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Viena Día 3 | Una Iglesia Votiva, un pequeño palacio, el Deewan, mucho mueble, las Hundertwasser y el Prater fantasma.

Tercer – ¿y último? – día en Vienna en el que vamos a visitar un Palacio, una iglesia neogótica, un museo del mueble, nos vamos a mojar los pies y nos pasaremos por uno de los lugares más fotografiados de la ciudad, la Hudertwasser. Además, nos iremos hasta ese parque de atracciones, el Prater, que en invierno – y por la noche – es bastante tétrico ¡Ah! Y comeremos en el Deewan. Pero, ¿no sabes lo que es? Sigue leyendo entonces.

El día se despierta grisaceo, con las temperaturas un poco superiores al anterior lo que supone que lo que podría ser nieve se va a convertir en lluvia, y la nieve si es poca no molesta, pero la lluvia – aunque sea fina – sí. Con este panorama y sin paraguas no desistimos y como toas las mañanas ponemos rumbo al centro de la ciudad. Comenzaremos nuestro periplo del día yendo a una iglesia neogótica que os recomiendo visitar desde ya.

Iglesia Votiva (Votivkirche)

En la zona más monumental de Viena se encuentra una de las iglesias más bonitas de la ciudad. En estilo neogótico, la Iglesia Votiva será una gran sorpresa para nosotros. Si la miras de pasada te sorprenderán sus torres de 99m de altura y su estilo que pasaría perfectamente por gótico si no la analizas demasiado pero a poco que te fijes te darás cuenta que aquello nada tiene de medieval y sí mucho de moderno. Pero que no te asuste esto: merece la pena abrir la puerta y meterte dentro (además, la entrada es gratuita).

A todo esto seguro que os preguntaréis a qué viene lo de votiva, y la explicación es muy sencilla. Si se llama así es porque se trata de una ofrenda votiva – esto es, un objeto que dejas en un lugar determinado como agradecimiento a una divinidad – que se hizo a partir de un atentado fallido contra la persona del emperador Franciso José I de Austria. Dedicada al Divino Salvador, el hermano del emperador la mandó construir como agradecimiento a Dios por haberle salvado la vida. Después de 23 años de obras la Iglesia Votiva de Viena se inauguró el día 24 de abril de 1879, día en el que el emperador y Sissi celebraban sus bodas de plata.

Esta iglesia nació, además de con el propósito de agradecer a Dios que el emperador siguiese vivo, también como una reunión de las espiritualidades de todas las naciones que formaban parte de los dominios de los Habsburgo, pero eso no se llevó nunca a cabo porque la situación política tuvo cambios importantes ya que el imperio austriaco se había convertido en el Imperio Austrohúngaro. Tras el fin de la monarquía – por la Primera Guerra Mundial – la Iglesia Votiva perdió el carácter de Iglesia de Estado.

Durante las contiendas de la Segunda Guerra Mundial – y como en tantos y tantos otros lugres de Europa – la iglesia sufrió importantes daños siendo las vidrieras prácticamente destruidas por completo. Excepto la que se conoce como “Vidriera del emperador”, que fue reconstruida según el diseño original, el resto fueron rediseñadas representando temas relacionados con la historia de Austria. Entre esos temas encontramos una que se centra en una de las partes más oscuras de nuestra historia más reciente: los campos de exterminio.

La iglesia sigue el modelo y las características típicas de las catedrales góticas francesas y alemanas pero, claro está, construida en el s. XIX. De tres naves con deambulatorio, lo que más destaca – posiblemente – sea su exterior con sus dos torres que rozan los 100 metros de altura.

Esta iglesia, con su historia, es una visita agradable en Viena y como sucede con el Ayuntamiento, es un claro ejemplo de esa arquitectura que imita el modo de construir de los maestros góticos que tantas alegrías nos han dado a aquellos que amamos profundamente todo tipo de edificios alzados durante esa época que conocemos como Edad Media.

🗺¿Dónde está?: Roosevelplatz
💰Entrada gratuita
⌚️Horarios: de martes a viernes 16:00 – 18:00 | sábados y domingos 09:00 – 13:00

Palacio Epstein

Si recordáis el post del día anterior en Viena, teníamos pensado visitar el Parlamento de Austria pero por encontrárnoslo en obras esto no pudo ser posible. A cambio – y según nos dijeron allí – teníamos la posibilidad de hacer una visita guiada – en inglés – a un palacio y la biblioteca del Parlamento. Teniendo en cuenta que era gratis – y a cubierto – planeamos la visita para el día siguiente.

📍Para visitar el Palacio debes dirigirte al Parlamento para que te den la acreditación y las visitas son los sábados por la mañana, a las 10:30 a 13:30 horas.

El Palacio Epstein – uno de los más importantes de la Ringstrasse – fue mandado construir por la familia que le da nombre, una familia judía que consolidó sus negocios en Vienna, aunque pasó también por Praga y Budapest, las tres capitales de la monarquía. Fue una de las más importantes – y antiguas – familias judías de Praga, y se trasladó a Vienna al ascender económica y socialmente. Allí hicieron construir el palacio que es hoy objeto de nuestra visita.

Este palacio es importante por se el que mejor se conserva de la época en esa zona, construido en el estilo de Historicismo Estricto, y muestra en su interior lo benevolentes que fueron los negocios para la familia Epstein, con artesonados de madera, telas en las paredes, muebles y estatuas. En este palacio, además de la familia, vivían también los empleados, quienes tenían habitaciones para ellos.

En la actualidad este palacio es una especie de sala multiusos del Parlamento, aunque a lo largo de la historia – sus 150 años de historia – ha tenido diferentes funciones. Después de que la familia entrara en quiebra, tuvieron que vender el palacio a la Imperial Continental Gas Association, después estuvo bajo el poder del Estado que lo usó como Corte Administrativa. Durante la anexión de Austria al III Reich – conocida como Anschluss – se usó como oficinas del Reichsstatthalter, el alto funcionario que se encargaba de la administración de un territorio del Reich. Tras este periodo, y durante la ocupación de los Aliados, fue sede soviética.

La visita al lugar es interesante, a mi juicio, por un par de cosas: porque muestra perfectamente de qué modo vivían las clases pudientes en la ciudad de Viena – así como también en todo la monarquía – y también porque te hace consciente de que todo lo que sube, acaba bajando. Además, el palacio es bastante bonito y el día que nosotros estuvimos encontramos una sala preparada para una reunión de la Troika – sí, la de los hombres de negro…

En un principio las visitas son en inglés, pero al darnos las acreditaciones uno de los chicos que allí trabajaba habla español y nos comenta que si tenemos suerte igual nos hacen la visita en nuestro idioma porque el chico que las realiza lo domina perfectamente. Como el grupo no es muy grande – un par de parejas austriacas y una chica bielorrusa – nuestro guía – que ha aprendido español en Mallorca – nos hace la visita en uno de los idiomas que entendemos perfectamente. Desde aquí agradecer su esfuerzo ya que nos permitió que disfrutásemos mucho más del palacio.

🗺¿Dónde está?  Dr.-Karl-Renner-Ring 1
💰ntrada Gratuita
⌚️Visitas: sábados por la mañana (preguntar en el Parlamento)
ℹ️Más información: en este enlace (externo)

Parque Sigmund Freud

Saliendo del Palacio, y medio perdidos por la Ringstrasse, acabamos en el parque que hay frente a la Iglesia Votiva – sí, la que ha sido nuestra primera visita de la mañana. Si nos metemos en él es porque el nombre me llama la atención: Sigmund-Freud-Park. Este parque, que se encuentra entre la Universidad de Viena y, como ya os he dicho, la Iglesia Votiva, es un espacio que en invierno – y como es normal – está vacío pero que en verano se llena de gente ya que se reparten tumbonas de modo gratuito para que la gente las disfrute.

En este parque encontramos algunas esculturas que, en realidad, no sabemos bien qué son – si alguien lo sabe que nos lo dejen en comentarios – pero con las que nos divertimos bastante y pasamos unos minutos agradables a pesar del frío y la lluvia que comienza a ser persistente. ¿Qué vamos a hacer ahora si llueve?

Comiendo en el Deewan

Aprovechando el trayecto en tren de Praga a Viena planificamos un poco nuestra estancia en la capital austriaca. Una de las cosas que mencionamos, y que debíamos hacer, era ir a comer un día al Deewan. Y tú te preguntarás ¿qué narices es eso del Deewan?Pues ahora te lo cuento.

Resulta que en Viena, esa ciudad tan cara y tan elitista, hay un restaurante de cocina pakistaní y que es buffet libre, de nombre Der Wiener Deewan. Dicen que en este restaurante comes lo que quieres y pagas lo que te apetece así que bajo la lluvia y estando muy cerca del lugar, y aunque no es ni la una del mediodía – pero estamos en Europa, qué narices – vamos a buscarlo y decidimos comer allí.

El restaurante tiene un aspecto hipster, con las paredes pintadas de garabatos de colores. Un chico joven te recibe al llegar, al que decimos que queremos comer y él nos señala cualquiera de los pocos espacios que hay para sentarse. El restaurante, dividido en dos estancias separadas por unos pocos escalones, tiene en un pequeño altillo la zona de comida en la que encuentras un par de platos vegetarianos, otros con carnes, salsas, ensalada, arroz, pan de pita y la zona de postres. En la mesa te sirven agua, gratis, y te sirven tanta como quieras, y tanto como quieras es lo que puedes comer – y es lo que haremos nosotros.

Soy yo la primera que va a servirse. El nombre de los platos está en alemán e inglés, y no entiendo demasiado bien qué me van a dar para comer, pero me da igual. Me sirve un poco de cada cosa y me siento. Creo que lo que voy a comer es un curry de pollo y otro de ternera, y lo cierto es que no teniendo muy claro lo que engullo puedo decir que la comida está más que buena. Juanjo se sirve raciones de los platos vegetarianos y lo acompañamos todo con arroz, ensalada y el pan de pita que sacan a paladas porque está tan bueno que se acaba en un pispás.

Y sí, es cierto que puedes servirte tantas raciones como te dé la gana. Los clientes, en su mayoría gente joven, se levantan una y otra vez a servirse raciones y más raciones de comida, y nos fijamos en un chico en especial que se sirve unas montañas enormes – de un palmo de alto, no exagero – de lo que creemos es el postre. Tras jalarnos unos cuantos platos de la deliciosa comida pakistaní – casera, porque ves como están cociendo las ollas en la cocina – nos servimos ese mejunje de color naranja pálido y una salsa que es casi de la misma tonalidad y nos disponemos a probarlo. ¡Que nos aspen! ¿Cómo puede eso estar tan bueno? No consigo saber qué es exactamente, pero creo que la salsa es algo de mango y la papilla lleva almendra.

Tras el banquete llega el momento de pagar. ¿En serio pagaremos lo que nos dé la gana? ¿Y cuánto pagamos? Juanjo me dice que ha leído que lo normal es pagar entre 5 y 7 euros por comida, aunque hay gente que deja más y gente que deja menos. Nosotros decidimos pagar 6 euros por cabeza a ver qué pasa. Me dirijo al mostrador, en la parte derecha de la pequeña sala en la que nos encontramos y al lado mismo de la puerta. Hay un señor que lleva todo el rato haciendo gestiones por teléfono y le digo que quiero pagar; él me sonríe, yo le dejo los 12 euros en el mostrador, él me responde un “zenkiu” y Juanjo y yo nos marchamos. Pues sí, en el Deewan comes cuanto quieres y pagas lo que te dé la gana. Y la comida está muy buena y el lugar es muy agradable. Apuntar que si quieres tomar algún otro tipo de bebida que no sea agua, o quieres tomarte un café o cualquier infusión deberás pagarlo a parte, pero si quieres comer bueno, rápido y barato en Viena ten en cuenta esta opción, totalmente recomendable.

🗺¿Dónde está?: Liechtensteinstrasse 10
💰Económico – pagas lo que quieres.
ℹ️Más información: en la página web del establecimiento (enlace externo)

Tras salir del Deewan decidimos caminar hasta el Museo del Mueble, en la otra punta de Viena, y nos adentraremos sin saberlo en un barrio que, la verdad, nos acabará gustando mucho.

El Museo del Mueble

Junto a las entradas a los dos Palacios de Sissi, y por poco más de un euro, teníamos una tercera entrada, la del Museo del Mueble, así que ya que hacíamos el desembolso, ¿por qué no pagar esa pequeña diferencia? Ciertamente no sabemos qué se exhibe en este museo. No lo sabremos el día que compramos las entradas y justo lo sabremos cuando estemos allí, solo la visita nos va a desvelar el misterio.

Neubausgasse

Desde el Deewan hasta el Museo del Mueble hay casi 3 kilómetros a pie, lo que supone más de media hora de camino pero… ¿qué más nos da? Aunque llueva un poco intermitentemente, la temperatura es más agradable que el día anterior y después de haber comido en el Deewan pues, os seré sincera, tenemos energía para rato. Y ya sabéis que a nosotros lo que nos gusta es patearnos las ciudades porque es así como se descubren al completo, y así es como descubrimos el barrio Neubaus, uno de los más punteros en lo que a diseño se refiere en la ciudad. Viena, además de ser imperial, es también vanguardista y por las calles de este barrio eso se percibe perfectamente.

El Museo

La lluvia comienza a ser ya no persistente, sino contundente. Apremiamos el paso – vamos sin paraguas, ¿para qué querremos uno? – y llegamos al museo en el que entramos rápido porque la lluvia cada vez es más fuerte. Allí mostramos las entradas y dejamos los trastos – abrigo, bufanda, guantes, más guantes, bufandas, gorros y bolsas – en las taquillas y comenzamos la visita.

Lo que nos encontraremos en el museo es el mobiliario imperial, ya que allí era donde se guardaba y se iba distribuyendo a unos u otros lugares dependiendo del uso y las necesidades de la familia imperial. Así, desde camas de Sissi, cuadros, ropajes incluso de la emperatriz, mobiliario usado para las películas que tratan sobre la vida de Isabel… La exposición es inmensa, y no solo se centra en la vida de la corte, hay mucho más.

La verdad es que para alguien como yo que va al Ikea a ver muebles y no a comprar – a ver las exposiciones, vamos – este museo es bastante interesante. Si te gusta el diseño y el interiorismo te recomiendo mucho que lo visites, ya que una parte de la exposición está dedicada al estilo Biedermeier y a los grandes arquitectos del modernismo vienés. Además, hay también mobiliario contemporáneo que abarca desde el tiempo de entreguerras hasta el diseño austriaco de los siglos XX y XXI.

El museo no será de los más interesantes de la ciudad pero, a nosotros, nos arregló la tarde lluviosa.

🗺¿Dónde está?: Andreasgasse 7
⌚️de martes a sábado de 10:0 a 18:00 h
💰10,5 € entrada sencilla o 34 € entrada combinada con el Sissi Ticket (éste museo más los dos Palacios)

Mariahilferstrasse

Al salir del museo la lluvia ha remitido, y nosotros necesitamos un café. Aunque casi es de noche, son todavía poco más de las 5 de la tarde y nos apetece sentarnos en algún lugar y tomar algo caliente. Decidimos buscar una cadena de comida rápida de la que tenemos descuentos y tomarnos un par de capuchinos y un trozo de tarta – que también nos sale más barata – y hablar de lo que vamos a hacer el día siguiente. Parece ser que los domingos Viena está un poco muerta: los museos están cerrados y poco más nos queda por ver. Así, buscamos opciones para ver cerca de la ciudad. ¿Qué hay de interesante cerca de Viena? Con el frío todos los sitios que podríamos visitar están congelados y no da gusto pasear por ellos – ya decidimos no ir a Potsdam cuando visitamos Berlín por las mismas razones – y Juanjo repite algo que lleva diciendo desde que hemos llegado a Viena: ¿quieres ir a Bratislava? Buscamos transporte, y vemos que con Regiojet y por 5€ cabeza y viaje podemos viajar a la capital de Eslovaquia. Con el panorama que pinta en la capital austriaca pues, oye, ¿sabes qué? El domingo pondremos rumbo a Bratislava.

Y tras el café más productivo del mundo, al filo de las seis de la tarde, salimos del local para dar una vuelta por una de las calles comerciales más concurridas de toda Viena. Cuando vamos a entrar a un supermercado para comprar algo de pan nos impiden la entrada: son las 6, estamos cerrando. Y como éste todos los locales comerciales de la calle. Nos da la sensación que Viena se va a dormir y no se despertará hasta el lunes por la mañana. Parece que hemos hecho bien en comprar nuestros billetes de tren a Eslovaquia.

Pero ahora tenemos un problema: son las 6 de la tarde, y por muy europeos que seamos a nosotros eso nos parece pronto. ¿Qué podemos hacer en Viena un sábado por la tarde, que no cueste dinero y que sea interesante? ¡Ah! Que todavía nos quedan un par de cosas por ver y parece ser que todavía no hemos andado suficientes kilómetros hoy…

Hundertwasserhaus

Así como en Praga tenías que pasar por las Casas Danzantes, en Viena tienes que pasar por la Hundetwasserhaus, seguramente el que es el edificio más fotografiado de toda la ciudad. Estas casas, con las fachadas de colores y frondosa vegetación colgando por ellas – en primavera y verano, claro – se ha convertido en uno de esos puntos a los que todos queremos ir para hacernos una foto porque quedan monísimas – si vas por el día.

La historia de este edificio se remonta a mediados de los años 80 cuando el arquitecto austriaco Friedensreich Hundertwasser decidió construir viviendas que estuviesen en total armonía con la naturaleza. Para ello combinó superficies irregulares y vegetación natural (hasta 250 árboles y arbustos), pero esto empezó a dar problemas pronto: las tejas se caían, las raíces e los árboles se cargaban la estructura y los cristales de la fachada tenían que limpiarse constantemente.

Este edificio solo puede visitarse en su parte exterior ya que se trata de viviendas privadas, aunque en los bajos hay algunos locales que, en algún momento del día – no a partir de las seis de la tarde – deben estar abiertos y posiblemente puedas meterte en ellos. Decirte que frente a este edificio está la Hundertwasser Village, lo que a nosotros nos pareció una tienda de souvenirs y que a pocos minutos a pie puedes encontrar la Kunst Haus Wien, obra del mismo arquitecto.

Pasarte por allí es interesante porque, ciertamente, el edificio es muy chulo, el barrio en esos momentos está tranquilo – pensad que estaba lloviendo unas horas antes – y encima delante del edificio tienes una cabina de esas rojas que están por Ingalterra que mola mucho y da mucho juego. ¿Te recomiendo visitar esta parte de Viena? Claro que sí, si te sobra tiempo y te gusta la arquitectura es una visita rápida chula.

🗺¿Dónde está? Kegelgasse 37-39

Y de una arquitectura rompedora a un parque que por la noche rompe también esquemas. Aprovechando que el sitio está cerca y que a mí esas cosas me gustan mogollón, ponemos rumbo a ese lugar que es por todos conocido: el Prater.

Parque de atracciones Prater

Seguro que este parque de atracciones, en primavera y verano – que es cuando tiene sus atracciones operativas – es un sitio de lo más alegre y animado, pero en una noche de invierno lluviosa ya os puedo decir que el lugar es tétrico de narices. Este parque de atracciones es el más antiguo del mundo y es donde se encuentra la noria, emblema de la ciudad. Y la noria es lo primero que ves cuando te acercas hasta este lugar.

El Prater– de prado parece que viene el nombre – está a orillas del Danubio, rodeado de una zona verde enorme donde en verano puedes pasear tranquilamente, en mayo florecen los castaños y en invierno hay una zona donde un cañón de nieve te lo pone fácil para practicar deportes de invierno. Nosotros no vemos nada de eso; oscuro como es ya apenas ves la noria famosa que destaca por encima de todo el parque de atracciones.

Nosotros nos metemos en el Prater que, aunque esos día no esté operativo, sí tiene algunos locales de restauración abiertos y la noria famosa está en funcionamiento. Creo que, incluso, puedes comer dando vueltas, cosa que nosotros no hacemos por una cuestión fundamental: que me mareo mucho, solo me falta ir comiendo. Lo que sí hacemos es meternos por el parque de atracciones y aluciflipar con lo tétrico que es aquello por la noche y con el suelo mojado. De verdad que parece un decorado de una película de terror de estas de Serie B y da la sensación que en cualquier momento va a salir un pirado de uno de los escenarios de cartón-piedra y va a atacarnos con una motosierra o algo similar.

Y aunque mi relato sea desalentador, no lo tengáis en cuenta para nada. A mí me gusta mucho la experiencia de pasearme por el Prater aún estando todo cerrado y os recomiendo que, aunque no sea verano y no haya un ambiente chulo, os acerquéis a verlo porque de verdad es un sitio que mola muchísimo.

ℹ️Más información en este enlace (externo)

Y hasta aquí nuestro tercer día en Viena – y parece que último en lo que a visitas se refiere. Al día siguiente, en uno de esos cambios de planes que tanto nos gustan a nosotros, nos iremos hasta Bratislava, y y visitaremos el país número tres de este viaje: Eslovaquia.

Una filósofa y un politólogo que amana viajar y lo hacen a pesar de los pocos recursos que tienen. Viajar es más que un capricho, viajar es una necesidad y aquellos que somos pobres en un primer mundo de opulencias tenemos derecho también a realizar nuestros sueños viajeros. Porque los pobres también viajamos.

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