Cajón de Sastre

Este no va a ser un artículo normal, creo que esto ya lo suponías antes de empezar a leerlo. Las circunstancias, que nos han cambiado a TODO EL MUNDO ha hecho que los planes cambien con nosotros y, con ello, que se pare nuestra actividad normal, aunque la cotidianidad sigue su curso.


Para este miércoles 18 de marzo tenía programado un post [y que se ha publicado por error, pero ya está subsanado] en el que os iba a hablar de 10 ciudades que yo creía perfectas para pasar en ellas un fin de semana, y lo había programado en vistas a las salidas que puedan hacerse en Semana Santa, un periodo vacacional que mucha gente aprovecha para marcharse un par de semanas de viaje pero que muchos otros, entre los que nos incluimos, pueden aprovechar solo unos cuantos días porque en la vida no todos somos iguales y no todos podemos hacer – por desgracia – lo mismo.

En ese post, que tengo guardado y publicaré en un futuro – no sé si la semana que viene o el mes próximo -, os animaba a visitar lugares como Segovia, Bilbao o Córdoba, sabiendo que esos lugares te llenan perfectamente un par de días o tres y que para aquellas personas que podemos viajar mucho menos por nuestras circunstancias – ya sean económicas, personales, de trabajo… – pasar unas jornadas en sitios como esos es un plan buenísimo.

Pero ese post, y como ya os he dicho, se ha quedado en los borradores del blog. Cuando lo escribí, unas semanas atrás, no me podía imaginar que tendría que dar un paso atrás y dejarlo en cuarentena – sí, a veces soy muy chistosa – por un motivo tan excepcional como es un virus que está amenazando la estabilidad del planeta. Qué narices… nos ha ganado la batalla. Sí, me explico: nos ha ganado porque nos ha trastocado nuestras vidas. Que aquí estamos, vivitos aunque en casa, con nuestras rutinas descolocadas, con nuestras relaciones mutadas, con nuestro día a día desconjuntado. Que si unos trabajamos menos porque hacíamos cosas presenciales y ahora no se pueden hacer, que si el turismo se resiente, que si grandes empresas con beneficios millonario hacen ERTE’s para no perder ni un céntimo aunque no les haga falta… Todo el mundo ha cambiado, unas cosas han cambiado para mal – nuestra libertad se ha visto limitada – pero otras para bien – ¿habéis visto las imágenes de los canales de Venecia?.

El coronavirus, y hablando en plata, es una jodienda porque muchos teníamos planes, y no solo hablo de viajes. Por poner un ejemplo que nos será cercano a todos, puedo mencionar a los chavales que tenían que hacer Selectividad en junio, que creían que este verano iba a ser el mejor de sus vidas, ese verano de transición entre la adolescencia y el inicio de la vida adulta, ha desaparecido de su horizonte más inmediato. Ya no saben cuando van a irse a vivir fuera de casa, cuándo empezarán a estudiar eso que siempre habían soñado, cuándo podrán tomar, por fin, las riendas de su vida. ME fijo también en personas que, claro, tenían viajes planeados: unos iban a New York, otros a Cartagena, otros a África. Viajes planificados con antelación, en un tiempo mucho anterior a este del coronavirus y que para nada del mundo vaticinaban lo que ahora estamos viviendo. Hay también personas quienes, como nosotros, teníamos pensado viajar unos días en Semana Santa – de esos pocos días al año en los que podemos salir – y al final no podrá ser porque la circunstancia nos lo impide.

Sí, esto es un problema global, y creo que es importante fijarse en ese punto para no desesperarnos: la vida nos ha cambiado a todos. Como ya he dicho en otros foros, creo que este virus es el más democrático que jamás ha existido; nadie se salva, no importa la condición económica, geográfica… nada de esto hace que te salves de pillar el bicho ya que no hay nada que, de momento, pueda matarlo. Bueno, miento, sí hay algo que pueda salvarte del bicho, y eso es tu responsabilidad como ciudadano. Las directrices son claras: quédate en casa. Y ese quédate en casa no significa, solo, que en estos momentos no puedas ir de viaje, significa también que salgas lo mínimo e imprescindible de esas 4 paredes que ahora son, a la vez, prisión y esperanza.

Creo que a estas alturas de la jugada ya somos mayoría las personas que estamos concienciadas de que lo que nos toca es apechugar, que el asunto nos ha pillado por sorpresa porque creíamos que eso a nosotros no nos iba a pasar, porque veíamos a China y decíamos “son chinos”, veíamos a los italianos y decíamos “son italianos”, y a venido aquí, a España, y nos ha pasado lo mismo. Y está pasando en otros países del mundo porque los otros no son tú y tú crees que eres distinto pero en realidad eres tan humano como los demás. Y ahí vamos a que este virus nos ha dado con un canto en los dientes a todos, a los que nos creíamos que eramos superiores a otras culturas, a otros modos de proceder, pero al final todos caemos porque de esto no hay quien se salve.

Pero no pasa nada, porque el asunto, un día u otro, pasará, y cuando pase este asunto podremos volver a viajar, podremos volver a salir a las calles, a tomar una cerveza, a caminar por el campo, a sentarnos en un banco del parque. Pero para que eso llegue más tarde que pronto debemos esforzarnos – y mucho – ahora. Se nos hará duro, pero cuanto más duro estas primeras semanas menos largo será en el tiempo. Y mientras no podamos salir a la calla podemos quedarnos en casa haciendo cosas que antes no podíamos hacer, como leer mucho, pintar, cantar, bailar frente al espejo, ver películas, aprender idiomas, ordenar el armario – eso todavía no lo he hecho, creo que necesito cuatro cuarentenas – o cualquier otro asunto que jamás hemos podido hacer porque nunca disponíamos de lo más esencial: el tiempo.

Hemos dado un parón brusco, aunque muchos sigamos haciendo cosas desde nuestra casa – y en la medida de lo posible, buscándonos la vida como podemos – pero muchos otros tengan que salir de casa para que nuestra vida no pare definitivamente. Con estas palabras me refiero a sanitarios, a limpiadoras – la mayoría son mujeres -, a barrenderos, a conductores de cualquier transporte, a los que trabajan en el campo y siguen surtiéndonos de alimentos, a los ganaderos, a los que trabajan en el supermercado, a los carteros, a maestros que trabajan desde casa para que sus alumnos no pierdan el hilo del curso y que están innovando para poder dar las clases vía online. A todas esas personas que velan por nosotros porque nosotros no somos capaces de comprender las cosas, a todo ese sector de la sociedad: gracias.

Desde aquí solo deseo que todo vaya lo mejor posible, que todo el mundo pasemos del modo menos malo que se pueda dar, y espero que todos podamos salir a la calle en breve, que podamos volver a caminar, a pasear por el campo, a coger un avión y cumplir nuestros sueños viajeros. Sed fuertes, está en nuestras manos.

Una filósofa y un politólogo que amana viajar y lo hacen a pesar de los pocos recursos que tienen. Viajar es más que un capricho, viajar es una necesidad y aquellos que somos pobres en un primer mundo de opulencias tenemos derecho también a realizar nuestros sueños viajeros. Porque los pobres también viajamos.

4 Comentarios

  • Iria

    Como bien dices es un problema global… la vida nos ha cambiado estos días y nos tendrá que cambiar más una vez pase todo. Supongo que a todos nos está sirviendo este tema, este confinamiento, para pensar en el tipo de sociedad que somos y, sobre todo, en el que queremos ser. Hay que cambiar a mejor, esto nos va ayudar.

    Orgullo de todas esas personas que mencionas en el post y lista negra a lo dead note a muchas otras que están aprovechando la situación para su propio beneficio. Espero que ahora tengamos tiempo para reflexionar y que tengamos memoria cuando esto pase.

    ¡Un abrazo, Marina y JJ! ¡Fuerza!

  • Vicenta

    Se nos había olvidado que somos un animal más en este planeta y, que como al resto, también nos afectan las enfermedades. Quizás esto nos baje un poco los humos como especie. Espero, por el bien de estos que mencionas en el post, los jóvenes, que aprovechando este tiempo que, desgraciadamente por las circunstancias, la vida nos regala, nos replanteemos un poco el rumbo que llevamos. Es hora de hacernos algunas preguntas e intentar buscar las respuestas, A modo de ejemplo: ¿Que es lo imprescindible? ¿Cuántas cosas necesitamos para seguir viviendo? ¿Cómo le va a sentar el parón al jodido planeta? ¿Hay que pagar impuestos? Y si no los pagamos ¿tendremos estos servicios públicos a los cuáles aplaudimos cada día? ¿De verdad la competencia nos va a sacar del hoyo? ¿El mercado es la solución final a todos nuestros problemas? Saludos

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