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Ayllón | Paseo por un pueblo de color rojo

Desde Atienza y de camino a Segovia tenemos muchos planes de visita. Dicen que hay una ruta de pueblos de colores: unos son de piedra amarilla, otros negra, otros roja. Queremos verlos todos. Pero nada de eso será posible; el día se ha despertado blanco hasta las trancas. Vamos, que se ha puesto a nevar, a finales de abril, como si no hubiese un mañana. Los pueblos, por tanto, estarán ausentes de color, como también lo estarán nuestras caras al tener que transitar por carreteras nevadas y de improviso. Sí, somos unos caguetas, pero es que la nieve nos da mucho respeto. En nuestros pueblos nieva de uvas a peras, y en conserva – esto es, cada 4 o 5 años, y muy poquito. No estamos preparados mentalmente para conducir por lugares así, y la prudencia es tanta como el miedo que tenemos.

De este modo, los pueblos de colores que queríamos ver en la ruta se nos van a quedar para otra vez. Y ni tan mal, así ya tenemos excusa para volver. Pero al pasar el mal trago de la nieve, y cuando ésta – por la menor altura – se convierte en lluvia intermitente nos topamos con Ayllón, un pueblo rojo hasta decir basta y en el que debes meterte para disfrutar de todo su esplendor.

Ayllón lo tengo marcado en los posibles lugares que visitar. Cuando planifico un viaje tiro siempre de mapa y busco la ruta para saber por dónde vamos a pasar. En ese momento casi busco todos los nombres que aparecen en mi pantalla de ordenador – porque el mapa es virtual – e investigo sobre ellos. Si creo que tienen algo atractivo, me los apunto en la libreta de posibles paradas. No hago como antaño y me construyo la necesidad de visitarlo todo: ahora son tan solo una posibilidad de ese algo que el camino puede ofrecernos, pero que nos lo ofrezca sin agobios. Si no puede ser hoy, en esto de los viajes, será mañana.

Así es como apunto Ayllón, que sé que es uno de los pueblos más bonitos de España, en esa libreta llena de notas desordenadas. Y cuando llegamos al pueblo, con el susto marchándose de nuestros cuerpos, le digo a JJ: entremos.

Lo que nos convence para visitar Ayllón es meternos en su Plaza Mayor, con soportales, con una iglesia románica. Decidimos aparcar, solo eso que vemos ya vale la pena. Pero Ayllón nos ofrecerá mucho más.


Un paseo por Ayllón

Qué ver en Ayllón

La Plaza Mayor

Como os digo, lo primero con lo que nos topamos es con esta plaza. Bueno, no, lo primero con lo que nos topamos es con sus casas en la parte baja, de piedra, un poco más modernas, pero que no desentonan con el conjunto original del pueblo. Siguiendo torres de campanario acabamos en el centro neurálgico de la localidad, su plaza, el ágora, el mercado. Las plazas son las almas de los pueblos. En las plazas se ríe, se llora, se grita, se discute, se festeja. En definitiva: en las plazas se vive. Un pueblo sin plaza es un pueblo al que le falta parte de su espíritu. La plaza es la publicidad absoluta, por ello han tenido tanta importancia a lo largo de la historia, por ello se las ha mimado tanto, se las ha hecho tan coquetas, tan cercanas. El día en que se descuida la plaza del pueblo es que éste está muriendo. Cuando le ponemos más énfasis al parque que a la plaza, por ejemplo, vamos mal. Porque en el parque se huelga, en la plaza se vive.

Y todo esto os lo digo porque la plaza de Ayllón es imponente, con sus porches que tanto te quitan el frío como el calor – como la pana, es lo mejor –, con esa iglesia románica de San Miguel, con el edifico del Ayuntamiento – cuando el gobierno sale de la plaza, mal vamos… Con todo eso, y ya solo por eso, Ayllón merece una oportunidad.

La iglesia de San Miguel

Además de la plaza, y en ella, lo que más nos llama la atención es lo que vemos, y desde nuestra perspectiva en ese momento, al fondo a la derecha. Es una construcción de claros caracteres románicos, pero que tiene elementos que nos distraen un poco: la iglesia tiene una especie de porche, como un altillo, algo así parecido a un segundo piso o terraza.

Construida en el siglo XII, esta iglesia dejo de servir como lugar de culto en el año 1902. Hasta ese momento había sido la iglesia principal de la villa pero después vendrían otras que le quitaría protagonismo. Ese templo, románico que trasciende al gótico, tiene un ábside semicircular y una espadaña que sobresale. Tiene una portada con bellas imágenes labradas, pero está cubierta por el atrio construido en el siglo XVI. Y sí, ya sé para que sirve.

Me lo imagino solo al verlo, y es que me recuerda – salvando las distancias – a esa construcción que hay en la catedral de València, añadido en la parte izquierda de su portada gótica. La función es la misma: ser un mirador privado para los altos mandos eclesiásticos. En el caso de Ayllón, desde allí el cabildo asistía a los festejos taurinos y los presenciaba desde un espacio exclusivo. Con los altos mandos de la Iglesia hemos topao.

Como os digo, la iglesia hoy ya no es lugar de culto sino que se ha convertido en oficina de turismo que solo está operativa en época veraniega, y en la que hay también exposiciones temporales y se da algún concierto.

El Ayuntamiento

Otro de esos edificios que llaman la atención en la Plaza Mayor de Ayllón es el del Ayuntamiento, construido en el s. XVI y que fue reformado a principios del s. XIX. Por si fuera poco, en el año 1945 lo arrasó un incendio, así que de ese edificio original solo queda la fachada. Pero oye… ¡qué fachada! De algún modo me recuerda a uno de los edificios que se pueden ver en la Plaza Mayor de Ciudad Rodrigo y que es, curiosamente, también su Ayuntamiento.

Para datos algo más históricos, este palacio perteneció a los marqueses de Villena y fue el primero de los que tuvieron en la localidad.

Las calles del pueblo

Lo siguiente que hacemos, aún con lluvia intermitente – y es que nosotros somos así – es subir hasta una especie de torre que hemos visto a lo lejos, allá en un cerro a espaldas de la localidad. Pero para subir a esa torre debemos caminar por el pueblo, y no hay cosa mejor que hacer en un pueblo que recorrer sus pocas pero interesantes vías que son lugar de paso de gentes auténticas.

Las calles del pueblo de Ayllón están acompañadas de viviendas de sabor antiguo, más antiguo son cuanto más te acercas al cerro. Y a la falda de éste hay algunos puntos de paredes con hiedra, puertas antiguas y piedras rotas que hacen que te detengas frente a ellas. Amantes de las puertas antiguas: en Ayllón también hay de eso.

Torre la Martina

En el Cerro del Castillo, como se conoce a esta parte de la localidad, se encuentra una torre albarrana de origen árabe. Esta torre, que tal vez formase parte de la muralla y tuviese la función de paso del camino de ronda de la misma, y tras la conquista cristiana del pueblo, tuvo pegada a ella una vecina, una torre románica y una iglesia, la de San Martín, de la cual hoy en día solo queda el recuerdo. La Martina, entonces, pasó a ser campanario y con esa forma ha llegado hasta hoy.

En este cerro no solo encontramos esta torre, de gran belleza, con sus almenas y sus arcos de medio punto. Si nos fijamos en la planicie en la que se convierte el cerro una vez has llegado a lo alto del mismo percibirás restos celtibéricos y romanos, y también los lienzos pertenecientes a las murallas y que fueron construidos en la época musulmana.

Iglesia de San Juan Evangelista

Hay un lugar en Ayllón que nos despierta bastante curiosidad, una iglesia que es privada y que tiene como dueño a un médico octogenario que tuvo el honor de conocer a García Lorca. Esta iglesia, de factura románica pero que tiene una capilla gótica que hicieron construir los marqueses de Villena en el s. XVI. De esta iglesia queda poco, en el siglo XVIII dejó de funcionar como tal y pasó a ser cementerio del pueblo. En la actualidad es un museo de arte contemporáneo.

La curiosidad que nos despierta el lugar es grande, pero no tanto como para llamar al timbre a ver si nos abren, que es lo que dicen algunos que debes hacer si la quieres visitar. Parece que el interior es muy interesante – ¿hay restos de un claustro románico en la terraza de la vivienda? – pero nos es imposible verlo. Por ello damos y damos vueltas alrededor de la iglesia para ver todo lo que podamos desde su exterior, estirando el cuello tanto como las vértebras nos permiten.

Desde el exterior se percibe un ojo de buey decorado con una estrella de cinco puntas en la que ya me había fijado a nuestra llegada a la localidad y que tiene que ver con los poderes que te daban para realizar no sé qué tipo de actividad. Siento no acordarme de qué se trata, lo he buscado por todos lados y no he encontrado la respuesta. Siento también deciros que nada tiene que ver con Satanás.

Continuamos nuestra ruta y vamos a parar, de nuevo, a la Plaza, pero escogemos otro camino y nos salimos casi del pueblo, hecho que no significa que suceda nada negativo. Todo lo contrario: cuasi a extramuros encontramos uno de los palacios más impresionantes de la localidad. Y es que en Ayllón eso de los palacios y las casas señoriales es tónica general, pero entre lo general siempre hay algo que destaca.

Palacio de los Contreras

Su fachada en estilo gótico isabelino llama poderosamente la atención, ya que su portada está enmarcada con un cordón franciscano con tres escudos ladeados hacia la izquierda. Si nos fijamos en la fachada podemos leer, en caracteres góticos, una inscripción: «REINANDO EN CASTILLA Y EN ARAGÓN LOS MUY ALTOS PRÍNCIPES DON FERNANDO Y DOÑA ISABEL ESTA / CASA MANDO HACER EL MUY VIRTUOSO FIJODALGO: JUAN DE CONTRERAS EL AÑO DE MCCCCXCVII».

De esta casa se dice algo que es más leyenda que realidad. Se la conoce como el palacio de don Álvaro de Luna, creyendo que fue éste, exiliado en la ciudad, quien lo hizo construir. Pero nada de eso fue así, y es que Álvaro de Luna murió en el año 1453 y la construcción del edificio data el año 1497. Aún y así, el lugar es espectacular, y eso que no pudimos acceder para ver sus artesonados y el mobiliario que guarda. De hecho, esta casa-palacio fue declarada Monumento Histórico-Artístico en el año 1969.

Nos disponemos ahora a salir extramuros, y es que junto al palacio que acabamos de ver se encuentra el lienzo de la muralla y una puerta preciosa en ella.

Arco Medieval

Nos encontramos frente a un bello arco medieval, único de los tres que quedan del recinto amurallado de la villa. El arco nos sorprende por ser doble; es difícil encontrar este tipo de estructuras en murallas que se conservan tan escasas. Más allá de esto, el arco tiene escudos que se colocaron en el s. XVI por orden de los marqueses de Villena, don Diego II López Pacheco y doña Luisa Cabrera de Bobadilla.

Deshacemos nuestros pasos, regresamos a la Plaza Mayor, pero pasamos por otra de las iglesias de la ciudad.

Santa María la Mayor

Esta iglesia es la principal de la localidad, aunque allí haya, además de las mencionadas, conventos en ruinas e iglesias que no funcionan como tal. Toda esta riqueza en lo que a patrimonio religioso se refiere nos muestra la importancia de la localidad en el pasado. Pero esta iglesia no es del pasado, o lo es de un pasado menos lejano, ya que está construida en estilo neoclásico a finales del s. XVII y principios del XVIII. Para construirla se usaron elementos de otras parroquias extinguidas de la localidad.

Para muestra, el retablo mayor, procedente del desaparecido convento de San francisco. De este mismo lugar son los altares, los cuadros, el coro y el órgano que hay en la actual iglesia. Además su campanario de 40 metros de altura terminado en espadaña puede verse desde cualquier punto de la localidad.

Es poco lo que nos queda hacer a nosotros después de todo esto, y es que la lluvia empieza a ser fuerte de nuevo y todavía tenemos un trecho hasta Segovia y no sabemos qué nos va a deparar el tiempo – climatológico. Así, nos despedimos de Ayllón muy contentos por haber decidido parar allí. Sin duda, éste, es uno de esos pueblos de los que merecen la pena. No me extraña que sea de los más bonitos de España

Más información

En los siguientes enlaces encontraras más información sobre la localidad:
Página del Ayuntamiento de la Villa
En la web de Los pueblos más bonitos de España

Una filósofa y un politólogo que amana viajar y lo hacen a pesar de los pocos recursos que tienen. Viajar es más que un capricho, viajar es una necesidad y aquellos que somos pobres en un primer mundo de opulencias tenemos derecho también a realizar nuestros sueños viajeros. Porque los pobres también viajamos.

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