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El abrigo de la Madeleine | Más de 15.000 años de historia

El Périgord no es solo un conjunto de pueblos bonitos y paisajes bucólicos, el Périgord es también, y sobre todo el Valle del Vézère, uno de los lugares de Europa en el que más yacimientos prehistóricos puedes encontrar. De entre todos esos hay uno que destaca principalmente por ser de los más importantes, tanto que acabó poniendo nombre a toda una época prehistórica: la Época Magdaleniense. Y sí, el lugar del que os voy a hablar en este artículo es del Yacimiento de La Madeleine.

En nuestro camino de Périgueux a Sarlat vamos buscando lugares interesantes que visitar. Sé, a priori – y porque lo he estudiado mucho antes del viaje – que hay una serie de yacimientos prehistóricos que me interesaría visitar. Entre ellos se encuentran este que os menciono en el artículo, pero son muchos otros a los que me gustaría acceder.

Y no te creas que son dos o tres los lugares prehistóricos a visitar en este valle, no. En el Vézère hay hasta 15 sitios prehistóricos declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. No sólo La Madeleine, sino también otros como el de la Roque-Saint-Cristophe que están de paso entre Saint-Léon-sur-Vézère, nuestra parada anterior, y la que va a ser la última parada – y fonda – de la jornada: Sarlat. Pero no queda aquí la cosa, y es que poco antes de llegar a La Madeleine está la Maison Forte de Reignac, un castillo medieval troglodítico.

La Casa Fuerte de Reignac vista desde la carretera

¿Por qué nos decidimos a visitar – sólo – la Madeleine?

La razón por la que visitamos solamente el yacimiento de la Madeleine es muy sencillo: el precio de las entradas. El acceso a este yacimiento es de 7 € por persona, siendo uno de los más económicos de la zona. Si nos fijamos en el de La Roque-Saint-Cristophe, por ejemplo, el precio sube hasta los 9 € y la Maison Forte de Reignac se sitúa en los 8,5 €. Si lo que quieres es visitar Lascaux II son 14€ por persona, y el pac completo de visitas asciende hasta los 30€, y comprende Lascaux II y IV y el Parc du Thot. Sí, nos hubiese gustado poderlo visitar todo, pero a estos precios nos fue imposible.

¿Por qué es importante La Madeleine?

Nos encontramos en el paleolítico superior, de eso hace ya mucho (17.000 años AC), y es un periodo en el que se consagra el apogeo de la prehistoria, y dentro de todo ese apogeo hubo una civilización que destacó: la Magdeleniana, y que vivió en este lugar que os presentamos hoy.

Seguro que habéis visto decenas de veces esa imagen de un bisonte con la cabeza girada, una estatuilla hecha en cuerno de reno, y que suele ser la representación típica de este periodo de la prehistoria. Pues debéis saber que esa estatuilla fue encontrada en el yacimiento de la Madeleine junto a muchos otros objetos – punzones, hojas cortantes, puntas de arpones – y ornamentos como brazaletes, colgantes o collares, objetos que permitieron dar evidencia de un periodo en el que las manifestaciones artísticas tenían gran calidad, y por lo tanto, evidencias de una civilización avanzada.

La visita a La Madeleine

El abrigo de la Madeleine se encuentra en la localidad de Tursiac, en un meandro del río Vézère y escondido entre frondosa vegetación. De hecho no sabrás cómo es la Madeleine hasta que estés dentro porque no puedes verlo – a diferencia de otros yacimientos como los anteriormente mencionados – desde la carretera. El abrigo de la Madeleine – no es una cueva – se extiende 250 metros de largo en mitad de un acantilado de 45 metros de altura.

Para llegar a la Madeleine debes desviarte un poco en el camino, pero nada complicado. Tras un preciso paseo en coche por los característicos paisajes del Périgord Negro acabas llegando a una zona de aparcamiento que es medio selvática y. Desde allí se accede a una caseta donde hacerte con las entradas que te permitirán pasearte por este lugar histórico.

El abrigo

No es casual que nuestros antepasados decidiesen asentarse en el abrigo que hoy conocemos como de La Madeleine. Su orientación sur les permitían tener unas condiciones óptimas para hacer de su existencia algo más que una mera lucha por la supervivencia, y lo hace sin tocar nada, es decir, el Magdaleniense vive en las cavidades que aparecen de forma natural en el acantilado, aunque no hace lo mismo el hombre medieval, que sí intervendrá en el espacio.

Debéis tener en cuenta que la Madeleine no es un yacimiento prehistórico al uso, debemos saber que se conoce como Village de la Madeleine por extender sus restos arqueológicos desde la época Magdaleniense a la que da nombre, allá por el paleolítico, hasta la época medieval, en la que todavía vivía gente allí y por lo cual hay hasta restos de un castillo.

La visita

Una visita tranquila a este yacimiento puede llevarte una hora completa La visita la haces junto a un cuaderno explicativo que aclara qué son cada uno de los elementos que vas encontrándote por el camino. A mi juicio es un elemento imprescindible para la visita ya que si no eres un experto en el tema – como es nuestro caso – habrá muchas cosas que se te van a escapar.

Durante toda la visita vemos diferentes elementos correspondientes a distintas épocas y es que, como ya os he dicho, en este abrigo vivieron las gentes del paleolítico superior pero también lo hicieron nuestros antepasados en época medieval. Así, lo prehistórico y lo más reciente se funden en un mismo espacio en el que no solo encontramos un gran abrigo primitivo, sino también alcantarillas, restos de empaladizas y hasta una capilla gótica.

Es sorprendente – al menos a mí me sorprende – ir topándotecon restos de época medieval y hasta viviendas que fueron habitadas hasta el s. XVIII metidas en un espacio que ha sido tan importante para nuestra historia más temprana. No te miento si te digo que cuando empiezo la visita no tengo demasiado claro qué me voy a encontrar y para nada espero encontrarme con algo semejante. De hecho, si quisieses, todavía podrías vivir allí; altillos, chimenea, ventanas y puertas o un horno de pan se mantienen en perfectas condiciones.

Pero es que además de esto es como estar en un túnel del tiempo: empiezas en el abrigo desnudo para continuar en un espacio de vivienda que va modernizándose hasta llegar a un edificio totalmente integrado en la cavidad rocosa de muros perfectamente dispuestos. Es como ver la evolución del hábitat humano, miles y miles de años de historia, en un recorrido de apenas 500 metros de longitud.

Lo que más nos sorprende a nosotros – cómo no iba a ser así – son dos elementos que tampoco esperábamos encontrarnos allí: uno es el túnel hecho en arco de medio punto que da paso a un espacio sagrado, segundo elemento sorprendente, y que es la capilla gótica dedicada a Santa Magdalena, protectora de lagos y cursos de agua.

El nombre de La Madeleine se debe a la capilla gótica dedicada a Sante Madeleine, protectora de los lagos y los cursos de agua.

Esta capilla construida entre los siglos XII y XV nos sorprende en gran medida por encontrarse suspendida en el acantilado y estando construida sobre el arco de medio punto que os acabo de mencionar. En el interior de la capilla podemos ver el altar con una vidriera al fondo, la bóveda con sus aristas y la llave que sujeta todo el conjunto y un piso hecho en pequeñas piedras calcáreas que están puestas en vertical, hecho que no es baladí ya que eso permite que el agua no remonte – hay que tener en cuenta que el lugar es húmedo.

Después de esto pasas a lo que fue el centro de la aldea y su plaza, y es que sí, aquí no solo había viviendas, aquí había una verdadera comunidad, un pueblo con todos los elementos para serlo.

Al final de estos 250 metros de viaje en el tiempo se llega al cluzeau, típico del trogloditismo medieval. Tiene una función defensiva, como los torreones medievales, pero el cluzeau está excavado en la roca y acondicionado por el hombre. Podemos decir que los cluzeaux fueron una especie de línea de comunicación entre aldeas y pueblos, ya que hay una gran cantidad de ellos instalados a lo largo del Vézère.

Y la visita continúa en el huerto – en el inicio del recorrido – , un huerto contemporáneo pero que sigue los mismos patrones que los medievales. En el huerto se pretende enseñar de qué modo eran autosuficientes los pobladores de la aldea.

Y para finalizar, el castillo medieval, que solo puedes ver desde el exterior ya que está prohibida su entrada – supongo que por el mal estado de conservación de la construcción. El castillo, para daros algunos datos, fue construido por la familia de Sireuil en el siglo XIII y fue campo de batalla entre familias inglesas y del Perigord durante al guerra de los Cien años. Fue en el año 1400 cuando lo tomaron la familia de Beynac de Tayac hasta que en el año 1623 se incendia, momento en el que es abandonado.

Y aquí termina un paseo por casi 20.000 años de historia.

¿Vale la pena visitar el yacimiento de La Madeleiene?

A mi juicio – y siempre hay que tener en cuenta que todo esto es subjetivo – sí, vale la pena visitar La Madeleine. Es muy interesante observar de qué modo se superponen las diversas etapas históricas y de qué modo los humanos hemos sabido siempre adaptarnos al medio. El espacio no es demasiado grande, es decir, la calle, como digo, no miede más de 250 metros de largo, pero allí se concentra tal cantidad de información que no necesita ser mayor. Además, el lugar está muy bien acondicionado y si viajas con niños a esta parte de Francia vas a poder hacerlo de una forma cómoda.

No sé cómo serán el resto de lugares arqueológicos que no pudimos visitar pero, sin duda, visitar el abrigo de la Madeleine fue una gran idea.

Más Información

Encontrarás más información en estos dos enlaces. El segundo es una copia en pdf del folleto que te van a ceder en el propio abrigo. El tercer enlace te lleva a una página con amplia información sobre la época Madaleniense.

http://www.lascaux-dordogne.com/es/el-valle-de-la-vezere.

https://www.la-Madeleine-perigord.com/wp-content/uploads/2017/03/guide-papier-espagnol.pdf

http://www.sculpture.prehistoire.culture.fr/es/contenu/la-vida-hace-15-000-anos.html#-el-tiempo-y-el-espacio

Una filósofa y un politólogo que amana viajar y lo hacen a pesar de los pocos recursos que tienen. Viajar es más que un capricho, viajar es una necesidad y aquellos que somos pobres en un primer mundo de opulencias tenemos derecho también a realizar nuestros sueños viajeros. Porque los pobres también viajamos.

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