Comunidad de Madrid,  España

El Castillo de los Mendoza en Manzanares el Real

En Madrid, en plena Sierra de Guadarrama, se encuentra un castillo muy fotogénico, de torres almenadas y piedra tostada, rodeado de montañas que a finales de abril todavía están nevadas, de una frondosa vegetación de verde parduzco y agua a lo lejos en forma de embalse. Como caballeros medievales hoy nos vamos de excursión al Castillo de los Mendoza, en Manzanares el Real.

Este es uno de esos castillos al que le tenemos ganas desde hace muchísimo tiempo. Creo que llevábamos tan solo un año y poco juntos cuando leímos sobre este lugar y vimos algunas fotos. En ese momento dijimos que teníamos que visitarlo, pero no había manera de que eso sucediese: unas veces por falta de tiempo, otras por falta de medios. La cuestión es que el castillo de los Mendoza seguía resistiéndose a nuestra conquista.

La situación cambia cuando decidimos viajar, por segunda vez, a la bellísima ciudad de Segovia. Al planear la ruta, y fiándonos en el regreso a casa, vemos que pasamos cerca de Manzanares el Real. ¿Es cuestión de dejar pasar la oportunidad? ¡Claro que no! En nuestro último día de viaje pasaremos por este castillo… ¡toma ya!

El viaje, de 4 días, escapada improvisada entre Guadalajara y Segovia, es un poco accidentado en lo que a tiempo atmosférico se refiere: tenemos nieve, tenemos lluvia, tenemos granizo, tenemos viento y solo un poquito de sol. El ambiente cambia el viernes, el día en el que finalizamos nuestra ruta pero, y el día amanece despejado, soleado incluso. Es así como, alegres, ponemos rumbo a la primera y única parada que haremos ese día: Manzanares el Real.

El camino hacia Madrid

Cuando una piensa en Madrid lo hace teniendo en mente cosas como la Puerta de Alcalá, el Barrio de las Letras, la Cibeles o la Plaza Mayor – y algún café con leche. Cuando una piensa en Madrid no lo hace teniendo en mente sierra, naturaleza, ríos, prados y castillos. Tampoco piensa en pueblos. Por desgracia – es lo que me pasa a mí – Madrid, la capital, fagocita al resto de Madrid – la región – y hace que nos perdamos muchos tesoros que, sin duda, hay allí. Aunque no es la primera vez que visitamos lugares fuera de la capital, sí debo decir que para nada tenía en mente encontrarme con un paisaje tan bonito.

Conducir hasta Manzanares el Real es una maravilla, incluso cruzando el Puerto de Navacerrada el día después de que haya caído una gran nevada, a finales de abril. Sí, nos encontramos Navacerrada blanco y decidimos bajarnos para sentir el frío cortante acusado por un viento bastante potente. Las vistas desde el alto del puerto son absolutamente brutales, y el aire que allí se respira es de lo más puro.

Descendemos el puerto y nos metemos en la Sierra de Guadarrama, y transitamos entre campos y pastos. Madrid es más que la capital, eso ya lo sabíamos, pero ahora nos estamos convenciendo mucho más de ello.

Finalmente llegamos a Manzanares el Real, y el castillo despunta a lo lejos. Unos kilómetros antes hemos visto señales que indican una especie de ruta de castillos de la Comunidad de Madrid que, obviamente, no podremos hacer ese día – pero que apuntamos por si se presenta la ocasión. El pueblo resulta ser más grande de lo que pensábamos, pero no está en nuestros planes la visita a este lugar, por lo que vamos directamente al castillo.

A los pies del castillo tienes una amplia zona de aparcamiento, también algún que otro lugar para comer.

Visita al Castillo

El Castillo de los Mendoza es un gran ejemplo de la arquitectura militar del s. XV. Aunque su aspecto actual se debe a las reformes hechas unas cuantas décadas atrás, parece ser que los trabajos de restauración se hicieron con bastante fidelidad a lo que era la fortaleza original, así que podemos hacernos una idea bastante buena de cómo era aquéllo en su aspecto original.

La imagen que tenemos de él, en plena primavera, en un día soleado pero con alguna nube, con las flores y el verde, con la Pedriza al fondo y el Embalse de Santillana es de cuento. El castillo se alza fantasioso ante nosotros y tenemos un montón de ganas de visitarlo, pero primero tenemos que pasar por taquilla: 5€/persona.

El castillo y su historia

Los Mendoza fueron una de las familias más importantes de toda Castilla durante la Edad Media. Son omnipresentes casi en todo el territorio y aquí no podían ser menos. Este castillo, erigido sobre una ermita románico-mudéjar en honor a Santa María de la Nava – s. XIII – es uno de de los palacios-fortaleza más conocidos de España, además de ser uno de los mejor conservados.

En la localidad, antes de este castillo, había otro del que apenas queda nada: solo su trazado en forma de muro. Quien promueve la nueva fortaleza Diego Hurtado de Mendoza, nieto del almirante y primer duque del Infantado. Al morir éste las obras quedaron paralizadas pero fueron retomadas unos años después, allá por el 1480.

El Castillo de los Mendoza es uno de los más representativos y que está en mejor estado de toda Castilla.

El arquitecto de los Reyes Católicos, Juan Guas, quien fue la cabeza pensante tras el Palacio del Infantado de Guadalajara – que te recomiendo que visites si no lo has hecho aún –, y también del Monasterio de San Juan de los Reyes en Toledo – otra visita que debes hacer obligatoriamente – se encargó de terminar con las obras. Y es por Juan Guas que hay en el palacio-fortaleza elementos góticos isabelinos, destacando sobre todo la galería meridional, el patio porticado, también los caballeros que rematan las torres – obra que se construye dentro de otra para defender y dominar las de su alrededor – y las decoraciones del paseo de ronda.

Pero todos los esfuerzos del arquitecto para poner bonita esta construcción no hicieron que solo un siglo después de haber sido terminada ésta fuese deshabitada. Íñigo López de Mendoza y Pimentel, cuarto duque del Infantado, decidió que iba a centrar su actividad del ducado en la ciudad de Guadalajara. A la muerte de éste, y por problemas económicos y peleas entre los herederos de la Casa de Mendoza, la situación del castillo fue a peor.

Por suerte la Casa Ducal de los Mendoza comenzó a restaurar el edificio en el año 1914 siendo Vicente Lampérez y Romea el que estuvo al mando de las obras. El arquitecto decidió usar el método de la anastilosis – reconstrucción a partir del estudio metódico del ajuste de los diferente elementos que componen la arquitectura de las ruinas – y también de criterios historicistas. El patio porticado que hoy vemos, y que en aquellos tiempos estaba totalmente en ruinas, fue obra de este arquitecto.

Más tarde hubieron otras intervenciones, creando el Museo de los Castillos en el año 1964 y en el 1965 el decimoctavo duque del Infantado cedió el castillo a la hoy en día inexistente Diputación Provincial de Madrid quien fue la encargada de proseguir con las obras de consolidación y rehabilitación del edificio. Gracias a estos trabajos, y en el año 1977, el castillo fue reabierto al público.

La visita al castillo

El castillo es mucho más impresionante por fuera que por dentro, y eso es de esperar atendiendo al estado en el que se encontraba cuando empezaron a reformarlo y que las primeras actuaciones de restauración solo tuvieron en cuenta que casase con el entorno y diese la imagen de fortaleza medieval.

Aún así, visitar este castillo por dentro es interesante por dos cosas: la exposición que hay en la planta baja, que se centra en la época medieval y la historia del castillo – con restauraciones incluidas –, y por las vistas que hay desde el paso de ronda tanto de la sierra como del embalse y de de toda la localidad.

La entrada al castillo se hace por una puerta enorme, que te permite salvar la barbacana que rodea toda la construcción. Para entrar al recinto propiamente dicho tienes que pasearte por esa parte de la fortaleza que parece un decorado de película.

Lo primero con lo que te encuentras al acceder al castillo es con una sala en la que al fondo, y subiendo unas escaleras, a mano izquierda, tienes los baños – muy importante saberlo porque no está muy bien señalizado. A tu derecha te metes en el sótano, por un pasadizo de piedra, y al que accedes tras salvar un arco de medio punto frente al que te tienes que agachar para poder cruzarlo. En este punto es donde está la exposición sobre la vida medieval, y al terminar el pasillo se presenta ante ti una armadura, y la exposición cambia.

El Castillo de los Mendoza ha sido escenario de varias películas, entre ellas El Cid Campeador, y en esta parte de la exposición se relata de manera audiovisual el papel que ha jugado la fortaleza en el cine. Pero también nos explican que en el pasado fue escuela y cine durante la Guerra Civil.

La visita continúa en el patio porticado para después adentrarnos en las diferente salas del palacio en las cuales hay exposiciones y representaciones de cómo fue ese lugar en el pasado. Entre los elementos expuestos encontramos tapices, bodegones y cuadros de la Virgen, así como un retrato anónimo de Fernando VII.

Estas salas son las que menos nos gustan, pero después de ellas llegamos al Estrado de Damas, recreación de la sala de reunión social de las mujeres españolas – supongo que de alta alcurnia – hasta el s. XVIII, en la que la estética de los palacios andalusíes, con alfombras, esteras y cojines las damas – se supone – bordaban, tocaban instrumentos y leían. Pero ya os digo, que mis antepasadas también hacían lo mismo – bueno, lo mismo no, bordar sí, lo demás ya… – y no tenían esos lujos. Aún así, me parece una sala muy bonita y agradable.

La visita continúa en la parte más íntima del palacio, en aquellos salones donde se hacía la vida común a todos los mortales – dormir y asearse, e incluso orar – independientemente de cuál hubiera sido tu cuna. Aquí el lugar está ambientado con mobiliario perteneciente a obras teatrales y desde él pasas al mirador de Juan Guas que, os lo voy a decir, creo que es mi espacio preferido del castillo. Las vistas que desde él se tienen al embalse de Santillana son fantásticas. Es difícil no quedarse un buen rato allí y contemplar las aguas del Manzanares atrapadas por el hombre.

Desde este punto o, mejor dicho, en este punto, podemos tener una visión clara de lo que fue la capilla privada que no llegó a restaurarse y también los cimientos de lo que iba a ser una gran torre del homenaje que jamás llegó a construirse. Tal vez los Mendoza llegaron tarde y ya estaba demodé eso de hacer torres del homenaje. Los tiempos habían cambiado y las necesidades constructivas eran otras totalmente distintas.

Finalmente llegas a la azotea del castillo, vamos, que subes al paseo de ronda, desde el cual las vistas del entorno son brutales. Creo que si visitamos castillos es para podernos colar por todas las torres y torrecillas permitidas y sentirnos como verdaderos caballeros. Aquí, en este punto, eso es posible.

Y desde aquí tenemos que retroceder, descendiendo las escaleras de caracol que hemos tenido que subir para ir a la parte más alta del castillo. Aunque el recorrido puede continuarse en los jardines que, tras la rehabilitación, se ha intentado recoger los diferente aspectos de la vida cotidiana a finales del s. XV. Para ello encontramos un huerto con plantas medicinales e industriales así como cultivos y huerta básicas en la dieta tanto de personas como animales de la época o también jardines frutales.

A nosotros no nos da tiempo de visitar el exterior del castillo, pero el entorno es tan agradable que me apena no poder estar allí más tiempo.

Conclusiones

El castillo es una pasada de bonito, sobre todo en su parte exterior – como ya he dicho repetidas veces. El interior, y debido al estado en el que estuvo en el pasado, no es tan espectacular como lo que vemos desde fuera. Aún y así, creo que merece la pena visitarlo porque la exposición es bastante interesante, con el museo de la Edad Media, y también el último piso de la fortaleza tiene mucho encanto.

Creo, además, que es un buen lugar para visitar con niños por lo bien adaptado que está, y que les gustará pasearse por las dependencias y también por la parte exterior.

Más información

Horarios

Castillo:

  • Martes a viernes, de 10 a 17.30h
  • Sábados, domingos y festivos: de 10 a 18.00 h.

Jardín y recinto exterior:

  • de 10 a 19.00 h.

En el castillo se realizan visitas teatralizadas:

  • De enero a junio: sábados y domingos a las 11.00 h y 12.00 h. 
  • Julio y agosto: viernes a las 21.00 y 22.00 h. y sábados a las 11.00 h y 12.00 h. 
  • De septiembre a diciembre: sábados y domingos a las 11.00 h y 12.00 h. 

Precios

Entrada general:

  • 5€ adultos
  • 3€ menores de 14 años y mayores de 60 años.

Visitas teatralizadas:

  • 8€ adultos
  • 4€ menores de 14 años y mayores de 60 años

Enlaces

  • Sobre las visitas teatralizadas, aquí.
  • En Turismo de Manzanares el Real, aquí.
  • En Turismo de Madrid, aquí.
  • En la web de la Comunidad de Madrid, aquí.

Una filósofa y un politólogo que amana viajar y lo hacen a pesar de los pocos recursos que tienen. Viajar es más que un capricho, viajar es una necesidad y aquellos que somos pobres en un primer mundo de opulencias tenemos derecho también a realizar nuestros sueños viajeros. Porque los pobres también viajamos.

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