La Ruta del Cister | Un viaje a la Edad Media

En lo más profundo de Catalunya, en una tierra salpicada por pequeños pueblos – algunos de ellos todavía guardan su aspecto medieval -, algún que otro castillo y extensos campos de cultivo encontramos los ejemplos más espectaculares de la arquitectura cistercense en toda la Península Ibérica. Estamos hablando de los Monasterios de Poblet, Vallbona de les Monges y Santes Creus. Sea bienvenido todo el mundo a la Ruta del Cister.


Comenzaré diciendo que la Ruta del Cister no se reduce solo a las tres abadías que hoy aquí os voy a presentar. Esta ruta engloba también 65 municipios que acaban de completar el recorrido, en los que además de la arquitectura cistercense destaca la producción de vino. Son múltiples las bodegas que vas a encontrarte por el camino, por lo que si te gusta el enoturismo éste es también tu destino.

Hablemos un poco del Cister

Pero continuemos con el tema que hemos venido a tratar aquí, que es el del Cister. Puede que ya lo sepas, pero por si no es así te explico un poco de qué va todo esto. El Cister es una orden monástica que nace en Borgoña – la actual Francia – allá por el siglo XI. Es fundada por San Roberto como respuesta a los nuevos rumbos tomados por la orden de Cluny. Ésta, que fue creada a principios del siglo X, y que durante los siglos sucesivos había llevado a cabo un trabajo impecable, había acabado desviándose de los preceptos benedictinos.

Como he dicho, el Cister nace en el siglo XI cuando Roberto de Molesmes se retira con sus seguidores a Cîteaux, lugar que acabará dando nombre a la nueva orden. De Molesmes se convertirá en el primer abad de la futura orden del Cister, que tomará entidad propia cuando Esteban Hardin dota a la orden de una nueva regla conocida como Carta Charitatis con la que quiere regresar a la austeridad de la primera Orden Benidictina.

La orden del Cister, pero, tomará fuerza con Bernardo de Claraval, hombre de gran carisma que consigue extender los preceptos cistercenses más allá de Cîteaux. Basándose en los primeros cristianos pone en marcha un monacato austero, basado en la oración y el trabajo, a lo que se le suma la sencillez y la disciplina.

Es interesante tener en cuenta que Bernardo animó a que se extendiese la idea del monje-soldado, apoyando la segunda Cruzada que comenzó en el año 1146. Así, cabe decir que los pocos que se atrevieron a defender la fortaleza de Calatrava la Vieja frente a los almohades fueron, precisamente, monjes de la orden del Cister, y fue con ellos con los que nació la Orden de Calatrava ya que los monjes, ahora guerreros, no querían seguir las órdenes monacales (puedes leer algo más sobre ella  aquí).

Historia aparte, el mayor legado que nos ha dejado el Cister es, posiblemente, su arquitectura religiosa, de exquisita factura y que a día de hoy sigue sorprendiendo a toda persona que quiera verla con la mirada adecuada.

Poblet

La arquitectura cistercense es románica en sus inicios, aunque hay – o ha habido – controversia al respecto al considerarse una especie de arquitectura en transición con el gótico y habérsele dotado de carácter propio. En la actualidad la teoría que acabo de mencionar no se acepta y se entiende que el Cister está conformado por edificaciones románicas con elementos que pueden recordar al gótico, como los arcos apuntados, pero que en conjunto no se escapa de lo románico.

Como se ha explicado antes, el Cister quiere volver al camino recto de los inicios del cristianismo, y eso se traduce también en el modo de hacer arquitectura. Se pasa del festín de ornamentaciones desarrolladas en la época de San Bernardo a una estricta decoración vegetal de formas sencillas y elegantes.

La decoración es escasa, tan escasa que las iglesias del Cister se pintaban de blanco y las vidrieras casi no tenían motivos. Este dato no es casual; la decoración austera tenía un fin: no distraer al monje de sus obligaciones espirituales. Ora et labora.

Con todo ello las construcciones cistercienses se convierten en las de mayor tamaño en al época; solo algunas catedrales superarán en grandiosidad a estos centros espirituales que pasan a ser el centro de atención social de la zona en la que se encuentran.

Tan es así que en algunos casos no se trasladaron los centros religiosos a los núcleos urbanos, sino que fueron los núcleos urbanos quienes se movieron. Así sucedió con Vallbona de les Monges que tras algunas reformas solo podían seguir teniendo actividad si había un pueblo a su lado. No era el caso pero consiguieron que sí lo fuese: al lado del monasterio nació el pueblo que todavía hoy perdura: Vallbona de les Monges.

El pueblo de Vallbona de les Monges

Bien es sabido que los monasterios – abadías en este caso al estar regido por abad o abadesa – no eran solo un espacio para desarrollar el aspecto espiritual de la vida, eran también verdaderos centros políticos. Ya sabemos que aunque se haya querido separar el poder terrenal del espiritual eso rara vez se ha dado a lo largo de la historia: Iglesia y Estado han estado siempre íntimamente ligados.

Las abadías que forman pare de la Ruta del Cister tienen enterrados a tres reyes. Sí, tres reyes, y para nada menores – porque los hay más o menos conocidos: en Poblet se encuentra el sepulcro de Jaime I (aunque para nosotros ha sido siempre Jaume I), en el de Vallbona de les Monges su segunda esposa, Na Violant d’Hongria (o Violante de Hungría) y en el de Santes Creus su hijo Pere III el Gran (o el Grande). Los tres sepulcros están a la vista de todos – junto a muchos otros en el caso de Jaume I – y es emocionante poder admirarlos porque realmente una siente el peso de la historia sin ningún tipo de esfuerzo.

Estas abadías, por señalar una característica distintiva de otros edificios religiosos, suelen estar amuralladas por ser, y como he mencionado anteriormente, recintos de mayor tamaño en el que no solo se vive la religiosidad. El número de personas religiosas que habitan en el lugar es mayor al de un monasterio y el liderazgo de la abadesa o el abad es territorial. Podríamos decir que una abadía es casi como una pequeña ciudad, y ello se percibe claramente – y sobre todo – en uno de los monasterios que se visitan en esta ruta: el de Poblet.

Regidos por la Regla de San Benito, no es de extrañar que los monasterios sean verdaderas ciudades y autosuficientes:

El monasterio, si es posible, debe establecerse de tal forma que todas las cosas necesarias, esto es, el agua, el molino, el horno, el huerto y los diversos oficios, se ejerzan en el interior del monasterio, para que los monjes no tengan necesidad de salir a fuera, porque no conviene de ninguna manera a sus almas.


Regla de San Benito 66, 6-7
El Monestir de Poblet

Con estas breves pinceladas sobre el Cister creo que va siendo hora ya que empecemos con la ruta. Voy a explicaros brevemente qué es lo que nosotros hicimos, cómo lo hicimos y si cambiaría algo de nuestra experiencia. Más abajo, y como siempre, añadiré otro tipo de información y también introduciré algunas opiniones personales. Así pues, vamos con ello.

La ruta del Cister

Primera parada: Vallbona de les Monges

De manera totalmente improvisada, que esto no lo he dicho, decidimos el sábado que el domingo vamos a realizar la Ruta del Cister. Bueno, en realidad no, y es que lo que decidimos es visitar Poblet. A medida que vamos avanzando por la carretera – AP-7 ahora gratis, un poquitín de autovía y ya carretera comarcal – decidimos que no soló será el de Poblet el monasterio que visitaremos sino que, al menos, pasaremos también por Vallbona de les Monges.

Vallbona de les Monges, por su parte, es una localidad que se encuentra en Lleida, en la comarca del Urgell. Este pueblo es conocido por el monasterio de Santa María de Vallbona, el más importante de todos los monasterios femeninos que pueden encontrarse en Catalunya.

En Vallbona de les Monges todavía hay monjas y, de hecho, es una de ellas quien te recibe a tu llegada al lugar. Tras subir una escalinata, a mano izquierda se encuentra el mostrador en el que vas a comprar la entrada. Es en ese momento cuando decidimos que compraremos la entrada conjunta a los tres monasterios porque con ella ya pagamos lo que cuesta acceder a Vallbona y a Poblet (más adelante te explicaré cómo funciona el tema de las entradas).

La visita a Vallbona de les Monges es guiada, además de proyectarse un audiovisual que ilustra la historia del monasterio hasta nuestros días. Durante la visita recorres todas las dependencias que no están en uso en esos momentos.

Llegas a la iglesia, de planta de cruz latina perfecta y de una simplicidad extrema. En la iglesia, y a la derecha del altar, se encuentra el sarcófago de Violant d’Hongria que pidió ser enterrada allí y descansar por toda la eternidad en uno de sus lugares favoritos del mundo.

Hay que tener en cuenta que Violant estuvo presente en todas las campañas de su esposo, Jaume I (dicen que porque el señor rey era un poquitín fogoso) y vio mucho mundo, pero ella decidió reposar hasta el fin de los días entre los muros del monasterio de Vallbona de les Monges. Así fue su deseo, y así se cumplió. Frente a ella otra tumba, la de Sancha de Aragón, hija de Violant y Jaume.

La visita termina en el claustro, bellísimo, muy calmado. La paz que sientes estando allí es inmensa y siendo el de menores dimensiones de los tres que visitaremos creo que es el que más me gusta, o el que más bien me hace sentir. Lleno de rosas, con una pequeña fuente en el centro y destacando en una esquina el cimborrio de la iglesia este claustro es una especie de oasis que invita a la reflexión y el ensimismamiento – el buen ensimismamiento.

Tendremos la posibilidad de pasear por el claustro tanto como nos dé la gana, hasta el momento del cierro. Seremos los últimos en salir de allí pero, eh: nos hubiésemos quedado mucho más tiempo.

Segunda parada: Monestir de Poblet

Después de comer llegamos a Poblet, lugar en el que ya habíamos estado hace unos cuantos años pero que solo visitamos en el exterior ya que la entrada nos parecía excesiva y los recursos escaseaban bastante. Aquella vez de Poblet solo vimos una pequeña parte de la iglesia y hasta la reja que separa los que pagan de los que no.

Poblet promete, y mucho. El recinto es enorme, se conservan las murallas y las torres de la puerta principal. Poblet es el prototipo de abadía medieval, como las que se han descrito antes. Tiene todo lo que una abadía medieval ha de tener: el claustro, las dependencias, la iglesia y hasta el palacio del rey.

Meterte en Poblet es meterte de lleno en el medievo. Tener que salvar el primer tramo de muralla, después cruzar las torres y acceder al monasterio, con ese claustro enorme, con todos esos salones que a día de hoy sigue en pie… No es de extrañar que el Monasterio de Santa María de Poblet sea Patrimonio de la Humanidad.

Su claustro, de dimensiones más qu considerables, es bello a rabiar. La biblioteca, aún en uso hoy en día, se esconde tras los cristales protegiéndose del turista. A tra´ves del material transparente puedes ver pilas de libros; de ellos, los que dan al claustro llevan nombres como Cézanne, Picasso… Curiosidad ésta para mí, que pensaba encontrar libros religiosos y me topo con grandes genios de la pintura.

La visita continúa, autoguiada a partir de un pdf descargado en el teléfono móvil. En el monasterio no hay cobertura, pero si una red wifi gratuita que te permite tener la información de la visita. Ojalá una visita guiada pero está suspendida – entendemos que por el Covid -, así que tenemos que conformarnos con leer – que no está mal – y contemplar.

Llegamos a la iglesia, esa iglesia que antaño – y como ya os he dicho – solo visitamos en una pequeña parte que era la que podía verse de manera gratuita. Esta vez podemos meternos de lleno en ella, disfrutar de su magnífica planta basilical y ese juego de luces y sombras que convierten a ese espacio en un lugar místico.

No sé si será certero destacar de entre todo lo maravilloso del lugar el panteón real donde fueron enterrados reyes entre los que se cuentan Martín I el Humano o el más conocido de todos, Jaime I. Es emocionante otra vez, y como sucede e Vallbona de les Monges y la tumba de Violant de Hungría, sentir el peso de la Historia con toda la fuerza posible.

El eterno reposo de Jaume I.

Sin duda la iglesia, junto al claustro, es uno de los espacios que más destacan del conjunto monástico, aunque esto es juicio muy personal.

Subimos ahora a la azotea donde se encontraba el claustro superior del que queda casi nada, pero desde la cual puedes tener una perspectiva distinta del cimborrio y también del claustro inferior.

Nuestra visita termina en el Palacio del Rey Martí, saliendo del monasterio y a mano izquierda. Allí se encuentra ubicado un museo en un espacio mandado construir por Martín el Humano – para nosotros siempre ha sido Martí l’Humà – en el ocaso del siglo XIV. En el museo encontramos cerámica de la zona, elementos del monasterio que han quedado exentos y otras piezas de más o menos valor. Nuestro paso por el museo es rápido ya que nos damos cuenta del hecho que todavía podemos visitar el tercero de los monumentos englobados en esta ruta – y no tener que esperar a otra ocasión. Así, salimos de Poblet y ponemos rumbo a Santes Creus.

Tercera parada: Monasterio de Santes Creus

De Poblet a Santes Creus hay como unos 40 minutos de camino en coche. Hay que deshacer parte del camino para salir a una carretera que no tenemos muy clara que sea la correcta. Sea así o no, llegamos a Santes Creus con el tiempo justo para hacer la visita al monasterio.

La sensación que produce adentrarte en este monasterio es casi como el meterte de lleno en una fortaleza, incluso más que cuando visitas el monasterio de Poblet. Tras pasar por una especie de túnel se llega al espacio donde adquirir las entradas – en nuestro caso donde presentamos nuestra tarjeta de entrada conjunta. Allí mismo nos dicen que tenemos escasos 40 minutos para hacer la visita y que la guiada ha empezado hace ya un rato, y que tampoco podemos ver el audiovisual por haber sido el último paso también unos minutos atrás. No nos importa demasiado esto ya que teníamos claro que iba a suceder, así que nos serviremos de los audios que están disponibles mediante códigos QR (a tener en cuenta que no hay mucha cobertura en el espacio).

A mi juico el de Santes Creus es el monasterio más sorprendente de los 3 que visitaremos esta jornada, y posiblemente eso se deba a que tampoco no espero demasiado del mismo.

Además de la puerta de acceso tras la cual se encuentra una plaza enorme, una escalinata flipante, la iglesia que parece fortaleza y la especie de túnel que ya he mencionado más arriba, este monasterio nos deparará muchas más sorpresas que, como tales, no esperábamos.

La puerta de acceso al recinto vista desde la iglesia del monasterio.

Siguiendo la misma idea de sencillez y austeridad que los dos monasterios anteriores, la tónica general se rompe en el panteón real que es de una riqueza decorativa impresionante – y que más adelante os mostraré.

El claustro es lo primero que te encuentras, hecho construir por Jaime II allá por el año 1313. Casi 30 años cuesta terminar el claustro, y tendrá distintas remodelaciones futuras, las más importantes en el siglo XVI, que lo convertirán – también y como los anteriores – en un lugar donde la mescolanza de estilos – desde el románico al gótico flamíngero – es indudable.

Lo que más me llama la atención de este lugar es que tiene dos claustros, el principal y el posterior, construido este último alrededor del palacio abacial para vincular a éste con el monasterio.

La fuente que domina el centro del claustro posterior.

Desde este claustro se accede a espacios del monasterio que no hemos visto en los monumentos anteriores, como la prisión o los primeros asentamientos de los monjes que llegaron en primer lugar para establecerse en ese espacio a orillas del río Gaià.

El monasterio primitivo.

Otro lugar interesante que podemos ver de manera exclusiva en este monasterio es la Capilla de la Trinidad, posiblemente la primera iglesia de la comunidad cuando ésta se instaló en el lugar allá por el siglo XII. También se accede al cementerio, señalado por una única cruz de piedra ya que los cistercenses no permitían que hubiera diferencias entre los miembros de la comunidad – al menos no una vez muertos.

Nosotros terminaremos nuestra visita en la iglesia, y de un modo apresurado porque ya va siendo hora de cerrar las puertas del monasterio. En la iglesia, además de su arquitectura – empezó a construirse en el año 1174 – destaca, como ya he dicho, el Panteón Real.

El panteón que destaca en este monasterio es del de Pedro el Grande, junto al de Jaime II (su hijo). El primero mandó ser enterrado en ese espacio para disfrutar de los beneficios espirituales que daba el lugar. Aunque él quiso una sepultura austera su hijo, influenciado por lo que había visto en Sicilia, mandó construir un nuevo sepulcro que mostrase la fuerza de su linaje, y por eso hoy en día lo que se presenta ante nosotros es un mausoleo con pintura abundante y muchas decoraciones que rompen completamente con la austeridad de la orden del Cister.

Y aquí es donde terminará nuestra visita a Santes Creus y esta ruta, la del Cister, que merece mucho la pena.

Consideraciones finales

En realidad esta ruta da para más de un día. Lo cierto es, y como ya he dicho al principio, que la zona tiene mucho que ofrecer. Una visita imperdible es, sin duda, el pueblo de Montblanc, pero también vale la pena dar una vuelta por todo el recinto de Santes Creus, dar un paseo por Vallbona de les Monges y visitar los alrededores de Poblet – solo por mencionar algunos ejemplos.

La ruta, como habrás notado, vale mucho la pena, aunque solo hagas como nosotros, que es visitar los monasterios. Debo decirte que el hecho de no vivir demasiado lejos de estos lugares – puedes ir y venir en un día – nos permite descubrir la zona a pequeños sorbos, y a veces nos obliga a correr como es la aquí mostrada. Si quieres hacer la ruta en un día haz como nosotros, comienza en Vallbona de les Monges, después ve a Poblet, apura hasta el cierre, come – en nuestro caso en l’Espluga de Francolí, donde hay buena oferta a todos los precios – y desplázate hasta Santes Creus para poder visitarlo bien.

Precio de las entradas

Como te digo, nosotros aprovechamos el carnet de la Ruta del Cister que cuesta 15 euros por persona y que te permite visitar los tres monasterios en un espacio de 2 años – aunque una sola vez por monasterio.

Las entradas individuales son de 7 euros la de Vallbona de les Monges – con la visita guiada -, 8 euros la de Poblet y 6 euros la de Santes Creus. A partir de ahí, y si en Poblet quieres ver el documental que hay en el museo, tienes que pagar un suplemento, y la visita guiada también va con suplemento. En el monasterio de Santes Creus para ver el audiovisual no debes pagar nada más pero si 4 euros por la visita guiada. Al final, si no tienes el carnet de la Ruta del Cister acabas pagando 21 euros por las entradas más otros 10 euros – calculo yo – con el resto de complementos, por lo que sales a 31 euros por persona. Con el carnet pagas 15 euros por visitar los tres monasterios pero las visitas guiadas complementarias y acceso a otros espacios acaba costándote, también, otros diez euros. A mi juicio no es para nada económico pero es lo que hay.

Te dejo la página web de la Ruta del Cister para que le eches un vistazo y puedas configurar tu ruta del modo que mejor te convenga [enlace aquí].

Mapa de la ruta

Haciendo la ruta como nosotros vas a tener unos 60 kilómetros de ruta desde que empiezas en Vallbona de les Monges hasta que terminas en Santes Creus. Puedes configurarla de otro modo pero creo que sería menos eficiente.

También, y si te apetece, puedes realizar la ruta desde Tarragona si es que vas a estar por la ciudad que, por cierto, vale muchísimo la pena. Y si vas a estar en Tarragona más tiempo y te apetece ver pueblos bonitos, por ejemplo, no puedes perderte el deSiurana , uno de los pueblos más bonitos de Catalunya y en el que vas a vivir uno de los atardeceres más espectaculares de tu vida. Ah, y también el pueblo de Prades, vecino a Siurana, que es también muy bonito y de un color rojo muy característico.

Y hasta aquí nuestra excursión de un día por la Ruta del Cister, una excursión que merece mucho la pena y que seguro que os encantará.

Disfrutad del camino, y cuidaos.

Una filósofa y un politólogo que amana viajar y lo hacen a pesar de los pocos recursos que tienen. Viajar es más que un capricho, viajar es una necesidad y aquellos que somos pobres en un primer mundo de opulencias tenemos derecho también a realizar nuestros sueños viajeros. Porque los pobres también viajamos.
Entradas creadas 149

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Publicaciones relacionadas

Comienza escribiendo tu búsqueda y pulsa enter para buscar. Presiona ESC para cancelar.

Volver arriba
A %d blogueros les gusta esto: