Lautrec |Un molino, el pastel y los antepasados de un pintor genial.

Lautrec es un bonito pueblo de reminiscencias medievales que se encuentra en el departamento francés del Tarn, en la región de los Midi-Pyrénées. En este pueblo son celebres algunas cosas: su molino, el color azul y la familia Lautrec.


Nuestro viaje por Francia en junio de 2019 está llegando a su fin. Semana y media de vueltas por los Midi-Pyrénées han llenado nuestra mochila viajera de experiencias magníficas. Estamos de regreso a casa y todavía nos quedan algunas sorpresas por el camino. Una de ellas es este pequeño pueblo de aires medievales, casitas de madera, antiguas puertas de piedra y el color azul como bandera.

¿O debería decir pastel?

El color pastel y el triángulo de Lauragais

En la Edad Media, en la región en la que nos encontramos en estos momentos, la hierba pastel era una fuente de riqueza enorme para toda la zona que conformaba el triángulo Toulouse, Albi y Carcassonne, el de Lauragais, que acabo conociéndose como «de oro» gracias al «oro azul».

Entre estas tres ciudades una pequeña planta de color amarillo, para nada resultona y de estética más bien fea, crecía sin problemas y de ella se extraía – de hecho, se sigue extrayendo – una tintura de un color azul vivo, brillante. Ese color azul, esa tintura fantástica, permitía que las pocas prendas de ropa de las que se disponían no perdiesen color lavado tras lavado, así que el color pastel hizo de oro a quienes lo cultivaban y, sobre todo, a aquellos quienes comerciaban con él.

Pero para llegar al pastel desde ese vivo color amarillo había que dejar macerar la planta durante un tiempo y sumergida en productos que, la verdad, muy agradables no son. Para que la magia se hiciese, como si de un proceso alquímico se tratase, la isatide debía permanecer tiempo – y cuanto más, mejor – en agua freática y orín animal – aunque esto último sea más leyenda que realidad. Así el azul se hacía cada vez más oscuro, se volvía cada vez más intenso y, por ende, cuanto más tiempo pasaba más valor tenía.

Los comerciantes, como digo, se hicieron de oro. Las bolitas, conocidas como «coques» – y de ahí el nombre de la región, el Pays de Cocagne – se vendían por todo el mundo. Nobles y reyes querían ese color pastel y el pastel hizo de oro a este pedacito de Francia que tiene como lema lo siguiente: “Au Pays de Cocagne, plus on dort, plus on gagne”. No os creáis que eran unos vagos, no venía por eso, sino por otra cosa. Traducido vendría a decir una cosa como que en el país de Cocagne, cuanto más se duerme más se gana, y es que, y como he dicho un pelín más arriba, cuanto más tiempo pasaba la «coca» macerada más valor tenía el producto, por eso, cuanto más lo dejabas descansar, más ibas a ganar después.

Tanta riqueza producía el azul pastel – pasó a ser el color de la realeza – que la expresión «esto es Jauja» nace justamente de esa época y en esa región. Las gentes vivían en abundancia y sin muchas preocupaciones, el dinero se hacía fácil y ya hemos visto que cuanto más se dormía, uno más posibilidades de ganar tenía. Todo iba genial hasta que – dicen – en el siglo XVI se descubrió el índigo americano – aunque no llegó a ser un fuerte competidor hasta el s. XVII-, mucho más barato y mucho más fácil de producir, y el azul pastel del país de Jauja perdió valor [habría que apuntar que otras voces niegan la rivalidad entre pastel e índigo y afirman que lo que destronó al azul del Tarn fue el hidrosulfito de sodio]. Las guerras de religión acaecidas en el s. XVI tampoco ayudaron mucho

El pastel había conseguido que la región, el País de la Cucaña, fuese altamente rico, pero todo lo que empieza acaba y la riqueza termino con la competencia americana y los conflictos de la época. El azul pastel dejo de ser la fuente de ingresos principal y la producción disminuyó mucho. Aún así, y a día de hoy, todavía son algunos quienes producen ese color de manera tradicional y si viajamos por el triángulo antaño conocido como «de oro» todavía podemos ver puertas y ventanas pintadas de un tono añil precioso que desprende mediterraneidad.

Una ventana cualquiera en Lautrec.

Qué ver en Lautrec

Lautrec era uno de los epicentros de producción del color pastel, y ello hizo que en tiempos pasados fuese un lugar rico del que salieron familias nobles, aunque la la de Lautrec, a la que pertenece el genial pintor Henri de Toulouse-Lautrec, fuese una familia importante ya en el s. X. El artista nació en el castillo de Albi en el siglo XIX, en el seno de una familia noble. Arrastró durante toda su vida problemas de salud debidos, seguramente, al grado de parentesco de sus padres: eran primos en primer grado. El no querer perder poder territorial ni dividir riquezas ni patrimonio hacía que las familias se casasen entre ellas; el poder no menguaba, pero sí lo hacía la posibilidad de engendrar a personas sanas. Y eso es lo que le pasó al pobre Henri.

Pero no nos quedemos con esta historia que es, al fin, anecdótica en lo que a la visita a este bonito pueblo se refiere. Construido sobre un pequeño promontorio rodeado de prados verdísimos y bajo el cobijo de un azul tan intenso como la tintura del pastel, Lautrec guarda todavía a día de hoy aires medievales gracias a los pedacitos de la fortaleza que quedan en pie. Y no es de extrañar que Lautrec fuese fortaleza: su emplazamiento es magnífico.

Algo hay que destacar en Lautrec, y que destaca por encima de todo: el magnífico molino de viento que preside en lo alto de la colina la silueta de la localidad. Para llegar a él vas a tener que subir unas cuantas cuestas que bajo el sol de finales de junio que aprieta, y no poco.

Además del molino otro de los elementos que destacan en este pequeño pueblo occitano es la colegiata de Saint Rémy, clasificada como monumento histórico y que data del s. XIV. Pero no solo la colegiata, no solo los vestigios de la fortaleza como son puertas y murallas semiderruidas, sino también esas casas que en francés son nombradas como à colombages que nosotros diríamos «de entramado» ayudan a que Lautrec tenga además de tintes azules, también tintes medievales.

La Plaza Mayor y las fachadas à colombages.

Pero a mí más que el aire medieval – que no me lo parece tanto después de haber visitado un sinfín de pueblos de ese tipo en días anteriores – lo que me llama la atención es ese punto de decadencia que muestran algunos detalles repartidos por el pueblo. Viejos anuncios pintados en las casas ya descoloridos, señales que tienen una estética más bien antigua, el color pastel que muestran ventanas y puertas, y también las pocas tiendas que venden productos tintados con el azul del Tarn hacen que más que un viaje a la época medieval sea un viaje a los años 50 o 60. Y no me disgusta del todo.

Lautrec es un pueblo que se visita rápido, y que puede ser una escapada perfecta si te encuentras en la ciudad de Albi – de la que ya hablaré en otra ocasión. Es un sitio acogedor y agradable, con poca vida cuando nosotros lo visitamos pero es lo que tiene viajar a deshora – y tampoco nos importa mucho. Un paseo por sus calles, la subida al molino, acercarte a la plaza, comprar productos tintados con pastel natural – si tienes presupuesto – son cosas que debes hacer. Nosotros hicimos, menos lo último, todo, y le añadimos comer una ensalada de pasta a la sombra de los árboles de un parque que había en la parte alta del pueblo.

Te dejo, aquí, una pequeña galería con imágenes de Lautrec para que te hagas una mejor idea de lo que podrás ver. No será de los pueblos más bonitos de Francia – aunque si no he leído mal, ahora forma parte de la red gala dedicada a ellos – pero sí es un pueblo resultón que merece una pequeña visita.

Más información

Si te apetece disfrutar de un Lautrec un algo más animado puedes acercarte allí un viernes por la mañana que es cuando tiene lugar el mercado semanal. Además en la época estival son diversas las ferias y festividades que se realizan en las calles del pueblo.

Si quieres obtener más información del pueblo te dejo a continuación unos enlaces para que puedes consultarlos:

🖱 https://www.lautrectourisme.com
🖱 https://www.tourisme-tarn.com/a-voir-a-faire/les-incontournables/les-bastides-et-villages/lautrec
🖱 https://www.tourisme-tarn.com/es/que-ver-que-hacer/nuestros-territorios/region-de-cocagne/

Una filósofa y un politólogo que amana viajar y lo hacen a pesar de los pocos recursos que tienen. Viajar es más que un capricho, viajar es una necesidad y aquellos que somos pobres en un primer mundo de opulencias tenemos derecho también a realizar nuestros sueños viajeros. Porque los pobres también viajamos.
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