasta los topes.

Aparcas – lo hacemos sin pagar ni nada, eso ahí todavía no se estila – y dices: vayamos a ver el pueblo. No sé bien qué esperar, y es que las expectativas son escasas, pero la realidad se impone y comienza a presentarse ante nosotros un lugar que no esperábamos.

Parece que esto va a molar.

Iglesia Saint Pierre

Lo primero que vemos de esta localidad es una pequeña iglesia que se remonta, según la documentación existente, al año 1391. Por aquellos años era un priorato que dependía de Brntôme y tiempo después se le añadió, en el s. XV, una capilla para acoger la sepultura de la familia de Bourdeilles.

La iglesia es muy coqueta, de un color gris muy claro con trazos de marrón que se han pintado por la humedad y el paso de los años. La puerta no está abierta, y creo que será una de las pocas iglesias que nos encontraremos cerrada en todo este viaje. La iglesia, muy coqueta, es un perfecto preludio de la sorpresa que va a ser esta localidad.

El castillo de Bourdeilles

Vayamos a lo grueso. Después de pasar por la pequeña iglesia se presentan ante nosotros unas murallas de un tamaño considerable. Tras ellas vemos la torre del homenaje despuntando y no podemos más que asomarnos. Igual es que se esconden alguna cosa que nos va acabar gustando.

Uy, uy, uy… esto se anima.

Y aquí llega la disyuntiva del viaje. No tenemos pensado visitar este castillo, y es que por la zona hay muchos y el presupuesto del que disponemos es bastante limitado. Por tanto hay que tener en cuenta que si nos gastamos ahora el dinero no podremos visitar otros lugares que tal vez nos interesen más después. Cabe decir aquí que, si por nosotros fuese, nos meteríamos en todos los castillos habidos y por haber del Périgord, pero no son nada baratos y no existe algo semejante a un pase que te permita visitar un conjunto de ellos a un precio más económico. ¿O sí?

¿Por qué acabamos visitando el castillo de Bourdeilles? Lo que nos acabó convenciendo – además de lo espectacular que nos parecía desde fuera – fue que existe la posibilidad de hacer visita combinada junto a las grutas de Brantôme por 12 €.

Nos ponemos frente a aquello y comenzamos a comernos la cabeza, y es que el lugar tiene pinta de ser muy chulo. Cruzamos la puerta de la muralla, entramos hasta el patio, vemos la taquilla y nos paramos delante. Ostras… hay entrada combinada con Brantôme. Nuestra cara cambia… ¿qué vamos a hacer ahora? Comenzamos a sacar cuentas y decidimos que nos sale a cuenta. Visitaremos el castillo.

Crucemos el umbral, venga.

Desembolsamos los 24€ más los 3€ de audioguía – después me daré cuenta que tenía una promoción en el móvil que la ofrecía gratis… – y comenzamos nuestra visita al castillo. Avanzo acontecimientos: vamos a estar allí casi 2 horas.

Ya eres nuestro

Un poco de historia

Los primeros datos que se tienen del castillo se remontan al siglo XII y durante la Edad Media el castillo de Bourdeilles será una fortaleza defensiva. Del Reino de Francia, y en una época donde los conflictos y luchas entre naciones es constante, Bourdeilles pasará a manos de la Corona de Inglaterra antes de ser liberada por el caballero Duguesclin, quien tuvo un papel muy importante en la guerra de los Cien Años que libró Francia contra Inglaterra, además de haber participado en la guerra fraticida entre Enrique II de Trastámara y Pedro I de Castilla yendo a favor del primero.

Este castillo, después de las guerras, queda ensombrecido por la construcción de uno nuevo y que poco tendrá que ver, al menos estéticamente, con la fortaleza primigenia. En el Renacimiento se construye, pegado a la antigua fortaleza, un nuevo edificio más acorde con la moda del momento: ya no hay guerra, ahora solo hay amor a lo bello y al buen vivir.

Posiblemente éste no sea el mejor castillo del Périgord, pero sí hay que tener en cuenta que está reconocido como Sitio Mayor de Aquitania y clasificado como Monumento Histórico. Y si es así, algo interesante tendrá para contarnos.

La visita al castillo se divide en dos partes claramente diferenciadas, aunque puedes hacer una subdivisión de ellas: castillo medieval y renacentista por una parte, y jardines por otra.

El castillo engaña, y es que parece solo un donjon o torre del homenaje pero es mucho más. Al comenzar la visita descubriremos que tiene muchos más espacios para visitar de los que esperábamos. El primero de ellos, el patio del castillo condal, que preludia la magnífica visita que vamos a realizar.

Este patio no tiene más que unas murallas que rodean la antigua fortaleza, pero en su interior se guardan todavía algunos elementos arquitectónicos como arcos apuntados que le dan un carácter mucho más atractivo. Desde él se empieza a comprender la función militar de este castillo del siglo XIII con la presencia de matacanes, troneras, ballesteros o la puerta defensiva (châtelet en francés, algo así como castillito) que te dicen que aquello no está hecho expresamente para vivir si no, justamente, para no morir.

Lo cierto es que aquel lugar nos sorprende: la altura de la torre del homenaje, junto a ese espacio que es el primer patio y que no esperábamos hace pensar que ha sido una genial idea el haber decidido realizar la visita.

Nos dirigimos ahora a la sala de honor, que mantiene todavía el carácter medieval y algunos elementos propios de la época, como la chimenea enorme – como la sala, ya me dirás tú si no como calientas eso – o también ventanas de arcos apuntados desde las que se tienen unas vistas muy especiales de la localidad.

De la sala de honor pasamos a visitar la torre, que consta de 3 pisos y una terraza panorámica. El primero y el segundo piso son estancias sin más, aunque en una de ellas encontramos una especie de cárcel, un agujero en el suelo tapado con un pedazo de madera redondo. También encontramos algo parecido a un grafitti pintado en la pared, streetart medieval 🙂

El tercer piso de la torre del homenaje es la vivienda medieval: Allí encontramos una chimenea que conforma un espacio para vivir de dimensiones reducidas si las comparamos con el tamaño de la sala del homenaje. Pero vamos, que allí te arreglas un pisito de lo más mono, y además con vistas.

La parte más alta de la torre es una terraza con vistas, y qué vistas. Desde allí se ve todo el valle, no en vano construyeron el castillo allí. Desde el puente medieval, pasando por los castillos que se encuentran dispersos alrededor de la localidad – aunque sean chateaux de estilo del XIX -, el viejo molino… desde allí se ven todos los atractivos que puedes encontrar en Bourdeilles. Ah, y también el castillo renacentista y los jardines laberínticos, que son el punto siguiente de la visita.

La transición entre el castillo medieval y el renacentista se hace mediante un jardín laberíntico del que debemos destacar las vistas que se tienen tanto del entorno como de la fortaleza. Aunque no lo creáis, la torre del homenaje es bastante impactante, por su soledad y por su tamaño, que se eleva unas decenas de metros sobre el resto de elementos arquitectónicos de la zona.

Desde los jardines laberínticos – que se llaman así por la forma que tienen los setos plantados, no por otra cosa – se observa desde otro punto de vista el río Dronne que incluso en verano discurre caudaloso. A mí, personalmente, me encantan los espacios urbanos atravesados por corrientes de agua, y tal vez ésa sea una de las razones por las que Francia me llama tanto la atención como destino: la cantidad de ríos que tiene en su haber.

Nos dirigimos ahora al castillo renacentista que no nos llama mucho la atención pero, ya que estamos, pues no vamos a dejar de verlo. Nuestra percepción del lugar cambiará totalmente después de la visita.

El castillo renacentista con la torre medieval detrás visto desde los jardines.

Resulta que la parte renacentista del castillo, que data de finales del s. XVI tiene ese aire italiano que tanto se repite en los palacios de ciudades como Florencia. A medida que vayamos visitando sus tres pisos y nos vayamos metiendo en todas sus salas nos daremos cuenta que el lugar es más interesante de lo que esperábamos.

Tallas románicas, esculturas góticas, baúles del XVIII – en realidad hay una exposición de muebles antiguos que van desde el s. XV hasta el XIX -, el sepulcro de Jean de Chabannes – que podría ser el JJ, que se llama igual – y muchas otras cosas interesantes.

El plato fuerte de esta parte del castillo puede que sea el Salón Dorado que tiene unas pinturas maravillosas en su techo y una historia bastante curiosa de pinturas de gente desnuda que hace tiempo no lo estaban.

En el salón dorado encontramos una representación de Flora y Pomona, ambas aparecen desnudas. Pero hubo un tiempo en el que no lo estaban, y es que en el s. XIX una ola de puritanismo invadió Francia y creyó necesario cubrir los cuerpos desnudos e indecentes de los cuadros. Por suerte las pinturas originales fueron recuperadas en el año 2008 y en la actualidad las vemos tal como eran en su origen.

El cuadro en todo su esplendor. Que viva el cuerpo femenino.

El recorrido es interesante, y pasas desde una sala de armas hasta otra en la que encuentras una cama de Carlos V conocida como la Cama del Paraíso. Cabe decir que en esta habitación la esencia española es bastante evidente.

El recorrido termina pero nos queda pasearnos por la otra parte del jardín enmarcado por las murallas antiguas y desde el cual se tiene una perspectiva bien bonita de los dos castillos, pero también, y saliendo del edificio renacentista, una estampa maravillosa de la iglesia, las murallas y todo el jardín.

Aquí finaliza la visita a los dos castillos, pero todavía nos queda algo por ver.

El pueblo

Como dicen los folletos turísticos, Bourdeilles es un bonito pueblo medieval, y cierto que lo es. Después de haber visitado el monumento más importante de la localidad dar un paseo por el casco histórico es el complemento ideal a esta visita. Las casas de piedra, las calles empedradas, la torre a lo lejos, las flores, fuentes y el murmullo del agua del río hacen que Bourdeilles sea, en efecto, un pueblo con mucho encanto.

El puente

Y si hablamos de río, hablamos también de puente, y es que un río sin puentes es menos humano. En Bourdeilles, por lo tanto, no falta este elemento esencial para la comunicación entre orillas y el que hay es uno de los monumentos más importantes de la localidad. El puente data del s. XIV construido con arcos y espolones. Desde le puente se tienen vistas del molino construido en la Edad Media y que tiene aspecto de barco. Este molino, que se remodeló en el s. XVII, funcionó hasta el año 1940, y allí se fabricaba aceite de nuez, harina y hasta tenía un batanero de tejidos con el que se reforzaban las fibras.

El puente visto desde la Torre del Homenaje.

Y así finaliza nuestra visita al pueblo de Bourdeilles. ¿Vale la pena pararse aquí? Rotundamente, sí. Además de ser, como dicen, un lugar bonito, es también muy interesante por lo curioso de la convivencia entre dos castillos de diferentes estilos y épocas. Cabe decir también que vale mucho la pena ver todo el entorno del valle desde lo alto de la torre, así que para aquellas personas que aman ver el mundo desde las alturas ésta puede ser una buena opción de visita.

Más información

💰 Precios

Tarifa Adulto: 8,80€
Niño (5 a 12 años): 5,80€
Menor de 5 años: gratuito

Como te explicamos al principio, puedes adquirir la entrada combinada con las grutas de Brantôme por 12€.

⌚️ Horarios

El castillo está abierto casi todos los días del año. De los datos que aparecen en su página web se deduce que desde finales de las vacaciones de Navidad hasta primeros de febrero el castillo está cerrado [link aquí].

Excepto en los meses de julio y agosto que abre ininterrumpidamente de 10:00 h a 19:00 h, el resto del año cierra a mediodía (12:30 h en invierno, 13:00 h en verano) y cierra a las 18:00 h o las 17:00 h, ya sea verano o invierno respectivamente.

Una filósofa y un politólogo que amana viajar y lo hacen a pesar de los pocos recursos que tienen. Viajar es más que un capricho, viajar es una necesidad y aquellos que somos pobres en un primer mundo de opulencias tenemos derecho también a realizar nuestros sueños viajeros. Porque los pobres también viajamos.

2 Comentarios

  • Eva

    Pues para no ser tan conocido, menuda maravilla. El castillo una pasada pero lo que me ha chocado más son los jardines, qué bien cuidados. Sin duda si la gente conociera esto seguro que lo visitarían más.

    ¡Un saludo!
    Eva

    • Los Pobres También Viajamos

      Yo creo que el Périgord Negro se come todo el resto del departamenro francés del Périgord y claro, si tienes pocos días pues vas a los lugares TOP. Pero éste ya te digo que es una chulada y merece mucho mucho la visita.

      Y lo de los jardines, sí, lo tienen todo que da gusto. Son muuuy cuidadosos.

      Gracias por comentar 😀

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