Castelló,  Comunitat Valenciana,  España

Caminando por la Serra d’Irta | Desde el Faro de Irta hasta la Font de la Parra

La Serra d’Irta (o Sierra de Irta) es el último espacio natural que queda sin construir en toda la costa levantina. El paraíso de los amantes de la naturaleza, del senderismo y de las calas casi vírgenes, un lugar para disfrutar de manera activa y también de forma algo más relajada.


La Serra d’Irta, declarada Parque Natural por la Generalitat Valeniana en el año 2002, tiene una superficie protegida de un total de 12.000 ha. La superficie del parque se extiende paralela a la costa, yendo desde la plana de Vinaròs, en el norte, llegando hasta el prat de Cabanes-Torreblanca en el sur y adentrándose en la vall d’Alcalà de Xivert hacia el oeste. En el este la sierra se encuentra con el mar sucediéndose calas y acantilados de diferentes alturas.

La Serra d’Irta (o Sierra de Irta) no destaca solo por su importancia natural sino también por albergar patrimonio artístico que cabe destacar, como son los castillos de Alcalá de Xivert y también el de Polpís, ambos pertenecientes ala orden del Temple, así como dos ermitas del s. XVIII, la de Sant Antonio Abad y la de Santa Lucía. Además de estas tres construcciones más importantes, en toda la línea de costa hay una red de torres de vigilancia entre las que destacan la torre Ebrí y la torre Badum.

Esta torre, la Badum, es la más conocida de todas, se encuentra en el término municipal de Peñíscola, se encuentra en un acantilado de 97m de altura, y es uno de los puntos más bellos de todo el Parque Natural aunque llegar a él sea una tarea no demasiado fácil.

Patrimonio Artístico

Lo interesante de la Serra d’Irta, como podéis observar, no se centra solamente en lo natural, sino que el patrimonio artístico tiene también un peso importante. Entre todo ese patrimonio encontramos dos castillos de carácter templario que hay que visitar, aunque su estado de conservación no sea le más adecuado.

El primero de ellos, el de Alcalá de Xivert, es una construcción islámica que data de los siglos X y XI, y que se reformó posteriormente por los templarios durante el siglo XIII. Esta construcción, la finalidad de la cual era vigilar la sierra y el mar Mediterráneo, tiene una inscripción arábiga en el muro que todavía hoy queda en pie y que es bastante curiosa. Acceder al castillo de Alcalá de Xivert no es fácil, debes hacerlo desde Alcalá y por una sendera que en algunos tramos es bastante empinada pero, de verdad, que merece mucho la pena.

El segundo castillo es el de Polpís, en peor estado de conservación que el de Alcalá, que se encuentra en Santa Magdalena de Polpís, y a 2 km del núcleo de población descansando en lo alto de una de las cimas del monte de la Sierra de Irta. Este castillo data de los siglos XI y XII y pasó a manos de los templarios a finales de ese mismo siglo. En el año 1233 fue conquistado por Jaime I, a la vez que Peñíscola. Desde este castillo puedes realizar una ruta muy interesante a pie hasta la localidad de Peñíscola, ruta en la que vas a tener unas vistas maravillosas del Mediterráneo.

Caminata por la Serra d’Irta en el año 2002. Tenía que compartir la foto con todo el mundo 🙂

Para complementar la zona defensiva del Mediterráneo encontramos algunas torres de vigilancia entre las que destacan la de Ebrí (s. XVI), en Alcalá de Xivert, y que se encuentra a una altura sobre el nivel del mar de 499 metros, y la de la Badum, en Peñíscola, rehabilitada en el año 1554, como aparece inscrito en el escudo del Reino de Valencia que se encuentra en la misma torre – aunque ésta sea de origen musulman.

Además de los castillos y las torres – ya sabéis que los castillos nos encantan – en la Serra d’Irta hay dos ermitas, la de Sant Antoni Abad en Peñíscola y la de Santa Llúcia, en Alcossebre. Desde ésta última se tienen unas vistas espectaculares de toda la costa y puedes acceder tanto a pie como en coche, aunque te aviso que hay alguna que otra curva y bastante pendiente.

Patrimonio Natural

Pero si por algo destaca la Serra d’Irta es por su naturaleza, de gran valor. En los alrededores de la torre Badum crece la singularidad botánica principal del parque, conocida como ensopeguera de Peníscola o Saladilla de Peñíscola, que se encuentra en peligro de extinción y que solo se encuentra, en todo el planeta, en este punto con un total de 200 ejemplares.

Dejando de lado esta singularidad, en la Serra d’Irta existen dos microreservas, una en la Cala Argilaga , donde crece la Erodium sanguinos-christi, y la microreserva de la Torre Badum con la ya mencionada Limonium perplexum.

En lo que a la fauna respecta, en la Serra d’Irta encontramos hasta 75 especies de aves que anidan en el parque natural y su entorno más cercano. Aves como el roquero solitario o la collalba negra son las que más abundan en la zona.

Rutas Senderistas

Como os he comentado al inicio, las rutas senderistas – marcadas – en la Serra d’Irta son abundantes. Desde recorrer el litoral por sus calas, hasta caminar por lo alto de los acantilados, o adentrarte en barrancos son algunas de las cosas que puedes hacer en el parque.

En nuestro caso, y a lo largo de los años, son tres las rutas que hemos realizado en la Serra d’Irta. La primera de ellas la pudimos disfrutar hace ya muchos años, y era la que iba desde Santa Magdalena del Polpís, pasando por su castillo, y hasta llegar a Peñíscola. Esa ruta la realizamos cuando teníamos 16 años – de eso hace ya 18 – y en el marco de una excursión con el instituto. Esa ruta la recuerdo con mucho cariño porque me encantó. No siendo del todo fácil por la pendiente que existe hasta llegar al castillo y un poco más allá hasta meterte en la cresta de la sierra, la ruta vale mucho la pena.

La segunda de las rutas que hemos realizado en este parque natural es la que va desde Alcalá de Xivert hasta el Castillo Templario, de ida vuelta, y que tiene como elemento más interesante la construcción militar que domina toda la vista del valle de Alcalà. Esta ruta, como la anterior, tiene una subida considerable, por lo que el esfuerzo físico es inevitable.

La tercera ruta, y que voy a desarrollar más aquí, es la que va desde el Faro de Alcossebre hasta la Font de la Parra, y que mezcla mar y montaña, sendero llano y pendiente entre barrancos. Una mezcla perfecta y llena de contrastes que puedes adaptar a tu gusto según tus posibilidades.

Desde el Faro de Irta hasta la Font de la Parra

Os voy a poner en contexto, un poquito, porque los blogs de viajes, sin historia detrás que acompañe la ruta, son menos blog. Os he señalado unos párrafos atrás que la primera vez que visitamos Irta fue en el 2002, cuando contábamos con 16 años, y porque pasamos un día por la Serra d’Irta con la profe de educación física. Desde ese año 2002 no volvimos a pisar – oficialmente – el parque natural hasta el 2014, creo, que decidimos una mañana de domingo subir hasta el Castell d’Alcalà. 6 años después, y en un marco totalmente distinto al que se suelen desarrollar nuestros viajes/escapadas/excursiones, regresamos a Irta.

No os diré que no he he stado personalmente en Alcossebre en todo ese tiempo, os mentiría como una bellaca y no es plan. A Alcossebre voy mucho, y si voy mucho es porque voy a cantar. Algunos ya lo sabréis, otros no, pero os lo digo: canto en un grupo de versiones heavy. Sí, lo mío es mover la melena y dejarme el alma interpretando – a mi manera – canciones que otros han escrito para sí. Gracias a esto, a que me gusta hacer el cafre encima del escenario, he visitado Alcossebre unas cuantas veces al año en los últimos 10 años, ya que en la localidad existe una comunidad de gente amante del heavy bastante consolidada y siempre que hay algún sarao nos dan un toque para que vayamos a animar el cotarro.

Tampoco os diré que no hemos estado en Peñíscola durante todo este tiempo, claro que no. Peñíscola es uno de los pueblos más bonitos que puedes encontrar en España y a él no vamos tampoco – y normalmente – a hacer turismo, sino a tocar. Algunos ya lo sabréis – como en el caso anterior – y otros no, y para estos últimos os cuento que tanto JJ como yo somos saxofonistas y al menos una vez al año, y en septiembre, nos pasamos un fin de semana en Peñíscola tocando en la festividad de Moros y Cristianos.

Pero aunque haya estado en Peñíscola y Alcossebre en múltiples ocasiones son pocas las que he paseado de manera consciente por la Serra d’Irta y con el fin de disfrutar de ella. Esto cambia el 6 de junio de 2020, Fase II de la desescalada en esto que es el confinamiento debido a la Covid-19. La Fase II, que permite algo más de libertad, te deja moverte por la provincia – siempre con precauciones – y puedes ir ya a la playa y también a hacer turismo activo de manera libre. Además, y el día anterior, 5 de junio, una de las componentes de Las Madus cumple 29; ella, que ha estado toda la cuarentena – o cincuentena – encerrada sola en un piso de Castelló de la Plana y que ha pasado a la Fase I una semana después de aquellas personas que nos encontrábamos en el pueblo se merece una celebración de cumpleaños especial, y qué mejor que ir a pasear por la naturaleza, compartir una buena comida entre amigas – y un amigo. Y es por eso que iremos a la Serra d’Irta. Bendinta Fase II que nos obligará a ello.

Aquí la cumpleañera.

De este modo empieza la historia, con un desayuno copioso a las 8 de la mañana en la plaza del pueblo y un destino sorpresa que conocemos 5 de los 6 que vamos.

A las 9 y poco de la mañana llegamos a Alcossebre y nos dirigimos hasta Cala Blanca que es donde se supone empieza la ruta que queremos hacer. Os tengo que decir que soy yo quien se informa de la ruta y no me queda demasiado claro cuál vamos a realizar; la información la saco de la web de la Generalitat Valeniana y a nuestra llegada el mapa es el de Turismo de Alcossebre, y las indicaciones de una y otra divergen un poco.

Dejamos el coche en esta cala, donde hay habilitada una zona de aparcamiento – no demasiado extensa – donde también, y por si os interesa, existe una zona con merenderos para poder tomaros un bocata después de la ruta.

Tras unos momentos de confusión – no tenemos claro, como os he dicho, qué ruta tomar – decidimos seguir las indicaciones que aparecen en la web de GVA y continuar hacia el Far d’Irta (o Faro de Irta). El camino está indicado y no tiene pérdida: transcurre por una calzada asfaltada rodeada de viviendas, unos 500 metros, tras los cuales aparece el faro y en el que nos encontraremos con la primera cala. Sí, será la primera de unas cuantas porque los tres primeros kilómetrosde la ruta discurren todos paralelos al mar, entre pequeños acantilados y calas vírgenes de cantos rodados casi blancos.

La primera parte del tramo, cercano a los 3 km, discurre paralela a la costa y es de dificultad baja.

Caminamos entre las calas y con la presencia de la sierra a nuestra izquierda. Estamos yendo dirección Peñíscola adentrándonos de lleno en el parque natural. La brisa del mar, a esas horas de la mañana, está muy presente y la temperatura es muy agradable, idónea para dar un paseo.

Son pocas las personas que nos encontramos durante el trayecto, algunos pasean a su perro, otros se bañan en las aguas cristalinas del Mar Mediterráneo. Nosotras paramos en una y otra cala a contemplar la belleza del mar y disfrutar de la tranquilidad que se respira un sábado a principios de junio.

Las playas, como la de Serradal, son un espacio perfecto para descansar y tomarte un baño, y así queremos hacerlo nosotras, pero a la vuelta de la ruta. Lo que no nos resignamos a hacer son algunas fotos – y el tonto – aprovechando el mar como telón de fondo. Las vistas son maravillosas y nos estamos acercando ya al punto en que deberemos dejar el mar para meternos en la sierra.

Fotos de grupo en época de Covid.

Al llegar a los apatamentos Prestige, lo poco construido que hay allí, de color blanco y que desentonan totalmente con el entorno cargándose la pureza que es esa parte de la costa mediterránea, llegamos a la Cala Cubanita, la última cala que entra en esta ruta y que es una de las más conocidas del lugar.

En este punto debemos adentrarnos ya en el barranco, porque sí, hasta llegar a la Font de La Parra vamos a caminar por un barranco que suponemos ha estado activo hasta hace poco y debido a las abundantes lluvias de esta primavera tan inusual.

Seguimos la señal que nos indica que hasta el final de la ruta nos quedan, aún, 2,5 kilómetros, en medio de una pista forestal de tierra fina. El sendera está marcado todo el camino con las señales pertinentes pero sin ellas, y en este punto, no sería difícil llegar a la meta; el curso del barranco no tiene pérdida.

En este momento la ruta se vuelve algo más complicada en tanto que empiezas a subir metros – pasaremos de casi 0 a más de 200 – y lo haces por un sendero lleno de rocas y saltos de agua que ahora están secos. Debes tener en cuenta, por lo tanto, que este tramo de la ruta no es adecuado para hacer con niños, si vas con pequeños lo mejor es que regreses sobre tus pasos a la altura de Cala Cubanita.

Deberás dar algún salto, ya te aviso.

Nos sorprende gratamente la vegetación que nos va a acompañar en toda esta parte del trayecto, mucho más frondosa que la litoral, con ejemplares majestuosos de sabina negra. La vegetación se agradece, el día casi llega a su mitad y el sol de junio aprieta, pero no en el lecho del barranco, donde la sombra es constante, llegando a hacer fresco en algunos puntos de la ruta.

Después de algunas subidas, algunos saltos entre cortados en la roca – sí, de eso también hay – llegamos – y sin estar muy seguras de ello – a la Font de la Parra. Allí hay un abrevadero de piedra escondido entre musgos y líquenes. Escondida entre árboles y matojos está la Font de la Parra que silva discreta en lo más profundo del barranco. Es hora de regresar.

El descenso hasta la costa, de 3 km, lo hacemos por el mismo lugar. Ahora vamos algo más rápido, el tiempo apremia – tenemos reservada mesa para comer – y bajar siempre es más rápido que subir, cosa que no quiere decir que sea más fácil. Cabe decir que los puntos que anteriormente han requerido de algo así como un pequeño ejercicio de escalada ahora requieren de todo lo contrario, por lo tanto, debes tener en cuenta que en algún punto deberás sentarte en la roca para poder descender sin caerte.

Y, finalmente, el barranco vuelve a abrirse. Se respira ya el salitre y la humedad se pega en nuestros cuerpos sudorosos. Al fondo, de nuevo, el mar. Debemos regresar al Faro, se supone que por una pista forestal, pero las indicaciones no son demasiado claras – o nosotras no sabemos encontrarlas – y acabamos medio perdidas entre calas y palmitos – palmera enana, vamos.

Nuestra idea, después de pasar por la Font de la Parra, era meternos en una cala y refrescarnos, pero el tiempo no nos lo permite. Lo que pensábamos iba a ser una ruta de 3 horas se ha convertido en 4 horas de camino, 15 km y muchas risas. Tendremos que dejar el baño para otro momento, es una lástima, pero sabemos que estas calas maravillosas siempre estarán ahí, muy cerquita de nuestra casa.

Consejos

¿Quieres hacer esta ruta con niños? No te recomiendo que te metas con ellos por el barranco, pero sí que camines por los senderos paralelos a la costa. Además, puedes ir por la pista forestal en bicicleta, solo tienes que dejar el coche en la Cala Blanca, e incluso acercarte hasta el Faro. Los pequeños lo disfrutarán mucho.

Ya sabes que para hacer senderismo debes ir preparado: agua, algo de comida y buen calzado. Aunque la ruta no sea complicada, ya he descrito más arriba que en algunos puntos debes arraparte para salvar los desniveles.

También sabrás que debes ser respetuoso con la naturaleza, y ten en cuenta que estamos en un parque natural protegido. También, y hablando de seguridad – y en la situación sanitaria en la que nos encontramos -, intenta guardar la distancia de seguridad tanto como te sea posible. Realizar esfuerzo físico con mascarilla es complicado, sino imposible, así que sé prudente y, si realizas actividades como ésta, intenta que aquellas personas que te acompañen sean tus contactos habituales.

Si quieres más información sobre las posibles rutas a hacer en la Serra d’Irta, te dejo un par de enlaces que te servirán de ayuda.

Una filósofa y un politólogo que amana viajar y lo hacen a pesar de los pocos recursos que tienen. Viajar es más que un capricho, viajar es una necesidad y aquellos que somos pobres en un primer mundo de opulencias tenemos derecho también a realizar nuestros sueños viajeros. Porque los pobres también viajamos.

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